Podcast Aviva Nuestros Corazones

Carmen Espaillat: ¿No te sientes capacitada para enseñar a otros? Nancy Leigh DeMoss comprende el sentir que tienen muchas mujeres en cuanto a esto.

Nancy Leigh DeMoss : He desperdiciado una gran parte de mi vida. He tomado muchas decisiones incorrectas. He fracasado en muchos aspectos. Estoy segura que mientras vas entrando en años mayor es el catálogo de fracasos que Satanás puede sacarte en cara, y decirte: “no hay nada que puedas ofrecer”.

Enseña de tus fracasos. Enseña de lo que Dios te mostró cuando echaste algo a perder, cuando no confiaste en Él; enseña lo que aprendiste a través de eso, sobre dónde te encontró Dios, de las adicciones que tenías; enseña sobre las maneras como fracasaste. Enseña con tu vida, y ayuda a aquellos que vienen detrás de ti para que sean protegidos y guardados en sus pasos. Mi vida ha sido muy enriquecida debido a algunas personas mayores que han invertido en mi vida.

Carmen : Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy al continuar con la serie El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 escucharás buenas noticias para las personas imperfectas.

Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy : Pat Moore era una diseñadora industrial que diseñaba productos que eran usados por la gente para diferentes aplicaciones. Un día a la edad de 26 años, se dio cuenta que —debido a una variedad de razones— muchos de los productos que se usaban en nuestra cultura no eran adecuados o no funcionaban bien para los ancianos. Así que a la edad de 26 años, Pat Moore se propuso descubrir cómo era la vida realmente para los ancianos e hizo un experimento fascinante.

En el transcurso de tres años, ella viajó a través de los Estados Unidos y Canadá, visitando 116 ciudades, disfrazada de una indefensa anciana de 85 años. Ella usó maquillaje profesional; una peluca canosa; unos lentes especiales que le causaban una visión borrosa. Hizo muchas cosas. Usó un aparato ortopédico especial que hacía que su cuerpo se moviera más despacio, y que la hacía sentir y actuar y conducirse como una anciana. Ella quería ver qué tipo de respuesta y qué reacciones provocaría en las personas. Yo he visto fotos de ella en ese disfraz, y no creerías que esta sea una mujer de 26 años.

En 1984, después de transcurridos los tres años de este experimento, ella escribió un libro llamado “Disfrazada” (“Disguised”). Es un relato de primera mano de lo que ella experimentó durante esos años. Habla acerca de cómo los ancianos, como regla general, la trataban con cariño, pero como las personas jóvenes a menudo eran ásperos con ella. En un momento dado, fue asaltada por un grupo de niños de 13 años. Fue golpeada tan severamente que sufrió lesiones serias y permanentes en su espalda. Ella usa el término “rechazo social” para describir cómo la trataban los más jóvenes.

La actitud de la Escritura hacia los ancianos nunca pudiera ser caracterizada como “rechazo social”. Nada pudiera estar más lejos de como Dios ve a los ancianos. Contrariamente al “rechazo social,” en Tito capítulo 2, vamos a ver que los ancianos, los creyentes ancianos, juegan un papel vital en la iglesia y en el progreso del reino de Dios.

Déjame tomar un momento para restablecer donde estamos. Espero que a través de esta serie, que continuará por un buen número de semanas, estés leyendo junto con nosotras el libro de Tito. Espero que estés tomando tiempo cada día por 30 días (lanzamos un reto de 30 días para leer el libro) para meditar en él, para dejar que Dios te hable por medio de él. Eso es importante para que al estudiar estos pocos versos de Tito 2 en los que nos vamos a enfocar, tengas mejor sentido de cómo encajan y cómo se relacionan al resto del libro.

Vimos que en el capítulo 1, el apóstol Pablo se dirige a los líderes espirituales—a los ancianos o supervisores. Estos líderes deben vivir vidas piadosas; eso es lo que los califica. No pueden ser líderes espirituales en la iglesia —o no deben serlo— si sus vidas y sus familias no son ejemplares. Su función y su responsabilidad es enseñar sana doctrina y corregir a aquellos que no la enseñan, para que el rebaño sea protegido de lo que no es sana doctrina (ver versículos 5-9).

Luego en el capítulo 2 llegamos a un énfasis para los miembros de la iglesia, para los seguidores, para aquellos que no necesariamente son líderes. Vemos que deben vivir sus vidas de una manera que sea consistente con la sana doctrina. Vemos la influencia y el impacto que nuestras vidas tienen en los demás. Ya sea que seamos hombres o mujeres, jóvenes o ancianos, independientemente de la posición o la época de la vida, debemos vivir de acuerdo con la sana doctrina. Nuestras vidas deben tener influencia sobre los demás—de hecho tiene influencia, sea para bien o para mal.

