Consejos para una esposa en cuarentena

Escrito por Anita Bautista

Este titular llamó mi atención: «Los divorcios en China han aumentado después de la cuarentena». La noticia decía que el confinamiento había incrementado los problemas matrimoniales y familiares ya existentes. Es que las crisis tienen la particularidad de sacar lo mejor y lo peor de nosotros; sirven como una radiografía para revelar lo que hay en nuestros corazones. Es decir, son como el exprimidor que saca lo que tenemos dentro. 

Sin embargo, el problema no es la pandemia, sino aquellas cosas que descuidamos sin darnos cuenta. Son las áreas frágiles de nuestra vida las que están siendo probadas y Dios está haciendo una obra de restauración utilizando lo que está sucediendo afuera.

Es por eso, y con carga en mi corazón por tu familia, que te escribo estos consejos y sugerencias que espero puedan servirte, consejos de parte de una esposa y madre con 35 años de matrimonio. Muchos de ellos son producto de mis propios errores y fallas. Para esto, te propongo que imagines que estamos cara a cara en mi cocina, tomándonos una taza de café como dos buenas amigas.

Todo buen matrimonio se construye día a día a través de acciones intencionales. Se asemeja a una plantita que se riega, se cuida, se nutre y se protege. La rutina, la cotidianidad y la costumbre nos hacen perder el encanto y los detalles que solíamos tener cuando estábamos recién casadas. Esto se agrava en la crisis debido al temor, la incertidumbre y el duelo que sentimos.

De esta forma, terminamos descuidando nuestra relación con el hombre de nuestro pacto y cambiando prioridades cuando nos convertimos en madres. Recuerda que nuestra lealtad y compromiso es primero con Dios, luego con nuestro esposo y después con nuestros preciosos hijos. Como mujeres tendemos a ser más relacionales, por eso entramos a las redes en busca de grupos de amigas, hermanas o madres porque necesitamos comunicarnos. El problema es que se nos vuelve más fácil relacionarnos con los que están a distancia que con los más cercanos, descuidando así a la persona que tenemos más cerca: nuestro esposo.

Dios nos ha puesto en este tiempo de prueba para hacernos recapacitar, restaurar, reconciliar y retomar nuestra vida con el propósito de valorar las cosas y las personas. De pronto, estamos todos juntos, cada quien, con sus propias luchas interiores, cargas emocionales y más trabajo que el que teníamos antes y sin libertad para hacer lo que estábamos acostumbrados. 

Diferencias por diseño en la cuarentena

Por diseño divino el varón es proveedor, protector y su esfera de trabajo es fuera del hogar. El hombre fue creado fuera del Huerto del Edén, mientras que nosotras pertenecemos al hogar y es allí donde está nuestra esfera de influencia. 

Amiga, es importante entender que tu esposo se siente fuera de lugar al estar confinado en casa y puede ser que se comporte de forma distinta a nosotras. También, puede ser que tu esposo necesite salir porque su profesión lo requiera o porque su trabajo es así. No podemos negar que estamos en una verdadera crisis económica que se agrava cada día y quizá él siente la carga y la incertidumbre de proveer para el hogar.

Por lo general, el varón maneja el estrés alejándose y metiéndose en su «cueva», se torna agresivo, solitario y suele refugiarse en su teléfono, computadora, juegos de video, televisión, etc. Esta es la forma como el varón resuelve sus conflictos. No se siente en el hogar como tú y yo, no le importa si la ropa se acumula, o si los niños no se han bañado. No cometamos el error de juzgarlo y recriminarle su falta de interés.

Sugerencias en tiempo de cuarentena

Tú conoces a tu esposo y sabes qué funciona en este tiempo; pero sé intencional en cultivar tu relación matrimonial de pacto con él. Eso quiere decir que debes hacer el esfuerzo, no esperes que «te nazca hacerlo». Al principio te sentirás incómoda y él tal vez te pregunte ¿qué te pasa?, pero inténtalo. Vale la pena.

*Practica la gentileza y la amabilidad: La cercanía nos hace perder los buenos modales y cambiar el tono de voz. Por eso, ten cuidado cuando estés cansada o desesperada. Piensa en la forma en que tratas a tu familia, nunca tratarías así a un extraño, ¿verdad? Sin embargo, ellos son nuestra prioridad. El encierro nos desespera, nos hace perder la perspectiva, nos impacienta; pero controla tu lengua, filtra tus palabras, piensa antes de hablar, no hagas bromas pesadas y no completes las oraciones cuando tu esposo hable. De hecho, no lo interrumpas, ni lo contradigas en frente de los demás, baja el volumen de tu voz, admíralo delante de tus hijos, destaca sus cualidades, sé agradecida con lo que él hace por la familia por mínimo que sea. Recuerda: «Sea quitada de ustedes toda amargura, enojo, ira, gritos, insultos, así como toda malicia» (Ef. 4:31).

*Provee un verdadero refugio de paz y descanso en tu hogar: Tú y yo somos responsables del ambiente en casa. Gritos, malas palabras y actitudes groseras hacen de la casa un lugar hostil. Si en algún momento ha sido importante proveer un refugio, este es el momento. No se necesita dinero, sino un espíritu afable y apacible. Eso solo lo provee Dios, Él es la fuente de paz y reposo. El orden y una comida sencilla preparada con amor transmiten seguridad y control. No hables de las noticias malas, no regañes durante las comidas. «Mejor es vivir en un rincón del terrado, que en una casa con mujer rencillosa» (Pr. 21:9). «Sino que sea lo que procede de lo íntimo del corazón, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios» (1 Pe. 3:4)

*Báñate, arréglate y ponte bonita: El descuido, la tristeza y la confianza pueden hacer que nos descuidemos. ¿Cómo te arreglas para salir? No pierdas esto. Lo más fácil es abandonarnos ya que no vamos a salir, pero no lo hagas. Que tu esposo y tus niños te vean hermosa solo para ellos es muy importante.

*Planea una cita con tu esposo cada semana en casa: Hazle sentir a tu esposo y al resto de la familia que él es importante para ti. Dile a los chicos que vas a tener una cita con papá, que es el tiempo de ustedes dos. Puede ser en la habitación o después de dormir a los chicos. No tienes que gastar dinero, puedes prepararle algo que a él le guste comer. Ponte bonita, arréglate con algo lindo. Si él habla, escúchalo sin interrumpir, pregúntale qué le preocupa, hazle sentir que estás de su lado.

  • Vean juntos una película que les edifique.
  • Saquen el álbum o video de su boda y recuerden ese día.
  • Oren juntos tomados de la mano.
  • Compartan cómo pueden apoyarse en estos días.

*No descuides la intimidad sexual: Para el varón es importante sentirse amado, deseado y comprendido sexualmente en tiempos de crisis. La experiencia sexual lo alimenta, le da seguridad y estabilidad. No llegues destruida a la noche, tu relación con tu esposo requiere que le des prioridad, es más importante compartir con él que cualquier otra cosa.

*Pon un límite a tu trabajo en casa: El quehacer nunca termina, si no ponemos un límite puede absorbernos y desgastarnos. Mantén el orden y asigna tareas a tu familia, pero toma tiempos de descanso, es necesario. Respeta el fin de semana, cambia la rutina, hazles sentir que es un tiempo distinto. Los días se tornan largos y muy tediosos. Respeta el domingo dándole a Dios todo el honor, aunque no podamos reunirnos como antes. Sé creativa, inventa cosas. Yo solo puedo darte algunas ideas, pero te animos a que no descuides tu matrimonio. Que esta crisis no destruya lo más valioso que tenemos: nuestra fe y nuestra familia. Habrá valido la pena si salimos renovados, avivados y agradecidos; es decir, transformados.

Cambia tu perspectiva y piensa: tal vez nos quejamos de nuestro esposo, lo juzgamos y quisiéramos que se fuera, cuando en realidad miles de mujeres se han quedado viudas en otros países y darían lo que fuera por tenerlo en casa. Este virus mata a más hombres que mujeres, así que oremos por nuestros esposos en vez de quejarnos.

Espero haberte servido. Mi deseo es alentarte, yo no soy perfecta y sigo aprendiendo, pero sé que nuestros esposos son el tesoro más grande que tenemos después de Dios.

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