Débora: ¿Te consideras una administradora, una mayordoma, de la gracia de Dios? Aquí está Chizzy Anderson.
Chizzy Anderson: Hemos sido designadas para cuidar con diligencia cómo se reparte Su gracia. Y como nuestro Rey es generoso y Su depósito nunca se agota, no tenemos derecho a ser mezquinas ni a retenerla cuando se trata de Su gracia. Necesitamos derramarla. Él no usa vasitos pequeños… y nosotras tampoco debemos utilizar vasitos pequeños. ¿De acuerdo?
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, coautora de «En busca de Dios», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 3 de julio de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: ¡Definitivamente no soy mecánica! Pero conozco lo suficiente como para saber que el aceite es importante para cualquier vehículo o herramienta que funcione con gasolina. Si todo el aceite se escapa, el motor se tranca. Se acumula la fricción. …
Débora: ¿Te consideras una administradora, una mayordoma, de la gracia de Dios? Aquí está Chizzy Anderson.
Chizzy Anderson: Hemos sido designadas para cuidar con diligencia cómo se reparte Su gracia. Y como nuestro Rey es generoso y Su depósito nunca se agota, no tenemos derecho a ser mezquinas ni a retenerla cuando se trata de Su gracia. Necesitamos derramarla. Él no usa vasitos pequeños… y nosotras tampoco debemos utilizar vasitos pequeños. ¿De acuerdo?
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, coautora de «En busca de Dios», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 3 de julio de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: ¡Definitivamente no soy mecánica! Pero conozco lo suficiente como para saber que el aceite es importante para cualquier vehículo o herramienta que funcione con gasolina. Si todo el aceite se escapa, el motor se tranca. Se acumula la fricción. Las cosas se sobrecalientan. Y muy pronto la cortadora de césped deja de funcionar, o terminas varada al costado del camino llamando a una grúa.
Bueno, del mismo modo que un motor bien lubricado puede soportar la fricción, en las relaciones también es necesario aprender a evitar la fricción, y es ahí donde entra el aceite del Espíritu de Dios y Su gracia. Hoy escucharemos hablar sobre esto.
Nuestra invitada de hoy es Chizuruoke Anderson. La mayoría de las personas la llaman Chizzy. Ella es nigeriana-estadounidense. Chizzy es autora y conferencista del ministerio en inglés True Girl. También es la anfitriona de un estudio bíblico mensual en línea para preadolescentes. Ella y su esposo, David, tienen tres hijas.
Hace un tiempo, en una conferencia Revive, Chizzy habló sobre este tema de la gracia. Y en los mensajes previos a la intervención de Chizzy en esa conferencia, habíamos dedicado mucho tiempo a hablar de algunos temas difíciles relacionados con el arrepentimiento, la humildad y la honestidad, cosas que son necesarias para experimentar un avivamiento personal. Así que cuando Chizzy subió a hablar acerca de la gracia de Dios, comenzó reflexionando sobre algunas de las cosas que habíamos escuchado ese día. Aquí está Chizzy Anderson.
Chizzy: Amigas, compañeras investigadoras, comunicadoras, oyentes y luchadoras, por si se lo están preguntando, no, no es momento de rendirse. No es momento de abandonar esta conferencia, aunque ahora mismo se sientan un poco incómodas. Es momento de seguir adelante, de esforzarse y de ver lo que Dios tiene para ustedes.
Esto es como un masaje. Así es como lo siento en este punto. Pienso que muchas de ustedes han estado renunciando a cosas, orando y llorando, y eso puede sentirse como un masaje profundo. ¿Saben a lo que me refiero?
Cuando el masaje termina, estás acostada y te dicen: «Ya te puedes vestir».
Salen para que te vistas y tú te quedas ahí acostada. Cuando intentas levantarte, tienes los ojos hinchados. Estás como atontada, congestionada, y dices: «¡Guau! ¡Eso ha sido maravilloso!». Luego te levantas de la camilla y te vistes.
Bueno, puede que en este momento quizás te sientas un poco atontada. Tal vez sientes que todo está en movimiento. El masaje fue bueno. Las cosas se han movido, se han sacudido, pero quizás te sientes espiritualmente atontada. Y puede que estés pensando: Esto no es exactamente lo que esperaba sentir en este momento.
