Débora: A veces enfrentamos la decepción de ver que nuestras expectativas no se cumplen. Janet Aucoin dice que nuestra decepción puede verse agravada por una manera equivocada de pensar.
Janet Aucoin: Pienso que lo que en realidad creemos es que: «Si estuviera donde se supone que debo estar espiritualmente, no me sentiría así. Jesús vino para darme plena satisfacción, así que no debería tener anhelos insatisfechos».
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Rendición», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 13 de julio de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: «Rápido» y «fácil». Probablemente esas sean dos de las palabras más populares en la publicidad. Escuchamos muchas promesas de soluciones rápidas y fáciles para cada anhelo no satisfecho.
Se nos anima a identificar aquello que anhelamos y luego a hacer lo que sea necesario para suplir esas supuestas …
Débora: A veces enfrentamos la decepción de ver que nuestras expectativas no se cumplen. Janet Aucoin dice que nuestra decepción puede verse agravada por una manera equivocada de pensar.
Janet Aucoin: Pienso que lo que en realidad creemos es que: «Si estuviera donde se supone que debo estar espiritualmente, no me sentiría así. Jesús vino para darme plena satisfacción, así que no debería tener anhelos insatisfechos».
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Rendición», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 13 de julio de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: «Rápido» y «fácil». Probablemente esas sean dos de las palabras más populares en la publicidad. Escuchamos muchas promesas de soluciones rápidas y fáciles para cada anhelo no satisfecho.
Se nos anima a identificar aquello que anhelamos y luego a hacer lo que sea necesario para suplir esas supuestas necesidades. La cultura dice: «Si tienes hambre, come»; «si quieres algo que no puedes pagar, cárgalo a la tarjeta»; «si anhelas romance, vístete o compórtate de cierta manera para que los hombres te noten»; «si te sientes sola, abre tu corazón a ese hombre casado en el trabajo».
Pero esa forma de pensar deja a muchas mujeres todavía insatisfechas, aún buscando algo que llene el vacío interior. Lamentablemente, lo «rápido» y lo «fácil» no son solo conceptos usados en la publicidad; también pueden infiltrarse en nuestra manera de pensar.
Sin embargo, la vida real no siempre es rápida ni fácil, y cuando esperamos que lo sea, eso puede llevarnos a la decepción, o incluso a intentar satisfacer anhelos legítimos de maneras ilegítimas.
Hoy vamos a escuchar cómo poner los anhelos insatisfechos bajo el control de la Palabra de Dios, y Janet Aucoin está aquí para ayudarnos. Ella es consejera bíblica y esposa de pastor. El mensaje que estás a punto de escuchar fue compartido en una conferencia llamada THRIVE para mujeres, realizada en el campamento del ministerio Life Action.
Escuchemos a Janet Aucoin hablar sobre cómo lidiar con los anhelos insatisfechos.
Janet: Tengo la oportunidad de conversar con muchas mujeres, y este es un tema que he visto repetirse una y otra vez. Hablo con mujeres de distintas edades, ¡lo cual es maravilloso! También he podido compartir en la capilla de nuestra escuela cristiana con las mujeres más jóvenes. Me encanta trabajar con mujeres en edad universitaria; fue en esa etapa cuando conocí al Señor, y allí fue donde mi esposo y yo ministramos durante unos diez años.
Ahora trabajo más de cerca con el ministerio de mujeres: un grupo en nuestro campus de Westside que se llama CEO: Christians Encouraging Other (en español sería: Cristianas Animado a Otras). También acompaño a mujeres mayores que asisten solas a la iglesia, así que tengo el privilegio de caminar junto a ellas también.
Y lo interesante de todo esto es que, al escuchar una variedad de luchas —descontento, un espíritu crítico, depresión, ansiedad, enojo—, hay muchas cosas ante las que probablemente dirías: «Sí, esa soy yo». Pero parece haber algo en común: al menos parte del problema es una desconexión real entre lo que uno espera que suceda y la realidad, y no saber cómo manejar eso.
Estoy empezando a darme cuenta de que, en términos de consejería, muchos de los motivos por los que buscan ayuda, la razón por la que alguien llama y dice: «¡Ayúdame!» —…nunca he tenido a alguien que me llame diciendo: «Ayúdame, porque mis expectativas no coinciden con mi realidad y no sé cómo manejar eso bíblicamente».
