Podcast Aviva Nuestros Corazones

El Dios de vida

Carmen Espaillat: Siendo una adolescente sin apoyo e ingresos, Angie descubrió al Dios que es Padre del huérfano.

Angie: no sabes cuando estás en esa situación, no sabes cuál va a ser el resultado, y es por eso que Dios es tan bueno. Necesitamos a Dios porque no conocemos el futuro, y Él es la razón por la cual estoy aquí sentada hoy frente a ti como una mujer cristiana.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Generalmente celebramos en el mes de enero la decisión de la Corte Suprema Roe v. Wade. Estamos contando la historia de una mujer en particular que fue afectada por esa decisión. Aquí está Nancy para seguir con esa historia.

Nancy Leigh DeMoss: Angie ha estado compartiendo con nosotras su historia de cómo Dios la encontró y la rescató a ella y a la criatura que ella estaba esperando, como resultado de las decisiones incorrectas de muchas personas y muchas cosas incorrectas a las que ella había sido expuesta y la obra del Enemigo de tratar de destruir la vida.

Él trató de destruir tu vida y trató de destruir la vida de tu hijo que todavía no había nacido pero Dios tenía otro plan para ti.

Angie: Así es.

Nancy: Él es un Dios de vida, y quiero agradecerte mucho por estar dispuesta a venir y compartir tu historia. Te decía mientras nos preparábamos para esta grabación, que por más que Satanás trató de tener dominio completo sobre tu vida, Dios ganó una victoria poderosa.

Cada vez que tú cuentas esta historia miras a los ojos de tu hijo BJ que ahora tiene seis años de edad, piensas como las cosas hubieran sido diferentes si hubieras entrado a la clínica de abortos en lugar del Centro de Cuidado Prenatal ese día en diciembre?

Angie: Tengo esta foto de él en mi mano, y no puede imaginarme … Vienen lágrimas a mis ojos cuando pienso eso …(llorando) es decir, tú no sabes cuando estás en esa situación cuál va a ser el resultado, y es por eso que Dios es tan bueno. Necesitamos a Dios porque no conocemos el futuro, y Él es la razón por la cual estoy aquí sentada hoy frente a ti como una mujer cristiana.

Cuando yo le digo a BJ, “tú salvaste a mami”—él lo hizo. Él es la razón por la cual soy cristiana. Conociéndolo a él y después que cumplió un año (hay mucho trasfondo), pero él es la razón de por qué yo necesitaba tanto a Dios. Yo sé que la gente estará de acuerdo conmigo en esto: a través de tus hijos, tú ves tu necesidad de Cristo aún más. No puedo imaginar el no tenerlo en mi vida ni un momento. Él es una bendición. Los hijos son una bendición, y Satanás quiere destruir las bendiciones de Dios para nosotras.

¿Puedes imaginártelo? Los ángeles ni siquiera pueden crear. Dios le ha dado a las mujeres una capacidad maravillosa. Esa característica de Dios está en nosotras, viviendo en las mujeres, y Satanás quiere destruir eso de cualquier manera en la que él pueda, ¿y qué mejor manera que destruir la vida que Dios quiere traer a través de nosotras?

Nancy: Así es y tu vida se ha convertido en un trofeo de la gracia de Dios y de Su carácter, y yo creo que aun a través de esta trasmisión en esta semana va a haber muchas, muchas mujeres impactadas de muchas maneras, que están en diferentes momentos en cuanto a toda esta situación, quizás es la mamá o la abuelita que está agobiada por una mujer joven que no está caminando con el Señor, o quizás una mujer joven que no está caminando con el Señor o quizás es una joven que no está caminando con el Señor y acaba de sintonizarnos o por casualidad está escuchando este programa por internet y va a escuchar que sí hay esperanza.

La primera vez que oí tu historia, yo estaba llevando un mensaje en ese banquete para ese Centro de Cuidado Prenatal. Ellos hacen esto cada año y recobran fondos para el ministerio para el siguiente año. Antes de que tuviera la oportunidad de hablar, tú estuviste en la plataforma compartiendo tu historia. Y no nos habíamos conocido. No tomaste mucho tiempo, pero fue conmovedor lo que compartías de tu historia. Las personas estaban llorando y fueron muy conmovidos. Esto fue hace dos años, y creo que fue algo muy especial que en esa tarde estaba Michelle sentada en la audiencia, Michelle era la mujer que había sido la consejera en ese Centro de Cuidado Prenatal en quien tú viste, como describiste ayer, a Cristo.

Michelle, tú estabas sentada ahí esa noche. Tú nunca volviste a ver a Angie desde ese día en que ella entró al Centro de Cuidado Prenatal cuatro años antes. ¿Qué estabas pensando cuando la escuchaste hablar esa noche? Esta joven mujer cristiana radiante ahora tiene un hijo de cuatro años. ¿Qué pensaste cuando oíste la historia?

Michelle: Yo dije, “¡Wow, Dios!” Tantas cosas que ella dijo en su historia encajaron exactamente como orábamos en el centro prenatal. Orábamos que las jóvenes no pudieran entrar por esa puerta, que Dios las detuviera antes de aun poner un pie en esa acera. Orábamos que en su corazón fueran atraídas al Centro de Cuidado Prenatal; que ellas vieran nuestro anuncio y que entraran, y nosotros pudiéramos compartir con ellas y que pudieran ver el amor de Jesús allí.

Así que todo lo que ella dijo fue exactamente lo que nosotras oramos. Es decir, eso solo me mostró tanto de cómo Dios escucha nuestras oraciones. Para mí fue también una increíble bendición porque yo había sentido que quizás no estaba en el lugar que Dios quería que yo estuviera como consejera. Yo no veía cambiar vidas. No vemos el fruto, y a menudo yo escuchaba acerca de otros consejeros dirigiendo a otros a Cristo, y yo no parecía hallar las palabras correctas. Pensé que tal vez yo estaba estorbando el camino de Dios y estas otras mujeres debieran estar allí.

Así que fui grandemente bendecida cuando escuché eso. Mi corazón se regocijó en Dios.

Nancy: ¿Por cuánto tiempo estuviste de consejera en el centro de cuidado prenatal?

Michelle: Creo que fueron como cuatro años.

Nancy: Tú has conocido a muchas mujeres que han entrado por esa puerta. ¿A menudo las vuelves a ver? O ¿es más como fue en el caso de Angie, que solo fue una vez?

Michelle: A menudo, chicas que entraban esperando no estar embarazadas o queriendo no estar embarazadas, solo las veías una vez.

Nancy: Tú solo habías visto a Angie esa vez, y ahora estás escuchando su historia cuatro años después. ¿De casualidad te acordaste de ella?

Michelle: La recordaba como persona, no por nombre, porque tratamos de mantenerlo anónimo. Así que aun orando por alguien, le damos un nombre en código. Dios había puesto un lugar especial en mi corazón por ella, porque yo estaba esperando un bebé al mismo tiempo que ella. Así que cada día, mientras yo esperaba esta criatura, yo oraba por la criatura que ella estaba esperando. Yo la conocí, y esperaba que ella hubiera tenido al bebé, pero yo no sabía si había nacido un niño.

Nancy: Tú ni siquiera sabias, a ciencia cierta, que ella había tenido al bebé…

Michelle: Sí.

Nancy: …Hasta esa noche cuatro años después cuando ella estaba de pie dando su testimonio y hablando acerca de su hijo de cuatro años de edad.

Michelle: Correcto.

Nancy: ¿No es cierto que muchas veces cuando estamos sirviendo al Señor y actuando en obediencia a Él, no vemos el fruto de nuestras labores? ¡Pero Dios ve, Él sabe! Él es el que está llevando a cabo la obra y en el cielo, un día, lo veremos y sabremos.

Pero tú solo estabas siendo fiel en lo que Dios te había dado para hacer en ese momento, y fuiste fiel al orar como el Señor te impulsaba. Después Dios te dio esa bendición increíble de poder ver, años después, un vistazo, y probablemente hay muchas más en quienes tú nos has llegado a ver del fruto de tu fidelidad.

Michelle: El fruto de Dios, y todo lo que Él está obrando, y como Él nos puede usar si se lo permitimos.

Nancy: Michelle, yo quiero escuchar de cómo tu comenzaste a involucrarte con el Centro de Cuidado Prenatal, pero permíteme introducir a otra invitada que nos acompaña en el estudio hoy. Su nombre es Carla Shier, y Carla ahora sirve en Aviva Nuestros Corazones. Ella es parte de nuestro equipo ministerial aquí en Niles, Michigan. Por muchos años, Carla, tú fuiste la directora en ese Centro de Cuidado Prenatal en Niles. Gracias por tu parte en este ministerio y por acompañarnos hoy aquí en la transmisión.

Carla: Es un placer para mí estar contigo, Nancy.

Nancy: Quiero preguntarles a las dos, a Carla y a Michelle. Carla, supongo que tú estuviste primero ahí en el Centro de Cuidado Prenatal. ¿Qué hubo en tu corazón que te hizo involucrarte en ese tipo de ministerio?

Carla: Bueno, para mí, el Señor nos movió a mí y a Tom a Carolina del Norte. Nuestra hija mayor tenía una buena amiga que quedó embarazada, y mi hija mayor, Cara, y nuestra estudiante de intercambio, Marie, y yo todas tratamos de hablar con ella y explicarle el valor de la vida, y como quiera ella escogió abortar. Nos sentimos tan derrotadas. Así que las tres pasamos por entrenamientos en la instalación del centro de la red de cuidado prenatal en Concord, Carolina del Norte. En verdad vi más fruto en las vidas de mis hijas en la escuela superior que lo que yo experimenté. Yo me quedaba en casa y contestaba llamadas de emergencia.

Bueno, durante ese año, el Señor me llamó tan claro al ministerio del centro de cuidado prenatal, y luego mi esposo fue movido de regreso a Niles. En la providencia de Dios, me regresé a Niles y encontré que acababan de comenzar un centro. Así que pude ser voluntaria en el Centro de Cuidado Prenatal aquí en Niles.

Nancy: Después el Señor trajo a mujeres como Michelle a servir contigo en ese ministerio. Michelle, ¿cómo tocó el Señor tu corazón para involucrarte?

Michelle: Yo pienso que el Señor hace cosas en nuestras vidas y muchas circunstancias que Él trae a nuestras vidas para crear la persona que Él quiere que seamos. Él nos da, desde que nacemos, estos dones que se desarrollan. Mi corazón estaba abierto para el Señor, y cuando fui al colegio, yo decidí que quería estudiar consejería.

Pero realmente, la historia para mí comienza trabajando en el Centro de Cuidado Prenatal. Yo pensé, “esto es lo que se supone que debo ser”. Y entonces, cuando comencé allí, solo asumí que me iría muy bien porque yo pensaba que estaba donde Dios quería que yo estuviera.

Pero luego encontré que no me estaba yendo como yo había esperado. Yo pensaba que iba a cambiar a las personas inmediatamente, que Dios trabajaría por medio de mí de grandes maneras. Lo que encontré fue que por más que me desanimaba, más confiaba en Dios y decía, “Está bien Dios. Yo no puedo hacer esto. Tú tienes que hacerlo”. En el tiempo en que Angie vino a mí en el centro fue en el tiempo que yo estaba diciendo, “Tú estás en mí Señor. Es todo lo que tengo. Te doy lo que Tú quieras. Habla por mí.”

Eso es lo que quiero que la gente sepa. No es porque obtuve ese título de consejería. En realidad, no me hizo bien. Hizo que tuviera un alto concepto de mí misma como consejera. Supongo que fue grande cuando fui humillada que Dios pudo hacer grandes cosas. Como dijo Angie, estoy tan contenta de que Jesús brilla en mí. Eso es lo más importante: Si Jesús está en ti, tú puedes ser un consejero.

Nancy: Yo pienso que eso tiene que ser de aliento tal vez a alguien que esté escuchando hoy, que Dios le está poniendo en su corazón el involucrarse. Quizás involucrarse a través de un centro de cuidado prenatal en un rol de consejería o quizás tienen una amiga o hija de una amiga que está pasando una situación donde ellas necesitan este tipo de ayuda, pero están pensando, “No tengo el entrenamiento; no tengo la experiencia; no tengo el don”.

Lo que tú estás diciendo Michelle es que no es entrenamiento natural o dones que Dios necesita tanto como solo la disposición a ser usada y dejar que Dios trabaje a través de ti en la vida de alguien más.

Michelle: Había una canción que me gustaba cuando estaba creciendo que decía, “Aquí estoy Señor, úsame”. Eso es lo que mi corazón decía como consejera, “Aquí estoy Señor, lo que Tú quieras haz conmigo”, y esa es la manera en la que Dios realiza su trabajo. No es a través de nuestra educación o nuestros dones, sino que nuestros corazones digan, “Aquí estamos, Señor. Úsanos”.

Nancy: Probablemente esa es la primera cualificación para ser usada , y también es como Dios recibe la mayor gloria. Cuando tienes “Angies” que entran, ella ya lo dijo, para los que escucharon en días anteriores esta semana, ¡ella no se acordaba de nada de lo que dijiste como quiera!

Así que toda esa educación de lujo que recibiste, no es que menospreciemos la educación porque esta puede ser útil, pero eso no fue realmente lo que Dios usó para ganar su corazón. Fue solo que tú estabas ahí, en ese momento, por voluntad de Dios, y tú dejaste que Cristo la amara a través de ti.

Carla: Sí Nancy, Él usa tu corazón que está dispuesto a servirle, tu corazón que quiere desarrollar relaciones, y tu corazón que ama a madres e hijas y hermanas .

Nancy: Entonces, Michelle, tú estabas involucrada como consejera en el Centro de Cuidado Prenatal. ¿Te dieron ellos entrenamiento para ayudarte a saber qué hacer cuando comenzaste allí?

Michelle: De hecho, nosotros le llamábamos “consulta”, solo por razones legales, pero sí, ellos nos daban entrenamiento. Inmediatamente, tenías que pasar por un curso de un mes; ibas una vez a la semana. Después de eso, hicimos diferentes entrenamientos mensuales. Teníamos algo pequeño, pero nos reuníamos y orábamos y hacíamos poco entrenamiento.

Nancy: Y ¿cuáles son algunas de las formas, Carla o Michelle, que las mujeres pueden involucrarse en centros de cuidado prenatal?

Carla: Bueno mira, necesitan personas de apoyo en el ministerio. Tenemos a chicas que reciben a las que entran, por ejemplo, cuando entró Angie, había una recepcionista. Ella necesitaba que oraran por ella. Todas mis chicas estaban supuestas a tener tres personas que estarían orando por ella. La joven entra por la puerta necesita ver el amor en los ojos y esa aceptación incondicional. Necesita haber alguien que esté dispuesta a tejer cobijas o aun solo a hacer ventas de garaje para ayudar con cosas que estas chicas necesitan.

Nancy: ¿Entonces el Centro de Cuidado Prenatal provee alguna ayuda práctica para estas jóvenes?

Carla: Sí, en nuestros primeros días, proveíamos todas las cosas: asientos de carro, cunas, ropa, ropa de maternidad. Ahora que hay leyes vigentes, recaudamos fondos para comprar cunas y para comprar asientos de carro. Pero también hay grupos de mujeres en iglesias que hacen paños y baberos para cuando los bebés tienen gases, kimonos, o cobijas para que los bebés se acuesten. Hay una gran cantidad de cosas diferentes en las que la gente se puede involucrar, y eso es con mucha regularidad.

Y luego, tenemos una Caminata de Vida. Cuando tenemos la Caminata de Vida, necesitamos de todo desde galletas hasta personas que ayuden con la registración y personas cuyas iglesias juntan un equipo de personas que vengan por un tiempo, por ejemplo mira yo recuerdo cuando nos parábamos al cruzar la calle, por leyes ahora en nuestro país, no podíamos estar cerca de la clínica de aborto, pero teníamos una cadena de vida al cruzar la calle. Y así personas que manejaban por ahí tocaban la bocina y nos saludaban, Wao, era muy alentador.

Michelle: Pienso que lo más importante de todo ministerio, algo sin lo cual—a veces lo decimos y la gente piensa que es muy trivial, pero como vimos en la vida de Angie—es la necesidad de oración. No solo oración, pero oración específica de que esa chica no entre a la clínica de aborto, sino que entré al centro de cuidado prenatal, que de alguna manera la palabra llegue a su oído que hay un centro de cuidado prenatal, que hay otra opción, y la oración es algo que todos pueden estar haciendo en la iglesia, si puedes salir de tu casa o no. La oración puede hacer cosas asombrosas, como hemos visto a través del testimonio de Angie.

Nancy: Así es y si nos damos cuenta que esto realmente es una batalla espiritual, lo cual es obvio habiendo escuchado la historia de Angie. Esto no es solo una batalla por la vida del bebé que no nacido. Es eso, pero también es una batalla por la vida de esta madre y tal vez otras involucradas en su historia, y esa batalla no va a ser ganada por fuerza humana o todas las cosas brillantes que podamos hacer para tratar de persuadir o de convencer a las personas.

El enemigo puede ser muy persuasivo. Pero esa batalla va a ser ganada, de algún modo en las maneras misteriosas de Dios, Él ha ordenado que Él responde a las oraciones fervientes, serias, persistentes de Sus hijos. Pienso que no podemos enfatizar lo suficiente, que todas nosotras necesitamos estar involucradas en esa batalla en el nivel de oración, y eso es algo que podemos hacer desde nuestras casas, o en cualquier lugar.

Yo soy desafiada una vez más mientras hablábamos hoy. Yo no sé cuántas veces yo he manejado por la clínica de aborto y el Centro de Cuidado Prenatal aquí en Niles y ni siquiera pensaba en lo que estaba sucediendo en esos dos edificios: ¡vida y muerte! Pero soy desafiada al escucharlas a ustedes mujeres, al escuchar la historia de Angie, a ser más intencional en levantar los esfuerzos de aquellos en nuestra comunidad que están trabajando con el Señor a ayudar a preservar la vida y a ayudar a ministrar esperanza y el Evangelio a estas jóvenes.

Y alguien oró, y ustedes llegaron, Michelle y Carla, a ese Centro de Cuidado Prenatal, y el estar ustedes ahí fue una respuesta de una oración. Ahora, mientras oramos, hay otros que Dios está levantando ahí en ese Centro de Cuidado Prenatal. Ustedes ahora están en otra etapa de la vida, pero que agradecidas estamos. Queremos honrar a los miles de voluntarios y trabajadores pagos en todo el país que están sirviendo fielmente y en varias maneras, no solo en el centro de cuidado prenatal, sino en otros ministerios relacionados con la vida.

Y, Angie, ¿qué te gustaría decir a aquellos que están involucrados en ese tipo de ministerio?

Angie: Yo solo quiero decir gracias. Gracias Michelle. Tú siempre estás en mis oraciones, y estoy tan agradecida de que tú estuvieras dispuesta ese día para que Dios te usara. Estoy tan agradecida por cada mujer y hombre que tiene un corazón dispuesto porque esa es la única credencial que Dios pide, estar dispuestos.

También quiero animar a jovencitas que quizás puedan estar escuchando, o quizás mujeres mayores, no sé, o aun chicos con novias embarazadas. No sé quién esté escuchando, pero Dios sabe. Yo no quiero que Satanás sea glorificado en ninguna manera a través de algo de esto, porque el Señor ganó en mi vida, y Él va a ganar en la vida de mi hijo, y Él va a ganar en las vidas de los oyentes si solamente permiten que Dios tome el control.

Dios tiene poder salvador, pero yo solo quiero animar a quien sea que esté escuchando a que se aferren a ese pensamiento o esa promesa que Dios, aunque no puedes declararlo a Él todavía, y aunque quizás no conozcas a alguien más que pueda ayudarte, Dios está más disponible que cualquiera en esta tierra.

Nancy: ¡Aleluya! ¡Qué gran Salvador!

Angie: Amén.

Nancy: Amén. Señor, cómo te agradezco por Tu gracia maravillosa, por Tu amor redentor, por Tu amor conquistador, por el poder de Cristo y el poder de Su cruz que es más grande que todos los poderes de maldad y oscuridad. Gracias por redimir a esta joven de la destrucción. Gracias por llamarla y apartarla, y gracias por Michelle y por tenerla en el centro de cuidado prenatal ese día.

Gracias por Carla y por las horas que ella invirtió en proveer liderazgo en ese centro de cuidado y por todas las “Michelles” y las “Carlas” en todo el país y alrededor del mundo. Señor, algunas de ellas pueden estar desanimadas hoy y preguntándose si vale la pena continuar. Oro que Tú les recuerdes que Tú eres el Dios de toda gracia y que sólo en la eternidad conoceremos todas las historias.

Pero gracias por dejarnos ver un vistazo esta semana en la vida de Angie, y al ver la foto de su hijo que ahora tiene seis años, BJ, pensamos, “¡Cuán grande es nuestro Dios!”. Gracias por tus siervos fieles. Gracias por Tu persistente y fiel amor. Gracias por el milagro de Tu gracia en la vida de Angie. En el nombre de Jesús oro, amén.

Carmen: Si estás en una batalla ahora mismo para decidir entre la vida o la muerte de tu bebé, te invitamos a escribirnos a info@AvivaNuestrosCorazones.com y oraremos por ti.

Y dentro de muy pocos días estaremos hablando a miles de mujeres que se darán cita en la primera conferencia de Mujer Verdadera 2015 en Santo Domingo. ¿Por qué no te tomas unos minutos ahí mismo dónde estás para elevar un clamor a Dios por los corazones de las mujeres que estarán allí? Oramos que Dios derrame abundante gracia en medio nuestro y que muchas sean llamadas a rendirle Sus vidas para siempre.

La primera vez que Nancy escuchó la historia de Angie, las dos estaban hablando en un evento para apoyar el centro de cuidado prenatal local. Para cerrar nuestro tiempo hoy, escucharemos algo del mensaje de Nancy en ese evento.

Nancy: El Salmo 82 dice de esta manera, “Rescatad al débil y al necesitado; libradlo de la mano de los impíos” (v.4).

Me encanta ese antiguo himno, esa canción evangélica antigua que dice:

Rescata al que perece; cuida al moribundo. Arrebátalos en pena del pecado y la tumba. Llora por el errante; levanta al caído. Diles de Jesús, el poderoso para salvar.

Aunque lo están despreciando, Él sigue esperando; esperando al hijo penitente recibir. Implora con ellos seriamente; implora con ellos tiernamente. Él perdonará si tan sólo ellos creen.

Y especialmente me encanta esa tercera estrofa que se relaciona a muchas de las mujeres que están siendo ministradas, a mujeres que se encuentran con embarazos no planeados o no deseados. Dice así:

En el corazón del hombre, aplastado por el tentador, sentimientos yacen enterrados que la gracia puede restaurar. Tocados por un corazón amoroso, despertados por la bondad, cuerdas quebrantadas que volverán a vibrar.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en un ministerio de alcance de Life Action Ministires.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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