Soy mamá, ¡estoy agotada!

Quiero comenzar puntualizando que, si estás agotada a razón de todas las responsabilidades y privilegios que vienen con la maternidad, probablemente es porque estás haciendo una labor excepcional. A todas nos sucede que necesitamos y queremos descansar. Queremos dormir un poquito más, salir con las amigas por un café (o al cine si prefieres) o pasar tiempo de calidad con el esposo. Hay momentos en los que sencillamente necesitamos tomar tiempo para nosotras sin la necesidad de estar corriendo porque tenemos que regresar a la casa y a los niños. Si te ha pasado así, no quiere decir que seas una mala mamá.

Ser mamá es agotador. Si haces lo que se supone que debes hacer, cómo ocuparte de la comida de tus pequeños, de su ropita, su salud, su aprendizaje, sus momentos de juego, sus relaciones, sus modales, su conocimiento de Dios (y la lista sigue y sigue y sigue). Solo leerlo nos hace sentir agotadas, ¿no? Entonces anímate porque estás cumpliendo con el diseño para el cual fuiste creada, tus acciones muestran lo mucho que valoras el hermoso regalo que te fue dado: el de ser mamá y que quieres hacerlo de la mejor manera posible.

Sin embargo la maternidad requiere de fuerzas físicas, fuerzas interminables que no tenemos. Y es en medio de esta debilidad y fragilidad en la que Dios quiere hacerse grande. Dios es fuerte, Dios es poderoso y así nos lo dice su palabra:

«Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.» Isaías 40:29, 31

Sin su ayuda y socorro no podríamos siquiera llegar al final del día. Cristo es la provisión de Dios para nuestras almas cansadas. Él mismo nos llama a venir a él y a descansar, a depositar nuestras cargas a la vez que tomamos la suya y, ¡oh sorpresa! Su carga es ligera (Mateo 11:28-30). Nuestro pecado nos lleva muchas veces a querer abandonar, porque el precio del sacrificio a pagar es alto y tenemos que renunciar a quienes fuimos y somos con tal de ser quienes Dios nos ha llamado a ser, esas mujeres dedicadas al servicio de nuestras familias. Mujeres que han entendido que solo en Cristo están las fuerzas y la alegría de seguir dándonos a nuestros hijos.

Estar empleadas y tener que enfrentarnos con la casa y sus desafíos al final del día o tener la responsabilidad de quedarnos en casa y administrarla sin por lo menos disfrutar de un momento de descanso, es extenuante. Es necesario un respiro y anhelarlo no está mal. La Biblia también nos dice que todo tiene su tiempo y ese tiempo personal hay que procurarlo de forma balanceada.

Nuestros esposos e hijos son felices al vernos felices; podemos diseñar esos momentos que añadan una chispa a nuestro día. Las abuelas, las tías, las amigas con niños y que son de nuestra confianza, pueden ser nuestros cómplices para cuidar un momento a los chicos y darnos ese par de horas para relajarnos de la forma que más disfrutemos, a la vez que enseñamos a nuestros hijos a estar en otros espacios, con otras personas y a extrañarnos un poquito…eso también se vale, ¿no?

¡Animo mamá! Sigamos esforzándonos por nuestros hijos que esto trae gloria al nombre de Dios en medio de una sociedad que ve con menosprecio esta labor. Cuando te sientas que no puedes hacerlo todo, recuerda que en realidad no puedes. ¡Dios te dará las fuerzas para lograr lo que Él te ha llamado a hacer! Déjate abrazar por su gracia y déjate ayudar por el cuerpo de Cristo y tu familia.

Aquí te dejo unas preguntitas para reflexionar: ¿Has pensado alguna vez en cuánto vale tu entrega como madre? ¿Sabes cuál es tu recompensa según las Escrituras? ¿Qué haces con regularidad para sentirte animada? ¿Traes a Cristo tu carga?

Me encantaría leer tus respuestas en la sección de comentarios.

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Sobre el autor

Jannelle Gómez de Ramírez

Jannelle Gómez de Ramírez

Jannelle es Dominicana y vino a Cristo a la edad de 9 años y por la gracia del Señor, desde entonces y hasta ahora, su amor por la Palabra de Dios y su involucramiento en diversos ministerios de su iglesia local, le han dado la oportunidad de poder interactuar y enseñar tanto a niños, como adolescentes y jóvenes universitarios. Jannelle ama a Cristo con todo su corazón y anhela ser esa mujer conforme a su precioso diseño divino. En la actualidad vive en la ciudad de Santo Domingo junto a su esposo Geraldo y sus dos hijos pequeños, Dominique y Lucas.

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