Limpieza profunda

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. (Salmos 51:10 LBLA)

En mi casa, el cuarto de servicio no se usa para lo que fue diseñado, sino como bodega,  al principio todo tenía su lugar pero poco a poco se convirtió en un caos. Era tanto el desorden, que decidí cerrar la puerta y no ver,  la tarea de organizarlo se volvía cada vez más difícil y así este pequeño espacio me quitó la paz, no importaba cuán limpio estuviera el resto de mi hogar, yo sabía que ese desorden existía y eso ocupaba mi mente.

Aprovechando un viaje de mi esposo, le pedí a mi mamá que me ayudara a organizar todo.  Amorosamente acudió a mi llamado y pusimos manos a la obra, casi 3 días clasificando y poniendo todo en su lugar.  Por momentos deseé no haber empezado, parecía que más cosas aparecerían y que no terminaríamos. Pero el cuarto día, empezamos a ver resultados, regalé cosas en buen estado que no usaba, tiré muchas que no sé por qué guardé y ahora sé que  todo lo que queda es necesario y tiene un lugar.   Fue agotador pero qué satisfecha me sentí de no tener que cerrar la puerta y pretender que no hay desorden, porque ya está limpio.

Durante el proceso, meditaba que muchas veces nuestra vida espiritual atraviesa  circunstancias similares.   Nuestro corazón está -en apariencia - limpio pero hay áreas sin atender o que intencionalmente no limpiamos porque sabemos que será difícil,  trabajamos algunos aspectos, crecemos, "nos ordenamos" pero hay lugares en los que preferimos cerrar la puerta y no escarbar.

Y una cosa es segura, remover pecados y sentimientos guardados será doloroso, requerirá esfuerzo, trabajo, intencionalidad.  Cosas que debemos dejar ir y no retener más, la mayoría deben ser sustituidas y limpiadas por la Palabra del Señor, ella es nuestra mejor arma de limpieza, tomar lo que ha hecho nido en nuestro corazón y se ha acumulado y pasarlo por el filtro de SU VERDAD y permitir que ella limpie, renueve y ponga orden.  También pensaba en que la vida cristiana no está supuesta a vivirse sola, cuando necesites ayuda llama a tus refuerzos como yo lo hice, declararte débil para la tarea, reconocer tu impotencia y humildemente pedir ayuda.

Si tienes sentimientos guardados por mucho tiempo, algún pecado que has mantenido oculto, tal vez raíces de amargura, celos, ira, falta de perdón o inseguridad, no cierres la puerta permitiendo que sigan anidando llevándose tu paz, disponte a trabajar en ellos. Aquí tienes unos pasos que te ayudarán:

1. PÍDELE AL SEÑOR QUE TE MUESTRE CUALES SON ESAS ÁREAS.

A veces ni no nos damos cuenta de todo lo que vamos acumulando, por eso acude a Quien te conoce completamente.

Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes. Y ve si hay en mí camino malo, y guíame en el camino eterno. (Salmos 139:23-24 LBLA)

2. ARREPIENTETE DE TU PECADO Y BUSCA EL PERDÓN DEL SEÑOR.

Si quieres que esa limpieza profunda necesitas arrepentirte.

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1:9 LBLA)

3. SUMERGETE EN SU PALABRA EN BUSCA DE SABIDURÍA.

Conoce cuál es la voluntad del Señor para la circunstancia que estés tratando y deja que Su Espíritu Santo obre en ti.  Permite que Su Palabra alumbre tu vida.

La exposición de tus palabras imparte luz; da entendimiento a los sencillos. (Salmos 119:130 LBLA)

Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con mis ojos puestos en ti. (Salmos 32:8 LBLA)

4. NO DUDES EN PEDIR AYUDA

Permite que alguien te acompañe en el proceso de limpieza, te fortalezca en oración y puedas rendirle cuentas.  Alguien en quien confíes y puedas ser transparente al abrir tu corazón y mostrar esas áreas que necesitas limpiar.

Por tanto, confesaos vuestros pecados unos a otros, y orad unos por otros para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho. (Santiago 5:16 LBLA)

No pases más tiempo dejando de hacer lo que debes, confía en el Señor y disfruta de la libertad que produce el caminar en Su Voluntad.  No descanses en tus propias fuerzas sino en el poder de Cristo en ti, por medio de Quien, puedes despojarte de todo peso y del pecado que te asedia, poniendo tus ojos en El, el autor y consumador de nuestra fe. (Hebreos 12:1-2)

Por tanto, fortaleced las manos débiles y las rodillas que flaquean, y haced sendas derechas para vuestros pies, para que la pierna coja no se descoyunte, sino que se sane. Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados. (Hebreos 12:12-15 LBLA)

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Sobre el autor

Mary Bonilla de Lorenzana

Mary Bonilla de Lorenzana

Reside en la ciudad de Guatemala, está casada con Roberto Lorenzana con quien tiene dos hijos, Roberto y Sofía. Grandemente agradecida con el Señor por permitirle el privilegio de ser esposa y mamá a tiempo completo. Le gusta mucho compartir tiempo en familia, cocinar, pintar y las manualidades.

Apasionada por aprender y equiparse para esta encomienda de ser madre y esposa, disfruta mucho leer libros relacionados a temas de matrimonio y de crianza cristianos. Actualmente está estudiando una concentración en Consejeria Bíblica. Su anhelo es nunca apartarse de La Verdad, atarla a su cuello, escribirla en la tabla de su corazón y darle la gloria al Señor con su vida.

Es miembro activa de la Iglesia Sembradores de Vida y junto a su esposo sirve en algunos ministerios dentro de la misma.