Pablo dice en el capítulo 2, versículo 1, “pero en cuanto a ti, Tito, enseña lo que está de acuerdo a la sana doctrina”. Nuevamente, eso quiere decir no solo la sana doctrina por sí sola, sino como ésta se aplica a la vida. Es la Palabra de Dios la que produce vidas agradables al Señor.

Luego él sigue en el versículo 2, él dice a los ancianos—esto es lo que va de acuerdo con la sana doctrina, esta es la aplicación de la sana doctrina, así es como luce cuando la encarnas: “Los ancianos deben ser sobrios, dignos, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la perseverancia”.

Luego, así es como luce la sana doctrina en el caso de las ancianas, versículo 3, “asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes”.

Así es como luce la sana doctrina para las mujeres jóvenes: “[enseña a] las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la Palabra de Dios no sea blasfemada”.

Versículo 6, “Asimismo, exhorta a los jóvenes que sean prudentes”. Así es como se manifiesta la sana doctrina en los hombres jóvenes. Luego él sigue hablando a aquellos que son esclavos o sirvientes y continúa en el siguiente texto.

Déjame detenerme aquí porque este es el párrafo en el que nos queremos enfocar durante esta serie. Nota que antes que todo Pablo da dirección distintiva a los hombres y mujeres, y es diferente para cada uno. Pienso que es porque los hombres y mujeres tienen tentaciones diferentes, tendencias diferentes, inclinaciones diferentes en cuanto a cómo caemos en pecado.

Todos necesitamos sana doctrina, pero la forma como esta se encarna en nuestras vidas y las cosas que deben ser enfatizadas pudieran diferir. Él hace distinciones entre jóvenes y ancianos, porque en las diversas épocas de la vida hay diferentes tentaciones, diferentes maneras en las que tenemos que ser recordados sobre la necesidad de aplicar sana doctrina. Hay personas en diversos estados socio-económicos, personas con diferentes papeles y responsabilidades, líderes y seguidores. Pablo hace distinciones entre esas categorías de personas porque la forma en que vivimos la sana doctrina tiene implicaciones prácticas para cada una de esas categorías.

Observa también que, en este párrafo que acabamos de leer, no hay excepciones. Casi todos caen en una de estas categorías. O eres un hombre o eres mujer; o eres joven o anciano. Ahora bien, debería estar muy claro si eres un hombre o una mujer, lo que quizás no esté muy claro es si eres joven o eres mayor, pero esto nos cubre a todos. Él incluye a los líderes e incluye a los seguidores. Él está diciendo que la doctrina aplica a todos.

No solo los ministros están supuestos a conocer la doctrina y vivir la doctrina. Alguna clase de cristiano maduro que se supone que conozca y viva la doctrina. Él está diciendo que cada persona en cada época y categoría de la vida tiene implicaciones que necesitan seguir en relación a la doctrina.

Observa que él comienza con los ancianos, luego pasa a las ancianas. Comienza con las ancianos primero, y es lo que vamos a hacer en esta serie. Luego pasa a las mujeres jóvenes y luego a los hombres jóvenes. Queremos tomarlo en el mismo orden. Hoy solo quiero introducir el concepto de los creyentes mayores, de los ancianos. Vamos a revisar los pasajes dirigidos a los hombres y a las mujeres, porque hay aplicaciones para todas nosotras como mujeres.

Primero solo quiero concentrarme en este asunto sobre la participación de los ancianos en la iglesia. La iglesia necesita y debe tener personas jóvenes y ancianas. Resulta triste para mí ver hoy ciertas iglesias o grupos cristianos haciéndose tan homogéneos que solo acomodan a un grupo de personas. Escuchas acerca de iglesias que están tratando de alcanzar a esta o aquella generación, o a un grupo particular de personas.

Recientemente estuve en una iglesia; era una iglesia pequeña que consistía, casi exclusivamente, de personas mayores. Pensé, “Esta iglesia se está perdiendo de lo que la gente joven podría traer a la vida de esa congregación”. Pero luego hay algunas iglesias hoy que atraen casi exclusivamente a personas de veintitantos, o treinta y tantos, o familias jóvenes, o profesionales jóvenes, o jóvenes solteros. Tienes estos grupos que quizás se disfruten entre ellos, o tengan mucho en común unos con otros, pero no tienen el beneficio de la sabiduría y la gracia o la oportunidad de tener mentores ancianos.

