El peso de la perfección en el matrimonio

 

Mi esposo y yo celebramos nuestro aniversario decimosexto, hace unas semanas. Esa noche no pude dormir, por lo que aproveché esa oportunidad para escribir. Mis pensamientos daban vueltas en especial alrededor de él y de nosotros.

Celebramos tanto nuestro aniversario como su cumpleaños con una gran cita. Incluía grandes bistecs. Estamos en esa etapa en que nuestro primogénito tiene la edad suficiente para quedarse en casa con sus hermanos mientras nosotros salimos por la ciudad como si estuviéramos en nuestros veintes.

Sucumbir bajo el peso de la perfección

Una de mis cosas favoritas acerca de las fechas de aniversario con Daniel es que la ocasión siempre se presta para recordar. Ese sábado no fue diferente. Recordamos los días en que éramos recién casados y peleábamos acerca de las tareas del hogar, el sexo, y quién haría qué, y quién tomaba las decisiones.

Luego llegaron los hijos y ciertamente no sabíamos qué hacer con toda esa conmoción. Mi tendencia al temor me hacía rodar por la montaña como una avalancha y nadie podía hacer nada al respecto. Tendría que caminar a través de largos años pensando en el futuro de mis hijos y en que su bienestar dependía de mí, lo que no me convertía precisamente en la compañía más placentera. ¿Quién estaba a mi lado en esos buenos momentos? El hombre que dormía en la otra habitación mientras yo escribía este artículo.

Más tarde llegaron los años fuera de control en que yo manejaba desde la lavandería y las tiendas de comestibles con lágrimas corriendo por mi cara debido a que no pude ayudar a mi hijo que es autista a que controlara su temperamento.

Todo el día, todos los días él estaba botando vapor como la válvula de una olla de presión y yo no sabía por qué, ni sabía qué hacer, y me volvía también una olla de presión.

Mientras tanto, estaba educando a mis otros dos hijos en el hogar y en secreto sentía que me estaba cayendo en pedazos, lloraba en el piso del baño y lo dejaba en las manos de Dios, día tras día.

Y entonces como si todo esto fuera poco, fuimos salpicados con tres pruebas positivas de embarazo seguidas de tres pérdidas.

Esforzándonos conforme las promesas de Dios

Y en alguna parte del camino durante estos años, empecé a poner sobre este hombre la carga de amarme—quizás a tener más confianza o porque estaba exhausta. No estoy segura de cuáles eran mis motivos.

Al pasar el tiempo, dejé de tratar de obtener su aprobación, dejé de aparentar que era la mejor cocinera, la mejor ama de casa, la mejor madre, la mejor editora, la más inteligente, la mujer más linda en la historia del universo. Empecé a abrir mis puños y dejar que esta ilusión de mí misma se fuera, una ilusión diseñada por mí, por mi propia sensibilidad, dientes apretados y ojos entrecerrados. En algún punto en todos estos años, reconocí que este hombre amaba a la verdadera yo, no a la versión imaginaria de mí misma. Y siempre lo había hecho.

Y eso cambió todo.

Mientras recordábamos nuestra historia esa noche durante nuestra cita, recibí este nuevo entendimiento. Le confesé que durante años traté de ganarme lo que ya él me había dado. Mis intentos de ganarlo simplemente le restaban valor. Tomé lo que solo él podía darme y traté de hacerlo mío como si me lo mereciera.

El sufrimiento diario que me ha mantenido de rodillas en el piso del baño, gradualmente se llevó esa vieja idea de que había una mejor versión de mí misma esperando en mi interior para salir a la luz.  Debajo de las capas de temor, ansiedad y deseos de control, solo había más capas de temor, ansiedad y control. En algún momento me di cuenta de que no había una mejor versión de mí misma, en ninguna forma. Por eso todas las 300 páginas del libro de autoayuda, en realidad no me sirvieron para nada.

En el transcurrir de los días y de los años, el agua se evaporó y la verdad fue cociéndose y este hombre siguió caminando a mi lado, nunca cambiando su paso. Y ésa ha sido la gracia que en cierto modo ha cambiado mi corazón. Reconocer que él ama a quién soy en realidad.  Y que sí, él se esfuerza duro en mostrarme su amor por mí. Y yo también lo hago para mostrarle mi amor por él. Por definición, el amor es sacrificial. Ambos pusimos a un lado nuestros derechos, con ciertos matices y esto ha requerido sabiduría. Pero el miedo y la presión de alcanzar el amor con nuestras obras nunca nos permiten volar; solo la gracia y el amor lo hacen.

Cómo Jesús lo cambia todo

Si le preguntaras a Daniel cómo me puede amar tan bien, él te diría que ésa es la manera como Jesús lo ama. Nuestro hermoso Salvador dejó a un lado Sus derechos y absorbió todos nuestros pecados para que pudiéramos ser hermosas. Es por Su amor que podemos inspirar amor. «Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El.» (2ª Co. 5:21)  

Es el amor de Cristo en mi esposo que está quitando mi temor en la medida en que fluye a través de él. Y así parece que el único lugar al que nos dirigimos, es aquel adonde vamos juntos. Para la gloria de Dios.

No hay ningún otro lugar donde quisiera estar.

¿Luchas con ser perfecta en tus relaciones, en lugar de aceptar el amor incondicional?

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Sobre el autor

Jennifer Case Cortez

Jennifer Case Cortez

Jennifer Case Cortez es una agente literaria convertida a madre en la casa quien ama conectar las mujeres a la Biblia y unas con otras. Puedes conocer más de ella en sus libros (en inglés) The Mom’s Bible (La Biblia para mamas) y en Women on Life: Un llamado a los no nacidos, no amados y rechazados. En su tiempo libre, ella disfruta tocar la guitarra, leer un buen libro y pasar tiempo con su esposo, Daniel y su pequeña manada de fotocopias de Daniel: Samuel, Joshua, Jacob y Evelyn Grace.

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