Podcast Aviva Nuestros Corazones

Abundancia que rebosa

Annamarie Sauter: Nancy DeMoss de Wolgemuth pregunta: ¿Qué está comunicando tu vida hoy?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: No encuentro muchas mujeres cristianas en la actualidad, incluyéndome a mí muchas veces, que reflejen una abundancia rebosante. Como que estamos tratando de sobrevivir hasta que llegue el rapto, tú sabes -agotadas, cansadas, frenéticas, temerosas. Mujeres, nuestras vidas deben ejemplificar la plenitud que existe a través de la vida en Cristo y en Su Espíritu.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Durante varias semanas nos hemos estado enfocando en la vida de Josué. Hoy aprenderemos mucho acerca de uno de los personajes menos conocidos en su historia. Nancy continúa en la serie, «Lecciones de la vida de Josué (Parte 12): Dejando un legado».

Nancy: Bueno, me encanta enseñar acerca de las diferentes mujeres en la Biblia, y hemos hablado de muchas de ellas en los últimos años en Aviva Nuestros Corazones. Hay mucho que podemos aprender de mujeres como Ester y Ana y María de Nazaret. Hemos hecho estudios sobre todas estas mujeres, pero hay mucho de lo que  también podemos aprender sobre algunas de las mujeres poco conocidas de la Escritura.

Probablemente nunca has oído hablar de una mujer en el Antiguo Testamento llamada Acsa, y si has oído de ella probablemente te has olvidado de ella.  A-C-S-A. Acsa era la hija de Caleb, y Caleb era el amigo y compañero de Josué. Hemos estado hablando acerca de la vejez a medida que hemos visto las vidas de Josué y de Caleb en el último punto. A medida que hemos visto incidentes en las vidas de Josué y de Caleb en el último par de sesiones; pero quiero tomar una sesión aquí para simplemente hacer resaltar a esta mujer muy poco conocida de la Escritura.

Sólo hay unos pocos versículos acerca de ella, pero este pasaje ha sido tan enriquecedor para mí. Sentí que no podíamos saltarlo. Estamos en los capítulos 14 y 15 de Josué. Recuerda que Caleb ha venido donde Josué.

Caleb le dice: «Tengo ochenta y cinco años de edad, pero Dios todavía me ha dado fuerza. Todavía quiero servir al Señor, y hay algunos asuntos pendientes en Canaán. Cuando llegamos aquí hace cuarenta y cinco años, y espiamos la tierra, había gigantes. Se llamaban los anaceos, y los diez espías regresaron con un informe temeroso. Ellos dijeron: "No podemos vencer esos gigantes", así que terminamos no entrando a la tierra prometida. Pero ahora estamos en la tierra prometida, y esos gigantes están todavía  allí».

Ahora, cuarenta y cinco años más tarde, Caleb dice: «Quiero vencer esos gigantes. Quiero tratar con ellos». Así que él va donde Josué y le dice: «¿Podría tener esta montaña, esta región montañosa?». Hebrón es el nombre de la ciudad. «Me gustaría tener esta ciudad porque quiero mostrar que Dios es capaz de hacer frente a estos gigantes».

Estoy pensando que, probablemente habría sido más fácil lidiar con ellos a los cuarenta años que a los ochenta y cinco, pero Caleb no se ha desanimado. Él quiere que el pueblo vea que Dios es mayor que los gigantes. Así que, en el capítulo 15 de Josué, comenzando en el versículo 13, hay un poco de una recapitulación de lo que leímos y hablamos en el capítulo anterior. Dice el versículo 13,

«Y dio a Caleb, hijo de Jefone, una porción entre los hijos de Judá, según el mandato del SEÑOR a Josué, es decir, Quiriat Arbá.»

Quiriat significa «ciudad» o «pueblo» y Arbá es el líder o la persona principal de esa ciudad. Esta es la ciudad de Arbá. Él era un hombre poderoso. Es llamado Hebrón, así que  fue renombrada. Y ahora es llamada Hebrón.

