Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Busca la paz

Annamarie Sauter: Todas queremos escapar del dolor, pero es importante que sepamos «Qué hacer cuando la vida duele».

Nancy DeMoss Wolgemuth: Toda nuestra cultura está siendo motivada y conducida a no experimentar dolor, a no tener que sufrir. Y entonces tomamos todo tipo de medicamentos para quitar o aminorar o neutralizar el dolor. Y así, muchas mujeres cristianas están viviendo vidas adormecidas tratando de escapar del dolor.

Ahora, no estoy diciendo que si tienes un dolor de cabeza esté mal tomarte una aspirina. Pero yo creo que lo que necesitamos es una teología que nos lleve más allá de la aspirina, que diga, «puedo tener un dolor de cabeza físico, emocional o espiritual, y mi vida aún está bien porque Dios continúa siendo bueno».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

En el programa anterior dimos inicio a la serie titulada, Qué hacer cuando la vida duele. En ese primer programa de esta serie Nancy nos ayudó a ver la diferencia entre dejarnos guiar por lo que sentimos, y actuar conforme a lo que es verdad. Hoy ella se enfocará en lo que la Escritura nos dice en 1 Pedro, capítulo 3 versículos 1 al 9. Permíteme leerlo.

«Asimismo ustedes, mujeres, estén sujetas a sus maridos, de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres al observar ellos su conducta casta y respetuosa.Que el adorno de ustedes no sea el externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea lo que procede de lo íntimo del corazón, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios. Porque así también se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos. Así obedeció Sara a Abraham, llamándolo señor, y ustedes han llegado a ser hijas de ella, si hacen el bien y no tienen miedo de nada que pueda aterrorizarlas.

Ustedes, maridos, igualmente, convivan de manera comprensiva con sus mujeres, como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole honor por ser heredera como ustedes de la gracia de la vida, para que sus oraciones no sean estorbadas.

En conclusión, sean todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos, y de espíritu humilde; no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fueron llamados con el propósito de heredar bendición».

Bien, en esta primera carta Pedro habla mucho acerca del sufrimiento. ¿Por qué aborda el tema del matrimonio dentro de este contexto? Nancy inicia el programa con algunos pensamientos al respecto.

Nancy: El matrimonio es una relación que obviamente incluye sufrimiento. Sin importar qué tan bueno sea tu matrimonio, hay asuntos donde no vas a ver las cosas de la misma forma que las ve tu pareja. Si tomamos un hombre y una mujer y los juntamos, van a tener diferencias y van a tener retos y oportunidades para sufrir.

Pero en el contexto que tenemos aquí, Pedro habla a los creyentes que están sufriendo por su fe. Él dice, «vas a tener sufrimiento. Si vas a vivir una vida de santidad y vas a seguir a Cristo vas tener que sufrir en muchas áreas y de diversas formas y en diversas temporadas». De manera que la meta aquí no es huir del sufrimiento. La meta es encontrar la forma de caminar a través de ese tiempo de una manera piadosa.

Y luego que él nos da este increíble ejemplo de Cristo –en el capítulo 2 de 1 Pedro– quien sufrió por nosotros sin tomar represalias, sin defenderse Él mismo, sino bendiciendo a aquellos que lo maldijeron, devolviendo bien por mal, sometiéndose al sufrimiento y todo esto porque Él conocía algo...

Él sabía que Dios era quien iba a reivindicar Su justicia. Ves, si tu teología es correcta, si tu pensamiento es correcto, entonces te capacitará para vivir correctamente aun en circunstancias dolorosas e imposibles.

Entonces Pedro sigue diciendo, «ahora déjame ser aún más práctico porque de seguro estás ahí sentada pensando, “bueno yo no soy Jesús”», pero él dice, «tú eres una esposa»; o, a los esposos: «tú eres un esposo, vives en una familia».

Luego continúa hablando acerca de las relaciones de trabajo, las relaciones donde incluso hay persecución política o religiosa. Y él dice entonces, «tienes circunstancias reales de la vida». Y la primera con la que empieza es esta del matrimonio en la cual habla primero a las esposas.

