Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Adiós a mí, día 1

Annamarie Sauter: Con nosotras, Dámaris Carbaugh.

Dámaris Carbaugh: No vivía en la Palabra pero sí estaba en la iglesia, sí oía la prédica, me gustaba, era fiel, diezmaba; si alguien me preguntaba si yo estaba bien con el Señor, ¡pues claro que sí!

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

Si has asistido a una de nuestras conferencias Mujer Verdadera, recordarás a Dámaris Carbaugh. Ella se ha convertido en una gran amiga y colaboradora en el evangelio para Aviva Nuestros Corazones. Dámaris es intérprete de música cristiana, en numerosas producciones en inglés, y otras en español como, «Alabanzas: Tus himnos favoritos», y «Yo cantaré». 

Hoy ella está aquí con Patricia de Saladín. Ellas estarán conversando acerca del libro escrito por Dámaris titulado, «Adiós a mí». 

Patricia de Saladín: Esta semana tenemos el privilegio de tener aquí en Santo Domingo (República Dominicana), una pareja de esposos muy amados, son Rod y Dámaris Carbaugh. Bienvenida Dámaris, ¡estamos felices de tenerte hoy con nosotros aquí en Aviva Nuestros Corazones!

Dámaris Carbaugh: Gracias Patricia, para mí es un gozo, ¡cuánto las quiero a ustedes!, y me gocé tanto en Mujer Verdadera en el 2015 y que Dios ha abierto estas puertas para mí, y lo considero un honor y un privilegio estar con ustedes, poder hacer las cosas que el Señor me ha dado.

Patricia: Amén, yo diría que el privilegio es mutuo, es de aquí para allá y de allá para acá porque desde Mujer Verdadera yo creo que tú atrapaste el corazón de la mujer hispana, las mujeres quedaron conectadas contigo. Puedo decir que te aman, que te aman porque vemos las veces que tu mensaje es visto en la página de Aviva Nuestros Corazones, y también por cómo quedaron cautivadas por tu honestidad, por tu jocosidad, por la fidelidad a la enseñanza del libro de Rut que compartiste. Así que creo que quedamos todos enamorados en el mundo de Hispanoamérica, entre las mujeres, fuimos felices.

Dámaris: ¡Qué bueno! ¡Ay, estoy ansiosa, muy ansiosa! Yo le estaba contando a alguien, que yo creo que no fue tanto que hablé tan bien, creo que como no tenía que ser traducida muchas hicieron «ay», porque aunque todo fue increíblemente bueno —y yo que conozco los dos idiomas— ¡qué bien se tradujo todo lo que se dijo en inglés al español! Pero como cuando me levanté y dije, «hola», yo creo que con eso nada más dijeron, «¡ay qué bueno que no va a haber traducción!» En este sentido, yo te estaba diciendo que como soy latina creo que nos entendemos y hay ciertas cosas que me salen, que ustedes verdaderamente entienden, y como digo, verdaderamente todavía está cambiando y obrando en este —lo digo siempre— en este desastre, que Él ama, porque verdaderamente nadie nos ama como el Señor nos ama, y una paciencia…

Patricia: Amén, y tú sabes que sí, que el español definitivamente… Yo digo que cada ser humano tiene un lenguaje de su alma y el lenguaje del alma de nosotros es el español. Entonces hay enseñanzas excelentes que tienen que ser traducidas por dones que Dios ha dado, que tienen que ponerse en otro idioma para que llegue esa verdad gloriosa a través de esa persona a quien Dios le ha dado el don. 

Pero cuando escuchamos en nuestro propio idioma hay un deleite, hay un disfrute y en ese sentido qué bueno que traemos el tema del español porque eso nos permite ahora hablar de tu nuevo libro, «Adiós a mí». Conversábamos que es un libro en español que originalmente no ha sido traducido. Fue escrito originalmente en español y tiene un título muy particular, «Adiós a mi» que es como yo decía: Ah bueno, pero yo cargo conmigo misma hasta el final de mis días pero aquí le estamos diciendo adiós a mí. 

Y creo que es un buen punto para que comencemos a compartir algo de tu testimonio porque creo que para llegar a decir adiós a mí hay un proceso. Y yo he oído algunas de tus entrevistas y sé que hubo un momento decisivo en tu vida. Tú mencionas el año 1988, un viaje a Argentina, entonces quizás podemos empezar por ahí, donde tú comiences a contarnos un poco de cómo Dámaris comenzó a decir adiós a Dámaris.

