Apartados para servirle
Débora: Nancy DeMoss Wolgemuth aborda la labor ministerial con humildad.
Nancy DeMoss Wolgemuth: No me pertenezco. Soy una sierva del Señor. He sido llamada, escogida y designada por Él. Esta es Su obra, no la mía. No trabajo para Aviva Nuestros Corazones. Primero sirvo al Señor y, luego, a través de Aviva Nuestros Corazones, tengo el privilegio de servir al Señor.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro «Escoge agradecer», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 7 de enero de 2026.
¿Alguna vez te has preguntado cómo es trabajar en Aviva Nuestros Corazones? Si es así, hoy es el día, porque vas a poder echar un vistazo tras bastidores.
Vamos a escuchar la primera parte de un mensaje que Nancy dio en nuestra reunión de personal en el año 2024. No tengo …
Débora: Nancy DeMoss Wolgemuth aborda la labor ministerial con humildad.
Nancy DeMoss Wolgemuth: No me pertenezco. Soy una sierva del Señor. He sido llamada, escogida y designada por Él. Esta es Su obra, no la mía. No trabajo para Aviva Nuestros Corazones. Primero sirvo al Señor y, luego, a través de Aviva Nuestros Corazones, tengo el privilegio de servir al Señor.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro «Escoge agradecer», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 7 de enero de 2026.
¿Alguna vez te has preguntado cómo es trabajar en Aviva Nuestros Corazones? Si es así, hoy es el día, porque vas a poder echar un vistazo tras bastidores.
Vamos a escuchar la primera parte de un mensaje que Nancy dio en nuestra reunión de personal en el año 2024. No tengo ninguna duda de que todos nuestros oyentes que tienen un corazón para la obra del ministerio se sentirán profundamente animados por lo que ella dijo.
En ese momento, Nancy estaba estudiando el libro de Números y descubrió que dedicarse al ministerio vocacional es muy parecido a ser un levita. Y aunque quizás no te dediques al ministerio vocacional, puedes estar sirviendo en tu iglesia, en tu hogar, en tu comunidad, así que estas verdades también se aplican a ti.
Ahora bien, ¿qué significa que somos levitas modernos? Nancy nos lo explica con más detalle.
Nancy: Hoy es un día especial para mí por varias razones. En primer lugar, Robert y yo cumplimos nuestro aniversario mensual número 102. Nosotros contamos los meses. Me parecía muy divertido hasta que mis habilidades matemáticas dejaron de ser suficientes. Ahora necesito ayuda para llevar la cuenta. Así que hace ciento dos meses que dijimos «Sí, acepto». Y seguimos haciéndolo todos los días.
Hoy, al llegar aquí, me di cuenta de que olvidé ponerme mi anillo de boda al salir de casa. Le dije a Robert: «Cariño, lo siento mucho… y justo en nuestro aniversario… ¿Cómo se me pudo olvidar?». Hoy es un día especial para nosotros.
Pero hay otra razón aún más especial para mí. Y es que hoy hace sesenta y un años, el 14 de mayo de 1963, el Señor me encontró cuando era una niña de cuatro años que se preparaba para dormir la siesta en su habitación. El Espíritu de Dios atrajo mi corazón hacia Cristo.
Yo no conocía todas las Escrituras. No conocía todos los términos teológicos, y todavía estoy aprendiendo estas cosas. Pero sabía que Él estaba atrayendo mi corazón, que me había escogido y que quería que le dijera «sí» a Él. Y por la gracia de Dios, así lo hice. Nunca podré agradecerle lo suficiente. Nunca he superado la maravilla de que Él me haya escogido, y espero no hacerlo nunca. «Gracias, Señor, estoy muy, muy agradecida».