En cambio, llaman y dicen: «Estoy enojada todo el tiempo», o «estoy deprimida», o lo que sea. Pero muchas veces, cuando llegamos a la raíz del asunto, lo que realmente están preguntando es: «¿Cómo aprendo a vivir bien con anhelos no satisfechos? ¿Qué hago cuando las circunstancias no resultan como esperaba?». Eso suele manifestarse en frases que quizá reconozcas: nada es lo suficientemente bueno.
Entonces alguien pregunta: «¿Cómo estuvo el retiro?».
Y tú dices: «Bueno, me fue bien. Pero no fue todo lo que esperaba». Sea lo que sea que pensabas que iba a ser, no fue TODO. Así que simplemente dices: «Bueno, estuvo bien».
Si una persona te pregunta: «¿Cómo te fue en la fiesta de cumpleaños?».
Tú le respondes: «Bueno, me fue bien» (pero la verdad es que te enfocaste más en las personas que no fueron que en las cuarenta que sí asistieron). Solo te limitas a decir: «Me fue bien».
Puede que en algún momento hayas dicho o escuchado: «Mis amigas no me entienden». La raíz de eso es: «¡Estoy buscando a alguien que me comprenda! Mis amigas simplemente no me entienden».
«Mi esposo no me entiende. Mi jefe no me valora. Estoy tratando de hacer lo que Dios dice…». Este último es un comentario interesante porque lo escucho mucho y lo entiendo. Pero, cuando lo piensas detenidamente, es algo irracional pensar: «Estoy tratando de hacer lo que Dios dice, pero no está funcionando». Bueno, ¿qué pensaste que pasaría?
Suelo escuchar a menudo de muchas mujeres: «No encajo. No pertenezco». Y también escucho bastante: «¡Me merezco más!».
Y la lista sigue y sigue… Lo que quiero sugerirte es que consideres que parte de lo que impulsa todo esto es que tenemos expectativas para nuestra vida… que simplemente no se cumplen.
Así que quiero preguntarte algo: ¿Cuáles son algunas de las expectativas típicas que solemos tener? No estoy hablando de cosas malas o pecaminosas, sino de esas cosas que simplemente esperamos que ocurran en nuestra vida.
Mujer 1: Mis hijos van a obedecer todo lo que les diga.
Janet: ¡Exactamente! Porque «yo amo a Jesús y los estoy criando bien, así que mis hijos me van a obedecer. Se levantarán y me llamarán bienaventurada desde los tres años. ¿Por qué no sucedería? Estoy haciendo lo correcto; por lo tanto, ellos también lo harán».
Eso es lo que esperamos, y cuando no sucede, ¡es como si todo se saliera de control!
¿Qué más podríamos esperar?
Mujer 2: ¡Mi esposo llenará todas mis necesidades!
Janet: «Mi esposo llenará mis necesidades… ¡Porque se supone que debe hacerlo! Él es la persona que Dios diseñó para mí, así que, si él está haciendo bien su trabajo, yo no tendré ningún anhelo insatisfecho, porque él va a suplir todas mis necesidades».
¿Qué más esperamos?
Mujer 3: Mis hijos siempre comerán lo que yo cocine.
Janet: «Mis hijos comerán lo que yo cocine y además les gustará, porque es bueno para ellos». ¿Qué más?
Mujer 4: La gente siempre será amable.
Janet: «La gente será amable conmigo, porque yo siempre soy amable, ¿verdad? Entonces, ¿por qué no lo serían conmigo? ¡Me lo merezco! Yo soy amable contigo, así que tú debes ser amable conmigo». Eso es lo que esperamos, y luego, cuando decimos «gracias» y no nos responden de buena manera, es como si me dijeran: «¿¡Me estás hablando a mí?!». ¡No es lo que esperamos!
Mujer 5: Buena salud constante.
Janet: Sí, salud. Recuerdo la primera vez que me di cuenta de que los médicos no pueden curarlo todo. Porque, siendo sinceras, uno espera lo siguiente: «Me duele algo. Voy al médico. Me curan, pero la recuperación quizás tome un día o tal vez una semana, y si es algo serio, puede que tome un mes, pero me curarán». De pronto te das cuenta de que «¡Uy! Puede que no me sane…». Sin embargo, lo que realmente esperamos es: «Estoy haciendo la voluntad de Dios. Estoy haciendo lo correcto, así que mi cuerpo estará sano y podré servir mucho más».
