Por mi culpa le sacaron los ojos

Aunque en la crianza de los varones el padre tiene un papel muy importante no deja de ser cierto que nosotras como madres debemos instruir a nuestros hijos, de modo que ellos busquen en una mujer un corazón modesto. ¿Por qué digo un corazón modesto?  Porque cuando se habla de modestia lo primero que pensamos es en la ropa, pero creo que la modestia va más allá de vestirse de una manera apropiada, es algo del corazón, que nos lleva a comportarnos y vestirnos de una manera diferente.

Si vamos al libro de Proverbios, capítulos 7 y 9, vemos un contraste entre la mujer sabia y la mujer necia, de donde pudiéramos sacar algunas enseñanzas como:

1. Se viste con decoro.

2. Al vestirse no trata de llamar la atención sobre su persona.

3. No es alborotadora.

4. No trata siempre de ser el centro.

5. No es sensual.

Pero quisiera que hoy nos enfocáramos en el efecto que puede tener nuestra forma de vestir en los jóvenes varones.  Ellos están siendo bombardeados en el mundo por jovencitas muy mal vestidas y se supone que, al llegar a la iglesia o cualquier reunión con hermanas, esto no debería ser un campo de batalla para ellos, pero muchas veces la realidad es otra.   Las sanas relaciones de amistad que nuestros varones deberían cultivar se ven afectadas por una fuerte atracción física debido a la manera de vestir de nuestras jóvenes. ¡Hermanas, la moda no debería marcar nuestra tendencia a la hora de vestir! No me refiero a que nos vistamos fuera de la época, sino que al momento de escoger una ropa prime otro principio.  El principio de que somos representantes de Cristo en la tierra y que no debo ser ocasión de caer a ningún hombre y mucho menos desviar a cualquier joven de la adoración al Señor en Su día.

Tenemos hijos varones al igual que Manoa y su esposa, los padres de Sansón.  Hijos que le hemos pedido al Señor que nos muestre cómo debemos criarlos (Jueces 13:12), hijos de muchas, muchas oraciones. No queremos que cuando ellos lleguen a su edad adulta, todos esos deseos naturales que Dios ha puesto en ellos, su atracción por las mujeres (¡Qué bendición que les gusten las mujeres y no los hombres!), su deseo de casarse y tener una familia, no queremos que todo esto sea consumado con mujeres filisteas (inconversas).  No deseamos que nuestros amados hijos varones sufran las mismas consecuencias de Sansón: Pierdan sus ojos, su libertad, su testimonio y lo más importante, su comunión con el Señor (aunque de forma temporal).  Seguimos orando que sus ojos no sean desviados y sus pasiones sean encendidas, antes de tiempo, por mujeres filisteas que no le dan importancia al vestir decoroso.  No queremos que nuestros hijos vivan vidas miserables, sino que pongan sus ojos en mujeres judías (del pueblo de Dios, que teman al Señor).  Me pregunto: ¿Cómo pueden ellos hacer esta distinción si a simple vista nos vemos iguales que esas filisteas? ¿Cómo podemos nosotras ser diferentes? Siendo transformadas por la mente de Dios, llenándonos de Su Palabra, que sea Dios nuestro asesor de imagen.

De manera práctica podemos hacernos algunas de estas preguntas para ayudarnos a evaluar nuestra manera de vestir: ¿Cómo me estoy vistiendo?, ¿Cómo estoy permitiendo a mis hijas que se vistan, como filisteas o judías?  ¿Necias o sabias?  ¿Mundanas o piadosas?  ¿Soy un tropiezo para algún hombre en la casa del Señor?  ¿Cómo ve Jesús mi forma de vestir?  ¿Estoy llamando la atención sobre mi cuerpo en vez de mi carácter? Estas y muchas otras preguntas pudieran ayudarnos a la hora de vestirnos o de ver cómo salen nuestras hijas de nuestros hogares.  Quiera el Señor ayudarnos a ser dignas representantes de Su reino y que por el ejemplo de nosotras como creyentes nuestros jóvenes no sean distraídos de la adoración al Señor y ellos puedan elegir como compañeras a mujeres con un corazón modesto.

Si bien es cierto que Sansón sufrió las consecuencias de su pecado (Dios en Su misericordia hizo de forma real y efectiva lo que Sansón debió haber hecho en un sentido figurativo: “sacarse los ojos”) también es cierto que todas esas filisteas que fueron la ocasión de su pecado recibirán su paga también algún día. Dalila recordará la paga que le dieron por engañar a Sansón y nosotras recordaremos todas las veces que hicimos pecar a los “pequeñitos del Señor”.

Lee conmigo Marcos 9:42-50 (NTV)

Si tú haces que uno de estos pequeños que confían en mí caiga en pecado, sería mejor que te arrojaran al mar con una gran piedra de molino atada al cuello. Si tu mano te hace pecar, córtatela. Es preferible entrar en la vida eterna con una sola mano que en el fuego inextinguible del infierno con las dos manos.  Si tu pie te hace pecar, córtatelo. Es preferible entrar en la vida eterna con un solo pie que ser arrojado al infierno con los dos pies.  Y si tu ojo te hace pecar, sácatelo. Es preferible entrar en el reino de Dios con un solo ojo que tener los dos ojos y ser arrojado al infierno, “donde los gusanos nunca mueren y el fuego nunca se apaga”.


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Sobre el autor

Mildred Pérez  de Jiménez

Mildred Pérez de Jiménez

Mildred está casada desde hace 20 años con Rubén Jiménez con quien tiene tres hijos, Rubén Elías, Juan Marcos y Luis José de 18, 16 y 14 años, respectivamente.  Es miembro de la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo donde ha servido junto con su esposo en el ministerio de Escuela Bíblica y actualmente colabora en el ministerio de mujeres.   Su anhelo es servir al Señor y compartir el Evangelio con las mujeres de su iglesia  en lo concerniente a la fe, el consuelo, la esperanza y toda gracia contenida en el mismo.