¿Te sientes como si acabaras de recibir un masaje? Toda la basura espiritual está flotando libremente. Se está preparando para ser expulsada, como debe ser. Así que no te vayas de este encuentro atontada y de mal humor. Hay algunas instrucciones que debes seguir.
Oro para que Dios haya estado haciendo, y siga haciendo, una obra profunda en tu vida y en la mía durante esta conferencia y después de ella. Y a veces, Su obra profunda puede sentirse muy incómoda, incluso cuando sabemos que cosas buenas están sucediendo. Es realmente hermoso cuando nos damos cuenta de que necesitamos cambiar y deshacernos de algunas cosas. Esa comprensión nos la da Dios.
Habiendo dicho esto, quiero compartirte la buena noticia: el resto de tu experiencia de masaje en esta conferencia será más fácil. ¿Por qué? Por la gracia de Dios. Su gracia.
Es por la maravillosa gracia de Dios que somos convencidas de nuestro pecado y queremos abandonarlo.
Es por Su gracia que Él nos permite ver aquellas cosas que están arraigadas en nuestra vida y de las que desea liberarnos.
Gracias a Su gracia, saldremos de aquí preparadas para enfrentar cualquier circunstancia que nos espere en casa cuando salgamos de aquí.
Es incluso por Su gracia que queremos ser libres.
Por Su gracia, Él nos libera para vivir plenamente en gracia.
La definición de gracia (según dictionary.com) dice: «El favor libre e inmerecido de Dios, manifestado en la salvación de los pecadores y en la concesión de bendiciones».
Sin duda, es inmerecida. ¡Qué compasión tan increíble la de Dios al darnos tan libremente este regalo que nos sostiene! Fluye hacia nosotras cuando se lo pedimos. Llega a todos los lugares donde lo necesitamos. Tiene la temperatura adecuada para cada circunstancia. Puede ser caliente y maleable para encontrarnos en medio del fuego. Puede ser tibia para sanar y consolar, y puede fresca para refrescar. Sea como sea que la necesitemos, siempre está ahí cuando la pedimos, y nunca se agota.
Hay dos razones, dos razones por las que podrías verdaderamente necesitar en este momento esta gracia que da vida.
La primera es: la gracia para el pecado.
¿Tal vez te sientes un poco abrumada por todo lo que Dios te ha estado mostrando acerca de tu pecado durante esta conferencia?
- Quizás hoy necesitas gracia porque has llegado a reconocer un pecado del cual finalmente te has arrepentido. La gracia de Dios es para ti.
- Tal vez por fin has reunido el valor para confesar un pecado secreto que ha estado enterrado por mucho tiempo en tu pasado. La gracia de Dios es para ti.
- Puede que te hayas dado cuenta de un pecado en tu vida que ni siquiera sabías que era un pecado. La gracia de Dios es para ti.
- Quizás finalmente has recibido la fuerza para despojarte de ese pecado que te tenía atrapada una y otra vez. La gracia de Dios es para ti.
La segunda razón para la gracia que da vida es: gracia para las circunstancias.
Tal vez tu corazón tiembla un poco al pensar en volver a casa, por las dificultades que estás atravesando ahora mismo. ¿Sabías que la gracia de Dios puede encontrarte justo donde estás? ¡Esa es una noticia maravillosa! Su gracia nos encuentra aquí mismo, y luego nos impulsa hacia delante. No tenemos que quedarnos estancadas en el mismo lugar. La gracia de Dios es para ti.
- Quizás estás regresando a un trabajo que no te gusta.
- Tal vez al volver a tu casa tienes que enfrentar los problemas en tu matrimonio.
- Quizás te encuentras en un lugar nuevo y desconocido, donde nadie te conoce y no sabes qué hacer.
- Quizás hayas cambiado 6,237 pañales y no parece que vayas a terminar pronto. Necesitas gracia.
¡Anímate! El hecho de que sepas que necesitas gracia, ese dolor y esa incomodidad, es la promesa de que vendrán cosas buenas.