Y tengo que decirles que no pasó mucho tiempo en mi infancia, ni mucho después de mi salvación, cuando tuve la fuerte sensación de que el Señor me había apartado para servirle. No tenía ni idea de cómo sería eso. No tenía ni idea de lo que significaría. Nunca podría haber imaginado lo que estamos viendo hoy. Pero sabía que Dios no solo me había escogido para salvarme, sino que me había escogido para servirle. He encontrado un gran, gran gozo y alegría en ese llamado. No podría estar más agradecida por eso.
Y bueno, en ese contexto, hay un grupo especial de siervos en las Escrituras que siempre he admirado. He estado pensando en ellos recientemente mientras enseñaba los libros de Levítico y Números.
Ellos se destacan en el Antiguo Testamento, pero pienso que prefiguran algo de lo que significa ser un siervo de Cristo en el Nuevo Testamento. Así que hoy quiero tomarme unos momentos para mirar a estos siervos del Antiguo Testamento y, mientras lo hacemos, pidámosle al Señor que nos recuerde Su llamado en la vida de cada uno de nosotros. Creo que el ejemplo de los Levitas los animará, tal como me ha animado a mí.
Así que, acompáñenme al libro de Números, capítulo 1. Mientras estudiaba este libro para enseñarlo recientemente, le decía a Robert: «No soy muy buena con los números». Tenemos personas en otros departamentos que se dedican a los números. Pero durante las últimas semanas, he estado estudiando Números. No sé si soy buena con los números, pero Números ha sido muy bueno para mí. Entonces, Números, capítulo 1, comenzando en el versículo 1:
«El Señor habló a Moisés en el desierto de Sinaí, en la tienda de reunión, el primer día del mes segundo, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto y le dijo: “Haz un censo de toda la congregación de los israelitas por sus familias…”». (vv. 1-2)
Luego continúa diciendo que a Moisés se le ordenó que contara a todos los hombres adultos de veinte años o más. Estos eran los hombres aptos para el servicio militar, porque se les necesitaría cuando entraran en la Tierra Prometida. Se contaron por tribus. Y en Números capítulo 1, se enumeran las tribus, muchos de los nombres y el número de hombres en edad militar de esas tribus. Ahora mira al versículo 47:
«…fueron en total 603,550. [Creo que Dios le da importancia a los números] Pero los levitas no fueron enumerados con ellos según la tribu de sus padres. Porque el Señor le había dicho a Moisés: “Solamente la tribu de Leví no enumerarás, ni los contarás con los israelitas…”» (vv. 46-49).
Leví era uno de los doce hijos de Jacob. Y Dios dijo: «Cuenta todas las demás tribus, todos los hombres en edad militar, pero no cuentes a los hombres de la tribu de Leví». Y hoy vamos a hablar de la tribu de Leví, y de por qué Dios los apartó de esta manera, y de por qué no fueron contados. No vamos a recorrer todo el Antiguo Testamento, ya que se habla mucho de ellos en él.
Pero hoy quiero concentrarme brevemente, en primer lugar, en el llamado de los levitas. Luego, en su preparación para el servicio, veremos también sus privilegios y responsabilidades. Y, por último, en el peligro que corrían. Repasaremos cada uno de estos aspectos brevemente.
En primer lugar, su llamado. Veamos el siguiente versículo del capítulo 1, versículo 50:
«…pondrás a los levitas a cargo del tabernáculo del testimonio, de todos sus utensilios y de todo lo que le pertenece».
Vamos a detenernos aquí un momento. En el libro de Números veremos que estos levitas no se designaron a sí mismos. No se escogieron a sí mismos, sino que fueron designados y escogidos por Dios. Algunos comentaristas creen que la elección de los levitas por parte de Dios pudo estar relacionada con el hecho de que, tras el incidente del becerro de oro en el capítulo 32 de Éxodo, fueron los levitas quienes se mantuvieron fieles en la defensa de la santidad de Dios.
Así que tal vez Dios sabía, bueno, no tal vez, Dios sabía que ellos serían valientes y audaces, incluso ante la idolatría en los días venideros. Lo que sí sabemos es que los levitas fueron apartados para servir al Señor y a Su pueblo.
