¿Una oración persistente?

Si eres cristiana, sabes que tu supremo bien y gozo más profundo es la intimidad con el Dios que te formó y te llamó a Sí mismo. Dios ama mantenernos conectadas profundamente con Él, y uno de los vehículos principales que utiliza es la oración.

A través de Su Palabra, Dios nos da varios patrones de oración. Pero cuando miramos Isaías 62:6–7, encontramos una que parece muy tosca:

Sobre tus murallas, oh Jerusalén, he puesto centinelas; en todo el día y en toda la noche jamás callarán. Los que hacéis que el Señor recuerde, no os deis descanso, ni le concedáis descanso hasta que la restablezca, hasta que haga de Jerusalén una alabanza en la tierra.   

Quizás te sorprenda saber que Dios quiere que seamos persistentes, por lo menos en la oración. Él nos llama a ser como centinelas que batallan por medio de la oración constante.

Centinelas en la muralla

La oración es una cita divina. Dios es Quien ordena orar. Nos llama a orar, nos invita a hablar con Él, responde nuestras oraciones, envía Su Espíritu a interceder por nosotros conforme a Su voluntad; nos nutre y satisface con Su presencia.  La oración proviene de Dios y vemos en este pasaje que Dios crea intercesores proféticos:

Sobre tus murallas, oh Jerusalén, he puesto centinelas (v. 6).

Se hace referencia a dos Jerusalén: una de los tiempos presentes y una ciudad futura de Dios (Ap. 21:2,10). La Jerusalén que se menciona en este versículo es el centro de la actividad y vida espiritual. En las murallas de toda actividad espiritual alrededor nuestro, Dios pone centinelas, guardianes proféticos, como vigilantes en las murallas de la ciudad, orando y en alerta.

Si conocemos a Jesús como nuestro Señor, tú y yo somos centinelas en las murallas de la Jerusalén espiritual de esta generación. Dios nos ha colocado en las murallas. Nos ha dado este trabajo. Cuando Lo vemos cara a cara, uno de los regalos que podemos dejar a Sus pies es un compromiso fiel a Su llamado a interceder por la generación en la cual nos ha colocado.  

“he puesto centinelas.” Los centinelas son guardianes, como un sistema de seguridad. Solo los necesitas si temes un ataque enemigo.

Nosotros—nuestros hijos, nuestras familias, nuestras iglesias, nuestras escuelas cristianas y ministerios para-eclesiásticos, así como organizaciones misioneras y programas de radio cristianos- estamos involucrados en la batalla más grande y significativa de todos los tiempos: la consumación del Reino de Dios en la tierra. Estás aquí con un propósito.

En nuestras tareas del día a día – la lavandería, tareas del hogar, ir de compras, facturas, deportes, práctica de un instrumento musical, lecciones de música, fiestas de cumpleaños, correos electrónicos, cuidado del jardín, trabajo fuera del hogar- puede que no lo veamos así, pero estamos involucradas en una batalla mundial.  A veces nos percatamos, pero otras, no; no obstante, hay un gran conflicto espiritual que se está librando entre el Bien Supremo (Dios mismo) y todos aquellos que Lo odian, a Él y a Sus caminos.

¡Es fácil olvidarlo! Pero somos los guardianes que Dios ha colocado en nuestra generación en las murallas de Jerusalén. Necesitamos entender estos tiempos, tener una mentalidad de centinelas. Un centinela es un guardián, uno que cuida.  Isaías 56:10 dice, “Sus centinelas son ciegos, ninguno sabe nada. Todos son perros mudos que no pueden ladrar, soñadores acostados, amigos de dormir” ¿De qué sirve un perro guardián silencioso?

¿Quién está haciendo guardia por tu familia? ¿Quién es el centinela de las murallas de tu hogar? ¿La escuela?  ¿El vecindario? ¿La iglesia? ¿Quién guarda en oración a las personas que Dios ha traído a tu vida?  

Dios nos ha designado como guardianas sobre los muros de nuestra Jerusalén. La oración nos abre los ojos. nos alerta como centinelas para guardar nuestra comunidad espiritual. No es una reunión sino una mentalidad, una decisión de orar durante las 24 horas del día, una actitud de comunión continua, abierta con Dios.  Por tanto, si veo un anuncio publicitario en la televisión, oro por mis hijos para que permanezcan puros, recibo una llamada telefónica y me detengo y hablo con Dios acerca de eso; estoy en medio de una dificultad en una reunión y me mantengo en conversación con Dios durante la misma: “Señor ayúdame. Cálmame. Dame sabiduría. Ayúdame a pensar bíblicamente. “¿Qué dice Tu Palabra al respecto?”