Para mí, todo este avivamiento en áreas muertas de nuestras vidas y los puntos sensibles son como la versión espiritual de los síntomas de la gripe que a veces aparecen después de una sesión de masaje. ¿Lo has escuchado alguna vez? Cuando terminas un masaje profundo, te dicen: «Es normal que sientas algo así como un leve malestar».
Entonces, al finalizar la sesión, la masajista te habla con voz suave y te dice:
«Asegúrate de tomar mucha agua para eliminar las toxinas de tu sistema».
Y puede que respondas: «Sí, claro».
¿Y sabes qué pasa justo después de eso? Te dicen que necesitas limpiar tu sistema, y luego te dan un vasito pequeño. ¿Alguna vez te has fijado en eso? A veces son los vasitos de papel que tienen el fondo puntiagudo.
Bueno, antes de tomarte el agua, tratas de firmar la factura sin soltar el vaso, intentando no derramar el agua, porque el vaso es demasiado pequeño. Ahora, es realmente muy amable de su parte que te den un vasito y agua para beber. Y puedes ver que tienen un enorme dispensador de agua; sin embargo, no pueden dártelo para que te lo lleves. Por eso te dan el agua en un vasito diminuto.
Pero Dios no está limitado de esa manera. Él no reparte pequeñas dosis de gracia. En este mismo momento, mientras te has dado cuenta de cuán necesitada estás, Dios está colocando delante de ti un enorme tanque de gracia. (Si quieres beber de Su gracia con una pajilla, eso ya es cuestión tuya). Pero si necesitas meter toda la cara ahí, en ese enorme tanque de gracia, por favor, ¡hazlo!
Yo he tenido que sumergirme en ese tanque de gracia. Me imagino a mí misma como un buzo con un tanque de oxígeno (sí, esas personas que se inclinan hacia atrás para caer al agua. Admito que no me llevo bien con los botes de agua). Pero pensar que soy como un buzo me hace sentir como si me lanzara de lleno en la gracia de Dios.
El año pasado, mi familia y yo nos mudamos de Pensilvania a Phoenix, Arizona. Fue un cambio enorme y muy aterrador. Necesité la gracia para muchas cosas. No tengo el tiempo para darte todos los detalles, pero voy a intentar darte una breve lista de las diferentes áreas en las que necesité la gracia.
Necesité la gracia para la punzada de miedo que sentí en mi corazón cuando nos dimos cuenta de que Dios quería que hiciéramos este cambio.
Necesité la gracia cuando pensé que mi familia se estaba muriendo la semana antes de irnos porque todos contrajimos salmonela. Y probablemente haya personas escuchándome en este momento, cuyos corazones se han desmoronado porque también contrajeron salmonela. Fue como una «fiesta» de salmonela.
No hubo visitas ni celebraciones; nadie podía ir a casa de nadie. Lo único que necesitábamos era mucho, mucho, mucho papel higiénico. De verdad pensé que mi familia se estaba muriendo; ese es un miedo real que tengo: que lentamente todos muramos por una enfermedad. El Señor me ha librado de eso, pero eso era exactamente lo que estaba pasando en mi corazón en ese momento.
Necesité la gracia de Dios para llegar a una salida en la autopista de Phoenix. Hay que cruzar como ocho carriles para llegar a la salida.
Necesité gracia cuando descubrí que no todas las compañías de mensajería enviaban a direcciones postales, solo a domicilios particulares. Así que los paquetes eran devueltos una y otra vez.
Cuando nos mudamos, por primera vez mi hijo mayor ya no estaba haciendo escuela en el hogar.
Extrañábamos a nuestros amigos. Nos perdimos bodas. No sé cuántas personas decidieron casarse el último año justo después de que nos fuimos, y no pudimos asistir. Lloré. Escribí muchísimas respuestas diciendo: «No podemos ir». Todo lo que hacía era llorar. También nos perdimos nacimientos. Mi hermana tuvo un bebé y otras personas tuvieron bebés.
Necesité gracia por el hecho de no tener ninguna amistad cercana y profunda. Dejé amistades íntimas en Pensilvania. Pude mantener el contacto con algunas de ellas, pero no estaban donde yo estaba.