Esta semana vi en Twitter, también conocido como X, una cita de Paul Tripp que me llamó la atención mientras pensaba en los levitas. La cita decía:
«Dios llama a todos Sus hijos a Su servicio. Ese llamado es uno de Sus medios para rescatarte de tu esclavitud hacia ti mismo, para que experimentes la enorme y continua bendición de vivir para algo más grande que tú».
Ese es el llamado de cada hijo de Dios. En el Nuevo Testamento se nos dice que todos los creyentes somos sacerdotes para Dios, siervos del Señor. Pero al igual que los levitas, a la mayoría de los que estamos reunidos aquí se nos ha concedido un privilegio adicional: ser apartados para lo que a veces llamamos el servicio vocacional del Señor. Y esto, por cierto, es una de las cosas que buscamos en los futuros integrantes del personal. Queremos personas que tengan el sentido de que lo que vienen a hacer aquí no es solo un trabajo. No es principalmente por un salario. Es ante todo un llamado a servir al Señor, un llamado para ser apartados.
Entonces, los levitas fueron llamados y designados por el Señor. Ahora veamos su preparación. Para los levitas, se trataba de un llamado sagrado para servir a un Dios santo, por lo que tenían que estar preparados para llevar a cabo este llamado. Veamos el capítulo 8 del libro de Números, a partir del versículo 5.
«De nuevo el Señor habló a Moisés y le dijo: “Toma de entre los israelitas a los levitas y purifícalos… [Versículo 9:] Y harás que se acerquen los levitas delante de la tienda de reunión. Reunirás también a toda la congregación de los israelitas, y presentarás a los levitas delante del Señor [purifícalos y luego preséntalos delante del Señor]; y los israelitas pondrán sus manos sobre los levitas. Entonces Aarón presentará a los levitas delante del Señor, como ofrenda mecida de los israelitas, para que ellos puedan cumplir el ministerio del Señor…”.
[Versículo 21. Aquí se repite lo mismo, pero con una ligera diferencia.] Los levitas se purificaron a sí mismos de pecados, y lavaron sus ropas; y Aarón los presentó como ofrenda mecida delante del Señor. También Aarón hizo expiación por ellos para purificarlos. Entonces, después de eso [¿Después de qué? Después de que fueron purificados y presentados como ofrenda al Señor, después de eso] los levitas entraron para cumplir su ministerio en la tienda de reunión delante de Aarón y delante de sus hijos».
Entonces ellos fueron limpiados y purificados, y luego consagrados y presentados al Señor. El orden en que sucedieron estas cosas es importante. Primero fueron limpiados y purificados, luego consagrados y presentados, y solo entonces se pusieron a trabajar para el Señor.
Cada vez que leo el capítulo 8 del libro de Números, recuerdo que, antes de abordar cualquier tarea o trabajo que Dios me haya encomendado, primero debo lavar mi corazón en Su Palabra. Necesito ofrecer mi vida de nuevo a Él, como un sacrificio, una ofrenda presentada ante Él.
Y cuando esas cosas suceden, antes de hacer nuestro trabajo, cuando estamos limpios, purificados y consagrados, presentados, entonces el trabajo cotidiano común… Ahora, no importa cuál sea tu trabajo en este ministerio; hay muchos aspectos en los que los trabajos de todos nosotros no son. Pero el trabajo cotidiano común se convierte en trabajo santo. Se vuelve aceptable para Dios y una bendición para los demás.
Tengo un cuadrito en mi estudio que tiene mi versículo favorito, Lucas 1:38, y la primera parte dice: «Aquí tienes a la sierva del Señor». Necesito ese recordatorio todos los días de mi vida. Antes de estudiar, antes de escribir, antes de encender mi computadora portátil, necesito recordar que no me pertenezco. Soy una sierva del Señor. He sido llamada, escogida y designada por Él. Esta es Su obra, no la mía.
