Un día de las madres diferente

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí;

y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios,

el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”

Gálatas 2:20

¿Te imaginas asistir a un cumpleaños sin el festejado? ¿O una boda sin los novios? ¡Suena irracional! ¿Verdad?  Pues así me parecía este recién pasado día de las madres, ya que como compartí antes, mi hijo ¡levantó vuelo!

Desde el viernes empecé a sentirme nostálgica pensando ¿Cómo celebraría este día si el “motivo” de la celebración estaba a 8,639 kilómetros de distancia? Así llegó el “temido” domingo. Mis ánimos estaban por el suelo, y para evitar palabras de compasión o que me recordaran lo que “no tenía” en ese día ni siquiera quería ir a la iglesia (¡Orgullo en su máxima expresión!), y lo justificaba con que debía prepararme para el almuerzo en casa de un familiar.

En medio de mi “fiesta de pobrecita yo”, fui sorprendida por una llamada telefónica de gran confrontación para mí, pues era alguien que no había recibido regalo porque nadie había ayudado a su hijo a comprarlo ¡Dios me permitió darme cuenta de mi torpeza! pues al estar envuelta en mi egocentrismo no me detuve a pensar en las demás madres que estaban en igual o peor situación. Le pedí perdón a mi amiga por mi indiferencia.

Al conocer el antídoto para el egocentrismo –por mis recurrentes tropiezos ahí- empecé a enviar mensajes de felicitaciones por whatsapp; y así me fui recordando de las diferentes situaciones de los contactos: alguien que había perdido un hijo el año pasado; otra, con condiciones de salud; varias madres solas cuyos hijos quizás se quedaron con el deseo de agradarlas pero no tienen un padre que se ocupe de ello; alguien en proceso de divorcio difícil; y así la lista seguía.

Por olvidar que es más bienaventurado dar que recibir, muchas veces he caído en la trampa del egocentrismo quedando presa de la tristeza, desánimo e irritabilidad.

¿Cuál es la llave que saca mis pies de esa trampa?  En Gálatas 2:20 la encontramos:

a)     CON Cristo: Cristo no quedó CASI muerto sino que dice Marcos 15:37 que Él expiró. Y ahí radica muchas veces nuestro problema, que el YO no ha expirado sino que solo queda agonizante y con cualquier bocanada de aire vuelve a sus andanzas.

b)     Con Cristo he sido crucificada: Debo crucificar el YO con sus deseos egoístas y egocéntricos para dar paso a que verdaderamente Cristo viva en mí. Como dijo C.S. Lewis que la humildad no es pensar menos DE mí, sino menos EN mí.

c)     No vivo yo, más Cristo vive en mi: No basta con que mi YO no viva, es necesario que Cristo Quien es la antítesis del egocentrismo viva en mí -se despojó de Su Gloria, no consideró ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, se entregó por amor, rindió por completo Su voluntad-.

Fui a la iglesia  donde Dios me dejó ver más necesidades. Escribiendo este artículo vinieron a mi mente, otras más.

¿Has identificado áreas donde estás presa del egocentrismo?  Cuéntanos ¿qué piensas hacer para salir de la trampa?

PD: Durante el día traté de seguir muriendo al YO –dando en lugar de esperar recibir-. ¡Y en la noche, el Señor me sorprendió pues puso en algunos corazones agradar a varias madres…incluyendo un video de los hijos ¡y allí también estaba el mío!

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Este artículo procede del Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com

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Sobre el autor

Isabel Andrickson

Isabel Andrickson

Abogada de profesión y aprendiz de Su Palabra por pasión y convicción; es madre de un adulto joven a quien crio  como madre sola desde que tenía 3 años. Concluyó esa etapa, consciente tanto de las luchas y obstáculos que enfrentan las madres solas, como de los múltiples tropiezos producto de malas decisiones. Ahora anhela orientar a aquellas que recorren ese trayecto para que abracen las verdades de Tito 2, Proverbios 31 y otras enseñanzas de la Palabra sobre nuestro diseño, pues, no son exclusivas para mujeres casadas, sino para todas aquellas que, por Su Gracia, somos llamadas hijas del Padre Bueno.

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