Antes de hablar sobre mujeres u hombres ancianos creyentes, primero vamos a definir ¿quién es un anciano? Todo el mundo está esperando a que yo conteste esa pregunta. Algunos dicen que la ancianidad es siempre 15 años más de la edad que tienes. Cuanto más envejezco, más me convenzo de que eso es verdad. Los comentaristas generalmente están de acuerdo que cuando se menciona a las ancianas en las Escrituras se está refiriendo a personas que ya han pasado sus años de crianza de niños, y están aproximadamente entre los 50 a 60 años de edad o más. Hablaremos más de eso cuando toquemos específicamente en el versículo de las mujeres ancianas.

Recibí un correo electrónico de una amiga hace un tiempo. Estábamos intercambiando pensamientos acerca de esto de la vejez, y ella dijo algo que pienso que muchas mujeres sienten. Ella dijo, “La idea de envejecer me espanta y me horroriza”. Ahora bien, esta era una mujer en sus 40. Pienso que así es como muchas mujeres se sienten. La idea de envejecer es una cosa espantosa y horrorosa, quizás para algunas.

Mientras estaba estudiando este pasaje la semana pasada, dos personas diferentes me mandaron artículos por correo electrónico. Fue interesante ver que las dos señalaron la fijación de nuestra cultura de lucir y mantenerse joven. El primero era una entrevista de AOL con una mujer llamada Anne Kreamer, que tiene 51 años de edad, y ella ha escrito un libro llamado “Going Gray” (“Dejándome las canas”).

Señalaba que 65% de las mujeres sobre la edad de 40 años se tiñen el cabello. En esta entrevista le preguntaron a Anne Kreamer: “Tú decidiste cambiar de un tinte castaño a gris natural. ¿Por qué hiciste eso?” Su respuesta fue,

“Hace dos años, a la edad de 49, me vi en una foto, y pensé, “¿A quién estoy engañando? No se veía real.” Así que después de 24 años de teñirme el cabello cada tres semanas, decidí averiguar mi verdadero color y liberarme de ese yugo.

Estoy agradecida de decir que yo me liberé de esa esclavitud a mediados de mis 30s. Alrededor de ese tiempo decidí, “¿sabes qué?, yo me gané estas canas.” Pero ese es un asunto crítico para muchas mujeres hoy. No quiero decir que el teñirse o dejar de teñirse es un asunto de espiritualidad. Solo estoy diciendo que somos una cultura que le preocupa mucho el mantenerse luciendo joven.

Una hora después alguien me envió otro artículo de The New York Times de la sección de Moda y Estilo. Se titulaba, “¿Es el trabajo de la mamá realmente necesario?” Hablaba acerca de lo que los cirujanos plásticos llaman el “cambio radical de mamá”. Este articulo era acerca de varios procedimientos y cirugías diseñadas para “renovar el cuerpo después de un embarazo”. Ciertamente, no importa cuántas cirugías te hagas, de todas formas vas a envejecer, pero esto muestra que nuestra cultura tiene una fijación de mantenerse luciendo joven.

Al llegar a Tito capítulo 2, donde nos pasaremos las próximas semanas, vemos el valor que tienen los creyentes ancianos y el hecho de que son cruciales para la vida de la iglesia. También vemos un respeto para las mujeres maduras, por su experiencia , por la experiencia que viene con la edad—lo contrario a nuestra manera de pensar de hoy donde idolatramos la juventud. Tendemos a servir a la juventud y a pasar por alto a los ancianos.

Ahora bien, el apóstol Pablo no solo enfatiza la importancia y el valor que las personas mayores traen a la vida de la iglesia, sino que también habla acerca de lo que es importante para los ancianos, acerca de cuáles deben ser sus prioridades, de cuál debe ser su enfoque. Así que, antes de adentrarnos en los detalles y las características específicas y las cualidades que deben ser verdaderas en las mujeres ancianas, solo quiero decirles unas palabras a aquellos que están en la etapa de la ancianidad en su vida y luego unas cuantas palabras a aquellos que son jóvenes.

Antes que todo, unas cuantas palabras a los mayores, y tú puedes decidir si tú estás en ese grupo—todos estamos envejeciendo, así que en un sentido esto podría aplicar a todas nosotras. Primero está la madurez cronológica—esto es envejecer, cumplir años, ir avanzando en años—la madurez cronológica debe estar acompañada con crecimiento espiritual y madurez. A medida que envejeces en edad, debes estar madurando espiritualmente, madurando a la semejanza de Cristo. Me encanta ese versículo, Proverbios capítulo 4, versículo 18, y a menudo pongo esto en tarjetas de cumpleaños o en saludos a cumpleañeros. Dice, “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va aumentando en resplandor hasta que es pleno día”.

