La paciencia de Jesús – Un refugio seguro para los débiles y necesitados

Una noche, varios meses atrás, estaba preparando a mis hijas para dormir.  Se nos hizo más tarde de lo normal, y una de mis hijas estaba muy cansada. Debido a su cansancio, estaba quejándose mucho y no estaba obedeciendo inmediatamente. Molesta, y con cierta brusquedad en mi voz y gestos, la tomé para ayudarla a ponerse su pijama y cepillarse los dientes. Estaba irritada con mi hija en medio de su debilidad y pecado, y en un momento alcé la voz exasperada. ¡Quería que dejara de hacer lo que estaba haciendo, y lo iba a lograr al costo que fuera! Pero lo único que hice fue afectarla aún más. Ella comenzó a llorar, herida por mi impaciencia e ira. En ese momento, el Espíritu de Dios me convenció de pecado. Él me dio la gracia para pedirle perdón a mi hija y pudimos terminar el día disfrutando la ternura de Dios hacia Sus hijos.

En la providencia de Dios, la mañana siguiente mientras leía el libro Parenting (Crianza) de Paul David Tripp, me encontré con esta cita:

“Cuando Dios te justifica, Él es completamente consciente de que se está comprometiendo a un proceso diario de iluminar, confrontar, convencer, perdonar, transformar y enviar gracia. Me encanta como Pablo describe este proceso en 1 Timoteo 1: 16: ‘Sin embargo, por esto hallé misericordia, para que, en mí, como el primero de los pecadores, Jesucristo demostrara toda su paciencia, como un ejemplo para los que habrían de creer en Él para vida eterna.’ Pablo está diciendo: ‘Porque soy el peor de los pecadores, Jesús me puede usar como un ejemplo de lo paciente y dispuesto que Él está al hacer Su obra de gracia. Los que se encomiendan al Padre encontrarán aliento en el alcance de Su paciencia’”.

Esta cita fue sumamente poderosa para mí. Me hizo ver que la irritación que sentí aquella noche surgió de un entendimiento deficiente del corazón de mi Padre. Si soy honesta, en lo profundo de mi corazón, suelo creer que Dios, en Cristo, se exaspera conmigo de la misma forma en que yo me exasperé con mi hija en medio de sus luchas.

Paciente en Su paternidad

Se me olvida que soy una obra en proceso (Flp. 1:6) y que necesito la Paternidad de Dios cada día. Se me olvida que mis hijas también son obras en proceso, y que la crianza es un proceso que dura toda la vida. Mi deseo es que su progreso sea instantáneo. No quiero ver señales de debilidad, ni tener que recordarles  lo mismo una y otra vez,  porque creo que así mismo se siente Dios con mis debilidades y pecados. Tener esa perspectiva acerca de Dios no me acerca a Él, sino que me lleva a esconderme y me causa un profundo desaliento. Por eso fue que mi hija se desmoronó en llanto cuando lidié con su debilidad y pecado del modo que lo hice.

Sin embargo, al estudiar la paciencia de Dios en Jesucristo, he visto más claramente el corazón de nuestro Padre hacia personas débiles, sufrientes y que experimentan tentación. ¡Creo que es por eso que el libro de Hebreos es uno de mis favoritos! Ahí veo que Cristo es suficiente para ayudar a aquellos que son tentados (Heb. 2: 18). Él tiene compasión de mis debilidades porque, al igual que yo, Él también fue tentado, pero sin pecado. Él alienta mi corazón, diciéndome: “Acércate al trono de nuestro Padre y allí recibirás misericordia y encontrarás gracia en tu momento de necesidad” (Heb. 4:15-16). Mi Padre determinó que Jesucristo estaría intercediendo continuamente por mí, porque Él sabe lo mucho que necesito Su rescate (Heb. 7:25). En Hebreos 8, Él me recuerda que tiene misericordia de mis iniquidades y que no recordará mis pecados nunca más.

A veces vivo como si mis hijas fueran más imperfectas que yo. Pero cuando recuerdo que soy igual a ellas —continuamente necesitada de misericordia y de gracia—y que en Jesús encuentro todo lo que necesito, El Señor incrementa mi paciencia hacia ellas. Mi anhelo es que mis hijas puedan probar la paciencia de Jesús a través de la mía, de tal modo que ellas, como Pablo, no tengan temor de confesar sus pecados y lo mucho que necesitan aferrarse a la misericordia de Dios. Oro que mis hijas se llenen de gozo al ver que son recipientes de Su profundo amor, al igual que Pablo y que yo.

Su paciencia: Aliento para nuestros corazones

Él quiere que corramos con paciencia, con la certeza de que heredaremos Sus promesas. El Señor sabe que no hay nada que aplaste más nuestra esperanza y nuestra perseverancia que tener una visión incorrecta de Su paternidad. Por eso, Su deseo es convencernos de que Su propósito de bendecirnos y hacernos como Su Hijo, no ha cambiado. Él juró por Sí mismo para que seamos grandemente animadas a asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros (Heb. 6: 18-20).

Aun cuando mi teología me enseña que la manera en que le mostraré la paciencia de Dios a mis hijas siempre será imperfecta de este lado de la eternidad, mi teología también me enseña que mi Padre es paciente con cada una de mis caídas, debilidades y pecados. Por eso, confiada en Cristo, puedo tener la certeza de que mi Padre siempre será el refugio más seguro en este proceso de santificación; no solo para mí, sino también para mis hijas. Y así será hasta el día en que viéndolo como Él es, seamos como Él.

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Sobre el autor

Aylín Michelén de Merck

Aylín Michelén de Merck

Aylín Michelén de Merck es esposa y mamá de tres hijos. Vive con su familia en el Medio Oriente. Aylín disfruta el guacamole, el café con leche de menta y todas las cosas que incluyen chocolate. La característica más importante sobre ella es que ella es una con Cristo. Su pasión es contemplar la belleza de Dios en Cristo Jesús y cultivar el deleite en Él en todos aquellos con quienes interactúa.

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