Débora de Rivera: ¿Podría ser que hemos estado contemplando las cosas equivocadas? Aquí está Jackie Hill Perry.
Jackie Hill Perry: Estamos tan fascinadas con el mundo. Estamos tan atrapadas en cosas que no pueden transformarnos, en personas que no pueden salvarnos, en cosas que no pueden liberarnos y en personalidades que no murieron por nosotras. ¿Pero qué pasaría si lo contempláramos a Él?
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro «Incomparable», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 2 de julio de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Luego de la conferencia de True Woman ‘25, las siguientes semanas fueron muy especiales aquí en Aviva Nuestros Corazones. Disfruté mucho al reflexionar sobre los mensajes de esa conferencia. Y déjame decirte esto: las conferencistas no improvisaron estos mensajes. No sacaron unas notas viejas del archivo y dijeron: «Bueno, esto servirá». Buscaron …
Débora de Rivera: ¿Podría ser que hemos estado contemplando las cosas equivocadas? Aquí está Jackie Hill Perry.
Jackie Hill Perry: Estamos tan fascinadas con el mundo. Estamos tan atrapadas en cosas que no pueden transformarnos, en personas que no pueden salvarnos, en cosas que no pueden liberarnos y en personalidades que no murieron por nosotras. ¿Pero qué pasaría si lo contempláramos a Él?
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro «Incomparable», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 2 de julio de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Luego de la conferencia de True Woman ‘25, las siguientes semanas fueron muy especiales aquí en Aviva Nuestros Corazones. Disfruté mucho al reflexionar sobre los mensajes de esa conferencia. Y déjame decirte esto: las conferencistas no improvisaron estos mensajes. No sacaron unas notas viejas del archivo y dijeron: «Bueno, esto servirá». Buscaron al Señor durante semanas y meses para poder comunicar lo que Él quería que dijeran. Y Su presencia fue muy evidente a lo largo de todo ese fin de semana.
Si Dios ha usado estos mensajes de True Woman, ya sea en vivo durante la conferencia o a lo largo de estas últimas dos semanas mientras los hemos compartido contigo, para ayudarte a contemplar a Jesús, para darte un nuevo sentido del asombro por Su Palabra, ¿considerarías apoyar a Aviva Nuestros Corazones con una ofrenda económica? Al hacerlo, te conviertes en colaboradora con nosotras para ayudar a mujeres de todo el mundo a encontrar libertad, plenitud y abundancia en Cristo. De hecho, fue muy emocionante saber que mujeres de noventa países participaron en la transmisión en vivo de Mujer Verdadera ’25. ¡Eso incluyó mujeres que se reunieron en quince lugares diferentes a lo largo de la isla de Cuba para seguir la transmisión durante todo el fin de semana!
Y allí, en Indianápolis, tuve el gran gozo de conocer a muchísimas mujeres de diferentes partes del mundo que vinieron a ser parte de ese fin de semana. Ellas expresaron una profunda gratitud por lo que el Señor está haciendo a través de Revive Our Hearts en sus regiones. Si te gustaría saber más acerca de cómo el Señor está obrando por medio de nuestros ministerios internacionales, visita ReviveOurHearts.com/international. No sería posible alcanzar a todas estas mujeres sin amigas como tú, que se unen a nosotras en oración y apoyo para estos esfuerzos.
Ayer escuchamos a Jackie Hill Perry compartir lo que sucede cuando Dios mira nuestra ceguera espiritual y dice: «Sea la luz». Es entonces cuando somos capaces de ver a Dios tal como Él es. Podemos ver Su gloria, Su belleza y asombrarnos del evangelio de Cristo. Si te perdiste el episodio anterior, puedes encontrarlo en AvivaNuestrosCorazones.com o en la aplicación de Aviva Nuestros Corazones.
Hoy escucharemos la segunda parte de ese mensaje. Y, bueno, prepara tu corazón, y quizá hasta ten pañuelos a la mano, porque el Espíritu Santo estuvo obrando poderosamente a través de las palabras de Jackie esa noche. Y sé que Él continúa obrando mientras escuchas el programa de hoy.
Aquí está Jackie, retomando en Juan capítulo 1, versículo 14.
Jackie:
«El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad».
