Podcast Aviva Nuestros Corazones

Tus palabras revelan tu corazón

Carmen Espaillat: De acuerdo a Nancy Leigh DeMoss, tus palabras son serias.


Nancy Leigh DeMoss: Alguien ha tildado a la calumnia y al chisme malicioso como homicidio verbal. Estás matando la reputación de alguien—estás cometiendo homicidio verbal, calumniando. Destruye vidas; destruye familias; destruye relaciones. ¿Cuántas veces he contribuido yo a la división entre amigos, a destruir amigos o relaciones, a destruir el cuerpo de Cristo, por el uso malicioso de mi lengua al calumniar a los demás?

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Un hermoso diseño no se trata primordialmente de la ropa o la decoración. Tito nos dice lo que verdaderamente es el hermoso diseño, como ha sido definido por el máximo Diseñador. Nancy nos ha estado explicando este pasaje y continúa con un componente importante para la belleza de un creyente—sus palabras dulces y suaves.



Nancy: No te puedo decir que tan a menudo me sucede que cuando estudio y me preparo para enseñar algo en Aviva Nuestros Corazones, Dios usa ese mismo estudio para atravesar y penetrar mi propio corazón y traerme convicción. Esto ciertamente ha sido cierto con esta serie en Tito 2, y particularmente con el versículo que estamos viendo en Tito capítulo 2 acerca de que las mujeres no sean calumniadoras.



Pablo le dice a Tito en Tito capítulo 2,versículo 1, “Enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina”. Enseña a la gente cómo vivir de una manera que es consistente con lo que ellos creen.

Y luego él le dice en el versículo 3, “Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta, no calumniadoras”. Dijimos que la palabra calumniador aquí es la palabra griega diabolos.

Es una palabra que cuando se usa en la Escritura, usualmente se refiere a Satanás. Pero en ocasiones, esta palabra es usada también para referirse, no solo a Satanás, sino a la persona que actúa como Satanás, porque ellos calumnian, acusan y hablan mentira.

Matthew Henry es un gran comentarista del pasado, y él dijo:


“La calumnia es una falta grave y muy común. No solo es hablar de más, sino que es hablar mal de las personas y separar amigos. Un calumniador es uno cuya lengua está prendida con fuego del infierno. De tal forma y de tantas maneras hace el trabajo del diablo—que por eso se le da el nombre de ‘diablos' a estas personas”.



Nunca somos más como el diablo que cuando hablamos cosas que no son ciertas o que son calumnias o que son maliciosas.



Dijimos en la última sesión que la calumnia incluye el regar un reporte falso acerca de alguien. Específicamente, la calumnia se refiere a decir algo que no es cierto; que es falso. También puede incluir el esparcir información dañina acerca de otra persona, y esa es una variación, un primo, por así decir, de la calumnia. La Escritura le llama chisme—es regar cosas acerca de alguien que son dañinas.


Algunas de sus traducciones, en lugar de la palabra “calumnia” se referirá a “chismes maliciosos”. Eso tiene que ver con regar la verdad con intención de dañar a alguien. De manera que lo que estarías diciendo, aunque pudiera ser cierto, lo haces con la intención de dañar a alguien.


Te diré algo más que me causó convicción mientras estaba estudiando este tema. La calumnia puede incluir simplemente asumir negativamente sobre las motivaciones de alguien—diciendo algo acerca de lo que hay en su corazón o dando razones de por qué hicieron lo que hicieron, cuando en realidad no sabemos. No conocemos su corazón. No conocemos sus antecedentes. No conocemos sus circunstancias. Rara vez tenemos todos los hechos, y muchas veces sacamos conclusiones acerca del comportamiento de alguien o del carácter de alguien sin conocer lo suficiente como para hablar. Aun si supiéramos lo suficiente como para hablar, ¿acaso es algo constructivo o edificante como para decirlo?


Así que cuando Pablo dice que las ancianas no deben ser calumniadoras, está diciendo que debemos rehusarnos a escuchar o a esparcir reportes o historias acerca de otros que son falsos o que son dañinos. No lo escuches; no lo digas a nadie más si no es cierto o si es dañino.

