Salmos para madres solas (Parte II)

En la entrega anterior, te habrás preguntado por qué si vamos a hacer un paseo de oración por nuestros hijos, iniciamos con nosotras. Recientemente esta frase captó mi atención “Dios no nos llama a tener hijos piadosos sino a ser padres piadosos” recordándome, por un lado, Romanos 14:12 De modo que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí mismo”; y por el otro, el libro Rendición de Nancy DeMoss Wolgemuth donde entendí mejor que no tenemos la garantía de que nuestros hijos seguirán el camino de nuestra fe, eso depende de la gracia de Dios.

Él no me demandará si ellos fueron salvos o no -la salvación es del Señor-; pero sí tendré que darle cuenta sobre mí, mi testimonio, si les modelé una vida piadosa, si les hablé Su Palabra con diligencia “al levantarse y al acostarse”, “en la casa y en el camino”.

Y es por eso que, en cada parada de oración, lo primero que te invito a hacer es detenernos a considerar nuestros caminos. Por ejemplo, las causas por las cuales estamos criando solas, pueden ser muy variadas, viudez, divorcio, o por nunca habernos casado. De ahí que es prioritario que me ponga a cuentas con Dios, viniendo en arrepentimiento ante Él con cualquier pecado que me haya colocado en esta circunstancia -si fuere el caso-; para que, en Su misericordia, enderece mis pasos, redima mi vida; y pueda yo ser la persona bienaventurada de este salmo, que como canal de bendición sea instrumento en Sus manos para mis hijos.

Solo estando firmemente plantada, arraigada en Su Palabra, alimentándome del manjar celestial tendré la fortaleza espiritual para nutrir a mis hijos, tal como nos ocupamos de estar saludables para lactarlos proveyéndoles lo necesario para su desarrollo.

¿Qué puede apartarme -y a mis hijos- del pecado?  ¿Cuál es el freno para que nuestros pies no se deslicen? Un deleite genuino en la Palabra de Dios.

(V. 2-3) sino que en la ley del Señor está su deleite, y en su ley medita de día y de noche!
Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua,
que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera.

Transformemos los versículos de hoy en oración,

1. Su gracia y mi disposición para cultivar el deleite y meditación continua en Su Palabra;

2. Por Su dirección sobre recursos e ideas cómo aprovechar cada oportunidad para dirigirlos a Su Palabra, al Evangelio;

3. Sabiduría para “plantar” a mis hijos, profundizar sus raíces cerca de la Fuente de agua que brota para vida eterna (Jesús) pues como un árbol no se planta a sí mismo, ni elige el lugar dónde será plantado, tampoco ha de ocurrir así con nuestros hijos, se requiere mi participación deliberada; trabajar a nivel de su corazón (las raíces, las que nadie ve), ayudándolos a identificar el pecado que “mora en ellos”; al tiempo que reafirmamos su valor e identidad en Dios, como su Creador -si no son creyentes- o en Cristo -si por Su gracia llegaren a serlo-;

4. Por paciencia en la espera hasta que se vean los frutos, a Su tiempo;

5. Pedirle al Señor por constancia en la disciplina y cuidado de nuestros hijos para que aprendan a vivir con estabilidad -su hoja no cae-, en lugar de dejarse arrastrar por presiones de grupo -vientos-.

Para profundizar en las enseñanzas del Salmo 1 durante este paseo de oración, te invito a escuchar los programas de la serie “Cómo tener un feliz año nuevo”.

Espero que mientras nos volvamos a encontrar en la próxima parada de oración, tu deleite en Su Palabra se agrande.

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Sobre el autor

Isabel Andrickson

Isabel Andrickson

Abogada de profesión y aprendiz de Su Palabra por pasión y convicción; es madre de un adulto joven a quien crio  como madre sola desde que tenía 3 años. Concluyó esa etapa, consciente tanto de las luchas y obstáculos que enfrentan las madres solas, como de los múltiples tropiezos producto de malas decisiones. Ahora anhela orientar a aquellas que recorren ese trayecto para que abracen las verdades de Tito 2, Proverbios 31 y otras enseñanzas de la Palabra sobre nuestro diseño, pues, no son exclusivas para mujeres casadas, sino para todas aquellas que, por Su Gracia, somos llamadas hijas del Padre Bueno.

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