«Y Caleb expulsó de allí», se trata de un hombre de ochenta y cinco años de edad,  «expulsó de allí a los tres hijos de Anac, a Sesai y Ahimán y Talmai, hijos de Anac» (Jos.15:14). Ahora, probablemente no entiendas esto si no has estado siguiéndonos, y si vas hacia atrás, vas a recordar que estos eran descendientes de los gigantes.

Estos eran sus descendientes enormes, guerreros grandes y feroces. Y Caleb dice: «Todavía tenemos que expulsar a estos enemigos. Se nos ha dado la posesión de la tierra, pero tenemos que expulsarlos. A todos estos enemigos que fueron tan temidos por los 10 espías hace cuarenta y cinco años, queremos enfrentarlos».

Podría preguntarte, ¿hay algún asunto pendiente al que tienes que hacer frente, cualquier cosa en la que quieres ver a Dios mostrar Su poder? No es demasiado tarde para ejercitar tu fe y decir: «Señor, puedo tener ochenta y cinco años, pero por Tu gracia, si ahora es cuando tú quieres que haga esto, sé que se puede hacer».

Ahora, habiéndose hecho cargo de esta ciudad y habiendo expulsado estos gigantes y a sus descendientes, Caleb todavía no está listo para retirarse. A medida que avanzas en el versículo 15, dice: «De allí subió contra los habitantes». Por cierto, acabamos de leer en un sólo versículo lo que él hizo, pero esto fue una gran batalla.  Fue un gran ataque.

Podrías pensar que después de la expulsión de estos gigantes, él diría: «Bueno está bien, ahora puedo sentarme y descansar».  Pero no, él quiere seguir adelante. Versículo 15,

De allí subió contra los habitantes de Debir (otra ciudad) (el nombre de Debir antes era Quiriat-séfer), (esa era la ciudad de Séfer).

Y Caleb dijo: «Al que ataque a Quiriat-séfer y la tome, yo le daré mi hija Acsa por mujer.  Y Otoniel hijo de Cenaz, hermano de Caleb la tomó, y él le dio a (Otoniel) su hija Acsa por mujer» (vv. 15-17).

Ahora, ¿entendiste todo eso? Caleb dice: «Quiero hacerme cargo de esta ciudad». Pero él va a utilizarlo como una oportunidad para encontrar un yerno, para encontrar el esposo para su hija Acsa. Él lanza este reto, y veo a Caleb preocupado por la próxima generación. Él quería asegurarse, antes de morir, de que su hija Acsa, se estableciera se instalara y que sus necesidades fueran suplidas.

Ahora, si lees las genealogías de primera de Crónicas, en esos primeros capítulos te darás cuenta de que Caleb tuvo por lo menos tres hijos, pero Acsa era su única hija. Así que él tuvo esta  preocupación especial de que ella fuera cuidada. Al leer este pasaje, estos pocos versículos aquí en Josué capítulo 15, creo que ves algo especial en el valor que Caleb coloca sobre su hija.

Él verdaderamente se preocupaba por ella. Él quería asegurarse de que ella fuese cuidada. Él quería un marido para su hija que tuviera valentía y fe.

Caleb mismo había sido un hombre valiente y un hombre de fe, pero antes de que fuera a entregar a su hija a otro hombre, él  quería asegurarse de que ese hombre fuera digno, de que fuera un hombre que la cuidara que la protegiera, así que él estableció este desafío, este reto. Él promete su hija a quien quiera atacar y tomar a Quiriat-séfer, y es su sobrino, Otoniel, que acepta el desafío y que gana la mano de Acsa en matrimonio.

Ahora, después de la muerte de Josué, una y otra vez, como sabrás si has leído el libro de los Jueces, el pueblo de Israel abandonaba al Señor y seguía en pos de otros dioses. Cada vez que lo hacían, Dios traía naciones paganas que venían contra ellos para oprimirlos. Y el pueblo entonces en su desesperación clamaba al Señor, «Señor, líbranos; sálvanos de este opresor».  Entonces Dios levantaba libertadores que eran conocidos como, jueces. De ahí es donde obtenemos el nombre de ese libro.

