Podcast Aviva Nuestros Corazones

¿Quién ha estado orando?

Carmen Espaillat : Con diecisiete años, Angie se sentó en el estacionamiento de una clínica de abortos mientras una vida pendía de un hilo.

Angie: Pero esa pequeñísima, diminuta la parte más pequeña de mi alma, no me dejaba abrir la puerta del auto, hasta tenía mi mano en la manija y no podía abrirla, era como si todo el poder que tenía en mi mano se hubiera ido, y no podía salir del carro. Todo este tiempo mi amiga me estuvo cargando con todos esos pensamientos negativos, diciéndomelos al oído para que creyera todas esas cosas, porque todas ellas eran verdad. Así que no podía sentarme allí, argumentar y decir “Sí, puedo cuidar al bebé”.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

El programa de Aviva Nuestros Corazones de hoy no es apropiado para niños pequeños y quizás desees entretener a tus hijos en cualquier otra actividad.

Esto es lo que hemos venido escuchando de la historia de Angie.

Angie: Me zambullí profundamente en las drogas y el alcohol más de lo que ya había estado, comencé a vender drogas para tener más dinero para comprar drogas. Consumí Éxtasis como cosa loca, y esta es una droga muy peligrosa.

Esa es el tipo de droga de la que le gente dice que te lleva lejos. Y que uno es feliz. Yo solía pensar que si todo el mundo estuviera en éxtasis, todo el mundo sería feliz. Pero después de que se ha ido el efecto, aparece un intenso sentimiento de desánimo, porque primero te sientes muy bien y luego sientes todo lo contrario, es como que te causa depresión y todas esas cosas. Así que me sumergí muy profundamente en el alcohol y las drogas y yo simplemente traté de desechar todo lo que me hiciera sentir algo. Me separé emocionalmente de todo y de todos…

Este hombre era parte de mi círculo de amigos. Andábamos con chicos y chicas, todos mezclados. Él era muy encantador. Tenía una gran sonrisa y era muy simpático, cuando yo hablaba, porque bajo la influencia del alcohol tú simplemente le dices a todos sobre tus asuntos, no importa quien sea, la camarera en el restaurante o el operador en el teléfono porque no sabes a qué número estás tratando de marcar. Él escuchaba. Y ese fue su modo de ganarse mi confianza, porque yo ya no era más ese tipo de chica fácil.

Entonces al ir progresando la relación, él nunca quiso sexo de mí. Nunca quiso drogas. Nunca quiso otra cosa que no fuera mi atención. Así que empecé a pensar que quizás esta sería una buena forma de ser. Tal vez sea posible. Así que me preguntó si saldría con él y dije que sí. Él esperó. Él no quiso tener relaciones sexuales de inmediatamente y eso fue admirable. Así que esperó dos largas semanas, lo cual me pareció mucho tiempo porque otros chicos eran como “no saldré contigo a menos que tengas sexo conmigo primero”.

Así que salimos dos semanas y luego tuvimos sexo. Todo estaba bien. Me sentía bien con mi vida. Eso parecer gracioso porque yo no tenía un lugar para vivir, no tenía trabajo, carro ni licencia. Yo tenía dieciséis años y no tenía absolutamente nada. Había abandonado la escuela y había perdido el contacto con una persona muy importante en mi vida: mi abuela. Mis padres estaban haciendo sus propias cosas.

Y aquí estaba yo con este hombre que yo sabía que me amaba con todo su corazón y que nos íbamos a casar. Él no tenía trabajo, ni carro, ni licencia, y consumía mucha droga como yo lo hacía. También dejó la escuela. Y aquí estábamos en lo que parecía la cima del mundo…

Dos meses después de haber estado saliendo, yo tenía una amiga muy cercana, mi mejor amiga, y ella estaba con un hombre. Ella deseaba mucho quedar embarazada porque él la dejaba constantemente y ella pensaba: “Si yo tuviera un bebé, él se quedaría conmigo” lo que considero muchas chicas sienten. Ella estaba bajo el supuesto de que si ella quedaba embarazada él definitivamente se quedaría porque los chicos siempre se quedan cuando tienen un bebé por quien quedarse.

