Vivir una vida plena es algo que todas deseamos desde muy temprano en la vida. Es interesante saber que estudios sobre este tema reportan que, en general, para las mujeres, la plenitud puede ser definida como la felicidad, la satisfacción o realización, dependiendo de la etapa de la vida en la que nos encontremos. Pero hoy más que nunca las mujeres somos bombardeadas con mensajes de que esa plenitud viene de alcanzar metas laborales, liderazgo, bienestar económico o lograr lo que entiendas que es tu proyecto de vida para ser vista como exitosa. Y en verdad puede haber una atracción a abrazar estas ideas, porque detrás de ellas está el tentador de nuestras almas, y su propósito es que nuestra alma se llene del agua que se escurre cuando la vertemos en cisternas rotas que no la retienen.

Por tanto, la plenitud de tu vida no consiste en tener todo lo que deseas, sino en conocer cada vez más a Cristo, que es la Vida (Jn. 14:6) y el Agua viva (Jn. 4:14).

Él no te salva solo para la eternidad; también te da vida abundante (Jn. 10:10) y te da propósito en cada etapa. 

Muchas veces el mundo nos enseña a buscar la plenitud en logros, posesiones, reconocimiento o estabilidad. Sin embargo, esas cosas, aunque puedan ser buenas, o verse atractivas, nunca sacian por completo el corazón. Siempre dejan un vacío nuevo, una inquietud más profunda o una necesidad distinta. 

Dios nos ha dejado el ejemplo y la definición de la verdadera plenitud. ¡Esa plenitud está solo en Cristo Jesús!

Pablo nos dice en Colosenses 1:19: «Porque en Él (en Cristo), fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles… Porque agradó al Padre que en Él (en Cristo) habitara toda la plenitud».

Esto me recuerda una poderosa declaración que hizo el Pastor Sugel Michelén en Mujer Verdadera 20: «Todo Dios está en Cristo, y todo Cristo está en nosotras». Debemos entonces entender el verdadero significado de la plenitud, teniendo la certeza de que tenemos la mente de Cristo en nosotras. Es por esta causa que podemos vivir plenamente:

«¿Quién ha conocido la mente del Señor para que lo instruya?Pero nosotros tenemos la mente de Cristo». —1 Corintios 2:16

Estar en Cristo es vivir aferrada a la Vid, a Su Palabra y disfrutar de una íntima y deleitosa compañía con Él, ¡y esa es la vida plena y satisfecha! Y amada, permíteme decirte que esto no depende de si estás en un ministerio, o si estás dedicada a tu familia o esposo, ni siquiera a un trabajo o a tus logros personales. Todas estas cosas son buenas y Dios las ha creado para hacerlas en total dependencia de Él. Pero buscar el éxito en ellas o sentirse «completa» por hacer, lograr o tener, no es vivir la plenitud que Dios nos da por medio de su Hijo.

Has leído o escuchado muchas veces que nuestro lema en Aviva Nuestros Corazones es que deseamos ayudar a las mujeres a vivir en la libertad, plenitud y abundancia en Cristo; y eso es lo que anhelamos para ti. Puedo dar testimonio de que, sin importar las circunstancias diarias, el dolor crónico, los días difíciles que quizás pueden estar muy cargados de pendientes por hacer o de cansancio físico, la realidad es que puedo sentirme plena, satisfecha y completa yendo a Aquel que es el único que satisface mi alma. El que compró mi libertad pagando por mí el precio de mi pecado y ahora vive en mí. Me define, y esto no solo es la razón de mi vida o de la de una mujer de Dios, sino algo que los demás pueden notar.

Eso es asombroso para mí. Y me lleva a pensar que no puede haber deleite mayor que ser llamada Su hija, que Él es mi ABBA (un papá muy cercano y que me ama), que espera en cada momento que yo corra a Él y lleve todo lo que está en mi mente para buscar su consejo, para darle gloria en lo que hago, para vivir la vida que está en Sus planes para mí (Jer. 29:11). En mi día a día, cuando se presenten tentaciones de correr tras los esquemas de este mundo, cuando quiera tirar la toalla por no ver frutos en lo que hago, o me sienta insuficiente para lo que Dios me ha encomendado, debo recordar estas verdades que Dios dejó para mí, y ellas renuevan mi mente, como dice Romanos 12:2. No solo las recuerdo, sino que medito en ellas y me llevan a rendir mis pensamientos a la obediencia de Cristo. Ese es mi consejo para ti también, amada hermana. 

Lee conmigo estos pasajes:

«Pues de Su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia». — Juan 1:16

«Y ustedes han sido hechos completos en Él, que es la cabeza sobre todo poder y autoridad». —Colosenses 2:10

No sé en qué etapa o situación estás o qué edad tienes, amada hermana, pero mi deseo es que puedas ser animada a vivir plenamente porque Cristo está en ti y tú tienes Su mente para guiarte en todo momento y vivir plenamente en Dios.

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Sobre el autor

Elba Ordeix de Reyes

Esposa de Roby y madre de tres hijos adultos: Gabriel, Anna Gabriela y Andrés. Abuela de Noël, Lucas, Olivia, Vera y Julia Ann.

Anhela vivir una vida Coram Deo o en Su presencia cada día. Tiene pasión porque las … leer más …


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