No trabajo para Aviva Nuestros Corazones. Primero sirvo al Señor y luego, a través de Aviva Nuestros Corazones, tengo el privilegio de servir al Señor. Es un recordatorio muy importante para todos los que trabajamos. Primero: purificados y presentados. Luego: actuamos y hacemos nuestro trabajo.
Entonces, ya vimos el llamado de los levitas, la preparación de los levitas para el servicio y ahora vamos a ver los privilegios de los levitas. Me gustaría destacar dos de ellos que se encuentran en el libro de Números. En primer lugar, volviendo al capítulo 1, versículo 53 (y aquí voy a ir un poco más adelante en el capítulo), dice:
«Pero los levitas acamparán alrededor del tabernáculo del testimonio…».
El privilegio de estar cerca, de la proximidad, a la gloria de Dios. Necesitaba una «P» aquí, así que esa palabra encaja perfectamente. Uno de los privilegios de los levitas era la proximidad, la cercanía a la gloria de Dios.
Y quizás te preguntes: «¿De dónde sacas eso?». Bueno, el tabernáculo estaba instalado en medio del campamento. Recuerda que estamos hablando de dos o tres millones de personas, incluyendo adultos y niños. Así que se trata de un campamento enorme. No es un pequeño parque de campistas.
Y justo en el centro, justo en medio del campamento, estaba el tabernáculo, donde la presencia de Dios, Su gloria shekinah, donde Él tenía Su morada en medio de Su pueblo. Dios estaba en el centro de todo: en su adoración, pero también en su vida cotidiana. Todo lo que hacían estaba relacionado con el tabernáculo. Y como Su pueblo hoy, quiero seguir recordándonos que la presencia de Dios debe estar en el centro de nuestras vidas y en el centro de todo lo que hacemos.
Entonces los sacerdotes y los levitas acamparon inmediatamente alrededor de los cuatro lados del tabernáculo. Esto lo podemos ver en el capítulo 3; no voy a leerlo. Pero aquí tenemos el tabernáculo, este edificio largo y rectangular. Y alrededor de los cuatro lados acampaban en sus tiendas, ya que iban a pasar cuarenta años en ellas.
Cada vez que se trasladaba el tabernáculo, volvían a colocarse en el mismo orden. Los sacerdotes y los levitas acampaban inmediatamente alrededor del tabernáculo, y luego todas las demás tribus, todo el pueblo, hombres, mujeres y niños, acampaban alrededor de los levitas y los sacerdotes. Piensa en el increíble privilegio que era esto. Algunas personas vivían muy lejos del tabernáculo. Pero los levitas vivían justo al lado de la presencia de Dios.
Qué privilegio tan increíble es para nosotros, como siervos del Señor, una especie de levitas del Nuevo Testamento, por así decirlo, tener un asiento en primera fila para ver a Dios obrando entre Su pueblo. No queremos que eso se vuelva algo habitual. No queremos perder nunca la maravilla de lo que significa estar cerca de la gloria de Dios.
Pero había otro privilegio que ellos tenían, y era la provisión de la mano de Dios. La provisión de la mano de Dios. Cada tribu recibía una porción de tierra como herencia. Así era como se sustentaban. La tierra lo era todo en aquella economía, y lo seguiría siendo cuando entraran en la Tierra Prometida. Así era como se ganaban la vida. Así era como se alimentaban y se abastecían.
Cada persona de cada familia, de cada tribu, tenía una porción de tierra, una herencia que recibían. Todos, excepto los levitas. Lee conmigo, Números capítulo 18, versículo 20.
«Entonces el Señor dijo a Aarón: “No tendrás heredad en su tierra, ni tendrás posesión entre ellos [hablando de los levitas, porque Aarón era de la tribu de Leví. Dios le dijo que no habría parte para los levitas, ni la que corresponde al resto del pueblo. Pero fíjate en esto:] Yo soy tu porción y tu herencia entre los israelitas”».
Los levitas eran sostenidos por Dios mismo. Todos ellos eran sostenidos por Dios, porque Él era quien hacía que sus tierras fueran productivas, y lo seguiría haciendo cuando llegaran a la Tierra Prometida. Él haría que la tierra diera fruto, pero de manera directa Dios proveía para los levitas. Ellos eran sostenidos por Él. Confiaban en Él para su provisión y su sustento. ¿Y cómo sucedía eso? Bueno en la práctica, recordemos que eran sostenidos por los diezmos y ofrendas del pueblo.
El pueblo daba, ofrendaba. Había múltiples diezmos que se daban en diferentes épocas del año por diferentes razones, pero la mayor parte de esos diezmos y ofrendas se destinaban a sostener el trabajo de los levitas. Ahora, no pensemos que los levitas solo recibían esos diezmos y ofrendas, el libro de Números también nos dice que los levitas daban el diezmo de lo que recibían. Ellos también debían ser dadores. Y me encanta ver cómo nuestro personal no solo recibe un salario por su trabajo, sino que muchos sirven como voluntarios, y también son dadores. Y así es como debe ser.
Entonces, Dios proveyó para que sus necesidades fueran satisfechas, sus necesidades prácticas, cómo vivir, cómo subsistir. Pero Dios también les proporcionó todo lo que necesitaban, todos los recursos que necesitaban para hacer el trabajo que les había asignado.
Por ejemplo, en el capítulo 7, una de las familias de los levitas, uno de los linajes familiares, era responsable de transportar el tabernáculo. Cuando lo desmontaban, se adentraban en el desierto y necesitaban carros y bueyes. El capítulo 7 explica cómo Dios proporcionaba a través de su pueblo los suministros y recursos necesarios para llevar a cabo su trabajo.
Cuando leo esto, me siento tan agradecida por todos aquellos que dan para hacer posible este ministerio. Ellos hacen posible que seamos levitas en cierto sentido: servir al Señor, recibir su provisión, tener los recursos para llevar a cabo este ministerio. Dios provee a través de Su pueblo todo lo necesario para que hagamos la obra del ministerio. A veces, cuando sentimos que los recursos personales o para el ministerio son escasos, podemos recordar que podemos confiar en que Dios proveerá todo lo necesario.
Entonces, sus privilegios eran la proximidad a la gloria de Dios, justo al lado del tabernáculo, y luego la provisión de la mano de Dios. Ahora, ellos también tenían responsabilidades. Vamos a enfocarnos en ellas por un momento. Mira el versículo 50 de Números capítulo 1. Dice:
«…pondrás a los levitas a cargo del tabernáculo del testimonio, de todos sus utensilios y de todo lo que le pertenece. Ellos llevarán el tabernáculo y todos sus utensilios, y lo cuidarán; además, acamparán alrededor del tabernáculo. Y cuando el tabernáculo haya de ser trasladado, los levitas lo desarmarán; y cuando el tabernáculo acampe, los levitas lo armarán» (vv. 50-51).
Esto es acampar de forma permanente, acampar al aire libre. Ahora vayamos al capítulo 4 del libro de Números. Hay muchos más pasajes en el libro de Números que hablan de las responsabilidades específicas de los levitas. Pero lo que vemos en el capítulo 4 es que había tres linajes, tres familias en la tribu de Leví. Cada uno de esos linajes familiares tenía un conjunto distinto y específico de tareas y responsabilidades. Ellos no escogían el trabajo que les tocaba.
Ellos no decían: «Bueno, hice esta prueba y descubrí que soy más adecuado para esto, o para trabajar en este tipo de equipo». No estoy diciendo que eso esté mal, pero en este caso, no tenían elección… y nadie más tenía elección. Dios decía: «Si perteneces a este linaje, al linaje de Gersón, de Coat o de Merari, harás lo que hace ese linaje».
