¿Puedes verla? Ella es esa madre que pelea sus batallas en silencio, la que las enfrenta cada día con la misma fortaleza, la misma rutina, el mismo esfuerzo; la que, aunque sabe que humanamente quizá no le será posible lograr un cambio en sus circunstancias, aun así, debe continuar. ¿La escuchas? Su llanto y oración son frecuentes. Ella es la mamá que vive clamando a Dios por esos milagros que parecen no llegar. Es quien cada día comprende que, aunque en esta tierra su oración quizá no tendrá respuesta nunca y que nada, ni nadie, ni si tuviera todo el dinero del mundo podría cambiar sus circunstancias, aun así, ella no pierde la fe. Y aunque muchas veces parece derrotada ante los ojos de las personas, aún así, sintiéndose rota, no se rinde. ¿Eres tú como ella?
Si platicas con cualquier mamá y le preguntas: «¿Cómo te ha ido en tu maternidad?», escucharás historias muy diferentes. Algunas mujeres dicen: «La maternidad es lo más difícil del mundo, es lo peor que me ha pasado», mientras otras dicen: «La maternidad es lo más hermoso del mundo, es lo mejor que me ha pasado». Es claro que cada mamá enfrenta desafíos y retos diferentes, y su percepción y actitudes también son diferentes. Los adjetivos para definir la maternidad serán diferentes; algunos cambian conforme a las etapas de la vida, otros permanecen constantes. Hoy pienso en cada mamá con circunstancias fuera de lo común. Aquellas que enfrentamos desafíos únicos, inesperados, incomprensibles, con los hijos a nuestro alrededor o en diferentes etapas y circunstancias.
¿Hay esperanza de Dios para mí?
Quizá tú también te lo hayas preguntado. Si tienes el tiempo suficiente enfrentando tiempos difíciles, ya te habrás dado cuenta de que algunas vivencias de la vida son muy agridulces. Aunque ser madre es una hermosa experiencia, también es una de las más desafiantes, en la cual requieres mucha fe, esperanza y amor. Las dificultades a enfrentar son tantas: la crianza de uno o más hijos con necesidades especiales, la ausencia del padre, problemas económicos, conflictos familiares, la lucha contra enfermedades crónicas, la fatiga física, espiritual y emocional; no solo hijos demandantes, sino padres envejecientes también. Sin embargo, la Biblia nos muestra que Dios ofrece una esperanza firme para las madres que, ante lo adverso, aún confían en Él, recordándonos que no estamos solas en nuestro caminar.
Las Escrituras nos enseñan que Dios no es indiferente a las dificultades de Sus hijas. Mira la historia de Agar, la sierva de Sara, quien se encontró en el desierto con su hijo Ismael, sin recursos ni esperanza. Solo esperando morir. En medio de su angustia, Dios le mostró un pozo de agua y la fortaleció, recordándole que Él estaba con ella (Gn. 21:14-19). Este relato me sobrecoge, pues me recuerda que Dios ve a cada madre que llora en silencio. Aun en los desiertos más devastadores y solitarios, Su provisión no falla. Si estás ahí más veces de las que quisieras, sintiéndote devastada, tirada en el suelo y llorando, recuerda que Él lo ha visto todo, lo sabe todo. Dios tiene nuestras lágrimas en Su redoma, no nos dejará, ni nos desamparará.
¿Cómo encontrar fortaleza en medio del cansancio y la desesperación?
Muchas veces sentiremos que ya no podemos más. Ser madre a veces se siente como una tarea imposible de ejecutar para una humana frágil, pues implica sacrificio y entrega constante, lo que en ocasiones puede llevarnos a la fatiga y al desánimo. Es necesario que tengamos presente que aun en medio de lo abrumador, incapacitante e inesperado, todo lo que consideramos «sin sentido» Dios lo usa para nuestro bien y, aun cuando estemos exhaustas, nos invita a encontrar descanso en Él.
Isaías 40:31 nos recuerda: «Pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas. Se remontarán con alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán». Cuando el agotamiento parece vencernos, podemos clamar a Dios para que renueve nuestra energía y nos dé la gracia necesaria para seguir adelante. Sus matemáticas son diferentes a las nuestras: «Él da fuerzas al fatigado, y al que no tiene fuerzas, aumenta el vigor.Aun los mancebos se fatigan y se cansan, y los jóvenes tropiezan y vacilan» (Is. 40:29-30).
Criar hijos en un mundo lleno de incertidumbre puede ser inquietante y abrumador. Hay muchas madres llenas de ansiedad por el futuro incierto. Es ahí cuando podemos recordar que en la Biblia, Dios nos ofrece dirección. Santiago 1:5 nos anima: «Y si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada». Dios nos da la sabiduría necesaria para tomar decisiones acertadas, corregir con amor y sembrar principios y valores en los hijos, aunque alrededor todo parezca ir de mal en peor, e incluso cuando tienes algún hijo sin temor a Dios, sin respeto a sus padres, líderes o autoridades, y sin indicios de arrepentimiento para corregir sus pasos, puedes seguir orando por él o por ella, confiando en que Dios sostiene su futuro.
Muchas madres atraviesan pruebas dolorosas e innombrables: la enfermedad de un hijo, la rebeldía, la separación o incluso pérdida. En estos momentos, Dios promete Su consuelo. En 2 Corintios 1:3-4 se nos dice que Él es «Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones». Su presencia brinda paz en medio del dolor, asegurándonos que Él nunca nos deja. Los pensamientos y sentimientos son tan cambiantes que pueden parecer intolerables, pero Él, que es fiel y constante, puede darnos paz y consuelo incluso en medio de todos ellos.
Mi esperanza trasciende las circunstancias
El mayor consuelo que he tenido en momentos devastadores es saber y creer que Dios tiene un propósito para mí, para mis hijos y mi familia en cada situación. A veces se utiliza Romanos 8:28 como un cliché y se dicen estas palabras muy a la ligera: «Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito», pero espero que podamos recordar que es una verdad, es más que una frase de ánimo o motivación, Su Palabra es una roca firme y certera: Incluso en los más fuertes desafíos, Dios está obrando para el bien de nuestra vida y familia.
Si eres madre y estás enfrentando dificultades, desafíos únicos que no se consideran normales, recuerda que Dios te ve, te fortalece, te guía y te consuela. Él es fiel y nunca abandona a quienes ponen su confianza en Él. Descansa en Su amor y encuentra en Él la esperanza que necesitas cada día. Hoy oro por ti, ¿orarías tú por mí? Oremos juntas unas por otras, hagámonos presentes en la vida de alguna mamá hoy. El Señor nos dé unidad en amor, compasión y ayuda. Pidámosle poder reflejar al mundo Su amor y Su bondad aun en medio de los sinsabores de la vida. Él es suficiente. Amén.
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