¿Qué más podemos esperar?
Mujer 6: «¡Voy a ser feliz!».
Janet: «¡Voy a ser feliz!». Ciertamente, eso es algo que esperamos. ¿Quién planifica su vida y piensa: ¡Probablemente será bastante mala! ¿Quién hace eso? ¡La verdad es que me preocuparía más si lo hicieras! Pero tampoco estoy diciendo que deberías pensar así… ¡No lo hagas! Eso no es lo que estoy diciendo. Sin embargo, tristemente pensamos: «Sí, voy a ser feliz»… y luego pasan cosas.
¿Qué mas?
Mujer 7: ¡Si no como ciertas cosas, voy a bajar de peso!
Janet: ¡Sí, eso es cruel! Pero realmente decimos: «Si no como ciertas cosas, perderé peso. Así que podré controlar cómo me veo físicamente y siempre voy a verme como quiero porque puedo hacer que eso suceda. Simplemente sucederá».
Mujer 8: ¡Leemos la Biblia y esperamos que nuestra vida espiritual mejore al instante!
Janet: «Voy a leer la Biblia y tendré una vida espiritual increíblemente floreciente que siempre será buena y me hará sentir satisfecha». Nuestra lista podría continuar y espero que te hayas dado cuenta de que estas no son cosas malas.
Déjame mencionarte una expectativa más que tengo anotada: «Voy a tener un trabajo que ame, que me apasione, ¡y voy a cambiar el mundo!». Y luego ese trabajo termina siendo algo común, repetitivo, poco visible, que no se parece en nada a lo que imaginaste. Pero, ¡aun eso sigue teniendo valor! El problema viene cuando nuestra mente dice: «Eso no es lo que esperaba. Yo esperaba ser —lo que sea que eso signifique para ti— y cambiar el mundo». Cosas que simplemente damos por hecho.
«Voy a encontrar una pareja. Voy a encontrar a mi alma gemela, ya sea un amigo o un esposo». En la serie de libros Ana de las Tejas Verdes, a eso se le llama tu «amigo del alma». Tienes que tener un «amigo del alma». Pero, ¿para qué exactamente? Bueno, yo diría que es un intento de satisfacer los anhelos insatisfechos. Decimos: «¡Tengo que encontrar al indicado!».
En el fondo, lo que estamos diciendo es: «Espero estar satisfecha, realizada y contenta. ¡No pido demasiado! No pedí ser millonaria, pero creo que eso es lo que espero». Y ni siquiera lo pensamos detenidamente. No es que estemos diciéndole al Señor conscientemente: «He hecho esto por Ti, así que Tú deberías hacer esto por mí».Pero tristemente, en el fondo eso es lo que pensamos: Si hago esto, entonces esto es lo que va a pasar.
Y creo que esto se manifiesta de manera distinta en hombres y mujeres. Me imagino que todos luchamos con eso porque, siendo honestos, todos lidiamos con anhelos insatisfechos; simplemente se manifiestan de formas diferentes. Y pienso que eso podría deberse, en parte, a cómo fuimos diseñados en nuestras relaciones. Dios nos creó para relacionarnos, para acompañarnos y ayudarnos, y eso hace que esperemos encontrar nuestra plenitud, principalmente, en las relaciones. Ya sea con un esposo o con un mejor amigo. Sea lo que sea, es lo que solemos hacer.
Creo que eso podría explicar por qué las niñas (y yo tengo un niño y una niña) están tan desesperadas por tener una mejor amiga. ¿Sabías que tres niños pueden ser amigos? Es una noticia impactante. ¿Pero sabías que tres niñas no pueden? Dos quedan dentro, una queda fuera… y luego vamos turnándonos quién es la excluida.
Cuando era pequeña, yo siempre era una de las dos que quedaba excluida y pensaba: «¿Cómo es que ella es la que queda dentro? ¡No lo entiendo!». Pero siempre había una que estaba dentro, y mi amiga Kim y yo nos turnábamos a ver a cuál de las dos le tocaba quedar fuera. Definitivamente, esa dinámica no suele funcionar muy bien entre tres niñas.