Y él dice, «algunas de ustedes están casadas con hombres que no obedecen la Palabra». En su época, como en la nuestra, había muchas mujeres que habían llegado a conocer a Cristo, pero sus esposos no habían conocido a Cristo y las estaban ridiculizando por su fe. Estos hombres les estaban haciendo difícil el vivir como cristianas. Bueno, pues Pedro les habla a las mujeres que están viviendo circunstancias como esas.

Una mujer se acercó a mí y me dijo, «quiero bendecir a mi esposo pero él es muy profano. Maldice e insulta. Noventa por ciento de lo que sale de su boca es para criticar, y es horrible. Ha herido a mis hijos, quienes ya son adultos y ahora tratan de sobreponerse a ese dolor y al sufrimiento».

Pero entonces ¿qué dice Pedro que tenemos que hacer? Sufrir. Bueno, lo que dice es «Sujétate, sé sumisa. Ve y sométete a la autoridad de Dios. Y el someterte a la autoridad de Dios significa estar bajo la autoridad de tu pareja y hacerlo con un espíritu de humildad y de mansedumbre, con un espíritu quieto y sereno».

¿Y cómo luce un espíritu manso, tierno y sereno? Es un espíritu que confía en Dios. Confía en que Dios es más grande, en que Dios es poderoso, que Dios es más real y que Dios está en control. El corazón del rey está en las manos de Dios (Pro. 21:1). Tu esposo no es el último rey del universo, aunque él crea que lo es. Y tampoco lo eres tú.

Así que Pedro dice, «sujétate al Señor», y entonces, porque estás sujeta al Señor podrás sujetarte a tu pareja y podrás hacerlo con un espíritu de mansedumbre; esto es, que no le responderás de forma irrespetuosa, no responderás de la misma manera como él lo hace al tratar con las situaciones.

Pedro continúa hablando a los esposos, pero no nos enfocaremos en eso. Pero esto aplica también a los esposos, quienes tienen que vivir con esposas que son imposibles de entender —y esto aplica o es la realidad de cualquier esposa en un momento determinado. Y él les dice, «como hombre, tienes que vivir con tu esposa de una forma comprensiva, aunque ella sea incomprensible». Así es como luce la sumisión en el caso de los hombres.

Después continúa diciendo, «en conclusión, todos ustedes…» –versículo 8 de 1 Pedro capítulo 3– «sean todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde».

Ahora, si tan solo pudiéramos tener estas cualidades, ¿no terminaría esto con el 90 por ciento de todos los conflictos? Pero se empieza con una actitud de corazón que es diferente de la actitud de la persona que no conoce a Cristo. Solo con el poder del Espíritu Santo puedes tener este tipo de actitud.

Te diré algo —no vaya a ser que vayas a la casa y lo intentes— esto es algo que no puedes hacer por ti misma. No puedes ser compasiva y tener amor y amor fraternal y un corazón tierno y una mente humilde por ti misma. Ahí es donde debemos clamar al Señor y decirle: «¡No puedo hacer esto! ¡Te necesito! Sé Tú, Jesús, en mí. Vive tu vida a través de mí. Lléname con tu Espíritu».

Eso es lo que realmente significa ser cristiana. Significa Cristo dentro de ti, viviendo Su vida a través de ti por el poder del Espíritu Santo y el poder de la gracia de Dios.

Entonces Pedro dice, «haz esto», y luego la expresión de esa actitud de corazón, de ese corazón tierno y de esa mente humilde… Y por cierto, la mente humilde significa, de acuerdo con Filipenses capítulo 2, que debes estimar a todos los demás como mejores que tú misma.

Ahora, aquí estamos hablando en el ámbito de lo imposible. Sé que es así, pero estamos hablando de algo sobrenatural, aquello que es posible solo cuando estás llena del Espíritu.

Entonces, dice él, «una vez que tienes esta mente humilde y este corazón tierno y un amor fraternal y compasión, entonces te interesará más el bienestar de los demás que tu propia persona», y él pasa a decir, «¿cómo se vive esto?»

