La semana pasada vimos el comienzo de la historia de Lea: una mujer ignorada, comparada y no deseada, cuya vida parecía desarrollarse a la sombra de alguien más. Pero Dios nunca perdió de vista su dolor.
Hoy continuaremos viendo cómo el Señor recordó a Lea, transformó su corazón y la convirtió en parte de Su plan redentor.
1. El Señor recordó a Lea.
Cuando Jacob llegó, Lea estaba ausente de la narrativa. Pero hay otro personaje principal que permanece en silencio por aún más tiempo. En Génesis 29:31 vemos la primera referencia directa al Señor, y Su atención no está dirigida hacia Jacob, sino hacia Lea: «Vio el Señor que Lea era aborrecida, y le concedió hijos».
Dios vio no solo la codicia y manipulación de los hombres que dañaron a Lea; también vio el aislamiento y la tristeza de su corazón, y le importó. Él actuó. El hecho de recordarla restauró su dignidad en una cultura que buscaba arrebatársela. Y esta sigue siendo Su respuesta hacia quienes sufren hoy. Ninguna mujer que se siente invisible es olvidada por Él.
2. El Señor, en Su gracia, permitió que Lea experimentara el vacío de una falsa esperanza.
Cuando Lea da a luz a su primer hijo, lo llama Rubén, diciendo: «Por cuanto el Señor ha visto mi aflicción, sin duda ahora mi marido me amará» (Gn. 29:32b). Los siguientes dos hijos siguen el mismo patrón: cada nombre revela su anhelo por el afecto de Jacob. Al nacer su tercer hijo, ella dice: «Ahora esta vez mi marido se apegará a mí, porque le he dado tres hijos» (v. 34).
Lea conoce el dolor con el que vive, y cree que el amor de su esposo la salvará. O que un hijo lo hará. O que si de alguna manera logra arreglar sus circunstancias, finalmente llegará la felicidad. Pero nada de eso funciona. Entonces, con el nacimiento de su cuarto hijo, el patrón se rompe, y la falsa esperanza a la que se había aferrado se desvanece:
«Concibió una vez más y dio a luz un hijo, y dijo: “Esta vez alabaré al Señor”. Así que le puso por nombre Judá» (v. 35)
Esta vez, Lea no menciona a su esposo, sino solamente al Señor. No utiliza el nombre genérico para Dios, sino que alaba al SEÑOR, Yahweh, el Dios personal que vino a Abraham e Isaac. El Dios que vino a Jacob y prometió: «Yo estoy contigo. Te guardaré por dondequiera que vayas y te haré volver a esta tierra. No te dejaré hasta que haya hecho lo que te he prometido» (28:15).
La historia de Lea pone un espejo frente a nuestros propios corazones. Las relaciones, los planes y los intentos de controlar los resultados nunca podrán satisfacer plenamente, pero el Dios de Jacob todavía ofrece una esperanza verdadera.
Como señaló el pastor Tim Keller: «Lea debió haber escuchado la promesa: la promesa de la Simiente, la promesa de salvación… Ella comenzó a aferrarse a la idea del Señor, Yahweh, el Dios que salva por gracia».¹
3. El Señor convirtió a una mujer no deseada en portadora de Su bendición.
Mira nuevamente Génesis 29:31–35. Un estudioso del Antiguo Testamento señala:
«Esta sección relata los primeros cuatro nacimientos. El Dios misericordioso concede bondadosamente a Lea, la esposa no amada, el hijo primogénito y la mitad de los hijos de Jacob. Entre sus hijos están la línea sacerdotal de Leví y la línea mesiánica de Judá. Al dar a luz una hija (30:21), tiene más hijos que las otras tres mujeres juntas y el número perfecto de hijos: siete».²
Judá, el hijo por quien Lea alabó al Señor, aparece en Mateo 1 como parte del linaje del mismo Mesías. A través de la gracia y misericordia de Dios, el Señor usó a Lea para avanzar Su plan redentor: para formar parte del cumplimiento de Su gran promesa a Abraham, Isaac y Jacob, y para ser un miembro esencial de la familia del futuro Rey Jesús, la esperanza del mundo entero.
Dos verdades y ninguna mentira
Si te ves reflejada en el comienzo de la historia de Lea, importa que también te veas en el final. Dios fue fiel con ella, y será fiel contigo. Así que, cuando te sientas invisible o no deseada, mantén estas dos verdades listas en tu corazón:
Jesús, tu Esposo celestial, te buscó y te amó aun en tu momento menos deseable, y Su amor jamás fallará (Ro. 8:38–39).
El quebranto y el dolor pueden convertirse en una puerta hacia la esperanza. Cuando el rechazo del mundo te hiera, vuelve tus ojos a Jesús y, como Lea, declara: «Esta vez alabaré al Señor» (Sal. 63:3–4).
Que la historia de Lea te recuerde que quienes son ignoradas nunca son olvidadas, y quienes no son valoradas siempre son vistas. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito — usando misericordiosamente el linaje de una mujer improbable — para que todo aquel que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna, abundante y llena de gozo.
¹ Tim Keller, “The Girl Nobody Wanted”, Preaching Today, sermón predicado el 11 de octubre de 1998, https://www.preachingtoday.com/sermons/sermons/2006/april/girl-nobody-wanted.html.
² Bruce K. Waltke y Cathi J. Fredricks, Genesis: A Commentary (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2001), 409.
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