Lo que digo y lo que hago

“Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo;  pues después de mirarse a sí mismo e irse, inmediatamente se olvida de qué clase de persona es”. Santiago 1:23-24

En las últimas semanas he estado siento retada por el Señor a elevar el estándar de mi santidad práctica y a vivir conforme  a las verdades que conozco bien y que por muchos años he predicado.

Alabo a Dios por esto, pues me hace necesitarlo y buscarlo más. Si no fuera confrontada de esa manera, estaría muy cómoda hablando todo el tiempo sin hacer todo lo que digo que haré.

Soy una mujer muy verbal, me encanta hablar y paso mucho tiempo contándoles a mis hijos de Jesús y Sus obras; les narro las proezas y maravillas del Señor; siempre les recuerdo las cosas que le gustan a Dios y cómo debemos actuar en las diferentes situaciones que se nos presentan.

Aunque nada de esto es malo sino que por el contrario entiendo que complace al Señor, no menos cierto es que Dios se complace aún más en que "muestre" con mis actos todas aquellas cosas que digo que son buenas y que le agradan a Él.

Con frecuencia les digo a mis hijos:” ¡No teman!” pues así nos señala el Señor "No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia" (Isaías 41:10 LBLA).

Otra de mis constantes enseñanzas es sobre la oración; la mayor parte del tiempo les exhorto: “Chicos oren por esto y aquello”, “pongan todo en las manos de Jesús, ¡El los oye!”, tal como nos ordena Su Palabra “orando en todo tiempo con toda oración y súplica…” Efesios 6:18a RVR60).

Dios nos ha probado como familia de diversas formas pero una de las más evidentes ha sido el azote de delincuencia en nuestro sector; nuestros vecinos han sido robados en sus casas, nuestros carros violentados y la tranquilidad circunstancial en que vivíamos se ha desvanecido justo en un momento en que mi esposo está saliendo fuera del país con cierta regularidad y tengo que cuidar la casa, yo “sola”.

Este tiempo Dios me ha confrontado en cómo reacciono y actúo, ¿acaso se ve en mi vida que vivo sin temor y con plena confianza en el Dios Soberano que es mi Pastor y Protector como me dice en el Salmo 23? ¿Estoy realmente clamando y buscando a Dios en cada situación en mi vida como me estimula Filipenses 4:6?

¿Acaso es igual lo que digo que lo que hago?

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Este artículo procede del Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com

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Sobre el autor

Sydel Pérez de Dorrejo

Sydel Pérez de Dorrejo

Esposa y madre de tres hijos que busca glorificar a Jesús mi Salvador a través de mi familia y mi comunidad.

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