La maternidad en el plan redentor de Dios

Luego de orar pidiendo a Dios sabiduría y un tiempo a solas para meditar y escribir, me dispuse a redactar este escrito, y justo unos minutos después, mis dos hijos se despertaron de su siesta. Samuel pedía con insistencia su merienda y mi hija menor (que está en proceso de aprender a ir al baño) se puso entre la computadora y yo, y en ese momento pasó de la teoría a la práctica, hizo lo que debía hacer en el potty, pero encima de mí.

En ese momento respiré profundo y el Señor me recordó algo que había escrito recientemente acerca del significado de ser madre. Además, me hizo caer en cuenta que de eso se trata este escrito, ¿Cuál es mi papel en medio de todo esto que parece tan trivial y sin propósito?

Y lo que recordé es lo siguiente: «Una madre cristiana es una pecadora redimida por gracia que tiene una relación viva con Dios, una relación de sumisión y respeto con su esposo y que tiene en alta estima su labor en el hogar. Una persona a la que se la ha otorgado por gracia el privilegio de ser mamá y que entendiendo esto cría hijos para gloria y honra de Dios guiada por lo que Él dice en las Escrituras, no por sus emociones. Aquella que cada día en dependencia de Dios decide desempeñar sus tareas con gozo».

Esto me ayudó a aterrizar y luego a meditar en que mi principal papel en el plan redentor de Dios para mis hijos no es que yo escriba artículos para que otros sean edificados (y espero no me malinterpretes, ¡escribir es genial!), sino aprovechar cada momento con mis hijos (incluyendo estas interrupciones) y aun sin palabras, apuntarlos a Cristo.

«Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos» (Marcos 10:45).

Parte del alto llamado que Dios nos ha hecho como madres es precisamente eso, servir a nuestros esposos e hijos como Cristo vino a servir a otros, no por egoísmo o vanagloria, no buscando mis propios intereses, sin quejas ni discusiones. Y por si alguna se pregunta, ¿por qué es muy importante la relación con el esposo en nuestro rol de madres? Pues la respuesta debería ser obvia, pero a veces un tanto difícil de entender para algunos. Sencillamente porque el trabajo de la crianza de los hijos no es una tarea encomendada única y exclusivamente para nosotras las madres, es una misión delegada por Dios para papá y mamá, juntos somos sus embajadores. Y nuestro papel como madres es ser ayuda de nuestros esposos en esta misión, criar hijos en el temor del Señor. Como lo menciona Paul Tripp: «Hemos sido llamados a ser instrumentos en las manos de Aquel que es gloriosamente sabio y es el dador de la gracia que tiene el poder de rescatar y transformar a los niños que han sido puestos bajo nuestro cuidado» (Paul Tripp, La Crianza de los Hijos).

Cada día está lleno de muchas oportunidades para apuntar los ojos y corazón de nuestros hijos a Cristo, entendiendo que de Dios es la obra de salvación y que de Él es la gloria. Así que, cada vez que lleguemos al final de nuestras fuerzas y sintamos la tentación de quejarnos y preguntar a Dios: ¿Esto es importante? ¿Para esto me has llamado? ¿Para preparar comidas, lavar y doblar ropa, recoger juguetes del piso, pasármela con sueño parte del día y sin poder dormir, disciplinar sin ver resultados?; entonces podamos levantar nuestros ojos a los cielos y ser recordadas, por el Espíritu Santo que durante la realización de esas tareas que nadie ve y que a muchos les puede parecer sin importancia, tenemos el gran privilegio de influenciar la vida de nuestros hijos como nadie más podría hacerlo.

Dios nos ha confiado las almas de nuestros hijos y nos da la oportunidad de orar específicamente por el pecado con el que luchan a diario, ayudarlos a sacar a la luz lo que hay en sus corazones, ayudarles a reconocer que necesitan a Cristo y enseñarles lo que Dios dice en Su Palabra acerca de cómo responder a cada situación en su vida (Deut. 6:6-7).

No hay trabajo más importante en la tierra que contarle a nuestros hijos los hechos poderosos de Dios. Y no hay recompensa más grande que crecer a la imagen de Cristo mientras criamos, aguardando la esperanza de ver a nuestros hijos creer en Cristo.

«Una generación alabará Tus obras a otra generación, Y anunciará Tus hechos poderosos». -Salmos 145:4

«La maternidad es un megáfono para el evangelio. Nuestra meta no es simplemente criar niños felices, exitosos y que aporten a la sociedad, sino que estamos preparando a nuestros hijos para el día del juicio y para una eternidad con Dios. ¿De qué vale haber provisto una vida privilegiada para nuestros hijos y que pasen su eternidad lejos de Dios?» (Mujer Verdadera, Cap. 4).

«Dios nos ha bendecido con hijos para que se pueda extender Su reino. Por lo tanto, la maternidad es una parte crucial en el plan redentor de Dios. Aceptemos la misión del matrimonio y la maternidad como el medio para glorificar a Dios y extender Su reino» (Mujer Verdadera 101, Semana 8).

Dios ayúdanos en todo tiempo a recordar que nuestras vidas tan solo son una parte pequeña en Tu gran plan de redención y danos la fe que necesitamos cada día mientras criamos.

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Sobre el autor

Yuliana Fragozo Bermúdez

Yuliana Fragozo Bermúdez

La gracia y la misericordia de Dios la alcanzó cuando se encontraba sedienta buscando agua en un pozo. Esa misma gracia inmerecida le permitió casarse con Andrés Aguilar, quien es uno de los pastores fundadores de la Iglesia Cristiana Vida en Su Palabra en Riohacha, La Guajira Colombia. Dios les ha encomendado guiar y enseñar diligentemente Su Palabra a sus dos pequeños, Samuel y Abbie.

Actualmente se dedica tiempo completo a servir a su esposo, hijos y hogar. Y le apasiona animar a otras mujeres a seguir a Cristo, obedecer Su Palabra y a leer libros.

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