Cuando estas llegando a tus 50, 60, 70, no tiendes a ver tu vida como cada vez más brillante y más plena. Tendemos a pensar que estamos yendo cuesta abajo—así es como la gente habla sobre el envejecimiento hoy en día. La perspectiva de Dios consiste en que si eres una persona justa, si eres una creyente, tu vida es como la luz de la aurora—comienza como un rayito de luz, y luego a medida que transcurre el día y se acerca más y más al mediodía, el sol se pone más y más alto en el cielo, hasta que justo al mediodía la luz está en su máximo esplendor.

Espiritualmente hablando, así es como debe verse el envejecimiento. Nunca debe haber un tiempo en tu vida —sin importar la edad que tengas— cuando pares de florecer, de crecer, y de ser fructífera; nunca. Nunca llegará el momento de jubilarte espiritualmente; nunca llegará el momento donde te tengas que echar a un lado.

Una vez más, aquí está otro pasaje que me encanta, Salmos capítulo 92 versículos 12-15.

El justo florecerá como la palma, crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa del Señor, florecerán en los atrios de nuestro Dios. Aun en la vejez darán fruto; estarán vigorosos y muy verdes, [imagen de vitalidad] para anunciar cuan recto es el Señor, mi roca, y que no hay injusticia en Él.

Esa es una descripción de personas ancianas piadosas. Están floreciendo. Están creciendo. Están llenos de vitalidad espiritual . Sus cuerpos físicos pueden estar disminuyendo, es parte de la maldición de la caída. Pero su hombre interior si está siendo renovado día a día. Están creciendo; están floreciendo, y nunca dejan de dar fruto. Ellos nunca paran de proclamar a otros la bondad y las maravillas de Cristo y de Su Evangelio.

Miro hacia allá y veo a mi amiga Peg Campbell. Los padres de Peg, Al y Margaret, son una imagen de este pasaje—una pareja anciana piadosa, ahora en sus 80, que son espiritualmente vibrantes. Ahora bien, todavía no han llegado, y ellos serán los primeros en decirte eso. Eso no pasa hasta que veamos a Jesús cara a cara. Pero yo he observado a esta pareja a través de los años, y algunos de ustedes han escuchado a Al Sanders, es la voz en el programa radial de Joni Eareckson Tada. Los Sanders han estado en la radio cristiana por muchos años, pero qué increíble desafío y qué bendición ha sido ver a parejas como Al y Margaret creciendo en gracia, cada vez más llenos y brillantes y amando al Señor y amando a la gente y viviendo la sana doctrina, como octogenarios—así es como debe ser.

Y ahora me dirijo a las personas ancianas: déjame decirte que tú debes ser modelo. Debes ser ejemplo. Tu carácter, tu estilo de vida debe ser digno de respeto. Debes tener una vida que los demás puedan señalar y decir, “así es como quiero ser cuando tenga tu edad,” una vida que es digna de imitar; una vida que es digna de seguir. Porque tú sigues a Cristo, debes ser un modelo para otros.

Pero hay algo más—también debes ser un mentor—no solo un modelo, sino también un mentor. Necesitas estar enseñando de tus propias experiencias para proveer aliento y exhortación y desafío a aquellos que son más jóvenes que tú.

Ahora, tú dirás, “He desperdiciado mucho de mi vida. He tomado muchas decisiones incorrectas. He fracasado en muchos aspectos”. Estoy segura que mientras vas entrando en años mayor es el catálogo de fracasos que Satanás puede sacarte en cara, y decirte: “No hay nada que puedas ofrecer”.

Enseña de tus fracasos. Enseña sobre lo que Dios te mostró cuando echaste todo a perder, cuando no confiaste en Él; enseña lo que aprendiste a través de eso, donde te encontró Dios, sobre de las adicciones que tenías, acerca de las maneras en que fracasaste. Enseña con tu vida, y ayuda a aquellos que vienen detrás de ti para que sean protegidos y guardados en sus pasos. Mientras avanzo en años siento que mi vida es mucho más rica hoy gracias a las personas mayores que invirtieron en mi vida y modelaron para mí y fueron mis mentores en los caminos de Dios.