Así que ella estaba como que, “creo que estoy embarazada. Vamos a buscar una prueba de embarazo”. Entonces, a modo de apoyo moral, le dije: “buscaré una también”. Así que fuimos a la clínica y nos sentamos e hicimos todo lo que había de hacer. Volvimos y nos quedamos en la sala de espera muertas de la risa y con cierto nerviosismo yo estaba leyendo una revista y cosas así.

Luego la mujer sale y nos lleva nuevamente a ambas a la sala porque andábamos juntas, ella nos dio estos pequeños pedazos de papel y nos los entregó y dijo “Felicitaciones”. Ella me miró y yo la miré a los ojos y me eché a reír, le dije, “tienes el papel incorrecto”. Agarré el papel de mi amiga y le di el mío Y ella me dijo: “No cariño tú estás embarazada”.

En ese momento, sentí lágrimas correr por mi cara yo no quería tener un bebé. No quería escuchar nada que nadie tuviera que decir yo estaba mirando a mi amiga como “vámonos”. Por supuesto que ella estaba decepcionada porque quería el papel que yo tenía. Y Yo era la que estaba embarazada y no ella.

Carmen: Aquí está Nancy con la siguiente parte de la historia de Angie.

Nancy Leigh DeMoss: Angie, muchas gracias por contarnos tu historia. Sé que estos programas van a traer esperanza y gracia a muchas vidas; eres sin lugar a dudas un trofeo de la gracia de Dios. Mientras oímos la historia, escuchamos que es todo sobre Dios. Gracias por tener la voluntad de compartir lo que Dios ha hecho en tu vida.

Angie: ¡Sí! ¡Gracias a Dios!

Nancy: No hemos llegado a ese punto, pero hacia allá vamos hoy si Dios lo permite. Al principio creímos que este sería un programa de un día, pero ha terminado siendo de varios días y estoy tan agradecida de que hayas tenido la valentía de compartir con nosotras.

La última vez que hablamos nos quedamos en tu cumpleaños número 17. Habías ido con una amiga que esperaba estar embarazada para poder retener a su novio con ella. Para saber si estaba embarazada, había ido a una clínica para hacerse una prueba de embarazo. Y tal vez en broma, o solo por ser su amiga, decidiste tú también hacerte una prueba de embarazo.

Cuando llegó el resultado ella no estaba embarazada, la que sí estaba embarazada eras tú. Era duro de creer y era lo último que esperabas cuando fuiste a esa clínica ese día. ¿Qué clase de conversación sostuvieron tú y tu amiga en ese momento?

Angie: Yo no podía creerlo me sentí sabes, no pensé que fuera una bendición—para nada—pero no lo creí porque pensé que yo era invencible, porque estaba tomando pastillas anticonceptivas.

Cuando la mujer me lo dijo cambié los papeles porque no lo creí. Yo no lo podía creer. Salimos, entramos al carro. Todo el camino desde ese consultorio hasta su carro, y en su carro, ella estaba llena, creo, de mucha rabia y celos. Porque, ella quería el hijo que yo estaba esperando esencialmente. Me dijo cosas como: “Sabes, no deberías hacer esto. No estás lista para un bebé. ¿Sabes lo que la maternidad le hace a tu cuerpo? Ni siquiera puedes cuidarte a ti misma, no es posible que puedas cuidar un bebé. ¡No hay nadie ayudándote!”.

Y yo estaba de acuerdo con todo lo que dijo.

Nancy: Sí porque todo lo que ella dijo era la verdad.

Angie: Porque muchas veces cuando Satanás nos habla, no nos está diciendo necesariamente mentiras. Era verdad. Estaba sola, estaba sin esperanza, no tenía trabajo, ni ingresos, ni ningún método de sobrevivencia. Así que lo que ella estaba diciendo era verdad, me sentía sin esperanza y me di por vencida. Le dije, “Bien, ¿cuál es tu sugerencia?”.

