Cuando te sientes decepcionada de Jesús

Durante el mes de septiembre iniciaremos una nueva temporada de la serie Mujeres de la Biblia, donde estudiaremos a Elisabet. Por tal razón, en nuestro Blog Mujer Verdadera, hemos querido enfocarnos en  el tema de la desilusión. Es nuestro deseo que podamos vivir la belleza del evangelio en medio de las desilusiones, ya sean pasadas o presentes. Recuerda que estamos llamadas a vivir de acuerdo a la Palabra de Dios y no a las mentiras que la cultura nos quiere vender. Esta es la única forma de atesorar la esperanza que solo podemos encontrar en nuestro Señor para enfrentar las desilusiones futuras.  Acompáñanos este mes y profundicemos juntas en la Palabra de Dios para aprender cómo lidiar con la desilusión. Yamell de Jaramillo | Blog Mujer Verdadera

Las cosas estaban poniéndose peor. El Maestro no había venido y la enfermedad estaba progresando. ¿No le habría llegado el mensaje? Lázaro yacía moribundo, mientras ellas esperaban que Jesús viniera.

Jesús amaba a Marta, a María y también a Lázaro; pero cuando ellas le enviaron palabra diciéndole que Lázaro estaba enfermo, Jesús esperó. 

«Y estaba enfermo cierto hombre llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta. María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos. Las hermanas entonces mandaron a decir a Jesús: “Señor, mira, el que tú amas está enfermo”. Cuando Jesús lo oyó, dijo: “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella”. Y Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que Lázaro estaba enfermo, entonces se quedó dos días más en el lugar donde estaba». (Jn. 11: 1 - 6)

Sí. Cuando el mensaje alcanzó a Jesús, Él esperó. De hecho, se quedó dos días más; no se apresuró, no corrió, ni siquiera lo sanó a la distancia como hizo con el siervo del centurión. Jesús esperó.

La palabra «decepcionada» no está escrita en este texto, pero aparece a través de toda la historia. No es lo que ellas esperaban. Estoy segura de que María y Marta estaban decepcionadas. Ellas sabían que Jesús podía sanar a su hermano, ellas sabían que esto no sería un problema para Él. Es más, se lo dijeron tan pronto como apareció (cuatro días tarde según ellos).

Solo puedo ver a Marta con sus brazos cruzados y una mirada severa, penetrante, mientras le reprocha a Jesús, diciendo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto» (Juan 11:21). Ella echó la culpa de la muerte de Lázaro a sus pies. Ella derramó su corazón con una petición urgente y Jesús no vino, Él la decepcionó.

¿Puedes identificarte?

Yo tengo oraciones sin respuesta. Yo tengo peticiones urgentes que no han sido atendidas. Tengo amados que están muriendo sin la esperanza de la vida eterna.

  • ¿Dónde está Jesús?
  • ¿Por qué se está retrasando?
  • ¿No le importa?
  • ¿Él no está escuchando?
  • ¿Él en dónde está?

Esperando lo grandioso 

Jesús estaba justo donde Él se suponía que debía estar. Él las amaba, así que esperó. 

...Trabajar en su corazón era lo mejor para ellas, así que esperó. 

...Su visión estaba más allá de lo esperado, así que esperó.

...Su obediencia era el plan del Padre, así que Él esperó.

Jesús no tenía prisa por moverse porque en la espera siempre hay un propósito mayor.

Juan provee los detalles, así que no hay duda de quién es «este Lázaro». Él es el Lázaro de Betania, «el pueblo de María y su hermana Marta»; pero para agregar ese énfasis, Juan incluye este detalle: «María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos».

Observa conmigo ese detalle. El Espíritu Santo, a través de Juan, está indicándonos que Él conocía de cuál María se trataba, debemos prestar atención al hecho de que esta no es «una María común», ésta, es la María que preparó a Jesús para su entierro. La consagración tendría lugar más tarde, después de este incidente, pero Juan quería que el lector se diera cuenta de que ésta era la María que estaba profundamente dedicada al Salvador, la misma María que se sentó a sus pies para absorber cada palabra de sus labios.

Las hermanas enviaron el mensaje, no solo para decir que «Lázaro estaba enfermo», sino con una urgencia conmovedora, con la frase «el que amas está enfermo». 

Así que Jesús esperó. Esperó por un propósito más grande, incluso, que la dulce María, la fiel Marta y el amado Lázaro.

Jesús esperó por la gloria de Dios.

Jesús esperó para que ocurriera lo grandioso. Si Jesús hubiera venido cuando Marta lo llamó, su fe no hubiera sido ejercitada. No hubiese habido multitud de dolientes para presenciar al dador de la vida en acción. No hubiese habido resurrección para asombrar a la comunidad judía y para despertar a un sentenciado a muerte.

Si Jesús hubiera respondido al primer llamado de estas mujeres, lo grandioso hubiera sido sacrificado por lo que ellas creían que era lo mejor; pero porque Él las amaba, porque él deseaba la gloria de Dios, Jesús esperó. Él conoce tu corazón.

Querida, ¿qué le estás pidiendo a Él hoy? ¿Has estado llorando por un largo tiempo sin ninguna señal de respuesta?

No te desanimes.

No pienses que Él no ve, no sabe o no le importa.

Jesús sabe y le importa, Él no se hará «el de la vista gorda» con los que claman a Él por misericordia. Él sabe esperar.

  • Porque Él te ama, Jesús espera.
  • Por la gloria de Dios, Jesús espera.
  • Por el grandioso trabajo de Dios en tu vida, Jesús espera.

Mientras tú esperas, vuelca tu corazón en completa devoción a Él sabiendo que todo lo que Él hace es bueno:

«Bueno es el Señor, una fortaleza en el día de la angustia, y conoce a los que en Él se refugian» (Nah. 1:7).

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Sobre el autor

Kimberly Wagner

Kimberly Wagner

La pasión de Kimberly Wagner es Cristo, y ella desea encender la búsqueda de la gloria de Dios por parte de las mujeres. Es autora de, y es una invitada frecuente al programa de radio de Revive Our Hearts, así como colaboradora habitual del blog de True Woman. A ella le gusta compartir con las mujeres y escuchar lo que Dios está haciendo en sus vidas.

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