Necesité gracia cuando tuve que lavar la ropa a mano porque la casa a la que nos mudamos no tenía una lavadora que funcionara.
Necesité gracia para entrecerrar los ojos ante la luz del sol de Arizona. Es hermoso, pero cuando vienes de la Universidad Estatal de Pensilvania, no puedes ver nada. No podía ver nada.
Y realmente necesité gracia cuando me encontré por primera vez con un escorpión. Antes le pedí misericordia al Señor y le dije: «Cuando me encuentre con escorpión, por favor, que yo tenga los zapatos puestos». Y el Señor fue muy tierno. ¡Tenía los zapatos puestos! Era un escorpión grande, y como no quería que estuviera muerto cuando llegara mi esposo, le pisé una pinza, para que solo pudiera caminar en círculos. Fue gracioso. Cuando mi esposo llegó, le dije: «¡Mira! ¡Tenemos un escorpión enorme y yo tengo zapatos puestos! ¡Y estoy muy feliz!».
Necesité la gracia para todas esas cosas. Hubo cosas grandes y pequeñas, pero pienso que Dios estaba tratando de decirme: «Voy a hacer que me pidas y me pidas y me pidas y me pidas hasta que te acostumbres a hacer uso de mi gracia».
La verdad es que yo trato de hacer muchas cosas sin ella. ¿También te pasa a ti lo mismo? ¿Puedes sentirlo? ¿Lo estás sintiendo ahora mismo?
Todas tenemos diferentes niveles de necesidad, pero no tenemos que compararnos unas con otras. Admito que lo he hecho, pero Dios me está enseñando a no hacerlo.
No hay razón para que compares tu necesidad de gracia, que parece pequeña, como si solo te hubieras golpeado el dedo del pie, con la de esa mujer que parece tener una necesidad enorme, como si estuviera en una camilla de hospital. ¿Entiendes a lo que me refiero? Tal vez esa mujer está allí, acostada en esa camilla de hospital, sin poder moverse, esperando la gracia de Dios y de repente te comienzas a sentir avergonzada porque solo te duele el dedo del pie. ¿Conoces esa sensación? Yo me he sentido así y luego pienso: «Está bien, puedo esperar. Ella necesita la gracia de Dios más que yo». Eso es como si dijera que el Señor se quedará sin gracia para darme.
¡Pero eso no es verdad! Hay gracia para ti y para mí, incluso si eres tú la mujer que está acostada en la camilla de hospital. No intentes estirar el cuello para mirar a la otra persona y juzgar su situación diciendo: «¿Para qué podría necesitar la gracia? Mejor que vuelva cuando realmente tenga problemas». ¡No hagas eso! La gracia de Dios es para ella. La gracia de Dios es para ti. ¡Es para todas! No hay condenación.
Voy a pedirte un favor. Quizás tengas algún dolor en alguna parte de tu cuerpo, o quizás te sientas un desastre de pies a cabeza. Si sientes que necesitas un poco de gracia en este momento, ponte de pie en silencio. Simplemente ponte de pie, dondequiera que estés, si necesitas gracia en algún área de tu vida, ya sea grande, pequeña o mediana. Gracias.
Ahora te pido que respires conmigo profundamente y digas: «La gracia de Dios es para mí». Luego busca a alguien que esté cerca y dile: «La gracia de Dios es para ti».
Muy bien. Quédate de pie. Voy a orar por todas nosotras y luego te puedes sentar.
Oh, Padre Dios, te damos gracias. Te damos gracias por Tu gracia. Te damos gracias porque Tu gracia es muy abundante, porque deseas dárnosla y porque no quieres que nos quedemos sin ella.
Te damos gracias por las áreas en las que necesitamos gracia y por Tu misericordia que nos ayuda a aplicarla en nuestras vidas. Oro en el nombre de Jesús, amén.
Puedes sentarte.
Ahora hablemos de tres maneras de aplicar la gracia con abundancia.
La primera es «hacer limpieza», como la que tiene lugar después de un masaje.
En Santiago, capítulo 4, en el versículo 6, dice: «Pero Él da mayor gracia. Por eso dice: “Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes”». Este versículo se utiliza generalmente para hacer la comparación entre el orgulloso y el humilde. ¿Entiendes lo que eso significa? No puedes recibirla a menos que te humilles ante Dios.