A medida que leemos el libro de Números, encontramos más información sobre estas tareas. Te acabo de leer un resumen al final del capítulo 1. Podríamos considerar que la mayoría de estas tareas eran menores, rutinarias, humildes y poco emocionantes.
Durante la era del tabernáculo, hasta que llegaron a la Tierra Prometida, sus tareas consistían en transportar, limpiar, mover y empaquetar cosas. Eso era prácticamente todo. No estaban allí para construir su plataforma, ni para mejorar su currículum, ni para obtener mayor visibilidad. Ellos estaban allí para servir. Y eso es lo que hacían, lo que nosotros consideraríamos, quizás responsabilidades realmente insignificantes.
No voy a detenerme a leer todo el capítulo 4, pero quiero señalarles que hay algunas palabras que se repiten. Siempre busquen las palabras y frases que se repiten cuando estudien las Escrituras. Y hay palabras, hay algunas, que se repiten muchas veces en el capítulo 4. En particular, la palabra «trabajo», dependiendo de la versión que estés leyendo, aparece tres veces. La palabra «servicio» aparece ocho veces. La palabra «asignar» o «responsable» o «responsabilidad» aparece unas cuatro veces. «Deber» o «hacer» aparece cuatro veces.
Miren el versículo 19 del capítulo 4; y voy a leerte de la Nueva Versión Internacional. Dice:
«…Aarón y sus hijos asignarán a cada uno lo que deba hacer y transportar».
La tarea de transportar es una palabra que debe ser difícil de traducir porque la mayoría de las versiones la traducen de manera diferente. En la Nueva Biblia de Las Américas se traduce como «su carga». Estas eran personas que transportaban las diferentes partes del tabernáculo de un lugar a otro. Tenían la tarea de transportar, o llevar una carga. Esa palabra hebrea se utiliza seis veces en este capítulo.
Aparece traducida como «carga», «llevar cargas» o «transportar algo». A veces, cuando vemos la palabra «transportar», pensamos en llevar algo pesado, una carga. Si lees el versículo 24, te darás cuenta de que ellos servían y transportaban, llevaban cargas. Esa es la palabra.
Llevar cargas. Podemos imaginar cómo se balanceaban bajo el peso de estas piezas gigantescas. En los versículos 47 se habla del servicio de llevar cargas en la tienda de reunión. Y quizás te preguntes: «¿Por qué insistes en esto?». No parece muy divertido.
La verdad es que este capítulo ha sido un gran estímulo para mí en momentos de mi vida ministerial en los que me he sentido agobiada por el trabajo, las tareas y las responsabilidades del ministerio. Porque, sea cual sea el llamado de Dios para tu vida y para la mía, siempre implica trabajo, tareas, asignaciones, responsabilidades. Implica llevar cargas, soportar cargas. Y no siempre es fácil. Muchas veces son cargas difíciles, cargas pesadas.
Pero quiero que recordemos que, a pesar de todo, es un honor y un privilegio servir al Señor y a Su pueblo y llevar cargas en Su nombre. Cuando llevamos cargas, estamos haciendo lo que Dios quiere que hagamos, lo que Dios nos ha llamado a hacer. Esta semana estuve hablando con uno de los integrantes de nuestro equipo internacional, que trabaja en un área que sé que es difícil y que conlleva una gran responsabilidad. Y le dije: «Muchas gracias por lo que estás haciendo».
Y esa persona me dijo: «No me des las gracias. Es un privilegio. Es un placer».
Ahora sé que hay cargas asociadas con lo que hace esta persona. Sé que hay cargas asociadas con lo que tú haces y con lo que yo hago. Pero qué bueno es recordar que es un privilegio y un placer.
En el año 2000, justo antes de comenzar Aviva Nuestros Corazones, recibí una carta de mi pastor de la universidad. Habíamos intercambiado algunas cartas y la suya era una nota escrita a mano. Su nombre era Ray Ortlund. Él ahora está en el cielo.