Bueno, el versículo 9, de 1 Pedro 3 dice: «No devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien… (¿qué palabra usa aquí?…bendecir, elogiar, hablar bien de alguien) bendiciendo». Ahora ¿de quién está hablando Pedro aquí? ¿A quién estás bendiciendo? Estás bendiciendo a la persona que te está haciendo daño. Estás bendiciendo a la persona que te maldijo.

Ahora, hay muchas más cosas de las que podríamos hablar aquí. Déjenme hacer una pequeña aclaración, donde hay transgresión de la ley, donde existe comportamiento que puede dañarte físicamente… Este no es el único pasaje que aplica en esta situación. Hay otros pasajes que son tan buenos como este de primera de Pedro y que hablan acerca del papel que juega la iglesia. Es mejor que te asegures de estar en una iglesia y bajo su protección, bajo la protección espiritual de líderes piadosos y espirituales en tu iglesia. Porque hay ocasiones donde tendrás que acudir a la ley y a las autoridades civiles.

Las Escrituras no te dicen que le permitas a tu esposo romperte todos los huesos y que solo te quedes ahí y lo bendigas. En adición a esto, Dios hace otras provisiones no solo para tu bien sino también para el bien de él. De manera que hay otros pasajes que tienen aplicación aquí, pero no puedes pasar por alto este que estamos viendo.

Y por otra parte, déjame decirte que al pasar de los años he hablado con cientos de mujeres. En la gran mayoría de los casos las dificultades que vemos no llegan a estos extremos. Estamos refiriéndonos aquí a situaciones donde el esposo es simplemente un gruñón, una persona difícil para convivir. Y algunos de esos tipos de abusos y de heridas emocionales pueden ser aún más difíciles de asimilar —de acuerdo a lo que me han dicho algunas mujeres— más aún que el abuso físico.

Dios nos está diciendo que cuando seamos maldecidas nos aseguremos de no maldecir de vuelta, y nos anima a pedirle la gracia para hacer lo que dice Pedro —bendecir. Escucha el final de ese versículo 9: «Porque fuisteis llamados con el propósito de heredar bendición».

Cosechas lo que siembras. Siembra bendiciones en las vidas de los miembros de tu familia y de tus amigos, y vas a cosechar bendiciones. Siembra maldiciones y cosecharás maldiciones.

«Así que mientras siembras bendiciones en tu familia», Pedro dice, «vas a cumplir tu llamamiento. Dios quiere bendecirte». Y Él lo hará, Él puede; y tú te colocarás en una posición en la que puedes ser bendecida por Dios si regresas bendiciones a esos que maldicen en tu contra.

Me imagino a Pedro aquí hablándole a una mujer cristiana (tal vez una joven creyente) que se acerca a él para decirle lo que muchas veces me cuentan algunas mujeres: «Mi esposo hace esto y esto, o mis padres hacen esto y aquello. Son muy injustos. Son muy pecadores. ¿Qué puedo hacer al respecto?»

A menudo, lo que estas mujeres realmente están diciendo es, «¿qué puedo hacer para arreglar o cambiar a la otra persona?» Y algunas veces pienso que quisieran que yo lo arregle o lo cambie, y tal vez Pedro estaba pensando lo mismo. Y le dice a esta mujer (o pudiera haber sido un hombre, si la situación fuese al revés) él le diría algo como, «no puedes hacer nada acerca de la otra persona. Tú no eres responsable por la otra persona». Ahora bien, nuestro comportamiento y nuestras decisiones tendrán un impacto en la otra persona, pero en última instancia esa no es nuestra responsabilidad. Él nos dice, «eres responsable de ti misma».

Entonces él no dice nada acerca de la lengua o los labios del agresor o de la persona que ha estado maldiciendo. Pero él sí dice, «guarda tu lengua de maldad, guarda tus labios de hablar engaño. Guarda tu corazón, guarda tu lengua, guarda tus palabras, guarda tu espíritu, guarda tu actitud». De estas cosas es de lo que Dios te hace responsable. Ahora, mantén en mente el contexto. Él está hablando a alguien que está siendo víctima de la maldad. Él dice, «apártate del mal, y haz el bien».

