Cómo todas hemos votado a favor del Brexit

Pero temo que, así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestras mentes sean desviadas de la sencillez y pureza de la devoción a Cristo. 2ª Co. 11:3.

‘¿Qué hemos hecho?’ Reportan algunas cadenas de noticias que ha sido la pregunta de muchos ciudadanos del Reino Unido luego de haber votado a favor de salir de la Unión Europea (o sea, a favor del “Brexit”).  Hasta se ha hablado del “Regrexit”, es decir, convocar otro referéndum con el propósito de dejar sin efecto estos resultados.

Ha sido un despertar a la realidad, especialmente, cuando aquellos que durante meses los motivaron a dar el paso prometiéndoles la panacea a todos sus problemas: retomar su verdadera “independencia”, frenar la inmigración masiva, el uso de cientos de millones de libras esterlinas para el sistema de salud, mejoras económicas, etc.,  han cambiado su discurso “aclarando” que esas promesas no pueden materializarse tal como fueron hechas; dejando así a muchos viviendo en carne propia el refrán, “ir por lana y volver trasquilado”.

Esta decepción, nos lleva a lo que podríamos denominar el primer “Brexit” de la historia, cuando Eva se dejó seducir de las “promesas de campaña” de Satanás con ideas de independencia, control, bienestar y placer:

“… Ciertamente no moriréis. Pues Dios sabe que el día que de él comáis, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal”. (Gn. 3:4-5)

Promesas que no se “materializaron” sino que, provocaron la expulsión del Edén (“Edenexit”) como parte del cumplimiento de Dios a Su promesa hecha a Adán, de que el día que comiera del árbol del conocimiento del bien y del mal, “ciertamente morirás”.

Y desde allí, todos los descendientes de ellos, nacemos con la inclinación natural de votar a favor del #Edenexit, al querer “independizarnos” de Dios ilusionándonos una y otra vez con las “promesas de campaña” del pecado que nos seduce nublando nuestras mentes al apelar a nuestro ego, y así nos desviamos de la sencillez y pureza de la devoción a Cristo para correr en pos de promesas que nos dejan preguntándonos ‘¿qué hemos hecho?’ o peor aún, escucharlo a Él, decirnos “¿qué es lo que has hecho?” (Gn. 3:13).

Una consecuencia inmediata del “Brexit” fue el desplome de la moneda y de los mercados financieros del Reino Unido; que en el #Edenexit se ilustra en la distorsión de la imagen de Dios en el ser humano que nos hizo perder todo nuestro valor como Sus criaturas.

En el Reino Unido, la juventud reclama que ellos, la próxima generación, tendrán que vivir con los resultados negativos (según su opinión) del Brexit cuando en gran parte se trató de una decisión de adultos mayores; así mismo, el pecado de Adán y Eva afectó a todas las generaciones que les han sucedido; y nuestro pecado deja una estela que afecta a nuestros hijos.

No es hasta ahora cuando algunas ciudades han descubierto los beneficios de los cuales serán privados luego del Brexit, como fondos para creación de puestos de trabajo, entre otros; similar a las consecuencias impuestas por Dios en Génesis 3:16 al 19: maldición sobre la tierra, los dolores de parto, el anhelo de la mujer por dominar al hombre, penosos trabajos para el sustento, etcétera.

Junto con los resultados se recibió la noticia de la dimisión del Primer Ministro británico quien decidió no ser quien implemente el Brexit.

Ésta es la gran diferencia entre el #Brexit y el #Edenexit, pues, el “Primer Ministro del Edén” no abandonó Su cargo, sino que ideó y ejecutó Su plan, no ya para la salida sino para el regreso:  Su plan de redención de la humanidad caída, la restauración del valor perdido. Él pagó el precio. Y así cumplió Su promesa de Gn. 3:14 “Y pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el calcañar”.

¿Notaste que ni Satanás ni el pecado cumplen sus “ofertas de campaña”? Solo Dios cumple Sus promesas.

“Pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son sí; por eso también por medio de Él, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros” (2ª Co. 1:20)

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Sobre el autor

Isabel Andrickson

Isabel Andrickson

Abogada de profesión y aprendiz de Su Palabra por pasión y convicción; es madre de un adulto joven a quien crio  como madre sola desde que tenía 3 años. Concluyó esa etapa, consciente tanto de las luchas y obstáculos que enfrentan las madres solas, como de los múltiples tropiezos producto de malas decisiones. Ahora anhela orientar a aquellas que recorren ese trayecto para que abracen las verdades de Tito 2, Proverbios 31 y otras enseñanzas de la Palabra sobre nuestro diseño, pues, no son exclusivas para mujeres casadas, sino para todas aquellas que, por Su Gracia, somos llamadas hijas del Padre Bueno.

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