Quiero que por un momento nos enfoquemos en la parte de la gracia. Hay una frase pequeñita al comienzo que dice que Dios nos da mayor gracia. ¡Más gracia! No hay peligro de escasez, sino que está allí para nosotras cuando necesitamos más.
El Señor me mostró que yo estaba tratando la gracia como si fuera un tratamiento con antibióticos. (Y pensé en cómo podía explicar esto, pero creo que me vas a entender). Cuando tienes una infección muy fuerte, piensas: «Espero que con esta medicina sea suficiente». Luego la tomas durante unos días y dices: «¡Por favor! ¡Necesito que esto funcione!». Realmente esperas no tener que tomar una segunda ronda de medicamentos, ¿verdad?
Bueno, en el fondo, yo pensaba que no debía seguir necesitando gracia. Y tengo que admitir que así es como normalmente me siento. Puede que tú no luches con esa forma de pensar, pero yo sí. Sin embargo, tuve que aprender que Dios continuará dándonos gracia. Realmente necesitaba aprenderlo.
Ahora, lo que debemos hacer para abrir este depósito infinito, esa fuente infinita de gracia, es humillarnos y aprender a reconocer que la necesitamos y pedirla. Entonces, ¿cómo se ve eso en la práctica?
Humillarnos para recibir gracia puede verse de muchas maneras distintas. Tal vez se vea como decirle a la persona con la que viniste, o a alguien que está sentado a tu lado, que no te gusta para nada tu trabajo. Puede que sea eso.
Quizás necesites admitirlo y puede resultar que la persona a la que se lo estás diciendo haya sentido algo similar. Y es probable que tenga hermosas palabras de sabiduría y aliento para ti. Eso es gracia.
Tal vez humillarte se vea como aceptar que tu matrimonio necesita mejorar. Quizás tú y tu esposo necesiten la ayuda de un consejero en este momento y, al llegar a casa, consideren los pasos que deben seguir para que su matrimonio sea sanado y fortalecido. ¡Eso es gracia!
O tal vez haces demasiadas cosas y dices «sí» a todo. (Y este es mi caso. El Señor me ha estado enseñando esto durante mucho tiempo y pienso que estoy comenzando a entenderlo). Humillarte puede significar admitir el problema que yo llamo «exceso de decir que “sí”», que es decir «sí» a todo. Puede que necesites aceptar que quizás estás haciendo demasiado. Poder encontrar maneras de decir «no» y de liberarte de algunos compromisos y de este hábito de hacerlo todo es también gracia.
La gracia puede servir para eliminar de tu vida aquellas cosas que el Señor te ha mostrado que son tóxicas; cosas que han salido a flote luego del masaje, espiritualmente hablando. Ahora es el momento de eliminarlas de tu sistema con mucha gracia.
En la corta historia que tengo en mi caminar con el Dios Todopoderoso, he visto que Él es maravilloso y minucioso. Si Él ha señalado el dolor, entonces no permitirá que yo siga ahí y lo eliminará con Su gracia.
Ahora, la segunda manera de aplicar la gracia de la que estamos hablando hoy: utilizar la gracia como combustible.
Hebreos 4:16 dice: «Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna».
Este versículo viene justo después de la descripción de Jesús como nuestro Sumo Sacerdote, quien sabe exactamente por lo que pasamos, por lo que estamos atravesando hoy. Él lo entiende y ha puesto la gracia a nuestra disposición precisamente en esos momentos de necesidad.
Entonces, la gracia puede ser utilizada en nuestras vidas para recargarnos, para llenarnos de nuevo, de modo que podamos hacer lo que tenemos delante.
Queremos avanzar y salir adelante desde este punto en el que se han eliminado los obstáculos, los estorbos. Necesitamos combustible para el viaje.
A veces el combustible se consume más rápido, dependiendo del terreno, cuando todo es difícil, irregular y cuesta arriba. Si has manejado por lugares así, sabes que el tanque de gasolina se vacía mucho más rápido.