Las chicas compran un collar, que viene en dos mitades, y dicen: «Tú usas una mitad y yo la otra, y juntas somos una sola», ¿verdad? ¿Por qué hacemos eso? ¡Necesito saberlo! Admito que tuve uno de esos collares. Yo diría que esa es parte de la razón por la que las niñas buscan con tanta intensidad sentirse parte de alguien o de un grupo… y lo sé, los hombres también tienen sus luchas, porque todos estamos tratando de descifrar esto, pero en las niñas suele manifestarse de una manera distinta.
Las chicas no suelen hacer cosas solas porque no quieren que nadie piense que están solas. Tienen una tendencia a formar grupos cerrados.
Los celos surgen cuando, luego de que compartes un collar con una amiga, ves que ella está hablando con otra y dices: «¡Um, disculpa! Tú no compartes un collar con mi amiga, ¡pero yo sí!».
A medida que crecemos, tratamos de ser más sutiles, pero seguimos haciendo lo mismo. Solo procuramos no ser tan obvias. Podemos aprender mucho de los niños, porque ellos reflejan con claridad lo que hay en el corazón; simplemente lo expresan sin filtros. Por eso creo que ahí vemos una parte importante de lo que está ocurriendo. De verdad lo creo.
En cuanto a los hombres, ellos suelen buscar esto en sus logros. Y no estoy diciendo que las mujeres no busquemos valor en los logros, ni que los hombres no lo busquen en las relaciones; pero, en términos generales, suele ser el énfasis principal de cada uno.
Y quiero sugerir algo: cuando no tenemos aquello que creemos que nos va a dar plenitud, empezamos a aferrarnos desesperadamente a eso que pensamos que nos va a satisfacer.
Pero yo digo que es peor de ahí. Porque, cuando obtienes aquello que creías que te iba a dar plenitud, ¿qué sucede cuando descubres que aun así no te satisface? ¡Eso es aún más desalentador! Al menos, mientras lo estabas persiguiendo, tenías algo que hacer, ¿verdad? Y ahora es como decir: «Bueno… eso no funcionó». Así que sigue sin ser suficiente.
Mi esposo y yo vivimos y ministramos en la Universidad de Purdue, en Indianápolis. Allí fui consejera de una casa cooperativa cristiana para chicas. No sé qué tan comunes sean las casas cooperativas; yo diría que son algo parecido a una fraternidad… aunque no exactamente. Ellas mismas se encargan de todo: administran la casa, hacen la limpieza, cocinan. Hacen absolutamente todo, viven de manera cooperativa y es una casa cristiana.
Allí viven entre treinta y dos y treinta y cuatro chicas, así que rara vez estás sola. Es una casa grande y antigua. Todas duermen en una habitación llamada el Dormitorio de Aire Frío en camarotes. Se llama así porque no hay calefacción y las ventanas están abiertas, para que nadie se enferme. O al menos eso es lo que dicen.
En invierno hace mucho frío, pero con tantas chicas viviendo juntas en una casa antigua, así se evitan hasta los gérmenes. Todas tienen una manta térmica y cada una tiene su propia alarma. Tratan de levantarse sin despertar a las otras treinta y dos chicas (o las que sean).
Además, también tienen habitaciones donde guardan sus cosas; hay de dos a cinco personas por habitación, por lo que es raro que estés sola allí.
Antes de ser consejera, mientras estaba en una de esas casas, una de las chicas se acercó a mí para contarme algo. Ella me dijo que estaba en una reunión de la casa —una reunión obligatoria—. Cada dos semanas, a menos que no puedas asistir físicamente, todas las chicas están en esta reunión, porque ellas están a cargo de la casa.
Bueno, en esa reunión, una de las chicas expresó su preocupación de que se había sentido sola y no amada en la casa. Y algo que me parece gracioso de todo esto es que mi esposo era el consejero de la casa de los chicos. Él me dijo: «¡Nunca hemos tenido esa conversación en la reunión del personal!».
Una vez más, ahí está la diferencia: ningún hombre jamás ha dicho: «Disculpen, pero no me siento amado en esta casa».
Mi esposo y yo estuvimos conversando sobre lo distintas que habían sido nuestras experiencias entre una casa cooperativa cristiana de hombres y una de mujeres. Ellos tenían sus propios problemas; simplemente eran diferentes.
Entonces, regresando a la historia de la chica que se me acercó, cuando eso sucedió, yo no estaba presente en ese momento, pero la respuesta que le dieron me pareció muy sabia. Otra chica le dijo: «Bueno, tengo curiosidad. Si alguien más se ha sentido así, por favor, que levante la mano». ¿Cuántas manos crees que se levantaron? ¡Todas! Ahora, ¿por qué crees que fue así?
Aquí tienes a treinta y dos o treinta y cuatro chicas en la misma etapa de la vida, que afirman conocer y amar a Jesús, que están buscando amistades y buscando una familia… y viven juntas. ¿Cuáles crees que eran sus expectativas? «¡Esto será increíble! Por primera vez en mi vida voy a tener treinta y dos hermanas, y vamos a hacer todo juntas y todo será maravilloso».
Había todo tipo de expectativas, y quedaron totalmente sorprendidas al darse cuenta de que se sentían solas y desanimadas. Y fíjate en algo: la primera manera en que interpretaron eso fue: «¡Me están haciendo sentir sola!». Eso es interesante. Yo sugeriría que eso es parte de nuestra realidad.
Lo mismo me pasó a mí. Ya dije que estuvimos a cargo del ministerio universitario durante mucho tiempo. Mis hijos saben que hay un par de áreas en las que probablemente no soy muy equilibrada, y en las que tengo expectativas muy altas para ellos. Una de ellas es que busquen acercarse a otras personas.
Esto era importante para mí porque yo en mi niñez, mi familia se mudaba cada dos o cuatro años mientras crecía, así que siempre era la nueva en los diferentes lugares. Hace un momento hablamos de lo cerrados que pueden ser los grupos entre las chicas, así que sé muy bien lo que se siente.
En una ocasión, estaba en séptimo grado, y mi familia y yo tuvimos que mudarnos a mitad del año escolar, en diciembre… No es muy divertido, ¿verdad? Séptimo grado; eso significó una nueva escuela y una nueva clase.
Una chica se me acercó y me dijo: «Disculpa, pero ese es mi asiento». Y no eran asientos asignados. Simplemente, ese era el lugar donde ella se sentaba. Así que tuve que levantarme e irme al fondo del salón. (Ella después se convirtió en mi mejor amiga, ¡y nunca le permití olvidarlo!).
Pero recuerdo ese primer día, en esa nueva escuela, teniendo que sentarme en el fondo del salón de clases. Esa fue mi experiencia y, además, yo no era para nada extrovertida. El temor al hombre me dominaba. Así que, si tú no me hablabas, yo tampoco te hablaba. Pasé un tiempo muy silencioso en mi vida.
Entonces, tomando esto en cuenta y considerando que mis hijos se mudaron una vez en diez meses, cuando estaban en preescolar y en primer grado, ellos aprendieron algunas cosas. Incluso, esa fue la primera vez que asistieron a una escuela dominical que no era «su» escuela dominical, —ya que su papá es pastor, por lo que conocían a todo el mundo—. Pero eso fue bueno para ellos, aunque realmente no lo recuerdan.
Así que mi mensaje para ellos era: «No tienen ni idea de lo que se siente ser el nuevo. Y no voy a esperar a que nos mudemos solo para que lo aprendan. Quiero pedirles que, cada semana después de la escuela dominical (y esto lo hice desde que aprendieron a hablar), quiero que me digan el nombre de la persona que conocieron, pero no puede ser alguien que ya conozcan o con quien hayan hablado la semana pasada. También quiero que me cuenten algo sobre esa persona y de qué manera la amaron».
Cada semana, mi pobre hija se subía al carro y decía: «Mamá, no me acuerdo de su nombre, pero sé a qué escuela iba, cuántos hermanos tiene, y…». Y yo le decía: «No te preocupes». Pero ellos sabían que eso era importante para mí.
Ahora, lleva esa experiencia al tiempo en que estábamos a cargo del ministerio universitario. Todavía me duele ver a alguien que no se acerca a otros. Yo sé cómo eso se siente. Así que les insistíamos a nuestros líderes diciéndoles: «Deben acercarse a las personas. No pueden quedarse sentados. Deben salir. Incluso los llamaremos para que nos cuenten cómo les va». Mi esposo Brent insistía en eso, y yo también.
En una ocasión, una chica nueva se me acercó y me preguntó: «¿Nos podríamos tomar juntas un café?». Lo coordinamos, salimos, y ella comenzó a contarme cuán sola se sentía. Ella era nueva y se sentía excluida. Las chicas que estaban en el grupo no la incluían. Y eran esas chicas amables que decían: «¡Me alegra conocerte! ¿Es tu primera vez aquí? ¡Qué bueno!».
Pero luego volvían a su conversación aparte: «Bueno, como te decía…». Y entonces, con mucha seguridad dicen: «Me acerqué a saludarla». Tengo que confesar que esa es una actitud que me exaspera.
Bueno, seguí escuchando a esta chica mientras nos tomábamos un café. Le decía todo lo que era verdad y correcto: «Dios está por encima de eso. ¿Qué te está enseñando Dios? Ahora que sabes cómo se siente, ve y sé la que ayude a los demás. Mira a tu alrededor. No eres la única. ¿Por qué crees que Dios permitiría eso? No eres una víctima. Dios sabe lo que hace».
Cuando terminamos nuestra conversación y nos despedimos, me fui de allí pensando: ¡No puedo creer la actitud de esas chicas! Luego, la semana siguiente, recibí una llamada de una de las chicas que eran parte del grupo. Ella me dijo: «¿Podemos juntarnos? Necesito hablar contigo de algo».
Le dije: «¡Por supuesto! Me encantaría pasar tiempo contigo». Así que nos juntamos en un café y ella comenzó a decirme: «Me siento tan excluida».
Y yo le digo: «¿En serio?».
«Sí… Sé que tengo que manejarlo mejor, pero es como si entraras en un lugar y sientes que no encajas. No estás “dentro”».
Yo la miré y le dije: «¿Y quién crees que está “dentro”?». ¡Ella nombró a la otra chica con la que me había reunido antes!
Y yo le dije: «¿Estás hablando en serio?». Y, por supuesto, no les dije a ninguna de las dos chicas que había hablado con la otra; hacer eso no está bien. Así que le di el mismo consejo: «Tienes que acercarte a otras personas».
Cuando llegué a casa ese día, le dije a Brent: «¡No me lo vas a creer!».
Y él me dijo: «¿Qué cosa?».
Y yo dije: «¡Nadie está “dentro” del grupo!. Yo pensaba que había un grupo de personas “dentro” y un grupo de personas “fuera”, y sabes que me enojaba estar siempre “fuera”. Pero Brent, ¿sabías que no hay nadie que esté “dentro”?».
Brent me miró y me dijo: «Ajá…». Él me dio esa respuesta porque los hombres no suelen pensar así. Ellos simplemente dicen: «Pásame las papas fritas». Así que eso no significaba tanto, pero para mí fue algo totalmente revelador reconocer esto: «Nadie está “dentro”».
Me imagino que muchas personas que me escuchan hoy dirían: «No siento que esté “dentro” del grupo». Bueno, quiero que entiendas que eso está bien. Entonces, ¿cuál es el problema? Yo diría que el principal problema es creer la mentira de que no se supone que tengamos anhelos insatisfechos y que el objetivo es solucionarlo, y que deberíamos sentirnos «parte del grupo».
Pienso que lo que en realidad creemos es que: «Si estuviera donde se supone que debo estar espiritualmente, no me sentiría así. Jesús vino para darme plena satisfacción, así que no debería tener anhelos insatisfechos». Pero entonces nos sorprende que nos sintamos así, nos desanimamos y decidimos que estamos haciendo algo mal, o que el otro está haciendo algo mal, y que por eso nos sentimos así, porque, de otro modo, no sabemos lidiar con esto.
Entonces, ¿qué es lo que sí sabemos? Bueno, sabemos que Jesús vino a un mundo pecaminoso y malvado para darnos la única esperanza que podríamos tener. ¿Y cuál es esa esperanza? Bueno, definitivamente no es: «Si conozco a Cristo, me sentiré completamente satisfecha y realizada». Aunque debo decir que a veces actuamos así, y, de hecho, se lo decimos a otras personas.
Por ejemplo, yo me casé a los veintiocho años. Para algunas personas esa es una edad temprana para casarse, pero para otros no. Sin embargo, antes de casarme a esa edad, vi a muchas de mis amigas casarse. Incluso llegué a escuchar esta frase: «Si no estás satisfecha siendo soltera, no estarás satisfecha estando casada». Bueno, yo no estaba satisfecha cuando estaba soltera, y tampoco me siento satisfecha estando casada. Y por supuesto, estoy creciendo en contentamiento, aunque no estoy completamente satisfecha. No lo estaba antes, y no lo estoy ahora, y ni siquiera estoy segura de que ese fuera el objetivo.
Me decía a mí misma: «¡Date prisa! Alcanza el contentamiento por completo para que no quieras casarte, ¡y entonces Dios te dará un esposo!». ¡No! ¡Dios no es así! ¡Los esposos no son la recompensa por una espiritualidad asombrosa! Son instrumentos en las manos de Dios para que crezcamos en santidad, ¿verdad?
Entonces, ¿cuál es nuestra esperanza? Nuestra esperanza es: «¡Ahora puedo tener una relación con el Dios del universo y un día estaré con Él! ¡Y cuando lo esté, nunca experimentaré la soledad!». Esa es la esperanza.
Nancy: Qué recordatorio tan alentador hemos estado escuchando, para todas nosotras, ¡y me refiero a todas nosotras!, que lidiamos con anhelos insatisfechos. Hemos estado escuchando a Janet Aucoin hablar a un grupo de mujeres en el campamento del ministerio de Life Action. Mañana escucharemos más de su mensaje.
Y antes de cerrar el episodio de hoy, me gustaría compartir esto contigo. Cuando lees los Salmos, puedes darte cuenta de que David no era ajeno a los anhelos insatisfechos. Por ejemplo, en el Salmo 38:9, él ora y le dice: «Señor, todo mi anhelo está delante de Ti; y mi suspiro no te es oculto».
Este fue un tiempo en el que David estaba enfermo, se sentía solo y tenía miedo. Pero unos versículos más adelante, da un giro y expresa su dependencia del Único que puede satisfacer verdaderamente nuestros anhelos más profundos.
En el versículo 15, del mismo Salmo 38, él dice: «Porque en Ti espero, oh Señor; Tú responderás, Señor, Dios mío». Escucha, no sé qué estará anhelando tu corazón hoy. Tal vez sea el deseo de casarte, o de tener un mejor matrimonio, o de tener un hijo, o de conseguir un mejor trabajo.
Sea lo que sea, la respuesta definitiva a tus anhelos más profundos se encuentra en esperar en el Señor, como dijo David; en poner tu esperanza y tu confianza en el Señor del universo, tal como hemos escuchado de Janet Aucoin.
Así espero que te tomes un tiempo hoy para reflexionar sobre lo que has escuchado en este mensaje y puedas llevar tus anhelos insatisfechos a Cristo, reconociendo que quizá Él no los cumpla exactamente de la manera que esperabas o como tú lo habrías escrito. Pero ten la certeza de esto: si lo tienes a Él, tienes todo lo que necesitas para tu paz y gozo presentes.
Podemos compartir mensajes prácticos como este gracias a un grupo muy especial de oyentes que están tan comprometidos con este programa y con este ministerio que han decidido apoyar de manera constante: nuestro equipo de colaboradores mensuales. Estos amigos apoyan Aviva Nuestros Corazones cada mes para hacer posible este programa. Oran por nosotras y comparten este ministerio con otros. Los colaboradores mensuales realmente son parte de nuestra familia, y los mantenemos conectados con actualizaciones del ministerio.
Para obtener más detalles sobre cómo unirte a este equipo de colaboradores mensuales y algunas de las formas en que nos conectamos contigo, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com.
Y amada, quiero recordarte que ya tenemos fecha para nuestra próxima conferencia.
Este 13 y 14 de noviembre de 2026, en Miami, Florida, celebraremos Mujer Verdadera’26: «Preparen camino al Señor». La esperanza de que Cristo regresará por Su iglesia cambia la manera en que vivimos hoy. Y mientras esperamos, es bueno responder juntas al llamado que nos hace Dios de vivir con fidelidad.
Así que separa la fecha para celebrar esta conferencia con nosotras. La libertad en Cristo se vive en comunidad, perseverando juntas en la fe y en la obediencia gozosa. Para más información, visita MujerVerdadera26.com.
Nancy: ¿Alguna vez has sentido un anhelo tan profundo en tu corazón que solo puedes clamar? Si es así, estás en buena compañía, según la Biblia. Mañana, Janet Aucoin señalará algo positivo acerca de nuestras expectativas no cumplidas.
Janet: Nuestros anhelos nos recuerdan que no fuimos diseñadas para encontrar nuestra plenitud en un mundo caído, separadas de nuestro Creador.
Débora: Escucha más sobre eso mañana aquí, en Aviva Nuestros Corazones.
Recordándote la hermosura de un corazón satisfecho en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
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