Apártate de las delicias turcas

Tengo la costumbre –algunos la consideran buena; otros, no tanto– de leer los libros varias veces.

Hace unos meses comencé, por segunda vez, la serie "Las Crónicas de Narnia";  y cuando me encontraba leyendo el segundo libro (según el orden cronológico) que se titula "El León, La Bruja y El Ropero" me percaté de algo en este pasaje:

Edmund ya se estaba sintiendo incómodo por haber comido tantos dulces, y cuando escuchó que la señora de la cual se hizo amigo era una bruja peligrosa se sintió aún más incómodo. Pero aun así quería probar, de nuevo, las Delicias Turcas más de lo que quería cualquier otra cosa.

En la historia, Edmund sigue a Lucy en el ropero, y por error llega a Narnia. Allí tiene un encuentro con la bruja, la cual, conociendo más que Edmund todo lo que sucedía y estaba por acontecer en “su” reino,  lo sedujo y engañó con “Delicias Turcas”, para obtener así información que la beneficiaba.

Si bien es cierto que, al principio, Edmund desconocía la naturaleza de la señora y de sus dulces, no menos cierto es que luego de que Lucy le advierte sobre la situación de Narnia y el rol de la bruja en todos los acontecimientos, él continuaba deseando las Delicias.

Esa actitud de Edmund, me recuerda a nosotras mismas, pues, muchas veces cuando pecamos y Dios nos revela nuestra falta nos sentimos muy abatidas. Sin embargo, en tantas ocasiones, no se trata más que de eso: sentirnos mal. Y, al igual que Edmund, continuamos pensando, deseando e incluso buscando aquello que sabemos que no agrada a Dios. 

La Biblia es clara cuando nos dice: 

“El camino del necio es recto a sus propios ojos, más el que escucha consejos es sabio.” Proverbios 12:15

“Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos, y El enderezará tus sendas. No seas sabio a tus propios ojos, teme al Señor y apártate del mal”. Proverbios 3:5-7

“Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que invocan al Señor con un corazón puro.” 2 Timoteo 2:22. 

Claro, luego de creer en Cristo, Él nos da Su Espíritu (si sigues mis publicaciones en esta página, sabrás que muchos creen que se encuentra en su barriga) que nos confronta con nuestro pecado y nos lleva al arrepentimiento. Precisamente por esa razón, debemos ir más allá de sentirnos mal cuando pecamos, para lograr apartarnos del mal, escuchar el consejo de los sabios y  seguir el camino de Dios. 

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Este artículo procede del Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com

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Sobre el autor

Carolina García Domínguez

Carolina García Domínguez

Cristiana, mujer, joven, profesora, Ezer (ayuda), crafter, amante de los libros, de pinterest, de las fotos lindas con mensajes buenos y amante de compartir con amigos. Vivo en busca de ser mejor en lo que hago cada día, sea lo … leer más …


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