Yo tiendo a tratar la gracia en estas situaciones de forma similar a como trato el combustible de mi carro. Mi esposo me está ayudando a dejar ese hábito. Pero siento que cada vez es como una prueba de fe, y digo: «¿Encontraré una gasolinera a tiempo antes de que el auto se apague? Jesús, por favor, multiplica lo poco que queda. Señor, multiplica lo poco que queda. ¡Señor, multiplica lo poco que queda!». En realidad, eso no es una prueba de fe. Pienso que es simplemente una mala planificación. Pero así es como vivo, con la esperanza de poder llegar a mi destino.
- Necesitamos gracia para lo cotidiano.
- Necesitamos gracia para lo inesperado.
- Necesitamos gracia para los momentos difíciles.
- Necesitamos gracia para los tiempos agitados.
- Necesitamos gracia para los momentos de alegría.
- Y necesitamos gracia para los momentos de tristeza.
Necesitamos gracia para todo eso. Estamos avanzando en el camino, y ese camino se ve diferente para cada una de nosotras.
Permíteme hacerte algunas preguntas: para ti, ¿ha llegado el momento de comenzar esa empresa que el Señor te ha llamado a construir? ¿Lo es? Entonces, el combustible para eso es la gracia.
¿Eres ahora tú quien cuida de tus padres ancianos? ¿Es algo nuevo para ti? ¿Es parte de tu camino? Entonces, tu combustible para eso es la gracia.
¿Te vas a mudar con tu familia a miles de kilómetros de distancia, a un lugar desconocido? La gracia es tu combustible.
¿Parte de tu camino consiste en tratar de descubrir qué darle de comer a tu bebé ahora que quiere comida sólida? Eso es complicado. No sé si todas ustedes han pasado por eso, pero realmente es difícil. A veces no sabes qué hacer.
Luego de que tus hijos han escuchado historias a la hora de dormir, justo cuando estás cerrando la puerta y después de darles abrazos, besos y orar con ellos, te dicen: «Mamá, solo quiero decirte una cosa más, ¡será rápido!». Para eso también necesitas gracia.
Necesitas mucha gracia para meter a un niño pequeño y gordito en la silla del carro. Yo necesité mucha gracia para eso. ¡Muchísima gracia!
Ahora déjame decirte cómo se encuentra la gracia que nos da fuerzas: tenemos que hacer uso de ella para seguir adelante, y lo hacemos acercándonos al trono de la gracia, y debemos hacerlo con confianza.
Espero que notes que la palabra «confianza» aquí no es lo mismo que «orgullo», porque a veces usamos la confianza para exaltarnos a nosotras mismas cuando decimos: «Acércate con confianza al trono de la gracia».
Según una de las definiciones del diccionario Merriam-Webster, la confianza es «la fe y la creencia de que uno actuará de manera correcta, apropiada o eficaz».
Esto no es certeza en tu propia capacidad para conseguir lo que estás buscando. Esto es una convicción firme de que Aquel a quien te estás acercando te dará lo que dijo que te daría. Este Dios a quien servimos siempre actúa de una manera correcta, apropiada y eficaz, porque Él entiende por lo que estás pasando y quiere darte gracia en tu tiempo de necesidad. No se supone que hagas esto vacía.
La tercera manera de usar la gracia de la que hemos hablado hoy es extendiéndola generosamente. Aplicándola libremente a otras personas.
Efesios, capítulo 1, en los versículos 7 y 8, dice: «En Éltenemos redención mediante Su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de Su gracia que ha hecho abundar para con nosotros…».
En primer lugar, este versículo forma parte de una lista preciosa en Efesios capítulo 1, donde se mencionan cosas maravillosas que Dios ha decidido darnos. Pero quiero que notes una palabra en particular, y es la palabra «abundar». La redención por Su sangre y el perdón de pecados los tenemos según las riquezas de la gracia de Dios. Su gracia es un tesoro puro. Y Él la hace abundar sobre nosotros.
Algunos sinónimos de «abundar» son: excesivo, desbordante, extravagante.
Cuando escuchamos palabras como estas, muchas veces nos inclinamos a pensar en ideas de irresponsabilidad o derroche. Pienso, por ejemplo, en una fiesta que se salió completamente de control.