Dámaris: Sí, yo tenía mis sueños. Cuando yo empecé a cantar, mi mamá me llevó a Corner Hall a estudiar canto a los 11 años y mi mamá dijo: ¡yo quiero que mi hija estudie contigo! Era una profesora muy conocida y querida y ella le preguntó a mi mamá, «y ¿qué edad tiene Dámaris?» Y mi mami le dijo, «11». Ella respondió: «¡Ah no, no, no, yo no le doy clases a niñas! Tiene que ser una joven como de 13, 14 años pero 11 no porque todavía tiene las cuerdas de una niña», algo así…

Patricia: Y era como perder su tiempo con una niña…

Dámaris: ¡Sí, exacto! Y mami le dijo, «pero ¿te la puedo traer por lo menos?» Y ella dijo: «Está bien». Pero como diciendo, no voy a cambiar de mente. Entro yo —yo era mucho más alta que ella— yo media lo que mido hoy: 5 pies con 7 pulgadas, a los 11 años. Ella se quedó boquiabierta, ¡yo era enorme! Yo digo, ¡gracias Señor que no crecí más! Parecía que iba a llegar a los 6 pies pero no. Entonces ella se dio cuenta: «¡No, no está... aunque tiene 11 años, ya es mujercita en ese sentido!» Y empecé a cantar y a los 15 yo tenía mis sueños, y mis sueños eran ser famosa, rica, cantar canciones populares… Y yo decía, ¡yo amo al Señor! pero yo no quiero cantar música sagrada porque ¡yo respeto mucho la iglesia y el púlpito, pero yo quiero ganar plata!

Patricia: Y ahí no hay plata…

Dámaris: ¡No, no, ahí no hay plata! Y le dije al Señor: ¡No te apures, yo no voy a cantar canciones feas, ni groseras ni… y me voy a vestir decentemente, tú, tú tranquilo! Yo, yo tratando, de, de, de…

Patricia: De negociar…

Dámaris: Sí, con el Señor. Y como era niña no entendía, pero ya pasaron los años y yo seguía, seguía. En el 88 ya tenía 33 años, y ya tenía un disco con la compañía «Columbia» pero el disco no tuvo éxito, así que estaba muy frustrada y estaba ya tratando de meterme con otra compañía y con diferentes managers, gerentes, ¡qué sé yo, qué! Y por fin este...estaba muy decepcionada pero…

Patricia: Y ya tú estabas, perdón, casada…

Dámaris: Casada con 2 hijos ya. Y este, el pastor...pero nunca salí de la iglesia, Patricia, así que yo me convencía que estaba muy bien, no vivía en la Palabra pero sí estaba en la iglesia, sí oía la prédica, me gustaba, era fiel, diezmaba. Si alguien me preguntaba si yo estaba bien con el Señor, ¡pues claro que sí! Y por eso es que siempre quiero decir lo que me pasó, porque yo estaba muy lejos de Dios. 

Y puedes estar lejos de Dios sin estar en esos pecados que tenemos en nuestra mente, no estaba en la droga, ni el alcohol, amaba a mi esposo, amaba a mis hijos, iba a la iglesia, y ¿cómo puedes estar lejos? ¡Porque los sueños que yo tenía no eran para glorificar a Dios! Yo no quería pararme en una plataforma y glorificar a Dios, aunque yo creo que nunca pensaba eso. Pero si ahora soy honesta, lo que yo quería glorificar era a Damaris. 

Y en el 88 el pastor Cymbala me invitó a ir con él a Tucumán (Argentina) —acabo de regresar, he regresado a Argentina pero nunca regresé a Tucumán hasta ahora en agosto, después de 28 años— a la ciudad donde ahí me agarró el Señor el corazón y lo único que me preguntó esa noche, en una de las noches de conferencia de pastores —no era una conferencia de predicarle a personas que están apartadas— era animar a los pastores ¡que sigan, que luchen, que sean buenos soldados! … Y una noche, como que se apagó todo en mi mente, y el Espíritu Santo me habló claramente y me preguntó: «¿Qué estás haciendo?» 

Annamarie: Escucha a Dámaris cuando ella contó con más detalles este hermoso testimonio, durante la conferencia Mujer Verdadera del 2015.

Dámaris MV15: «Fui con él a la Argentina, y fue en la Argentina en el 88, yo tenía entonces 33 años, fue cuando me di cuenta cuál era el problema, no solamente que no vivía en las Escrituras, porque es la Escritura que te muestra lo que está mal, ¿me entienden? ¡Lo que está mal! Cuando yo llego a una ciudad en la Argentina llamada Tucumán, el pastor estaba predicando a pastores, no era una reunión evangelística, era para animar a pastores, para decirles: sigan corriendo la buena carrera, peleando la buena batalla, ¿así se dice? ¡Ay qué bueno! Era ese tipo de conferencias.