Y luego, me encanta este versículo que Pedro cita. De hecho todo este pasaje que él cita corresponde al Antiguo Testamento. (Que por cierto es otro recordatorio de cuán importante es tener la Palabra de Dios grabada en tu sistema, para que cuando la necesites, puedas hacer uso de ella, ya sea para tu necesidad o para la necesidad de alguien más).

Pedro aquí está citando, tal y como lo hacen los autores del Nuevo Testamento, él está citando el Antiguo Testamento. Ellos ni siquiera tenían copias de la Biblia, pero podían citar de forma literal pasajes completos del Antiguo Testamento. Si quieres saber cómo puedes prepararte para manejar las emergencias de la vida y las circunstancias extremas, parte de la clave (y volvemos a repetir lo mismo) es asegurarte de que conoces la Palabra de Dios.

¿Podrías recitar el Salmo 34 en tu situación o en la situación de tu amiga, de tu vecino o para alguien que está atravesando por un matrimonio difícil y está pidiendo ayuda? ¿Podrías ir a la Palabra de Dios?

Esto podría ocurrir en tu lugar de trabajo, podría suceder en la iglesia, o podría pasar en el ministerio, lo creas o no. Yo he estado en el ministerio durante toda mi vida adulta y esto pasa en nuestros grupos de líderes, pasa en el ministerio para mujeres en tu iglesia o entre los líderes de tu estudio bíblico; se darán esas situaciones. Anoche estaba hablando con alguien de una situación, de la cual estoy enterada dentro de nuestro ministerio ahora mismo, en la cual hay dos personas del liderazgo que están viendo las cosas de manera diferente, y se han herido mutuamente. Esto ha causado que algunas cosas se hayan dicho que probablemente no debieron haberse dicho.

Cada una de las partes debe darse cuenta de esto, «yo no soy responsable por el otro, solo soy responsable por mí misma». ¿Entonces, qué debo de hacer?

Hay un mal que se está haciendo. Pero debo alejarme de la maldad y hacer el bien. Eso es ser proactivo. No significa que debo correr a esconderme para escapar de la situación —aunque esa sería nuestra inclinación natural. Queremos salirnos de la situación.

Toda nuestra cultura está siendo motivada y conducida a no experimentar dolor; no quiere tener que sufrir, y entonces tomamos todo tipo de medicamentos concebibles para quitar, o aminorar, o neutralizar el dolor. Y así muchas mujeres cristianas están viviendo vidas adormecidas, muy medicadas, tratando de escapar del dolor.

Ahora, no estoy diciendo aquí que si tienes un dolor de cabeza esté mal tomar una aspirina. Pero yo creo que lo que necesitamos es una teología que nos lleve más allá de la aspirina, que diga, «puedo tener un dolor de cabeza físico, emocional, o espiritual —y aun así mi vida está bien porque Dios continúa siendo bueno, porque no todos los dolores de cabeza son curables».

Dios te va a permitir caminar a través de circunstancias diversas. En algunos casos Dios va a crear circunstancias en tu vida que creerás que son un gran dolor de cabeza. Y no se van a ir, tal vez no se te quitará pronto; tal vez nunca se vaya por el resto de tu vida.

Dios te está diciendo, «no corras, no corras de la cruz». La cruz es la razón de todo. Ese es el quid del asunto, regresar a la cruz. Es la disposición de sufrir justamente por causa de aquellos que son injustos para que Dios sea glorificado y para que ellos puedan ser sanados. Es Dios que dice, «busca hacer el bien de forma proactiva. No huyas».

Ahora, yo no estoy diciendo, «lánzate frente a un tren en movimiento, o ponte en el camino del peligro». Lo que estoy diciendo es «pídele a Dios que te muestre cómo —en medio de ese matrimonio, con ese hijo, con ese padre, en esa situación en tu iglesia— puedes hacer el bien.

La tentación será devolver mal cuando se te ha hecho daño. Esa maldad quizás no implique tomar un hierro y lanzárselo a alguien. Porque no es algo tan obvio. Pero hacemos mal con nuestro espíritu, con nuestros ojos, con nuestro lenguaje corporal, evadiendo a las personas. Hacemos maldad con la forma en que hablamos de la persona con otros.

