¿Cómo ganar el corazón de un niño para Cristo?

Cuando me pidieron que dirigiera la División Infantil del ministerio Bible Study Fellowship, sabía que era un gran privilegio. Pero cuán ingenua y orgullosa fui al pensar que mi experiencia era suficiente para ese trabajo. Claro que enseñar la Biblia a mujeres era una buena preparación, pero ignoraba las dificultades de la enseñanza de la Biblia a los niños.

Tristemente, no tenía claridad respecto a la diferencia entre conducta moralista y aplicaciones centradas en el Evangelio. Parecía fácil decir, «Deja de pecar y comienza a obedecer». De igual manera los asuntos de disciplina eran simplistas: «Deja de actuar así y comienza a comportarte». Los niños necesitan aprender a obedecer, ¿correcto? Y por nuestra propia salud mental, necesitamos que ellos obedezcan. Me sentía inclinada a torcer la belleza del evangelio de gracia en un engaño sutil llamado moralismo.  Necesitaba aprender tres cosas:

1. No se llega al corazón de un niño por medio del moralismo

Es difícil no usar los personajes de la Biblia para enseñar una lección moral.  Con el personaje bíblico como el sujeto de la lección podemos enseñar a los niños que necesitan ser rectos como Noé, fieles como Moisés, y obedientes como Abraham.  Los niños imaginan que si viven como estos héroes de la fe ganarán el amor de Dios.

Pero cuando tratamos de hacer que los niños respeten las reglas, ellos adoptan una de estas actitudes: ya sea, con orgullo en su corazón creen que se han ganado el favor de Dios. O, ven que jamás podrán seguir las reglas, y que es inútil intentarlo.

Verdad: En el corazón de un niño, el moralismo solo puede producir orgullo y temor.

El moralismo termina haciendo que los niños crean que su relación con Dios depende de ellos.  Si son lo suficientemente buenos, ganan.  Si meten la pata, pierden.  La enseñanza moralista se rompe cuando leemos que Noé se emborracha, Moisés se enfurece, y Abraham miente.  Podemos intentar esconder el hecho de que cada uno de estos personajes batallaba con el pecado, pero la Biblia no lo hace.  Dios nunca dice que el buen comportamiento es un prerrequisito para Su amor.

2. No se llega al corazón de un niño por medio de la manipulación

La manipulación generalmente funciona si solo nos interesa que los niños obedezcan.  Los niños responden a un «No puedo creer que hagas eso después de lo que acabamos de aprender acerca de Jesús». O un «Debería darte vergüenza la manera en que te comportas». O un «Mira esa gente –ya sabes cuáles, los que _____ (escribe el pecado de tu elección)». Como queriendo transmitir un, «Más vale que nunca te agraden».

Lo que es aún peor, utilizamos a Dios para manipular. «A Dios no le agrada cuando haces eso».  «A Dios le entristece cuando actúas de esa manera». «Si quieres agradar a Dios deberás leer tu Biblia, ir a la iglesia, y obedecer a tus padres».

Podemos manipular fácilmente a los niños porque Dios los ha diseñado con el deseo de complacernos.  Su comportamiento puede cambiar temporalmente, pero estamos dañando sus corazones.  Los únicos cambios de vida duraderos y efectivos suceden desde adentro.

Verdad: En el corazón de un niño, la manipulación solo puede producir culpa, vergüenza o enojo.

No importa cuánto se esfuercen los niños por mantenerse aparentemente limpios, al ver su pecado, ellos pensarán que no es posible que Dios les ame.  Torcemos el Evangelio cuando insinuamos que el favor de Dios depende de su comportamiento.  Los cambios de vida son reales cuando vienen del corazón.

3. Ganamos el corazón de un niño a través del Evangelio.

El Evangelio es la verdad más importante que debemos enseñar a un niño.  Pablo enfatiza esto en 1 Co. 15:3-4 «Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras».

Enseñanzas centradas en el Evangelio transmiten que nuestro comportamiento nunca será lo suficientemente bueno para estar bien con Dios.  Antes de que lo merezcamos Dios se extiende hacia nosotros en gracia y misericordia.  Él perdona a aquellos que se vuelven del pecado y confían en Jesús.  Recibimos Su misericordia en lugar de castigo por el pecado porque la justicia de Dios fue satisfecha por la muerte de Su Amado Hijo en la cruz.  Jesús vivió POR nosotros.  Jesús murió POR nosotros.  Jesús resucitó POR nosotros. El poder de la resurrección de Jesús nos da un nuevo corazón, una nueva manera de pensar, y nuevos deseos de vivir para Dios.

La enseñanza centrada en el Evangelio dice que Dios usa a las personas que son débiles y quebrantadas.  Los personajes bíblicos son imperfectos. Dios no escogió a Noé, Moisés y Abraham por su carácter, sino por Su gracia.  Dios sabe quiénes somos.  Su amor por nosotros no cambia cuando fallamos.  Su plan y Sus promesas prevalecen a pesar de nuestras imperfecciones.

Verdad:  Dios llega al corazón de un niño a través de la verdad del Evangelio.

El corazón de un niño se endurece por el moralismo y la manipulación.  Pero el Evangelio es el mensaje de Dios, de amor y gracia que transforma el corazón de un niño.  La enseñanza centrada en el Evangelio no fue solamente para el programa infantil del ministerio Bible Study Fellowship. Algo sucedió en mi propio corazón al maravillarme cada vez más con la verdad del amor y gracia de Dios.

El gozo y la libertad se encuentran al descubrir que Dios usa nuestras debilidades para Su gloria.  Él usa nuestro quebrantamiento para revelar Su gracia.  Este es un mensaje de esperanza, no solamente para nuestros hijos, sino para nosotras también.  Por más que nuestra vida esté hecha un desastre, hay esperanza. El Evangelio nos dice que ésa es la verdad.  Enseñar la verdad del Evangelio es la manera de ganar el corazón de un niño para Cristo.

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Sobre el autor

Barbara Reoach

Barbara Reoach

Barbara es la Directora del Programa para niños de Bible Study Fellowship International (BSF) y la autora de ¿Por qué la Navidad? Y ¿Por qué la Pascua? Ella vive con su esposo, Ron, en San Antonio, Texas y ama escribir estudios bíblicos centrados en el Evangelio para sus nietos, su iglesia y para quienes disfruten discipular la próxima generación.

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