El anhelo del futuro nos hace perder el tesoro del presente

 

Escrito por Courtney Reissig

Tengo un problema. Cuando salimos de vacaciones me deprimo un poco. Tal vez sea mucho. No se debe a que sea ingrata por el alivio o descanso de la rutina de todos los días. Es sencillamente el hecho de que sé que las vacaciones se terminarán pronto. En muchas formas, parezco perderme el tesoro del descanso porque todo lo que puedo ver es el trabajo que le sigue.  Cuando te estás divirtiendo, siete días se van rápido. Pero, siete días de trabajo diario … no tanto.

En unas vacaciones en particular, mi esposo mencionó que lo entristece cuando me desanimo, por esperar la inminente sentencia final de nuestras vacaciones. Al hablar de por qué me siento tan desanimada, él hizo este reflexivo comentario: «Court, realmente me molesta que te estés perdiendo el gozo de este momento debido a tu tristeza por lo que aún está por venir.»

Eso se me quedó grabado.

Qué fácil es perderse los tesoros del aquí y el ahora en esta tediosa vida que llevamos, ¿verdad? Sea que estés trabajando en una oficina anhelando tu próximo ascenso, o pasando días agotadores con los pequeños, y anhelando el día en que ya sean un poco más autosuficientes, o que estés soltera anhelando el día en que finalmente te conviertas en la esposa de alguien, es fácil perderse el presente, por aquello que pareciera un futuro más emocionante.

¿Acaso existe una manera mejor de pensar en nuestro presente y nuestro futuro? ¿Debemos vivir con temor por lo que ha de venir y perdernos el momento presente? Mejor aún ¿Tiene la Biblia algo que decir sobre estos temas?

Creo que sí.

Nuestros días están contados

Si creemos que Dios es soberano, entonces debemos creer también que Él ordena nuestros días, desde el más ordinario hasta el más glamoroso. Colosenses 1:17 dice que «…en Él todas las cosas permanecen.» Para nosotras, eso significa que aun aquellos momentos de los que tratamos de escapar son sostenidos por un Dios soberano. Como mujeres cristianas, en lugar de esperar que nuestra vida mejore con la próxima gran novedad o que se ponga peor al terminar las vacaciones, haríamos bien en recordar que nuestros días están contados.

La Palabra de Dios nos dice que, para que adquiramos sabiduría, es necesario aprender que nuestros días están contados (Salmo 90:12), la sabiduría de saber que cada día viene de la mano amorosa de Dios. La mujer sabia reconoce que cada día por delante se lo debe al buen cuidado de la soberanía de Dios en su vida.

Las personas de tu momento

Con frecuencia, anhelar el futuro puede hacer que nos perdamos de disfrutar a las personas de nuestro presente. Cuando tenemos una preocupación insana por el futuro, no solo estamos perdiéndonos el tiempo que se va, sino que también nos estamos perdiendo de las personas. Cuando mis gemelos eran bebecitos estaba obsesionada con que ya durmieran toda la noche, como cualquier mamá cansada. Pero lo que me perdí en esos días fue la maravilla de un bebé durmiendo, por breve que fuese.

Ahora que mis gemelos son mayores tiendo a hacer lo mismo. Pero lo que no puedo reconocer es que estos pequeños no lo serán siempre. Ellos son las personas de mi momento, pero no lo serán toda la vida.

Frecuentemente, el anhelo por el futuro hace que nos perdamos a las personas de nuestro presente.

Quizá tu vida se vea diferente a la mía. Pero el principio es el mismo. Creer que Dios es soberano sobre nuestros días, también es creer que Él es soberano sobre las personas que llenan esos días.

Una expectativa saludable

Pero este anhelo que sentimos no es del todo malo.  La Biblia nos dice que debemos anhelar algo. Nuestra desesperación por el futuro no es del todo en balde. Dios nos la ha dado. Él conoce nuestros anhelos (Salmo 38:9). Él nos creó con un profundo anhelo por algo más glorioso que un fin de semana de descanso, o que avanzar en nuestra carrera, o que un hijo dócil, o un esposo perfecto. Él nos creó para el cielo (Ap. 21:1-4). Él nos creó para una eternidad de alabanza (Salmo 107:9). Él nos creó para estar con Él por siempre.

Nuestra expectativa ansiosa del momento que no ha llegado y que parece mucho mejor que el presente, palidece en comparación con la realidad futura que nos espera con nuestro Salvador. Mientras nuestro anhelo actual por el futuro puede caer en el límite del espíritu viajero o del escapismo, una expectativa saludable de nuestro hogar celestial es lo que debe distinguir a todos los cristianos. Estamos anhelando un mejor lugar.

¿Cómo equilibras la tensión entre un tener un anhelo saludable y perderte el momento que tienes delante de ti?

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