Pero no sin oración

«Clamaré al Dios Altísimo,
al Dios que todo lo hace para mí»

Salmo 57:2

Probablemente has escuchado hablar del Día D, término utilizado para señalar el día en que debe iniciarse un ataque o una operación de combate. El más conocido es el 6 de junio de 1944, cuando se produjo el desembarco de las tropas aliadas en las playas de Normandía durante la Segunda Guerra Mundial para liberar los territorios de Europa Occidental de la ocupación por la Alemania nazi. En esa misma fecha la operación logró sus objetivos, en gran medida, porque algunos de estos objetivos fueron los que los llevaron a la victoria más significativa.

Durante los últimos días, en el blog hemos estado preparando nuestros corazones para el Día «C», día de clamor, de «Clama», cuando mujeres de distintas lenguas, pueblos y naciones, «aliadas» en un mismo propósito, «desembarcaremos» bajo el mando del Señor de los Ejércitos para llevar a cabo la «liberación» del territorio de nuestros corazones de toda ocupación enemiga (el pecado que mora en nosotras, que al igual que los nazis, persigue destruirnos), y experimentaremos así la victoria más significativa, que es, disfrutar de la libertad, la plenitud y la abundancia en Cristo.

Cada una de estas reflexiones de preparación, han cerrado con una oración al Señor pidiéndole que:  

  1. Se mueva con poder obrando en nuestro corazón mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos

  2. Obre profundamente en nuestra vida sin importar el costo

  3. Rindamos nuestro orgullo  

  4. Quebrante nuestra voluntad

  5. Sigamos Su dirección

  6. Recibamos Su perdón

  7. Nos dé Su gracia para vivir en santidad

  8. Podamos contemplarlo

  9. Traiga un despertar espiritual en las naciones

  10. Nos conceda Su gracia para obedecerle

¿Notaste la diversidad de peticiones? Nuestra preparación es una afirmación del Salmo 57:2 porque sabemos que podemos clamarle, porque Él es quien TODO lo hace por nosotras, ni tú ni yo tenemos el poder de cambiar nuestros corazones como tampoco el de los demás:

  1. Podríamos fijarnos metas

  2. Poner en práctica métodos, programas de superación

  3. Llegar a mejorar (por lo menos por un tiempo) nuestra conducta y

  4. Aún hasta fingir (o tristemente engañarnos a nosotras mismas) haber «cambiado» apoyándonos en nuestras propias fuerzas o

  5. Podríamos manipular o pretender controlar a otros para que cambien

Jesús nos dijo «separados de mí, nada podéis hacer» (Juan. 15:5). No nos podemos salvar a nosotras mismas, no tenemos el poder de hacer nuestros pecados  rojos como el carmesí, blancos como la nieve; no estamos capacitadas para crear en nosotras un corazón limpio ni un espíritu recto en nuestro interior, tampoco podemos quebrantar nuestro corazón.

La vida cristiana se inicia y se sostiene hasta el final, en la oración, que no es más que el clamor de nuestras almas declarando su total dependencia del Dios Altísimo, quien todo lo hace por nosotras. Una vida cristiana sin oración, sin clamor, es una contradicción.

¿Lo has intentando todo sin resultados hasta ahora? ¿Métodos, metas, programas te han fallado?  ¡Vengamos juntas reconociendo nuestra bancarrota espiritual ¡a clamar al Dios Altísimo, quien todo lo hace por nosotras!

Ayúdanos a llegar a otras

Como ministerio nos esforzamos por hacer publicaciones de calidad que te ayuden a caminar con Cristo. Si hoy la autora te ha ayudado o motivado, ¿considerarías hacer una donación para apoyar nuestro blog de Mujer Verdadera?

Donar $3

Sobre el autor

Isabel Andrickson

Isabel Andrickson

Abogada de profesión y aprendiz de Su Palabra por pasión y convicción; es madre de un adulto joven a quien crio  como madre sola desde que tenía 3 años. Concluyó esa etapa, consciente tanto de las luchas y obstáculos que enfrentan las madres solas, como de los múltiples tropiezos producto de malas decisiones. Ahora anhela orientar a aquellas que recorren ese trayecto para que abracen las verdades de Tito 2, Proverbios 31 y otras enseñanzas de la Palabra sobre nuestro diseño, pues, no son exclusivas para mujeres casadas, sino para todas aquellas que, por Su Gracia, somos llamadas hijas del Padre Bueno.