¡Gracias sean dadas a Dios por darnos la victoria en Cristo Jesús!

Los cambios, las mudanzas, las separaciones, las despedidas, el adiós generan ansiedad, incertidumbre, temor, tanto en quienes se van, como en los que se quedan; aún más, si sabemos que no volveremos a ver el rostro de la persona -por lo menos no en esta tierra-.

Hechos 20 registra una conmovedora despedida entre los ancianos de la iglesia de Efeso y Pablo donde al final “comenzaron a llorar desconsoladamente, …afligidos especialmente por la palabra que había dicho de que ya no volverían a ver su rostro” (v.37-38 LBLA), la Nueva Traducción Viviente enfatiza “Todos lloraban mientras lo abrazaban y le daban besos de despedida” (v. 37-38).

¿Qué decir? ¿Cómo despedirnos? ¿Cómo brindarle palabras de aliento y esperanza quien se va cuando ya la partida es inminente, y quieres transmitirle seguridad y paz? ¿Le explicas todo lo que aprendido en tus investigaciones de “aquel lugar” y así ahuyentar sus temores? … al mismo tiempo que tratas de enfocarte en el bienestar de quien parte, tú misma estás luchando con tu dolor, dudas y temores por la partida.

Piensas que si fueras tú quien estuviera en su lugar, yendo a un sitio donde nunca has estado quisieras encontrar alguien que te guíe, que te oriente. Pero no tienes a nadie que haya vuelto para contarte cómo luce, cómo se vive allí; allí solo hay “cosas que ojo no vio ni oído oyó” (1ª. Corintios 2:9). 

Tú misma has sido una apasionada con saber sobre ese lugar; has alentado a muchos, pero… tú nunca has estado ahí. Solo cuentas “por fe, no por vista”. No habías tenido que preparar y despedir a alguien que amas que fuera a ese lugar.

Una parte del trayecto hacia aquel lugar se llama “valle de sombra y de muerte”… parecería que todo termina ahí, pero has leído que no, muchos dicen que “todo” empieza allí.  Que Alguien fue a preparar ese lugar.

Sabes que ya estás contra el reloj, cada minuto cuenta, quieres ayudarle a confiar en lo que ha dicho Aquel que lo espera allá, el sentido de urgencia te arropa, quieres despejar toda duda en su mente, quieres que tenga la certeza de que todo aquello que han leído juntos es verdad.

¿Cómo ayudarlo cuándo no tienes palabras? Te ahogas en llanto. ¿tienes temor de que piense que quieres que parta a su nuevo hogar? Pero ya te han dicho que todos los preparativos han concluido.

Quieres ayudarlo a enfocarse en aquel lugar y no en todo lo que está dejando aquí; ¿cómo ayudarlo a buscar y poner su mirada en las cosas de allá, del lugar adonde va en lugar de en aquellas del lugar que deja? (Colosenses 3:1-2)

En esos momentos experimentamos emociones como las que expresa el salmista en el salmo 94:19a “multitud de pensamientos íntimos” (RVR1995) “mis inquietudes se multiplican dentro de mí…” (LBLA), “mi mente se llenó de dudas…” (NTV), “…en mí la angustia iba en aumento…” (NVI),  ese mismo versículo nos da la respuesta a la multitud de nuestros pensamientos, a nuestras inquietudes, dudas y angustias: “tus consuelos deleitan mi alma” (LBLA), “tu consuelo renovó mi esperanza y mi alegría” (NTV), “tu consuelo llenaba mi alma de alegría” (NVI), “tus consolaciones alegraban mi alma” (RVR1995).

¿Y cuál es ese consuelo? Romanos 15:4 nos enseña: “Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza”.

¿Y cómo consuela la Palabra a los que se quedan y a quienes se van?

1ª Corintios 15:19, 55-57 “Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima… ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley; pero a Dios gracias, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo

Gracias a Dios que cuando el dolor nos enmudece, Él nos puede brindar consuelo a través de las letras de una canción que hace una descripción de aquel lugar apegándose fielmente a “el consuelo de las Escrituras”:

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Sobre el autor

Isabel Andrickson

Isabel Andrickson

Abogada de profesión y aprendiz de Su Palabra por pasión y convicción; es madre de un adulto joven a quien crio  como madre sola desde que tenía 3 años. Concluyó esa etapa, consciente tanto de las luchas y obstáculos que enfrentan las madres solas, como de los múltiples tropiezos producto de malas decisiones. Ahora anhela orientar a aquellas que recorren ese trayecto para que abracen las verdades de Tito 2, Proverbios 31 y otras enseñanzas de la Palabra sobre nuestro diseño, pues, no son exclusivas para mujeres casadas, sino para todas aquellas que, por Su Gracia, somos llamadas hijas del Padre Bueno.

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