Imagino que si de alguna manera pudiéramos ver a Dios repartiendo Su gracia, ¿sería posible que pareciera un poco derrochador por la generosidad con la que derrama Su gracia sobre nosotras?
Veamos rápidamente Colosenses capítulo 4, versículos 5 y 6: «Anden sabiamente para con los de afuera, aprovechando bien el tiempo. Que su conversación sea siempre con gracia, sazonada como con sal, para que sepan cómo deben responder a cada persona».
La manera en la que actuamos con las personas que no conocen a Dios, la forma en que les hablamos y nuestras conversaciones, deben estar llenas de gracia. ¿Por qué? Bueno, vayamos a 1 Pedro, capítulo 4, para hablar sobre eso.
Primera de Pedro 4:10 dice lo siguiente: «Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndose los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios».
Somos administradoras de la gracia de Dios en sus diversas formas. Administradoras. Aquí va otra definición. Un administrador es «alguien designado para supervisar la provisión y la distribución de comida y bebida en una institución».
¿Sabes lo que eso significa? La comida y la bebida que un administrador reparte no provienen de él, sino que pasan por sus manos hacia las personas que las necesitan. Pero él decide cómo distribuirlas. Eso es lo que hace un administrador.
Todos los dones que hemos recibido, como dice en 1 Pedro, debemos usarlos para servir a otros, porque Dios nos ha encargado distribuir Su gracia. Hemos sido designadas para cuidar con diligencia cómo se reparte Su gracia. Y como nuestro Rey es generoso y Su depósito nunca se agota, no tenemos derecho a ser mezquinas ni a retenerla cuando se trata de Su gracia. Necesitamos derramarla. Él no usa vasitos pequeños… y nosotras tampoco debemos utilizar vasitos pequeños. ¿De acuerdo?
¿Quién en tu vida necesita gracia en este momento? ¿Tu esposo? ¿Tu hijo? ¿Una amiga? ¿Tus padres? ¿Tal vez sea un completo desconocido? Cuando nos llenamos de la abundante y extravagante gracia que Dios tiene para nosotras, debemos derramarla sobre las personas que nos rodean, ya sea que necesiten gracia para el pecado, gracia para las circunstancias, una limpieza, una recarga… cualquiera que sea la necesidad. Y entonces ellas, por la gracia de Dios, podrán a su vez distribuir abundantemente Su gracia a quienes estén a su alrededor.
Necesitamos pedirle a Dios Su gracia. Dios quiere dártela para todos tus momentos de necesidad, no importa si es grande o pequeña. Podemos aplicar Su gracia abundante y libremente en nuestras vidas porque es Dios quien da gracia.
Nancy: Acabamos de escuchar un mensaje de Chizzy Anderson, quien fue una de las expositoras de la conferencia Revive’19. Cuando ella terminó su mensaje, tuvimos un momento muy especial cuando ella nos cantó en lengua igbo una canción sobre la rica y abundante gracia de Dios.
La gracia de Dios… no podemos vivir sin ella. No solo en nuestra relación con Él, sino también en nuestras relaciones con los demás. Así que quiero dejarte con dos preguntas para que reflexiones hoy.
La primera es: ¿En cuál área necesitas realmente la gracia de Dios en este momento? ¿Podrías tomarte un tiempo hoy para hablar con Dios sobre esto? Dile: «Señor, ¡te necesito! Necesito tu gracia para…», y dile lo que necesitas.
Y en segundo lugar: ¿Hay alguien a quien necesites extender la gracia? Tú has recibido la gracia de Dios, entonces, ¿cómo puedes extender esa gracia a los demás y bendecir a otros con ella? Quizás ya estés pensando en una relación tensa o en alguien a quien simplemente quieres ayudar a tener un mejor día, sin importar quién sea o lo que haya hecho. ¿Qué puedes hacer para extender la gracia de Dios a alguien que realmente la necesita?
Aquí, en Aviva Nuestros Corazones, a menudo decimos: Inhala gracia y exhala gracia. Seamos mujeres que respiran gracia y exhalan gracia.
Débora: Invitándote a vivir una vida contracultural, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación