El legado de mi padre Art DeMoss

Mi padre, Art DeMoss, se fue con el Señor hace un poco mas de 30 años. Fue precisamente durante el fin de semana que cumplí mis 21 años cuando recibí la llamada de que había sufrido un ataque al corazón y que había muerto instantáneamente.

Cada año, cuando se acerca el Día de los Padres, me encuentro pensando en el legado que él me dejó —la forma en como su sabiduría, su consejo y su instrucción (y la de mi madre), impartieron sobre mis años de juventud una gran influencia.  De manera que, periódicamente durante las próximas semanas, les estaré compartiendo a través de este blog algunas de esas enseñanzas y principios  que me han ayudado a cosechar increíbles bendiciones a lo largo de mis años de adultez.

Quiero empezar con lo que fuera para mi papá la base que sostenía todas las cosas —tomar a Dios en serio.

Mi padre conoció al Señor entre sus 20 y 30 años de edad, luego de años de rebeldía, de elecciones necias y poco sabias y de relaciones rotas. Desde ese momento en lo adelante, él nunca pudo sobreponerse al asombro de lo que Dios había hecho por él. Nunca dejó de sorprenderse de que Dios pudiera salvarlo y de que le hubiera regalado nueva vida.

Para él, el cristianismo no era solo un compartimiento más de su vida, como pudiera serlo la escuela, un trabajo, algún pasatiempo favorito, o algunas relaciones.  Cristo era todo. Él no era simplemente una parte de la vida de mi padre; Él era su vida entera. 

Mi papá creía que nuestra relación con Cristo debe afectar toda nuestra vida. Debe afectar nuestra razón y propósito de vivir —debe ser la razón por la que  nos levantamos en la mañana; la razón de nuestro existir.  La única meta y propósito de su vida era glorificar a Dios, dar un buen testimonio de Él ante los demás; y buscar a Dios, Su Reino y Su justicia por sobre todas las cosas.

Mi padre sentía que le debía todo al Señor. Sabía que no tenía vida separado de Cristo, de manera que estaba apercibido de que no podía reclamar la propiedad de nada —ni de su tiempo, ni de sus posesiones, de su influencia, de su familia, de sus planes, ni de su futuro o su vida. Sabía que  todo le pertenecía al Señor.

Él nunca pudo entender como era posible que hubiesen cristianos tibios o nominales. Ese concepto no le hacía sentido. Para él, si eras cristiano, debías ser una nueva persona. Simplemente no había argumento razonable para no tomar a Dios seriamente.

El verso preferido en la vida de mi papá era Hechos 20:24, donde el apóstol Pablo dice: “Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios.” (LBLA). 

Para Art DeMoss eso significaba que no eran los negocios del mundo lo que importaba.  No eran nuestras amistades, nuestros pasatiempos favoritos o ninguna otra cosa temporal. Lo importante era que Dios nos había salvado y nos había llamado a darlo a conocer a otros.

 Pablo lo dice de una manera diferente en Romanos 11:36: “Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén.” Todo se trata de Él. Él es el centro de nuestras vidas.

Creo que si pudiéramos tener algún tipo de remordimiento cuando nos encontremos con Cristo cara a cara sería este: que no tomamos a Dios mas seriamente. Que malgastamos nuestra vida con cosas insignificantes, con cosas que no tienen valor eterno ni trascendencia, porque Cristo no estuvo en el centro ni era el corazón de nuestra existencia.

¿Y tú?  ¿Tomas a Dios en serio? Mientras consideras tu respuesta a esta pregunta, medita también en estas: 

¿Cuál es mi propósito en la vida?

¿Por qué existo?

¿Por qué me creó Dios?

¿Por qué me redimió?

¿Por qué me levanto cada mañana?

¿Qué me motiva?

¿Qué me dirige?

¿Qué me empuja a continuar?

Este artículo procede del Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com

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Sobre el autor

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es infeccioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias, y sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito diecinueve libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adorned: Living Out the Beauty of the Gospel Together. Sus libros han vendido más de tres millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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