Recientemente he estado leyendo un libro por Jerry Bridges llamado “Pecados Respetables”. Le he estado pidiendo al Señor que hable a mi vida y a mi propio corazón acerca de pecados que puedan estar en mi propia vida que no son los pecados obvios y grandes que a menudo pensamos cuando decimos “pecados”. Él habla acerca de pecados respetables, y tiene todo un capítulo acerca de los pecados de la lengua. En ese capítulo, él incluye la mentira y el lenguaje áspero o criticón o burlón. En mi opinión, todas estas cosas caen bajo lo mismo que Pablo está advirtiendo aquí.


Como mujeres, tenemos que ser cuidadosas de no pecar con nuestras lenguas. Es interesante que las mujeres en particular somos exhortadas a evitar este pecado, y tenemos que preguntarnos, “¿Por qué?” Bueno, pienso que los hombres —a la hora de ser abusivos— son más inclinados a formas físicas de abuso.


En mi familia hay cuatro mujeres y tres hombres .Y cuando éramos pequeños, si los niños se portaban mal, lo hacían pegando. Lo hacían de forma física. Los hombres son físicos. ¿Pero cómo lo hacen las mujeres? Muy a menudo lo hacemos con nuestras lenguas. Somos más inclinadas a ser verbalmente abusivas, pero ¿podría sugerir que nuestro abuso verbal no es menos destructivo que el de los hombres, cuando quizás se tiran o se pegan el uno al otro? Así que Pablo les dice a las mujeres, “No sean calumniadoras”.


Es una advertencia en contra de pecar con nuestras lenguas—en contra de decir lo indebido, hablar de más, decir cosas que no debemos. Pienso que esta es una tentación muy particular para las mujeres que tienen tiempo en sus manos. Quizás sus hijos ya están grandes; disfrutan el sentarse y platicar. No es más fácil sentarse y escuchar las ultimas historias de la una y la otra sin pensar, “¿será esto cierto? ¿está beneficiando a los que están escuchando? ¿Estamos levantando a las personas de las que estamos hablando?”

Hay un pasaje en 1 Timoteo 5:13-14 donde el apóstol Pablo está hablando acerca de viudas jóvenes. Hay una advertencia acerca de este tipo de conducta ociosa y destructiva. Él dice,

Aprenden a estar ociosas, yendo de casa en casa; y no solo ociosas, sino también charlatanas y entremetidas, hablando de cosas que no son dignas. Por tanto [él dice], quiero que las viudas más jóvenes se casen, que tengan hijos, que cuiden su casa y no den al adversario ocasión de reproche. [De calumniar].


Hay unas cuantas cosas que sobresalen en ese pasaje de 1 Timoteo 5. Primero que todo, ¿te das cuenta que los pecados de la lengua frecuentemente van acompañados de la ociosidad, versus tener nuestras prioridades en orden? Pablo dice que estas viudas jóvenes necesitan estar ocupadas haciendo las cosas que Dios les ha llamado hacer. Si estás haciendo las cosas que Dios te llamó a hacer, no vas a tener tanto tiempo como para estar sentada diciendo cosas que no debes estar diciendo.


Y luego fíjate que al final del pasaje él dice que las mujeres deben casarse, tener hijos, cuidar su casa, para que no den ocasión al enemigo de reprochar o calumniar. Si las mujeres calumnian, lo que hacemos es dar ocasión al enemigo, a Satanás, para reprochar y acusar a los cristianos. Así que al participar en conversaciones calumniadoras, en realidad estamos preparando el terreno para que el enemigo ataque con calumnias, y acuse a los creyentes.

Así que pregúntate: “¿Soy culpable de calumnia? ¿Soy culpable de hablar mal? ¿Del chisme? ¿De pecados relacionados con la lengua?” Puede que encuentres, mientras Dios examina tu corazón, que has sido culpable de hablar maliciosamente, que has sido culpable del chisme, de calumnia contra personas que te han hecho daño… quizás un excompañero, quizás un padre, o quizás un jefe que te trató injustamente.


A menudo somos propensos a calumniar aquellos que están en autoridad sobre nosotros si no estamos de acuerdo con la manera en que están manejando las cosas; pueden ser oficiales gubernamentales, un jefe, adolescentes hacia sus padres, esposas hacia sus esposos, miembros de la iglesia hacia los pastores o hacia los ancianos, o hacia aquellos en autoridad. ¿Por qué es que a veces calumniamos o hablamos mal de aquellos que viven dentro de las cuatro paredes de nuestras propias casas, de nuestros familiares, o de nuestros compañeros de habitacion, o sobre las personas más cercanas a nosotros, las personas que nos conocen mejor, las personas que debiéramos estar tratando de proteger? ¿Por qué es que frecuentemente los calumniamos?


Pienso que es fácil hablar mal o maliciosamente de aquellas personas con quienes no estamos de acuerdo. Pienso que durante una temporada política o de elecciones por ejemplo es muy fácil —y he notado esto en semanas recientes en algunas de mis propias conversaciones con las personas— hacer afirmaciones dogmáticas, rotundas, negativas, y feas acerca de personas en el mundo político con quien no estamos de acuerdo.


Esto no es para decir que nunca debemos expresar cuando estamos en desacuerdo. Mucho de esto tiene que ver con el corazón.

● ¿Cuál es mi tono?
● ¿Cuál es mi espíritu?
● ¿Cuál es mi motivación?
● ¿Por qué estoy diciendo lo que estoy diciendo?
● ¿Estoy tratando de edificar o de derribar?
● ¿Es necesario?


Observa que mientras vemos en las Escrituras, nos damos cuenta que nuestra forma de hablar expone nuestros corazones. La forma en que hablamos dice lo que está dentro de nuestros corazones. Déjame leerte dos o tres pasajes que tocan este punto.

Primero, en Salmos en el capítulo 50, comenzando en el versículo 16, dice:


Pero al impío Dios le dice: “Das rienda suelta a tu boca para el mal, y tu lengua trama engaño. Te sientas y hablas contra tu hermano; al hijo de tu propia madre calumnias”. (Versículos 16, 19, 20).


¿Qué tipo de persona dice Dios que habla así? “Al impío Dios le dice”. La persona que calumnia a sus familiares, sus amigos, que habla mal, tiene un corazón perverso.

Piensa en lo que Jesús dijo en Lucas capítulo 6, versículo 45,


El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.


Lo que decimos es un claro indicativo de lo que está en nuestros corazones. Así que Jesús está diciendo, “Si tienes un corazón bueno, lo que va a salir es un buen tesoro. Si tienes un corazón malvado, entonces lo que saldrá son palabras maliciosas y perversas.”

Y de nuevo, en Mateo capítulo 15:18-19, Jesús hace el mismo punto, Él dice,


Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón provienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios y las calumnias.


¿Notaste que Jesús colocó las calumnias allí mismo junto con homicidios y el adulterio? Hace que me pregunte: ¿Estamos tan preocupados y sorprendidos y apenados por nuestros pecados de la lengua como lo estamos de la mala conducta de los demás? Jesús los pone todos juntos, pero Él dijo que las calumnias, el hablar mal, revela lo que está en nuestros corazones.

¿Qué exponen las calumnias y el hablar maliciosamente de nuestros corazones? ¿Y qué tipo de actitudes del corazón salen cuando hablamos mal de los demás? Déjame hacer varias sugerencias aquí, hay otras cosas que podríamos agregar a esta lista, pero yo sé de algo que se revela de mi corazón cuando hablo mal de los demás—revela un corazón orgulloso, revela orgullo. Cuando podemos señalar la culpa de otra persona, a veces eso puede hacernos sentir mejor a nosotros mismos—no somos tan malos como ellos, o no hicimos “eso”… ellos sí—eso es orgullo.


El orgullo puede darme un cierto deseo de lucir como una experta, y quizás intervenir en una conversación porque sé algo que mi interlocutor no sabe; quizás tengo esta pequeña pieza de información que puedo traer a la conversación. A veces es el orgullo que me llevará a decir, “Pero, ¿sabías...?” Esto me ha ocurrido —y lo digo para mi vergüenza— muchas veces cuando alguien está hablando bien de una persona y yo estoy pensando, “Pero no saben que…” ¿Deberé decirlo? A menudo es el orgullo en mi corazón que me lleva a contribuir algo negativo a esa conversación.



Hay algo más que nuestras lenguas pueden revelar acerca de nuestros corazones—envidia y celos. Estamos celosos de la reputación de alguien más, de su relaciones, de su influencia, por eso queremos hacerlos ver mal; hacerlos descender un poco.