Sé persistente

“en todo el día y en toda la noche jamás callarán." Este es un llamado a ser una guerrera de oración a tiempo completo. La oración es lo opuesto de descansar, relajarse, dormitar. Breves chorritos de actividad de oración no reflejan una fe en acción. La fe real ora.  

Fe en acción en la oración no implica agitación de espíritu. No es un llamado a preocuparse, ni a agotarnos. Isaías habla de una determinación férrea de permanecer vigilante, de perseguir a Dios con nuestras oraciones, seguir pidiendo, buscando, tocando la puerta, orando sin cesar (1ª Ts. 5:17), orar en todo tiempo en el Espíritu, con oración y súplica (Ef. 6:18).

“Los que hacéis que el Señor recuerde, no os deis descanso.” Cuando hay oportunidad, necesidad, deseo, - no te mantengas en silencio. ¡Ora! La oración es persistente, es intensa, vigorosa, energética, con celo, sincera, dispuesta, diligente. ¡NO DESCANSES!

En Lucas 18:1-8, Jesús nos narra la parábola de una viuda persistente para animarnos a “orar siempre y no desmayar." Su petición era válida, y ella fastidia al juez hasta que él se cansa. Jesús vincula esta persistencia con fe.

Oraciones tenaces

“no os deis descanso.”  Hay un sentido de urgencia, de presión, casi un sentido de no ser cortés. ¿Mis oraciones son muy gentiles, demasiado educadas?

Toma riesgos en tus oraciones. Piensa en Jacob en Génesis 32:26: “No te soltaré si no me bendices." Él estaba luchando, es casi como arrinconar a Dios. ¡Eso es agresivo!

O la mujer cananea de Mateo 15:22-28. Ella viene a Jesús porque su hija está endemoniada. Su clamor molestó a los discípulos quienes pidieron a Jesús que la atendiera para que se fuera.  Pero cuando ella se arrodilló, Jesús no la reprende. Él reconoce su persistencia como fe.

Hay una forma de orar con persistencia tosca, con ligera terquedad, una imprudencia apropiada que ¡Dios escucha!  Les llamo oraciones PUSH (por las siglas en inglés que también corresponden a la palabra empujar):

     Ora

     Hasta que

     Algo

     Ocurra

Vemos en la Palabra cómo las oraciones persistentes, prolongadas y aún toscas bajan las promesas de bendición de Dios desde el cielo.

Si Dios no está respondiendo nuestras oraciones, no permitamos que la desilusión oscurezca nuestra visión de Dios. Seamos mujeres que retan esa desilusión.  La verdadera razón tiene que ver conmigo, no con Dios.  Dios me ama, no porque me ponga a mí, en el centro de mi vida sino al ponerlo a Él, en el centro.

“hasta que la restablezca, hasta que haga de Jerusalén una alabanza en la tierra.”

La oración persistente y tenaz persevera—hasta que. Si Dios se retrasa, no se debe a que Él no cuide de nosotros, ni tampoco a que no nos escuche, ni porque esté muy ocupado.  

La base de toda vida de oración con propósito es una fe paciente en Dios. No dejes de orar. Confíale a Él:

  • Ese hijo pródigo.

  • Tu profundo dolor.

  • Tu salud debilitada.

  • El trabajo que perdiste.

  • Tu infertilidad sin esperanza.

  • Esa soledad que te debilita.

  • Tu hijo que se divorció de su esposa y ha dividido la familia.

Así como la piedra angular de tu vida de oración es la fe, la de tu fe ¡lo es Dios! A veces creemos que nuestra fe activa a Dios, Pero no es así, sino que es Dios Quien activa nuestra fe. Dale la bienvenida a esa debilidad y a ese quebrantamiento que son atractivos a Dios. Míralo a Él, no pongas la mirada en tu fe. Y continúa orando, persistente, tenazmente… hasta que Él responda.

El curso de la historia, la tuya propia, la de tu familia, la de tu vecindario, la de tu ciudad, la de tu nación, la del mundo; esa historia se mueve por medio de la oración.  La gloria de Cristo a través de Su Novia, la Iglesia, es la meta.  La oración acelera ese día, impulsando la historia hacia adelante. Toma tu lugar en las murallas de tu Jerusalén personal y ora. Ora con fuerza, de manera persistente y aún incluye oraciones toscas, hasta que Dios establezca Su Reino sobre la tierra para siempre.

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