Y Pedro nos está diciendo: «No hagas maldad, no peques al responder al pecado de los demás. En lugar de ello, haz el bien. De nuevo, déjame decirte esto de nuevo. Es Cristo haciendo el bien en ti, y a través de ti. Él es quien nos da la gracia, y el deseo y el poder para hacerlo».

Después Pedro dice: «Busca la paz y síguela». Wao, activamente ve tras la reconciliación. Sigue la paz. Esto es muy difícil de hacer. Aquí es donde la cosa se pone dura y se pone a prueba tu cristianismo.

El que piense que el cristianismo es sinónimo de debilidad no sabe de lo que se trata el cristianismo. Necesitas de todo el poder de Dios en ti para hacer esto. Pablo dice en Romanos capítulo 12 versículo 18, que «si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres». Esto sugiere que hay algunas situaciones donde no es posible porque la otra persona no está dispuesta a ser parte del proceso de paz.

Pero nos está diciendo: Si ese matrimonio se va a romper, asegúrate que no sea porque tú no buscaste la paz. Asegúrate que no sea porque tú incitaste los conflictos o porque tú fuiste la que buscó el rompimiento de tu matrimonio.

Si deseas tener la vida de Cristo viviendo plenamente dentro de ti, entonces tienes que estar dispuesta a ir a la cruz con Él. No hay atajos para la vida abundante sin ir a través de la cruz.

Pero déjame recordarte que más allá de la cruz hay una resurrección. Si tan solo pudiéramos echar un vistazo de la eternidad que hay más allá de esta vida, entonces, una vida entera de ser mal entendida o de ser ridiculizada o de ser rechazada, solo sería un punto en el radar o en la pantalla…cuando lo vemos todo dentro de la perspectiva de Dios.

Pablo dice que se trata de una «ligera aflicción momentánea» (2 Cor 4). Y tú dirás, «esto no parece ser muy momentáneo», ¿cuarenta años es momentáneo? Bueno, depende de tu perspectiva. Estamos tan arraigadas aquí en la tierra que parecería durar para siempre, pero cuarenta años no es para siempre.

Y Pablo te dice, «tienes que ponerlo en contexto, esa aflicción está obrando en ti y está produciendo en ti un eterno peso de gloria. Y en un momento —tan solo será un momento a la luz de la eternidad— cuando tú y yo nos paremos delante del Señor con todo el tiempo detrás y la eternidad por delante, diremos que todo valió la pena; que valió la pena hacer las cosas a la manera de Dios y obedecerle».

Entonces Pedro dice, volvemos a 1 Pedro capítulo 3 versículo 11: «Busca la paz y síguela».

Annamarie: Y tú, ¿buscarás la paz y la seguirás? Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado animando a hacer esto a la luz del dolor que experimentamos en las relaciones. Y sabes, al escuchar mensajes como este podemos enfocarnos en nuestro propio dolor, o podemos fijar nuestros ojos en Jesús.

Te invitamos a hacer eso hoy, a fijar tus ojos en Jesús, en la medida en que recuerdas que has sido hecha libre para buscar la paz.

Este programa es el segundo en la serie titulada, Qué hacer cuando la vida duele. Y es que todas experimentamos situaciones dolorosas, pero nuestras respuestas a estas tendrán un gran impacto en el rumbo que tomarán nuestras vidas. 

Nancy: De cierta forma los ojos del Señor están sobre tu pareja o sobre ese niño, o esa persona que está haciendo maldad. Pero Dios también está observando tu respuesta. No solamente observa la forma en que las personas de tu iglesia creen que tú respondes, Dios conoce la verdad de cómo eres realmente cuando nadie más te está mirando.

Annamarie: Escucha más acerca de esto el el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Invitándote a no solo sobrevivir en la vida cristiana, sino a tener una vida abundante en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es 1 Crónicas capítulos 20 al 22.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Libre En Ti, Iglesia Cristiana Oasis, El Misterio de Tu Amor, ℗ 2015. Iglesia Cristiana Oasis.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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