«Primero tienes que sanar».
Es una frase que escuchamos cada vez con más frecuencia: primero trabaja en ti, procesa tus heridas, resuelve tu pasado… y entonces estarás lista para amar, servir o asumir nuevos compromisos.
Y es cierto: hay heridas que necesitan atención, procesos de restauración que no debemos ignorar y temporadas en las que necesitamos recibir ayuda. Pero ¿significa eso que debemos estar completamente «sanadas» antes de que Dios pueda usarnos o antes de poder amar a otros?
¿Existe realmente un momento en la vida cristiana en el que podamos decir: «Ya sané, ahora sí estoy lista»? ¿Cómo distinguimos entre una herida que todavía estamos procesando y patrones de pecado que necesitamos enfrentar? ¿Y puede Dios usar incluso nuestra debilidad y nuestro sufrimiento mientras continúa transformándonos?
En este episodio de «Suena bien... ¿pero es verdad?», Susana y Debbie conversan sobre esta frase y los peligros que puede traer ignorar algunos extremos. Únete a nosotras en Arraigadas.
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