Al final de la carta, me decía: «Sigue exhortándonos a todos a seguir a Cristo en tus escritos, ediciones y discursos, y regocíjate mientras lo haces. Es un gran privilegio que Dios te ha concedido». Guardé esa carta en un lugar visible cerca de mi escritorio durante muchos años.
No pude encontrarla, pero tenía una foto y la memoricé porque la he necesitado como recordatorio muchas veces. Sigue señalándonos a Cristo y regocíjate al hacerlo, porque es un gran privilegio que Dios te ha concedido.
Ahora, puede que pienses: ¿Por qué era un privilegio para los levitas? No tenían tierras propias. Tenían que depender de otros israelitas para ganarse la vida. Tenían todas esas tareas y responsabilidades día tras día, y hacían siempre lo mismo.
¿Por qué era un privilegio? Hoy estuve pensando en eso. ¿Su trabajo y el cumplimiento fiel de sus tareas día tras día fue lo que hizo posible que todo el resto del pueblo se acercara a Dios y adorara? Alguien tenía que hacerlo. Y los levitas fueron los designados por Dios para realizar estas tareas, para llevar a cabo estas responsabilidades, de modo que el pueblo de Dios pudiera acercarse y experimentar la realidad de la presencia de Dios y adorarlo. Yo digo que eso es un privilegio… incluso con las cargas.
Débora: Es realmente un privilegio. Esas fueron las palabras de Nancy DeMoss Wolgemuth en la reunión de personal de Aviva Nuestros Corazones del año 2024. Si te dedicas al ministerio vocacional, espero que te anime recordar que tu trabajo ayuda a otros a acercarse al Señor y adorarlo. ¡Qué honor ser parte de algo tan profundo!
Nuestras vidas no nos pertenecen. Pertenecen al Señor, y estamos llamados a presentarnos ante Él como un sacrificio vivo. ¡Estamos llamados a ser levitas modernos!
Nancy estableció esta conexión mientras profundizaba en el libro de Números. Y la razón por la que ha estado estudiando este libro y tantos otros es porque se está preparando para guiarnos a través de una nueva y emocionante serie aquí en Aviva Nuestros Corazones, esta serie será titulada «La maravilla de la Palabra». Como parte de una iniciativa de seis años, vamos a dedicar un año a repasar toda la Biblia, libro por libro, en una serie de 260 episodios diseñada para tener un impacto global y generacional. ¡Es un momento emocionante aquí en Aviva Nuestros Corazones! Nancy nos ayudará a acercarnos más al Señor, como lo hicieron los levitas. Y lo hará de la misma manera que lo ha hecho durante tantos años, invitándonos a abrir con ella la Palabra de Dios que transforma vidas.
Al igual que los Levitas dependían de las ofrendas del pueblo de Dios para vivir y cumplir el llamado del Señor en sus vidas, Nancy y el personal de Aviva Nuestros Corazones dependen de las ofrendas de oyentes como tu para continuar transmitiendo la Palabra de Dios a mujeres de todo el mundo. Amada, tu donación le permitirá a Aviva Nuestros Corazones seguir siendo fiel al llamado de Dios: invitar a las mujeres a experimentar libertad, plenitud y abundancia en Cristo.
¿Considerarías unirte a la misión a través de tu donación? Si vives en Estados Unidos o Canadá, cuando realices una donación este mes de enero, podrás obtener una copia del libro de Nancy titulado Quebrantamiento. Para hacer una donación visita AvivaNuestrosCorazones.com y haz clic en la pestaña «Donar».
Y bueno, sin más por el episodio de hoy, te invito a regresar con nosotras el día de mañana para escuchar la segunda parte del mensaje de Nancy en la reunión del personal. Hay más lecciones que podemos aprender de los levitas. ¡Te esperamos aquí, en Aviva Nuestros Corazones!
Llamando a las mujeres a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
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