Sin embargo, el Espíritu Santo en esa conferencia, yo estaba sentadita como así —porque no estaba bien al frente— estaba como en el medio, estaba oyendo, cuando el Espíritu Santo me hizo (espiritualmente), ¡entiéndanme, tú sabes cuando el Señor te ha dicho, «Damaris», o tu nombre! …Dannah, o Nancy, Dolores, o Carmen, Laura, Patricia, tú sabes cuando tú has oído tu nombre y sabes que es el Señor. ¿Sabes lo que el Señor me preguntó? «Damaris», así, así, «¿qué estás haciendo?» 

Tú sabes que cuando Dios te pregunta ¿qué estás haciendo? No es porque Él no sabe. Es en el mismo Espíritu que cuando tu padre o tu madre ha entrado a tu cuarto y tú estabas haciendo algo que no deberías estar haciendo, y te dicen, ¿qué estás haciendo? ¿Me entienden? Que esa pregunta te deja saber que ellos saben exactamente lo que que estás haciendo. Cuando Él me dijo: «¿Qué estás haciendo?» Yo dije, ¡eah, diantre! En un segundo —para que sigan orando por algunas que ustedes que saben que están lejos, sigan orando— porque en un segundo… nadie lo predicó pero el Espíritu Santo me arrestó… Yo supe en ese momento. Y me dijo: ¡Tú no quieres que yo haga lo que yo estoy haciendo! Porque ya para ese entonces tenía contrato con la compañía CBS, ya tenía abogado, tenía un manager; ya estaba en rumbo de esa carrera.

Y en esa conferencia el Espíritu Santo me dijo: ¿Qué estás haciendo? Y me dí cuenta, sin nadie decírmelo, ¡esto no es lo que Él quiere, caramba! Porque no fue un momento de «aah ya entiendo…», no fue así. Fue… cuando tú sabes que la… porque lo que yo quería, te acuerdas que yo oré: Señor, rica y famosa. Sabía que en ese momento el Señor dijo, ¡no! Y ¿por qué no? Si yo les iba a decir a las señoras —cuando me hicieran las entrevistas para los magazines y en los programas de televisión— iba a decir: «Yo soy cristiana». ¿Cómo te cae? Oh no, yo iba a ser embajadora, ¡Él me dijo, no! Y aunque entendí que estaba mal, óyeme bien, porque estoy siendo sincera, todavía quería lo que yo quería, pero me di cuenta por las Escrituras, que estaba en error. Entonces el Señor como que me dijo, «abre los ojos». Y la congregación, —el pueblo en el cual yo me encontraba con esos creyentes en Tucumán— amaba al Señor como en mi vida, y me crié con cristianos, había visto a gente amar al Señor. Tenían una sensibilidad a esperar en el Señor calladitos, estar en la presencia del Señor para ellos era «ahhh», y como que el Señor me dijo, «mira» y yo los miré y me dijo, «Damaris, ¿sabes cuál es el problema? Tú crees en mí, Yo sé que tú crees en mí, tú sabes que Yo soy grande, tú sabes que Yo soy poderoso —hasta reverente eres, en cierto sentido— pero aquí está el problema Damaris, aquí está el problema…tú no me amas» –cómo va a ser– «no me amas, mi amor, porque si me amaras tú quisieras hacer la voluntad mía».

Cristo dijo: «El que me ama, me obedece». ¿Quieres saber si amas al Señor? ¿Quieres obedecerlo? Si no, pregúntate. Pero sabes lo que le dije al Señor —esto es lo lindo— óyeme bien, el Señor puede con la verdad, Él es verdad, no le mientas al Señor porque Él lo sabe todo, ¡que ridícula si mientes! «Oh, sí Señor, Tú sabes que yo te quiero». Mi papá decía que cuando alguien le escribe cartas de amor a alguien y no es sincero el papel aguanta todo lo que uno le pone, pero yo no era así, yo sabía que él sabía y le dije al Señor esto, mira lo que le dije: «tienes razón». 

Y cuando yo vi a ese pueblo que quería al Señor, ¿sabes cómo yo me sentí? Acuérdate cuando Jesucristo dijo: «Ay Jerusalén, como he querido recogerte como una…» Eso, porque no sé las Escrituras en español, la sé en inglés, «How often I wanted to gather your children together, as a hen gathers her chicks under her wings…» «...debajo de mis alas pero no quisiste». Y cuando yo vi al pueblo que el Señor me dijo, «mira cómo ellos me quieren» ¿Sabes lo que yo le dije al Señor? «Ok, es verdad, no te quiero. Pero Tú no me estás aguantando a mí como los estás aguantando a ellos», así me sentí.