El calumniar revela falta de dominio propio . Dejamos que se nos escapen cosas que estamos pensando, sin pensar bien lo que estamos diciendo.

La calumnia puede revelar un espíritu crítico. Mi corazón es crítico; tiende a hacer juicios; por lo tanto, sale en las palabras que digo.


La calumnia y el hablar maliciosamente revelan también falta de amor. Proverbios 10:12, “El odio suscita rencillas, pero el amor cubre todas las transgresiones”. Una falta de amor; se revela el odio.


Y luego está esto de un espíritu contencioso, un espíritu divisivo. Queremos poner a otros de nuestro lado, y qué tan a menudo pasa esto en conversaciones entre miembros de las familias cuando hay alguna disfunción o discordia entre los miembros de la misma familia. Y dices algo negativo acerca de la otra persona causando que la persona con la que estas platicando quiera aliarse contigo. Todos estos juegos tontos, que jugamos, son tan malos, tan perversos. Queremos relatar como alguien nos lastimó, como alguien nos ha hecho daño, y al hacer eso estamos tratando de atraer a la persona con la que estamos hablando para que vea las cosas según nuestra perspectiva.


¿Qué estamos haciendo? Estamos poniendo una barrera entre nuestro interlocutor y la persona de la que estamos hablando, levantando paredes, división, contención. Eso es lo que hay en mi corazón, y sale tan frecuentemente en nuestro hablar. Ese es exactamente el efecto de la calumnia y de hablar maliciosamente. No solo tengo yo contención en mi corazón, sino que cuando calumnio o hablo mal de los demás, el efecto es de dividir relaciones, dividir amigos, el de ser un divisor, el de romper relaciones.


Proverbios 16:28 dice, “El chismoso separa a los mejores amigos”.


Proverbios 17:9, dice “El que cubre una falta busca afecto, pero el que repite el asunto separa a los mejores amigos”.



Dividimos el cuerpo de Cristo; dividimos familias; dividimos amistades; dividimos relaciones cuando hablamos mal de los demás. No solo dividimos, sino que destruimos.

Proverbios 25:18, dice “Como maza y espada y aguda saeta es el hombre que levanta falso testimonio contra su prójimo”. Esas son armas que no querrías que se usaran contra ti—un garrote de guerra, una espada, o una saeta aguda, pero si tú dices algo de tu vecino, de un amigo, o de un miembro de tu familia, que no es cierto o es una calumnia o es algo innecesario, o es una crítica, el efecto que provocarás es el de destruir a esa persona.

Alguien ha llamado a la calumnia y a los chismes maliciosos homicidio verbal. Estás matando la reputación de alguien. El homicidio verbal, la calumnia, destruye vidas, destruye familias; destruye relaciones; destruye iglesias. Lo he visto vez, tras vez. Si lo piensas seguramente lo has visto una y otra vez. Eso ya es suficientemente grave, pero lo que aflige mi corazón es pensar, ¿cuántas veces yo he contribuido a la división entre amigos, a destruir amigos o relaciones, a destruir el Cuerpo de Cristo, por el uso malicioso de mi lengua al calumniar a los demás?


Proverbios 11:9 dice, “Con la boca el impío destruye a su prójimo”. Cuando hablamos maliciosamente, cuando decimos chismes o decimos cosas que no son ciertas o no son buenas, afectamos a la persona que estamos calumniando, aunque no lo escuchen, y afectamos a la persona con la que estamos conversando . Creamos una separación en su relación.

Y mientras me he estado preparando para esta serie, es interesante—no sé si está pasando más a menudo o si solo lo estoy notando más—pero he visto una ilustración tras otra de la necesidad crucial de tratar con este asunto de la calumnia y del chisme malicioso entre el pueblo de Dios, y el gran daño que puede hacer si no tratamos con esto.

Hace unos días recibimos un correo en Aviva Nuestros Corazones de una oyente que quería pasar una información que ella sintió que debíamos tomar en cuenta con relación a alguien que había sido invitado a uno de nuestros programas. Bueno, típicamente, este es el tipo de cosas a las que no me gusta prestar atención, no quiero prestarme para el chisme, no lo quiero escuchar, pero pensé, “Soy responsable por las personas que tenemos en nuestra transmisión, y ¿será esto algo de lo que necesitamos estar conscientes?”