Quiero retar a las personas mayores a estar dispuestas a tomar iniciativa y acercarse a las personas jóvenes en la comunidad de la fe. Una de las cosas que escuché sobre de las ancianas, acerca de mujeres mayores en la iglesia, escuché decir, “simplemente no quieren ser mentores”. Luego, claro, escucho también algunas de las personas mayores decir que los jóvenes simplemente no quieren tener un mentor.

¿Sabes qué? Ya seas joven o anciana, toma la iniciativa. Acércate. Si eres anciana, busca a una mujer joven. No tienes que tener un doctorado en teología. No tienes que haber ido al seminario. No tienes que ser una gran maestra de la Biblia. Solo abre tu vida y abre la Palabra de Dios, y camina al lado de algunas de estas mujeres jóvenes y disponte a compartir de tu vida.

Finalmente solo una breve palabra a aquellas que son jóvenes: Job 12:12 dice, “En los ancianos está la sabiduría, y en largura de días el entendimiento”. Puedes ser joven y sabio, pero hay algunos aspectos de sabiduría y entendimiento que solo puedes obtener con la experiencia de la vida. Acuérdate de eso, y luego recuerda que Dios se preocupa sobre cómo tratamos a los creyentes mayores. Deben ser tratados con honor y respeto.

Levítico 19:32 dice, “Delante de las canas te pondrás en pie; honrarás al anciano, y a tu Dios temerás; Yo soy el Señor”. La manera como tratas a los ancianos es una evidencia de la manera como tú tratas al Señor.

Ahora eso no quiere decir que nunca van a cometer un error, pero el apóstol Pablo enseñó a los pastores Timoteo y Tito, que si esos ancianos estaban en el error, cuando apelaran a ellos, debían hacerlo de manera humilde y con respeto. No es que no puedes retar su estilo de vida y las elecciones que una persona mayor haga, pero Pablo dice a Timoteo en 1 Timoteo 5, “No reprendas con dureza al anciano, sino, más bien, exhórtalo como a padre; a los más jóvenes como a hermanos, a las ancianas como a madres; a las más jóvenes como a hermanas, con toda pureza” (versículo 1).

Luego a las mujeres jóvenes—y todas somos más jóvenes para alguien y todas somos mayores para alguien. Mujeres jóvenes, sean enseñables; humildes. Valora la experiencia de la vida de las mujeres mayores a tu alrededor. Solicita su opinión. Recibe instrucción y corrección con humildad. Haz preguntas. Escucha.

Una vez más, yo he aprendido tanto al buscar a personas mayores. Fui y me senté no hace mucho tiempo con mi querido amigo pastor de mucho tiempo, Ray Ortlund y su esposa Anne, Ray ya está en la presencia del Señor (son buenos amigos de Al y Margaret Sanders los que acabo de mencionar, otra pareja en sus 80s).

Les pedí consejo. Les pedí su opinión. Estoy tan contenta de haberlo hecho, porque en cuestión de meses Ray se fue con el Señor, y no tuve otra oportunidad. Pero ellos se derramaron sobre mi vida en ese almuerzo. Hubo algunas lágrimas. Hubo sabiduría compartida. Todavía estoy viviendo del rejuvenecimiento y aliento y gracia que recibí de esa pareja anciana mientras nos sentamos a almorzar juntos.

Haz preguntas. Escucha. Aprende. Aprende de sus vidas. Aprende al observar. Aprende al escuchar lo que tienen que decir. Si tú quieres ser el tipo de anciana que trae gloria a Dios, entonces aprende de las vidas de ancianas quienes ya han caminado por allí antes que tú.

Carmen: Si no estás aprendiendo de las ancianas, te estás perdiendo recursos incalculables. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado recordando esto y estará de regreso para orar.

Todos tenemos debilidades y defectos en nuestro carácter. Si no le permites a Dios tratar con esas debilidades, se harán más pronunciadas mientras más avanzas en edad. Descubre por qué cuando Nancy continúe en Tito 2 en el siguiente programa.

Ahora ella está de regreso para orar.

Nancy : Gracias, Señor, por el ejemplo sabio y piadoso de algunos de los ancianos que has puesto en mi vida. Te pido que en esta época de mi vida Tú me estés haciendo el tipo de mujer que será modelo y mentora, que tiene una vida digna de imitar para aquellos que vienen detrás. Padre, enséñanos dentro de la iglesia, a ancianos y jóvenes, a glorificarte a Ti en nuestras relaciones y enséñanos cómo crecemos y aprendemos a través de cada vida y a alentarnos unos a otros en nuestra fe como Tú nos has instruido que debemos hacer. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.