Ellos están debajo de ti, pero yo no, ¡yo estoy lejos, yo estoy por allá! Casi como queriendo decirle, «Tú no me quieres a mí tampoco», ¡que mentira! Y él me dijo: «Yo no estoy lejos, Tú estás lejos, acércate a Mí y yo me acercaré a ti». ¿Y sabes lo que le dije? Mi oración: «Señor, ahora me doy cuenta lo mal que estoy, que no tengo la actitud de Cristo que se humilló, que vino a servir»; yo no quería servir, ¡todavía no quiero servir caramba! Es el Espíritu Santo que me da ganas de servir. Ahora sirvo porque quiero complacer a Jesucristo y porque lo reconozco, pero la carne mía no quiere servir. 

Le dije: «Señor, es verdad porque Tú sabes la verdad, Tú sabes que yo no te quiero como te debo de querer pero Señor, te estoy entregando el corazón mío que le falta tanto, te lo doy así vacío sin amor, te lo entrego a ti, por favor Señor, derrama el amor tuyo en mí para que yo te pueda amar a ti como te debo de amar». ¡Ay! ¿Sabes lo que él hizo? Me dio amor, y ahora yo amo al Señor y yo quiero que ustedes vean la lindura de Él. Ahora me doy cuenta que no hay nada más lindo que darle toda la gloria a Él y que todas ustedes puedan ver la gloria de Jesús, Él puso ese querer, ese deseo en mí, que ustedes lo vean a Él…

Dámaris: ...y me dan ganas de llorar porque no me dijo nada más. Con una pregunta yo entendí, ¡estoy mal, estoy lejos, y estoy haciendo lo que Él no quiere que yo haga!

Patricia: Pero qué increíble y qué bueno es el Señor, porque oyéndote hablar de tus sueños, —yo sé que todas las mujeres que nos escuchan tienen sueños, unas de una cosa, otras de otra, a veces cosas que queremos lograr, otras cosas que queremos ser, o cosas que queremos conseguir— y qué bondadoso es el Señor que no nos deja ahí donde estamos. Porque lo que pasa es que nuestros sueños pueden obedecer a deseos egoístas o a deseos que buscan la gloria de Dios, y hoy con tristeza tenemos que hablar de cómo muchas mujeres están siendo muy engañadas porque tienen estos sueños, que les dicen, «persigue tus sueños, realízate». 

Y entonces si yo tengo un esposo, tengo hijos, y ellos son un obstáculo, me despojo de esos hijos y de mi matrimonio, de mi casa —porque mis sueños yo los estoy persiguiendo— y el mundo y el maligno les ha vendido la mentira de que si no persiguen ni realizan esos sueños son miserables. Y es que muchas veces nuestros sueños no están alineados con la voluntad de Dios y Dios tuvo que llevarte a Argentina, lejísimos para decirte: «Damaris, ¿dónde tú estás?»

Dámaris: No solamente eso Patricia, algunas llegan.

Patricia: A los sueños…

Dámaris: A los sueños y cuando llegan ahí, ¿sabes lo qué pasa?

Patricia: ¿Y qué hice? Y ¿qué es esto?

Dámaris: ¿Y qué es esto? Será que no lo hice bien, será que… y siguen con esa sed. Yo digo que esa es la sed de la mujer samaritana, porque ella tenía sed de encontrar tal vez en otra relación, «este no funcionó, con otro, y con otro, y con otro, y con otro…» Y Dios le dice: ¡tú tienes sed!

Annamarie: «Tú tienes sed». ¿Te recuerda esta frase alguna historia del Nuevo Testamento? Regresemos de nuevo por un momento a la conferencia Mujer Verdadera 2015.

Dámaris MV15: Y ¿sabes qué? Ahora me doy cuenta que no hay nada más rico que tener deseo de que otros vean la gloria de Dios, eso satisface. No que te quieran, ¡no, no, no, no, no! Y eso da una satisfacción que un maestro bíblico —que yo quiero mucho y todavía vive— tiene la misma edad de mi mamá, se llama Warren Wiersbe. 

Él dijo que cuando Jesucristo estaba hablando con la mujer samaritana, ¿te acuerdas? Él estaba solo. Los discípulos fueron a buscar comida, y cuando regresaron estaban, «¿qué está haciendo Él?» Hablando no solamente con una mujer, pero una mujer samaritana, ¿qué hace Él? Y así somos nosotros, y le dicen: «¿Quieres comer algo? ¿Quieres comer algo?» y Él les dijo esto: —y Warren Wiersbe lo explica tan lindo— Él dice: «Yo tengo pan que ustedes no conocen».