Otoniel, este mismo hombre, sobrino de Caleb, que se convirtió en su yerno, fue el primer juez que Dios levantó después de la muerte de Josué. Así que vemos que él era un hombre valiente y un hombre de fe no sólo cuando estaba conquistando para conseguir una esposa, sino incluso más tarde en su vida.

Lo puedes leer en Jueces capítulo 3.

«Cuando los hijos de Israel clamaron al SEÑOR, el SEÑOR levantó un libertador a los hijos de Israel para que los librara, a Otoniel, hijo de Cenaz, hermano menor de Caleb. Y vino sobre él el Espíritu del SEÑOR, y juzgó a Israel. Cuando salió a la tierra, el Señor entregó en su mano a Cusán-risataim, rey de Mesopotamia, y su poder prevaleció sobre Cusán-risataim. Y la tierra tuvo descanso por cuarenta años» (vv. 9-11).

Dios lo usó más tarde en la vida. La misma valentía y fe que había demostrado en conseguir a Acsa, él la demostró más tarde como juez, cuando el Espíritu de Dios vino sobre él y lo capacitó.

Ahora, cuando pienso en Caleb queriendo conseguir un marido para su hija y ocupándose de ese asunto, viene a mi mente a forma de aplicación, lo importante que es como madre, que la elección de una pareja para  tus hijos  debe ser de gran preocupación e interés para ti. Tiene que haber un deseo en tu corazón de ver a tus hijos casarse con parejas valientes, sabias, de ver a tus hijas casarse con hombres de fe y  de ver a tus hijos casarse con hijas que son mujeres de fe y de pureza. Nunca es demasiado tarde para comenzar a orar por las parejas de tus hijos, y yo conozco padres que han orado por esto desde que sus hijos estaban en el útero.

Ahora, yo no recomendaría necesariamente a modo de aplicación de este pasaje que los matrimonios deban ser arreglados exactamente de la forma en que fueron aquí, pero sí creo que es prudente y es ideal que los padres participen y se involucren en el proceso. Así como Caleb estuvo involucrado en el proceso de obtener un esposo para su hija.  Permíteme decir también –estoy yendo un poco más lejos aquí en términos de aplicación– pero creo que es una aplicación adecuada de este pasaje, que es responsabilidad de los papás, dar la mano de sus hijas en matrimonio.

Ese es un concepto muy extraño en el día de hoy. Hay poco concepto hoy en día de que los jóvenes vayan a preguntarle al padre de la joven, «¿puedo ser el novio de su hija? ¿Puedo salir con ella?» No existe el concepto de las chicas querer esperar que los chicos hagan esto. Hay poco concepto de los papás pensar que esto es importante. Sin embargo, es responsabilidad del papá dar a su hija en matrimonio. Es responsabilidad de los hombres jóvenes ganar la mano de su esposa. Lo hacen al demostrar carácter y coraje y valor.

Quiero decirte a ti que eres joven, soltera, adolescente, haz que él vaya a tu padre. Sé que tenemos algunas adolescentes que escuchan Aviva Nuestros Corazones, y madres y padres, si están interesados en saber más acerca de cómo manejar eso desde una perspectiva de un padre, les animo a leer un gran libro de Dennis Rainey de Vida en familia hoy.

Este libro se llama Interviewing Your Daughter’s Date (Entrevistando a la cita de tu hija).  Este libro está solo disponible en inglés. Es un pequeño libro pero es una gran herramienta, es práctico, sobre todo para los papás, pero las madres solteras pueden utilizarlo también. Tiene formas en las que puedes entrevistar a ese joven que quiere salir con tu hija. Y quizás tu me digas: «bueno, pero es que ellos no se van a casar. Es sólo una cita».  Bueno, en realidad no hay muchas personas que se hayan casado que no hayan tenido primero una cita, así que te animo a estar involucrada en el proceso y a manejarlo con la responsabilidad que requiere.

Ahora mira el versículo 18: «Cuando ella vino a él», o sea cuando Acsa vino a Otoniel –este es el día de su boda– el día de su matrimonio con Otoniel:

«Y sucedió que cuando ella vino a él, este la persuadió a que pidiera un campo a su padre (una dote). Entonces ella se bajó del asno, y Caleb le dijo: ¿Qué quieres? Y ella dijo: Dame una bendición; ya que me has dado la tierra del Neguev, dame también fuentes de agua. Y él le dio las fuentes de arriba y las fuentes de abajo» (vv. 18-19).

Ahora, he pasado un tiempo dulce en las últimas semanas meditando en estos  versículos, y déjame decirte algo que ha resaltado para mí. En primer lugar, puedes ver una relación padre e hija que creo que es muy sana. Puedes ver comunicación. Puedes ver la libertad que esta joven tuvo para acercarse a su papá. Ella no le tenía miedo. Ella estaba segura de su corazón y de su afecto y de su deseo de bendecirla.

Luego puedes ver como su ejemplo impactó la próxima generación, de tal padre tal hija. Tienes a Caleb, quien en el capítulo anterior había ido a Josué y le había dicho: «Quiero un poco de tierra. No la quiero para mi causa, sino para la causa del Señor».  Él era un hombre valiente y audaz, y ahora ves a su hija con el mismo tipo de valor, el mismo tipo de audacia al decir: «Por favor, dame un poco de tierra».

No veo en esto un espíritu exigente o como que ella está diciendo, «me he ganado esto» o «tengo derecho a esto». Ella está pidiendo, creo que, con el mismo espíritu que su padre Caleb tenía. Así que primero ella solicita un terreno, una dote. Ella tiene la audacia para pedir y la confianza de que su padre le dará un buen regalo si ella y su marido le piden.

Ahora, como mujer en esa cultura, Acsa, no tenía el derecho a poseer tierras a su propio nombre, pero ella utilizó su influencia con su papá y con su marido para asegurarse de que su familia tuviera provisión. Ella hizo esa solicitud de una manera apropiada en esa cultura, pero veo aquí a una mujer que no se conforma sólo con el campo. Ella primero pide el campo como dote, pero entonces ella quiere más.

Ahora, ¿por qué ella quiere más? Bueno, hay una pista cuando dice: «Ya que me has dado la tierra del Neguev». Algunas de sus traducciones pueden decir: «Me has dado la tierra del sur». A veces esa palabra se traduce sur. A veces se traduce Neguev.

El Neguev era un área de Palestina que estaba en el sur. Y es desierto. Es estéril. Es árido y  seco. No es de mucho uso si no tienes agua, por lo que ella le dice, «gracias por el campo, pero necesito más. Necesito una bendición para ir con ella. ¿Me darías también fuentes de agua?»

Ella le dice: «Dame una bendición». Ahora, ella había visto esta audacia en su padre. Él había ido a Hebrón, y luego fue a Debir.  Ella ha visto a un hombre que en sus ochenta años no tiene miedo de pedir lo que sea que dé gloria a Dios, por lo que ella no tiene miedo de pedir y de seguir el ejemplo de su papá.

Cuando ella le dice: «Dame una bendición», ese concepto es dame un regalo, dame algo especial, y su padre quiere impartir una bendición para ella y para la próxima generación. 

Por cierto, déjame preguntarte, ¿ven tus hijos algo en tu vida que ellos quieran en la suya? Ella inició esto. Ella dijo: «Tú tienes algo que vale la pena. Es una bendición. Es un regalo. ¿Me darías algo de esa bendición, algo de ese regalo?»

Pienso que espiritualmente tú quieres ser el tipo de ejemplo para tus hijos y tener el tipo de relación con ellos, que ellos deseen que les pases algo valioso, algo importante, más que tierra y dinero, algo de valor espiritual. ¿Quieren tus hijos obtener una bendición de tu parte?

¿Ven que tu vida está bendecida, y por lo tanto tienes una bendición para ofrecerles? ¿O piensan ellos, mis padres son tan pobres espiritualmente que de todos modos no podría conseguir nada de valor de parte de ellos? ¿Están ellos mirando al mundo para que les dé bendiciones y regalos, o saben ellos que tienes bendiciones espirituales muy valiosas y regalos y dones que puedes pasarles a ellos?

Ella Acsa le dice: «Dame una bendición. Dame fuentes de agua». Ahora, esas fuentes eran necesarias para mantener la vida en ese Neguev seco, en esa tierra del sur. Ella le dice, «me has dado la tierra, pero es seca. ¿Me darías también manantiales, un depósito, fuentes de agua, para que la tierra pueda ser fructífera, y yo pueda regar mis ovejas y mis rebaños?». Ella quiere ser productiva, y ella sabe que su padre tiene una bendición que darle que la hará más productiva.

A medida que he estado meditando en este pasaje donde dice: «Dame también fuentes de agua», ha llegado a mi mente ese pasaje en el Nuevo Testamento en Juan capítulo 7 donde Jesús se puso de pie en el último día de la fiesta, y dijo en voz alta: «Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. El que cree en mí, como ha dicho la Escritura, de lo más profundo de su ser brotarán ríos (fuentes) de agua viva» (vv. 37-38).

Jesús dijo: «Yo quiero que tú  seas lleno, lleno y rebosante para regar tu corazón y para que tu corazón pueda regar otros corazones. Desde lo más profundo de tu ser, si crees en Mí, brotarán ríos de agua viva».

Versículo 39 «Él decía esto del Espíritu, que los que habían creído en Él habían de recibir».

Jesús dijo: «Es el Espíritu de Dios que llena tu copa, que hace que reboses, que riega la tierra seca y árida y estéril de tu corazón y te hace fructífera. Es el Espíritu Santo que produce amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad; que produce esos frutos en nuestras vidas que de otro modo serían estériles, duras, resecas y agrietadas.

Creo que sabes al igual que yo que así sería nuestra vida separada del ministerio del Espíritu Santo. Así que es por eso que decimos: «Señor, yo creo. ¿Me darías una bendición? ¿Me darías también fuentes de agua para ir con esta tierra que me has dado?»

La última parte del versículo 19 dice: «Y él le dio las fuentes de arriba y las fuentes de abajo». Ella le pidió: «Dame fuentes de aguas». Ella no fue exigente acerca de cuáles, pero él le dio el deseo de su corazón y aún más.

¡Qué papá tan generoso! Tenía suficiente para darle. Él le dio de su abundancia. Él fue generoso con su hija, y qué gran imagen de nuestro generoso Padre, celestial, que dice: «Yo tengo suficiente. ¿Quieres manantiales? Te voy a dar los manantiales de arriba y los manantiales de abajo. No es demasiado. No es mucho pedir que haga esto para ti».

Recuerdas ese pasaje en Lucas capítulo 11, donde Jesús habla sobre pedirle a tu padre buenas dádivas? Él dice,

«Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá» (vv. 9-10).

Él dice, «o suponed que a uno de vosotros que es padre, si su hijo le pide... un pescado, ¿acaso le dará una serpiente?  O si le pide un huevo, ¿acaso le dará un escorpión?» (v.12). Él dice: «¿Cuando tus hijos piden que sus necesidades básicas sean provistas, vas a darles algo que les va a morder, o  algo peligroso? ¡No!»

Él dice, versículo 13 de Lucas 11: «Pues si vosotros siendo malos (padres menos que perfectos, como todo padre reconocería), si vosotros sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará (¿qué?), ¡dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!»

¿Quieres más de Dios en tu vida? Ahora, sé que teológicamente hay un sentido en el que no puedes conseguir más de Dios en tu vida de lo que ya tienes. Si eres una hija de Dios, ya tienes el Espíritu Santo en ti. Pero Jesús habla acerca de pedir ese fluir y la plenitud del Espíritu Santo en nuestras vidas. Me pregunto cuántas de nosotras estamos viviendo como mendigos espirituales cuando podríamos estar viviendo como príncipes y princesas y reyes espirituales. Podríamos estar viviendo en abundancia si tan solo le pidiéramos.

Me avergüenzo cuando pienso en cuántas veces en mi vida cristiana he estado escatimando y arañando y apenas manteniéndome firme, sobreviviendo. Te preguntan «¿Cómo estás?» Tú dices, «bueno, nada mal, dadas las circunstancias». Y bien entonces, ¿qué haces ahí? ¿Qué estoy haciendo ahí, y por qué no le estoy pidiendo a Dios plenitud?

Ahora, no estoy diciendo que cuando tienes la plenitud del Espíritu fluyendo a través de tu vida, tu vida va a ser fácil, o estará libre de problemas. Es posible que tengas más problemas que antes, pero debe haber una plenitud. «De lo más profundo de tu ser brotarán ríos de agua viva».

El Salmo 23 dice: «Mi copa está rebosando» (v. 5), y no encuentro muchas mujeres cristianas en la actualidad, incluyéndome a mí muchas veces, que reflejen esta abundancia rebosante. Como que estamos tratando de sobrevivir hasta que venga el rapto, tú sabes –agotadas, cansadas, frenéticas, temerosas. Mujeres, nuestras vidas deben ejemplificar la plenitud que existe a través de la vida en Cristo y en Su Espíritu.

Tú me dices: «pero ¿cómo lo consigo?» Pídele a tu Padre. Pídeselo. Dile: «Señor, te doy gracias por lo que me has dado, por la tierra que me has dado, pero me darías manantiales para regarla?»

Oro a medida que enseño porque yo quiero enseñar la Palabra, quiero enseñarla fielmente. He estudiado. Oro por claridad y para ser capaz de compartir estos mensajes; pero te voy a decir una cosa por la que oro probablemente más que por cualquier otra cosa. Y eso es, «Señor, ¿me ungirías con el poder de tu Espíritu Santo? Que venga con plenitud. Que fluya. Que no sean sólo palabras en una página, sino que puedan dar vida, salud, fuerza y ​​gracia a las que escuchan. Que sea ungida con el poder de tu Espíritu».

Tú me dirás: «bueno pero yo no soy una oradora». ¿Eres mamá? ¿Eres esposa? ¿Eres una abuelita? ¿Eres una mujer soltera en tu lugar de trabajo? ¿Eres una estudiante, tal vez eres una estudiante y estás escuchando este programa a lo lejos?

¿Cuál es tu etapa de la vida? Pídele a Dios por plenitud de Su Espíritu Santo. Ora por eso. Pídele que te llene y que se rebose a través de ti para dar bendición y vida a los demás.

Annamarie: Hmm, ¡qué manera de vivir! Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado apuntando a la fuente del verdadero gozo. Hay tantos recursos disponibles para cada una de nosotras, y Nancy nos ha estado recordando tomar ventaja de ellos.

Ella estará de regreso con unos pensamientos finales y para orar. Este programa es parte de la serie, «Lecciones de la vida de Josué (Parte 12): Dejando un legado».

A medida que Nancy ha estudiado la Biblia y ha observado las vidas de otras personas, incluyendo una mirada profunda a su propio corazón, se ha dado cuenta de que nadie –sin importar lo espiritual que sea– está exento de la posibilidad de sucumbir ante la tentación moral. Examina tu corazón con la ayuda de un folleto que hemos diseñado para ti titulado, Cercas de seguridad personal.

Por tu donación de cualquier monto hoy, te enviaremos un acceso para descargarlo, como agradecimiento por tu apoyo. Solo visítanos en, AvivaNuestrosCorazones.com, apóyanos con tu ofrenda e indica que quieres recibir el recurso, Cercas de seguridad personal.

En lugar de enfocarte en los retos, y la verdad es que siempre hay muchos, te puedes enfocar en las posibilidades. Nancy te ayudará a hacer esto, mañana. Ahora ella regresa para concluir el programa de hoy.

Nancy: Me pregunto mientras inclinamos nuestros corazones ante Dios si tomarías un momento para pedirle a tu Padre por la llenura de Su Espíritu en tu vida. Dile, «Señor, quiero fuentes de agua viva que me llenen y que fluyan a través de mí por el poder de Tu Espíritu Santo y para Tu gloria».

Luego, a medida que cerramos este programa, quiero orar lo que el apóstol Pablo oró por los creyentes en Éfeso. Él oró lo siguiente:

«Que Dios os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,  y de conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas  mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén» (Ef. 3:16-21 RVR1995).

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Fuente de Vida, Esperanza de Vida, Me Has Hecho Libre ℗ 2007 CanZion Group LP

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.