Así que fui al correo electrónico, entré a la página de Internet, y resultó ser muchas páginas juntas en una red que se dedican a derribar y destruir un sinnúmero de ministerios y personas, y cuanto más buscaba, más feo se ponía. Habían tantas calumnias y comentarios llenos de amargura. Este es un esfuerzo para dividir , para derribar, para destruir. Es odioso; es vengativo; es destructivo, y esta es una palabra que me vino a la mente al ser envuelta en algunas de estas cosas esta semana—es diabólico, diabolos, es del diablo. Es satánico. El pasaje que me vino a la mente es Santiago 3:14-16 donde Santiago dice,


Pero si tenéis celos amargos y ambición personal en vuestro corazón, no seáis arrogantes y así mintáis contra la verdad. Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural diabólica. Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala.


Tú pensarás, “Bueno, me alegro que yo no tengo una de esas páginas de internet,” o “No estoy haciendo ese tipo de cosas”. Pero esto solo comienza con una raíz de amargura, con pequeñas cosas que se dicen, con un correo electrónico que se envía, con publicar algo en el internet, con hablar una palabra en privado, de repente encuentras que está siendo gritado por los techos, y se está esparciendo como un incendio descontrolado. Cuán gran daño esta chispita puede hacer. Puede quemar bosques y casas enteras, y al final las vidas pueden ser destruidas.

La calumnia divide; destruye, así como lo hace Satanás. Todo esto es contrario a Dios, quien es un Dios de reconciliación. Él es el Dios que reconcilia partes en guerra. Y nosotros Debemos ser como Él.


Pablo dice en Romanos 14:19, “Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua.”


Efesios 4:3, “Esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”.

Carmen Espaillat: Tus palabras tienen el poder de promover la paz, de acuerdo a Nancy Leigh DeMoss. Ella nos ha estado enseñando cómo hacerlo en una serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 . Ella estará de regreso con nosotros para orar, porque todos necesitamos el poder de Dios para vivir en paz y para hablar lo correcto. En ninguna parte es esto más cierto que en tu hogar.


Nancy y algunas de sus amigas han escrito acerca de esto. Ella editó un libro llamado Atrévete a ser una mujer conforme al plan de Dios (está disponible en español).

En este libro aprenderás de las semillas de la revolución feminista y descubrirás por qué no cumplió sus promesas. Podrás ver claramente una imagen bíblica del tipo de influencia piadosa que puedes tener sobre tu esposo e hijos. Descubrirás cómo servir a Dios de maneras únicas y femeninas. Puedes obtenerlo en tu librería cristiana favorita.

Quizás has sentido convicción hoy acerca de la manera que has estado usando tus palabras. Mañana Nancy ofrecerá ideas útiles de cómo responder, cambiar y hacer las cosas bien, y ahora, Nancy regresa con nosotras para orar.


Nancy: Oh Padre, cuánto Te pido que nos des convicción de cómo nuestras palabras han sido destructivas, cómo han dividido, han hecho daño y han sido diabólicas. Yo sé que Tú has hecho que yo me examine en el transcurso de este estudio, y me has llevado a ser más cuidadosa de las cosas que digo. No estoy tratando de destruir la reputación de nadie.

Oh Dios, perdóname por las veces cuando las cosas que he dicho han sido destructivas y han sido diabólicas. Oh Dios, ¿podrías domar nuestras lenguas? No podemos domarlas nosotras mismas, pero ¿podrías hacerlo Tú? Por el poder de Tu Santo Espíritu, podrías cambiar nuestros corazones y perdonarnos por el orgullo y la envidia y los celos y el espíritu competitivo y ese espíritu contencioso que a menudo nos lleva a decir cosas que no son edificantes o alentadoras, sino que son calumniadoras y maliciosas.


Purifícanos, Señor. Perdónanos. Límpianos. Purifica nuestros corazones y nuestras lenguas. Que podamos usar esas lenguas para unir personas, para perseguir unidad, y lo que trae paz y edificación mutua. Lo pido en el nombre de Jesús, amén.



Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.