¿Sabes lo que Warren Wiersbe explica? Que cuando estás haciendo lo que Dios quiere que tú hagas, satisface; Cristo estaba diciendo: Lo que acaba de pasar con esta mujer aunque no dijo eso —pero yo sé lo que él estaba diciendo— lo que acaba de pasar me da una satisfacción tan grande, ¿quieres estar satisfecha?

¡Tienes que vivir en las Escrituras! Te vas a dar cuenta quién es Dios, lo lindo y lo grande que es, te vas a dar cuenta el problema que tienes tú. Yo tenía problemas de celos, tenía problemas de ambiciones que no deben de ser; egoísta y mi carne todavía quiere todas esas cosas pero Dios sí ha cambiado mi corazón. Ahora estoy en mi iglesia y tengo mujeres que estoy discipulando y algunas son tan nuevas en el Señor, ¡no saben nada, nada, nada, nada de la Biblia, y algunas veces me dan ganas de caerles a puños! 

Porque aunque les digo, «pero mira las Escrituras, la Biblia dice eso… ¿estás leyendo?» «No, yo no leo». «¿Cómo que no estás leyendo?» Hermanas, no puedo ni siquiera hacer citas con ellas, muchas veces porque no tienen disciplina para nada. Pero de vez en cuando una me dice: «¿Sabes qué? Estoy empezando a entender». Y me dijo una el otro día: «¡Ay, me estoy dando cuenta lo egoísta que soy yo y lo mucho que yo necesito al Señor!» Ay, ustedes no saben que cuando, mira… 

Yo nací con un hambre de querer atención. Mi mamá decía que nada, yo era insaciable para la atención, y el que es así, no para, no para, no para. Pero cuando por fin te das cuenta que te debes sentar y prestarle atención al Señor, entonces Él te cambia tu corazón. Y ahora dándole atención a unas, (que algunas veces me las…), casi pienso que no están entendiendo pero cuando entienden un poquito, ¡ay, aleluya, qué gozo me da! Y el Señor me dijo, «tú ves el gozo que da cuando no estás queriendo la atención pero estás dando la atención».

Cristo no vino a ser servido, vino a servir. ¡Aleluya! ¿Cómo es posible? Porque si no estás en las Escrituras —que son inspiradas por Dios— ¡oh! te tengo que decir esto rápidamente, óyeme bien, te voy a decir esto: yo creo en el estudio y tienes que estudiar, pero les voy a pedir una cosa, lean la Biblia, punto. Sí hay tiempo de estudiar y comparar verso con este verso, muy lindo, sí, sí, muy lindo. Pero estoy hablando de leerla. Ábrela y léela. ¡Y para que empieces a darte cuenta que el mundo necesita a Cristo y que entiendas el gozo que viene en darle la atención a otros!

Annamarie: Has estado escuchando una porción de una enseñanza de Dámaris Carbaugh, en la conferencia Mujer Verdadera 2015. También escuchaste la primera parte de una conversación con Patricia de Saladín acerca del libro escrito por Dámaris titulado, «Adiós a mí». 

Y tú, ¿ha sido derramado el amor de Dios en ti? ¿Has visto el amor de Dios en Cristo? Si estás sedienta, cansada y en necesidad, sé animada a correr la carrera de la fe con tus ojos puestos en Cristo, «en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (Col. 2.3). Dios también nos instruye en la carta a los Colosenses a, «andar en Él (en Cristo); firmemente arraigados y edificados en Él y confirmados en (nuestra) fe».

Y es por esto que queremos invitarte a unirte a miles de mujeres para la conferencia Mujer Verdadera 2020. Escucharemos enseñanzas de la Palabra de Dios, impartidas por Nancy DeMoss Wolgemuth, Mary Kassian, Dannah Gresh, Dámaris Carbaugh y el pastor Sugel Michelén.

Unidas busquemos al Señor y permanezcamos firmes, sobre la Roca. Entérate de los detalles de esta conferencia en MujerVerdadera20.com. Esta tendrá lugar en Monterrey, México, los días 13 y 14 de marzo. ¡Regístrate hoy y descarga la aplicación para mantenerte informada!

Y en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones, conoce la razón de tu sed y cómo puedes ser satisfecha. ¡Te esperamos!

Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca de los oradores

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad …

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Dámaris Carbaugh

Dámaris Carbaugh

Dámaris Carbaugh nació en la Ciudad de Nueva York, en una familia dedicada al ministerio. A través de los años ha conocido las cumbres más altas del éxito en la …

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