¿Quiénes son ese «nosotros» al que Juan se refiere? Bueno, son los apóstoles, los discípulos, aquellos que fueron testigos oculares de Cristo mientras estuvo en la tierra. Él dice que no solo vieron a Cristo, sino que vieron gloria: una gloria en Cristo que hacía manifiesto que Dios es pleno, abundante en gracia y en verdad.
Una vez más, Juan está haciendo aquí alusión al Antiguo Testamento en Éxodo 33. Moisés le hizo a Dios una petición. Le dijo: «Por favor, muéstrame Tu gloria». Y gloria es la manifestación del esplendor, la belleza y la grandeza de Dios. La gloria es una revelación. Moisés quería ver algo que Dios tenía que revelar; por eso pidió: «Por favor, muéstrame Tu gloria». Dios le respondió que no podía ver Su rostro, porque si lo hacía, no viviría. Así que lo pondría en la hendidura de una peña y lo cubriría con Su mano mientras Su gloria pasaba.
La Biblia dice que Moisés subió al monte Sinaí, y que el Señor descendió en la nube y proclamó Su gloria. Dijo que Él es el Señor, el Dios compasivo y misericordioso, lento para la ira y, escucha esto, abundante en amor y fidelidad. ¿Y qué tiene eso que ver con Juan?
Bueno, cuando el Señor se revela como un Dios abundante en amor constante y fidelidad, es muy probable que Juan esté resumiendo ambos términos cuando dice que Jesús es lleno de gracia y de verdad. La gracia resume el término hebreo hesed, que comunica el amor y la bondad del Señor. La verdad traduce el término hebreo emet, que revela la confiabilidad y fidelidad del Señor.
Así que cuando Moisés escuchó al Señor proclamarse como Aquel que abunda en amor constante, y luego vemos a Jesús aparecer en escena, convirtiendo el agua en vino para cubrir la vergüenza de algunas personas; vemos a Jesús aparecer en escena sanando cuerpos quebrantados; vemos a Jesús aparecer en escena resucitando muertos y, finalmente, muriendo por pecadores. Lo que estaban viendo era el amor constante del Señor manifestado en Cristo.
Cuando Moisés escuchó al Señor proclamarse como abundante en fidelidad, y Jesús viene proclamando que Él es el camino, la verdad y la vida, lo que estaban viendo era la fidelidad del Señor. Es decir, lo que Moisés solo oyó mientras estaba en la hendidura de la peña, Juan y los discípulos ahora lo han visto en la Palabra encarnada de Dios. Cuando vieron a Jesús, vieron la gloria de Dios… pero no todos la vieron.
No todos vieron lo que Juan vio. No todos entendieron lo que Juan escuchó.
- Para algunos, la Palabra no estaba en el principio con Dios; era solo el hijo de María.
- Para otros, no era la exégesis de Dios; era solo un profeta.
- Para otros, la Palabra no estaba con Dios, sino que era un hombre que necesitaba la ayuda de Satanás para expulsar demonios.
- Para otros, la Palabra no era Dios en absoluto; era un pecador.
Es posible ver a Jesús y no contemplarlo. Es posible estar cerca de Jesús y no percibir la gloria. Y es precisamente esta ceguera la razón por la que Él murió.
¿De qué otra manera podría haber sido crucificado? Pablo dijo en 1 Corintios que, si hubieran entendido la sabiduría divina de Dios, «no habrían crucificado al Señor de la gloria» (1 Co. 2:8). Así que mi pregunta para nosotras es: ¿qué crees que está ocurriendo cuando pecamos contra Él?
Cuando hacemos cosas indebidas con nuestros cuerpos, o tratamos mal a nuestro prójimo en las redes sociales, o pecamos en el matrimonio o con nuestras amistades; cuando miramos lo que no debemos, amamos lo que no debemos y disfrutamos aquello que se nos ha ordenado hacer morir, es posible, quizá, que en algún punto hayamos dejado de contemplar la gloria. Él se ha convertido para nosotros en algo menos que el Señor de la gloria.
Vemos a ese Dios-hombre en la cruz. Estamos tan acostumbradas a hablar de eso que olvidamos que fue nuestro pecado el que lo llevó allí. Y no solo el pecado de Juan, ni solo el de Pedro, ni solo el de Mateo, ni el de Marcos, ni el de Andrés o el de su hermano. No fue solo el pecado de ellos, sino el mío. Mi pecado es la razón de los clavos en Sus manos. Tu pecado es la causa de la corona sobre Su cabeza.
Así que, para ayudarnos a reorientarnos alrededor de la cruz, vamos a ayudarnos a pensar en lo que es verdadero y digno de alabanza, creo que será útil volver a contemplarlo.
Veámoslo. Jesús, el que estaba en el principio con Dios: contemplémoslo. Jesús, el que es Dios: contemplémoslo.
«Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, [y para Él] y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho» (Juan 1:3).
Jesús, el que es Dios y tomó carne y habitó entre nosotros: contemplémoslo.
Jesús, el que reveló la gloria de la naturaleza de Dios, lleno de gracia y de verdad: contemplémoslo.
Contémplalo cuando sana en un hogar.
Contémplalo cuando abre el rollo y declara que ha sido ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres.
Contémplalo en el desierto, siendo tentado y saliendo victorioso.
Contémplalo a la mesa con pecadores.
Contémplalo en los montes, en oración.
Contémplalo como el varón de dolores, experimentado en aflicción.
Contémplalo cuando parte el pan y derrama el vino.
Contémplalo como fiel.
Contémplalo como verdadero.
Contémplalo como el camino, pues nadie viene al Padre sino por medio de Él.
Contémplalo como el Siervo sufriente.
No sé si ya lo ves, así que voy a continuar.
Ahí está, en el huerto, pidiéndole al Padre que pase de Él la copa. Esa copa que contenía la ira de Dios por nuestro pecado. La Palabra que estaba en el principio con Dios estaba a punto de ser abandonada por Dios.
La Palabra que estaba en el principio con Dios estaba en el huerto de Getsemaní, enfrentando la realidad de que estaba a punto de ser abandonado por el Dios con quien siempre había estado. Contempla Su amor. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Jn. 3:16).
Contémplalo cuando se convierte en la propiciación por nuestros pecados, absorbiendo la ira de Dios, para que lo que nosotras recibamos sea justicia por la fe.
Contémplalo bebiendo toda la copa.
Contémplalo pagando el precio completo.
Contémplalo diciendo: «Consumado es».
¡Contempla, contempla al Cordero que quita el pecado del mundo!
Contémplalo como la resurrección y la vida.
Contémplalo como Aquel que ha vencido la tumba.
Contémplalo como Aquel que, existiendo en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó de Sí mismo.
Contémplalo como Aquel que se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Contémplalo como Aquel que fue exaltado hasta lo sumo.
Contémplalo, el Nombre que debe estar en nuestros labios.
Contémplalo, Aquel que tiene el Nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, al nombre de Jesús, al nombre de Jesús, se doble toda rodilla de los que están en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre (Fil. 2:10–11).
¿Ya lo ves?
Nos distraemos con tanta facilidad. Estamos tan fascinadas por el mundo. Estamos tan atrapadas en cosas que no pueden transformarnos, en personas que no pueden salvarnos, en cosas que no pueden librarnos y en personalidades que no murieron por nosotras.
¿Pero qué pasaría si lo contempláramos a Él?
¿Qué pasaría cuando estás en medio del dolor y lo contemplas a Él?
¿Qué pasaría cuando estás frustrada y lo contemplas a Él?
¿Qué pasaría cuando eres traicionada y lo contemplas a Él?
¿Qué sucede cuando tienes un pecado persistente que te hace creer que la sangre ya no es suficiente, pero aún decides contemplarlo a Él?
¿Qué sucede cuando Dios te ha llamado a un ministerio donde las personas quieren que prediques de todo menos a Jesús, y tienes que recordar que tu trabajo, tu misión, es predicar el evangelio para que las personas lo contemplen a Él?
¿Qué sucede cuando estás cansada en la oración? Debes contemplarlo a Él.
¿Qué sucede cuando empiezas a perder la vista? Debes contemplarlo a Él.
¿Qué sucede cuando tu cuerpo se quebranta? Lo contemplas a Él.
¿Qué sucede cuando pierdes a personas que amas? Lo contemplas a Él.
¿Por qué crees que fuiste hecha? ¿Por qué crees que fuiste creada, si no es para contemplarlo a Él?
Creo que el Señor quiere llevarnos de regreso a lo esencial, y eso es contemplarlo a Él.
Hay un pasaje en el Evangelio de Juan después de que Jesús resucita de entre los muertos. Los discípulos lo ven en una habitación y luego van y le dicen a uno de los otros discípulos, Tomás, que acaban de ver al Señor. Pero Tomás no lo cree.
Tomás dice algo así como: «Bueno, está bien, pero… necesito verlo para creerles. Necesito ver los clavos en Sus manos. Necesito ver todo eso». Y unos días después, Jesús aparece en la habitación y le dice a Tomás: «Pon aquí tu dedo y mira Mis manos; extiende aquí tu mano y métela en Mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Entonces Tomás le respondió, y esta es la declaración central del evangelio de Juan: «¡Señor mío y Dios mío!».
«Jesús le dijo: “¿Por qué me has visto has creído? Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron”» (Jn. 20:29).
En las Escrituras, una metáfora para la fe es el acto de verlo. No sé de qué contexto eclesiástico vienes. No sé con qué denominación estás familiarizada. Pero quiero crear un espacio para que le supliquemos a Dios que nos ayude a verlo otra vez. Porque donde nos falta visión, ahí se revela dónde nos falta fe.
Necesitamos al Espíritu Santo para que nos ayude a tener fe. Necesitamos al Espíritu Santo para que toda la Escritura que conocemos se convierta en algo que creemos, y no solo algo que citamos. Necesitamos que el Espíritu Santo obre en nuestros corazones. Necesitamos que el Espíritu Santo obre en nosotros para que seamos fieles, para que amemos a Dios con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma, y para que podamos amar a nuestro prójimo, y a nosotros mismos, como corresponde.
Esta no es una conferencia a la que venimos y de la que nos vamos siendo los mismos. Permaneceremos iguales si no lo contemplamos a Él. Necesitamos misericordia. Necesitamos que el Espíritu Santo haga lo que solo Él puede hacer. El altar está abierto.
No sé cuándo fue la última vez que te postraste rostro en tierra, pero a veces tienes que experimentar desesperación en tu cuerpo para que tu corazón recuerde a qué ha sido llamado, y eso es a rendirse. El altar está abierto para que simplemente puedas decir: «Dios, ayúdame a creer. Estoy luchando en mi matrimonio. Estoy luchando en mi campus. Estoy luchando en mi mente. Y necesito Tu ayuda para creer».
Voy a orar por ustedes, y espero que respondan a lo que el Espíritu Santo está diciendo.
Dios de gloria, te amamos y te damos gracias porque Tú nos amaste primero. Oro, Dios, para que tengas misericordia. Oro, Dios, para que abras nuestros ojos, para que podamos verte. Oro, Dios, para que humilles nuestros corazones, para que podamos contemplarte.
Oro por quienes estamos cansados de hacer el bien: ayúdanos a verte. Oro por aquellas que están esclavizadas al pecado, para que reconozcan la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo y en Tu evangelio.
Oro para que todo corazón endurecido sea ablandado. Oro para que todo ojo ciego sea abierto. Oro para que todo oído sordo pueda escuchar Tu llamado.
Oro incluso ahora por aquellas que han resistido Tu Palabra, suprimiendo la verdad acerca de su propia injusticia: llámalas, Señor, para que te sigan. Y que, desde este día en adelante, tomen su cruz y se nieguen a sí mismas.
Oro para que nos neguemos a nosotras mismas. Oro para que no seamos egocéntricas. Oro para que no estemos centradas en nosotras mismas. Oro para que tengamos la mente que hubo en Cristo Jesús, quien no consideró el ser igual a Dios como algo a lo cual aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo y tomó forma de siervo. Oro para que nos hagas siervas. Oro para que nos hagas obedientes. Oro para que nos hagas amantes de Dios y no amantes de nosotras mismas.
Oro por aquellas que luchan con adicciones, para que puedan verte; para que vean que Tú eres digno de su lealtad, digno de su tiempo, digno de sus afectos. Oro por todos los que están esclavizados al pecado sexual, y están en liderazgo, para que se arrepientan y crean nuevamente el evangelio. Oro por aquellas que son esclavas de la vergüenza, para que ya no crean la mentira del maligno, sino que crean que no hay condenación para todos los que creen en Cristo Jesús.
Oro para que creamos en Cristo Jesús y para que no prediquemos ni creamos ningún otro evangelio que no sea el que los discípulos y los apóstoles escribieron.
Dios, pienso en los discípulos que fueron llenos del Espíritu Santo. Para hacer Tu obra, Tú los llenaste otra vez, no como si necesitaran otro Espíritu Santo u otra llenura distinta, sino con poder fresco, con una unción renovada para hacer aquello a lo que los habías llamado. Oro por valentía en este lugar. Oro por coraje en este lugar. Oro por todos los que han tenido miedo de ser fieles en voz alta. Oro para que nos ayudes a decir la verdad y a avergonzar al diablo. Pero también oro para que nos concedas compasión, para decir la verdad con un espíritu de mansedumbre y respeto.
Oro para que no creamos que podemos decir la verdad y odiar a nuestro prójimo al mismo tiempo. Oro para que ablandes nuestros corazones en la manera en que amamos a las personas. Oro por esta nación, para que amemos a las personas como Tú amas a las personas. Oro para que levantes a cristianos que no solo amen la verdad, sino que amen a las personas.
A Aquel que es poderoso para guardarnos sin caída y presentarnos irreprensibles y sin mancha delante de Su gloriosa presencia con gran gozo, Te contemplamos.
Te damos gracias por todo lo que has hecho por nosotros en Cristo Jesús. Oro para que, bajo el sonido de la adoración, en medio de la comunidad y después de inclinarnos ante Tu Palabra, Tu Espíritu Santo obre poderosamente; que concedas milagros en este lugar y que nuestras vidas sean transformadas para siempre —no porque hayamos hecho algo especial, sino porque contemplamos la gloria del Hijo.
Te amamos y te damos gracias, en Cristo Jesús. Amén.
Nancy: ¡Amén! ¡Guau! Lo que no pudiste ver mientras escuchabas este mensaje de Jackie Hill Perry en True Woman ’25 es que, durante los últimos minutos, ella estaba llorando; las lágrimas corrían por su rostro. He escuchado a quienes conocen bien a Jackie decir que: «Eso fue inusual». Y a lo largo de esa oración, ella se inclinaba sobre la plataforma, derramando su corazón delante del Señor. Fue un momento santo. Fue algo precioso estar allí y ver cómo tantas mujeres salían de sus asientos y corrían hacia el frente del auditorio para postrarse en el suelo delante del Señor, clamando a Él, levantando sus manos, algunas llorando, confesando, orando, contemplando a Cristo de una manera nueva y fresca.
Hubo muchas emociones, pero no fue emocionalismo. Fueron emociones que nacieron de haber visto a Cristo a través de Su Palabra de una manera renovada.
Me pregunto si, ya sea que estés en tu auto, en tu cocina, en tu estudio o escuchando con audífonos, este también necesita ser un momento santo para ti. ¿Podrías tomar un instante para hacer una pausa, detener lo que estás haciendo si te es posible y levantar tu mirada a Cristo? Contémplalo de una manera nueva. Si hay algo que necesitas rendir al Señor, algún pecado que confesar, perdón que pedir, o simplemente adorar, entonces dile: «Señor, te amo, te bendigo. Quiero verte en cada momento y circunstancia de mi vida, para Tu gloria».
La Escritura nos enseña en 2 Corintios 3 que nos transformamos en aquello que contemplamos. Así que, oh Señor, oro para que en estos momentos y en los días venideros contemplemos a Jesús de maneras nuevas; que Te contemplemos en Tu Palabra, y que nuestras vidas sean transformadas, conformadas a la imagen de Jesús, a medida que vemos más de Su rostro, más de Sus caminos, más de Su Palabra, más de Tu gloria y más de Tu evangelio. Oro en el precioso nombre de Jesús. Amén.
Si deseas ver el mensaje de Jackie, encontrarás un enlace al video en la transcripción del programa de hoy en AvivaNuestrosCorazones.com.
Espero que sigas contemplándolo a Él durante el resto de la semana. Espero que puedas contemplarlo en adoración, junto con tu familia de la iglesia.
Débora: Si estuvieras muriendo de sed, ¿preferirías beber de un vasito pequeño de agua o de un manantial ilimitado de agua pura? Chizzy Anderson dice que Dios derrama Su gracia generosamente sobre nuestras almas sedientas. Descubre cómo podemos aplicar Su gracia abundantemente, tanto a nosotras mismas como a los demás, en una nueva serie de Aviva Nuestros Corazones. Te esperamos aquí el día de mañana.
Llamándote a contemplar a Jesús como la Palabra viva, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
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