Era mi mejor amiga ella dijo: “Tengo un lugar”. Entonces condujimos hasta allá mientras ella me aseguraba que era la decisión correcta. Ella decía: “Esto es lo mejor para ti. Solo piénsalo, vas a mantener la relación con tu novio, porque si le dices, que estás embarazada hermana él se irá tú sabes los hombres no quieren bebés. Ellos quieren divertirse y fiestear, no quieren bebés”. Aquellas ideas se mantenían sonando en mi cabeza.

Ella se detuvo en frente de una casa antigua. Nos sentamos y dijo, “Esta es una clínica de abortos, he estado aquí”. Ella ya había tenido un aborto. Y me dijo, “Son muy simpáticos aquí, incluso, hay una mujer que te da agua con limón”. Estaba tratando de alentarme y consolarme de que esto estaría bien.

Y ella realmente quería que abortara el bebé, en mi mente parecía lógico, pero en mi corazón... había algo en mi corazón que no puedo describir. Ahora sé que era el Señor. Ahora sé que Dios estaba allí declarándome sus promesas antes de que pudiera entender Su voz o reconocer Su rostro. Era como si todo en mí quisiera entregar este niño, matar al bebé dentro de mí.

Ni siquiera era un bebé. Mi amiga me aseguraba que aún no estaba formado y todo en mi me decía que si que esa era la mejor decisión. Lógicamente, tenía sentido. Me quedaría con mi novio. Y además no me podía dar el lujo de tenerlo de todos modos. Sería malo para el niño. ¿Cómo sería cuando creciera?

Pero esa pequeñísima, diminuta, la parte más pequeña de mi alma, no me dejaba abrir la puerta del auto. Hasta tenía mi mano en la manija y no podía abrirla. Era como si todo el poder que tenía en mi mano se hubiera ido y no podía salir del carro. Todo este tiempo mi amiga me estuvo cargando con todos esos pensamientos negativos, diciéndomelos al oído para que creyera todas esas cosas, porque todas ellas eran verdad. Así que no podía sentarme allí, argumentar y decir “Sí, puedo cuidar al bebé”.

Nancy: ¿Cuánto tiempo estuviste en ese carro?

Angie: Dos horas.

Nancy: ¿Sentada en el estacionamiento?

Angie: Justo enfrente de la puerta, esperando, allí sentada. Y en todo ese tiempo no recuerdo silencio. Todo el tiempo ella estuvo hablándome y yo no decía nada. Solo asentía con mi cabeza y estaba de acuerdo con todo lo que decía porque era verdad.

Nancy: A propósito, déjame decir que la clínica de abortos está localizada justo en la calle donde está la sede de nuestro ministerio, Aviva Nuestros Corazones. Por años, hay personas en esta comunidad que han orado, alrededor y acerca de esa clínica de abortos. Mientras estás contando esta historia, puedo imaginarme la casa. Sé exactamente dónde está. Conduzco por ahí todo el tiempo. Y solo me pregunto “¿Quién estaría orando ese día?”

Angie: Fue el 7 de diciembre de 1999.

Nancy: ¿Quién había estado orando allí, posiblemente en los días previos, o quizás ese mismo día, por las jovencitas que estaban considerando practicarse un aborto? Por esa abortista, habíamos orado muchas veces a través de los años por la doctora que los practica, en nuestro ministerio. Otras iglesias y ministerios en el área también han orado.

¿Quién estaría orando por ti ese día sin siquiera saber que estabas sentada en ese estacionamiento? Al orar por otras personas, al levantar tu voz por los aún no nacidos, quiero que escuches la historia de Angie y conozcas que tus oraciones no son en vano.

Fue Dios quien estaba aguantando tu mano en esa manija y no dejaba que abrieras la puerta. Lo sabes ahora, pero no te diste cuenta en ese momento.

Angie: Correcto. Exactamente.

Nancy: ¿Cuándo fue el momento en que supiste que necesitabas salir de ese estacionamiento?

Angie: En el momento en que no pude abrir la puerta, allí estaba ese sentimiento urgente. Entonces un pensamiento saltó en mi mente y tuve un recuerdo. Hacía un año o dos estaba en un juego de fútbol. Recordé a mi maestra favorita, tú sabes cómo uno llega a aferrarse a una de esas maestras en la secundaria. Estaba a su lado y ella le estaba hablando a una jovencita mucho menor que yo, en ese tiempo, acerca de un centro de cuidado prenatal. Ella dijo, “Hay un centro de cuidado para embarazadas” o algo así. Ni siquiera recuerdo lo que dijo; solo recuerdo que estaba animándola a buscar ayuda en ese lugar porque estaba embarazada.

Eso fue todo lo que necesité. El Señor usó ese momento. Mire a mi amiga y le dije, “Espera un minuto. Espera. No quiero hacer esto. Solo quiero esperar. Necesito pensar sobre esto. No puedo hacer esto ahora, por lo que solo tendremos que mantener esto entre nosotras…”. Y con desespero, ella encendió el motor, dio la vuelta y condujo.

La calle donde está el Centro de Cuidado Prenatal es una calle principal. Conduje por ese edificio millones de veces al menos, y nunca vi la hermosa y pequeña señal blanca con colores. Mientras conducíamos, miré y lo vi y dije, “¡Para!”.

Ella dijo, “¿Qué?”

Y dije, “Detente en este estacionamiento”.

Ella miró y dijo, “Eso es muy estúpido. ¿Por qué estás haciendo esto?” Ella estaba muy negativa. Así que nos detuvimos en el estacionamiento. Estaba emocionada. No pensé en ello entonces, pero ahora que miro atrás, algo cambió. Hice esta elección, aunque no lo sabía, mi corazón hizo esta elección: estaba deseosa de hacerlo porque había esperanza. Y eso es todo lo que Dios necesita en un corazón dispuesto.

Nancy: En este punto, ¿tú no sabías qué ibas a hacer con el bebé?

Angie: No, no tenía idea. Como dije antes, mis planes eran no tener el bebé. Digo, mis planes, eran diferentes de los planes del Señor, obviamente. En mi corazón sabía que había planes diferentes para mí. Pero no los conectaba en mi mente. Estaban todas esas explicaciones lógicas de por qué no tenerlo.

Pero cuando nos detuvimos en ese estacionamiento y miré el letrero, solo déjame decir que no me senté allí y esperé por dos horas. Salí del carro y me dijo con cierta burla, “Oh, esto va a estar bueno”, burlándose de mí.

Entramos y de repente ese cálido y suave sentimiento se había esfumado. No había ningún dulce aroma, no hubo una invitación cálida del Señor y todos los ángeles. Bueno, estoy segura de que ellos estaban allí pero no lo sentí así.

Nancy: ¿Cómo se sintió?

Angie: De repente me sentí abrumada otra vez, pero esta vez, cien veces peor.

Nancy: ¿Con miedo?

Angie: Mucho temor. Esto no es lo que debes hacer. No deberías estar aquí. Era como el comercial con Dios de un lado y Satanás del otro. ¡Así era que se sentía!

Nancy: Me estoy imaginando como la batalla que estaba ocurriendo entre el Cielo y el Infierno por tu alma y por la vida de ese bebé.

Angie: Mientras entraba, no dije nada. Mis rodillas se golpeaban una contra la otra; estaba aterrada. Una mujer estaba detrás de un escritorio y tenía esa sonrisa como diciendo, “Vas a estar bien”. Recuerdo su sonrisa... Ella hubiera podido decirte que yo estaba asustada hasta la muerte. Me pasó un formulario y dijo, “Siéntate allá”.

Nancy: Y probablemente, ¡no eras la primera o la última chica que llegó allí asustada hasta la muerte!

Angie: Probablemente no, así es. Así que pasó el formulario, y me senté. Todo lo que recuerdo fue llenarlo con un nombre falso, y luego me llamó. Estaba pensando, “OK, ¡No estoy lista! ¡No estoy lista!”.

Así que volví y le pasé los papeles, creo que fue rápido. Ella me llamó rápido y creo que fue porque ella sabía que si esperaba mucho tiempo probablemente huiría. Así fue que me sentí y creo que ella sabía que estaba realmente asustada. Ellos podían sentirlo, estoy segura.

Me quedé parada y ella tomó los papeles, yo no sabía qué iba a suceder. Allí estaba ese miedo extraño que uno tiene de lo desconocido. Estaba parada allí, ansiosa, pero con la sensación de que ese era el lugar correcto para estar, de que estaba haciendo lo que era correcto pero yo no conocía a esas personas. ¿Qué es lo que ellos van a hacer? Voy a entrar en ese consultorio, ¿qué va a pasar ahora?

Así que me quedé parada allí y fue entonces cuando conocí a Michelle.

Nancy: ¿Y quién era Michelle?

Angie: Esta mujer salió de uno de los consultorios localizado en uno de los lados del edificio, estrechó mi mano y yo solo la miré. No recuerdo lo que dijo. No puedo recordar una palabra. Me gustaría poder contar alguno de los hermosos versos de la Biblia que ella compartió conmigo o un buen pensamiento del pasado. No puedo decirte una sola palabra de lo que ella me dijo en ese consultorio.

Todo lo que recuerdo son sus ojos. Recuerdo que me sentí tan aceptada y tan segura en ese consultorio con ella. No recuerdo nada de lo que dijo, realmente no. No me abrazó ni me consintió, quiero decir, no hubo emoción. Ese fue el único sentimiento que tuve porque ella no estaba haciendo nada más realmente, ¿entiendes lo que quiero decir?

Recuerdo mirarla a los ojos y encontrar todo lo que había estado buscando por diecisiete años.

Nancy: Lo que realmente, el amor de Dios.

Angie: ¡Sí, era Jesús! Ahora que recuerdo ese consultorio, en ese momento, era como si Jesús estaba sentado allí mirándome a los ojos y declarando la vida de Su hijo, Su hijo no nacido en mi vientre. Aunque no lo conocía, aunque no podía reconocer su voz o reconocer su rostro, de alguna manera encontró una forma para hablarme de forma que yo pudiera entenderle.

Cuando yo vi su rostro, ella estaba deseosa de hablarme. Pero nada de lo ella dijo realmente me importaba. El hecho fue que ella me aceptó, y fue el hecho de que Jesús vivía en ella y pude verlo. Ella ni siquiera habló acerca de Dios. No mencionó el nombre de Jesús para nada. Pero era el ella estar ahí, aunque ni siquiera era ella, era Jesús quien estaba frente a mí.

Recuerdo que sus ojos eran como los ojos de Jesús en la cruz, muriendo por mí. Todo lo que sé es que cuando estuve en ese consultorio, ninguna parte de mi quería rechazar al bebé. Aunque no escuché lo que ella dijo, sé que fue Dios. No era más yo. Se habían ido todos esos sentimientos horribles, todos esos problemas, todas las preocupaciones de mi amiga, la legítima preocupación de mi amiga, nada de eso importaba ahora.

Ahora, Dios se hizo presente con esperanza, y hubo esperanza a través de Jesucristo, y yo no lo sabía. El tiempo que siguió cuando dejé ese consultorio, fue duro. No voy a decir que cuando salí de allí fue fácil y que tuve una vida perfecta, y que Dios hizo que ocurrieran milagros maravillosos, que obtuve un trabajo y que me gradué. No. Nada de eso ocurrió. Déjame decirte que fue el momento más duro de mi vida después que tomé la decisión de tener el bebé.

Nancy: ¿Tomaste la decisión allí mismo?

Angie: Allí mismo, en ese momento, supe que no podía hacerlo. No fue porque la Biblia dijo “no”. No fue porque mi madre me estaba pidiendo que me quedara con el bebé, porque ella estaba a favor de la vida. No, nada de eso. Fue simplemente la pura y cruda voz de Dios hablando a mi corazón y no verbalmente.

Nancy: ¿Y a este punto, todavía no sabías qué era eso?

Angie: ¡No, ese es el punto! ¡No tenía idea de lo que era! Solo sentí algo. ¡Pensé que era ella! Digo, si hubiera ido más lejos, hubiera hecho un ídolo para ella porque no tenía idea. No tenía idea.

Nancy: ¿Así que saliste de ahí con una perspectiva diferente de cuando entraste?

Angie: Sí. Cuando salí a la sala de espera, mi amiga estaba allí leyendo una revista, y parecía decir “¿Ya estás lista para volver donde estábamos?”. Ella creía que las personas del Centro de Cuidado Prenatal eran falsas y melodramáticas y realmente no iban a ayudar. Ellas estaban allí porque necesitaban trabajos. Para ella era solo un lugar donde el gobierno tiene personas haciendo este tipo de negocio porque los hace ver bien.

Lo que quiero decir es que estaban todas esas ridículas acusaciones hacia este lugar cuando realmente era una casa segura para mí. Esa fue la primera vez que me sentí aceptada y amada en toda mi vida. Cuando dejé ese lugar mi mente era diferente y mi corazón fue cambiado en ese momento.

Nancy: Hemos estado escuchando la historia de una joven llamada Angie. Ocho meses después que ella visitó el Centro de Cuidado Prenatal en el Sur de Michigan, el Señor bendijo a Angie con un varón. Mañana escucharemos de cómo el Señor cuidó de Angie y de su hijo recién nacido.

Dentro de ese año un nacimiento mucho más significativo ocurrió cuando la misma Angie nació de nuevo y puso su fe en Jesucristo. Espero que estés con nosotras aquí en Aviva Nuestros Corazones para la parte final de esta conversación.

Quiero tomar solo un momento para actualizar esta historia y decirte que desde que Angie y yo grabamos esta entrevista, la clínica de abortos donde ella se sentó en ese estacionamiento como una aterrada jovencita de diecisiete años, esa clínica que está justo bajando la calle donde estamos sentadas ahora, esa clínica de aborto cerró sus puertas. De hecho, cerró hace varios meses.

Creo con todo mi corazón que es la respuesta a la oración que muchas, muchas personas hicieron por décadas cada vez que pasaban por esa clínica de abortos, entre tanto que vivían en esta comunidad.

Y el Centro de Cuidado Prenatal en nuestra área se ha mudado a un lugar nuevo y mejor así que pueden ministrar más efectivamente a mujeres como Angie.

Estoy tan agradecida por todos aquellos que apoyan los centros de cuidado para embarazadas en los diversos lugares. Quiero decir "gracias" a todos aquellos que han orado por el ministerio de estos centros de cuidado, aquellos que son voluntarios, aquellos que aconsejan a esas jovencitas, y aquellos que apoyan financieramente estos centros. Les animo a preguntarle al Señor cómo Él quiere que se involucren.

Señor, solo quiero agradecerte, por el trabajo que estás haciendo alrededor del mundo mientras el enemigo está trabajando buscando a quién matar, Tú estás trabajando al mismo tiempo, trayendo fe y nueva vida a todas las mujeres como Angie a lo largo y ancho del globo terráqueo.

Gracias por los centros de cuidado para embarazadas por aquellos que laboran en este trabajo tan difícil, aquellos que aconsejan, aquellos que donan, aquellos que apoyan estos ministerios de varias formas. Señor, te pido que los bendigas.

Gracias Señor por cómo has cerrado esa clínica de abortos en nuestra área; nunca podrán quitar vidas otra vez. Pero aquí en esta comunidad hay un lugar donde se puede dar vida, donde las mujeres pueden llegar y escuchar el Evangelio, donde pueden recibir ayuda, y ayuda práctica en consejería y asistencia dirigida.

Gracias Señor porque Tú eres el dador de vida y eres un Dios redentor. Oro porque puedas mostrarnos cómo podemos involucrarnos en esta tierra con este tipo de ministerios que dan vida.

Te bendecimos y te damos gracias, en el Nombre de Jesús, amén.

Carmen: Escucha la próxima parte de la historia de Angie mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Oyendo historias como éstas nos damos cuenta de cómo necesitamos que Dios nos vuelva como mujeres por el camino de las sendas antiguas, por el camino de Verdad. Te invitamos a conectarte con nosotros dentro de unos días cuando llevemos a cabo la conferencia Mujer Verdadera 2015, desde Santo Domingo, República Dominicana. Visita AvivaNuestrosCorazones.com para más información.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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