Podcast Aviva Nuestros Corazones

Cantar de los cantares, día 16

Annamarie Sauter: ¿Qué haces cuando no tienes deseo de adorar a Cristo?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Es de suma importancia que en temporadas de sequía espiritual o de lejanía de nuestro Amado tomemos el tiempo para traer a la memoria como es Él y verbalizar Sus características… y por fe alabarle a Él por lo que ha sido verdadero de Él en el pasado, aun cuando no tengas esos sentimientos en este momento.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy nos ha estado guiando a lo largo de de un viaje por del Cantar de los cantares. Espero que estés pudiendo ver dónde encajas en esta hermosa historia de un esposo, Cristo, y Su novia, la iglesia.

Si te perdiste cualquiera de los programas anteriores, encuéntralo en AvivaNuestrosCorazones.com, en la pestaña «Recursos». Aquí está Nancy con nosotras.

Nancy: En la última sesión vimos que la novia despreció la iniciativa de su novio. Ella se demoró en responder a su llamado, y cuando finalmente se decidió a abrirle la puerta para que entrara, él ya se había ido. Al ver su ausencia ella sale a buscarlo en medio de la noche, lo que se vuelve una tarea muy difícil.

Ella es malentendida, es la medianoche, y a esas horas, ¿qué mujeres respetables caminan por las calles? Y así es que finalmente ella se vuelve a las hijas de Jerusalén, sus amigas, y procura su ayuda para encontrarlo. Y si lo encuentran, ella dice, «¿podrían, por favor, darle un mensaje de mi parte?»

Capítulo 5, versículo 8: «Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, si halláis a mi amado, que le hagáis saber que estoy enferma de amor». Y entonces esas hijas de Jerusalén le dicen a ella en el versículo 9: «¿Qué es tu amado más que otro amado, oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Qué es tú amado más que otro amado que así nos conjuras?»

O como dice la NVI (Nueva Versión Internacional): «Dinos, bella entre las bellas, ¿en qué aventaja tu amado a otros hombres que nos haces tales ruegos?» Hay más hombres por aquí. Si lo has perdido, búscate otro.

En respuesta a esa pregunta, la novia empieza a pensar en qué es lo que hace a su amado tan especial. ¿Qué lo hace destacarse entre todos los demás hombres? Ella se dispone a explicarles a las hijas de Jerusalén lo que lo hace único entre los demás.

En el versículo 10, ella empieza hacer una descripción general, y dice: «Mi amado es blanco y rubio, señalado entre diez mil». Esa palabra blanco es una que algunas versiones la traducen como «resplandeciente» o «deslumbrante». Esto se refiere a un blanco enceguecedor. Me recuerda la imagen de Jesús en los evangelios, cuando Él está en el monte de la transfiguración, a medida que Su gloria y Su deidad están siendo reveladas, Sus vestiduras se tornaron en un blanco deslumbrante. Yo creo que esta descripción de «mi amado» como «blanco» resplandeciente, es brillante, es deslumbrante. Es una imagen de la deidad de Cristo, de la gloria de Cristo.

Ella entonces dice que también Él es rubio –en algunas versiones como LBLA (La Biblia de las Américas), dice que es sonrosado– que Él es resplandeciente y sonrosado. Eso está haciendo referencia a una piel saludable a una apariencia sana y masculina.

Así que ella contrasta su deidad, su grandeza y su gloria con su suprema humanidad. Él es Dios, pero Él es hombre. Y ella hace ese retrato detallado de su amado, empezando con su cabeza, su pelo, hasta llegar hasta Sus pies. En respuesta a estas hijas de Jerusalén, ella hace un recuento sobre todo lo que ella admira de la apariencia de su amado.

A medida que leemos esta descripción, nos damos cuenta que estamos siendo testigos de una revelación de las excelencias y el esplendor de las glorias de Cristo, las cuales ella está dando a conocer. Nuestro amado es brillante, Él es rubio, Él no tiene tacha alguna; Él es, como dice ella, el primero entre miles (y esta es una manera poética de decir, «no hay nadie como Él») Él no tiene igual, Él es incomparable.

Ahora bien, ella no estaba pensando esto cuando él le tocó la puerta y le dijo: «Déjame entrar», y ella le contestó, «no quiero ensuciarme los pies». ¿No es cierto? A ella se le había olvidado lo bello que él era, lo hermoso. Así es que al responderle la pregunta a las hijas de Jerusalén, «¿qué tan especial es tu amado?» Ella empieza a recordar lo especial que es él.

Nosotras leemos esta descripción en el versículo 11,

«Su cabeza es como oro, oro puro, sus cabellos, como racimos de dátiles, negros como el cuervo. Sus ojos son como palomas junto a corrientes de agua, bañados en leche, colocados en su engaste. Sus mejillas, como eras de bálsamo, como riberas de hierbas aromáticas; sus labios son lirios que destilan mirra líquida.

Sus manos, barras de oro engastadas de berilo; su vientre, marfil tallado recubierto de zafiros. Sus piernas, columnas de alabastro asentadas sobre basas de oro puro; su aspecto, como el Líbano, gallardo como los cedros. Su paladar, dulcísimo…» (vv. 11-16)

En esta descripción —no vamos a tomar tiempo para detallarla– ella ve en su cabeza una figura de su dignidad, de su nobleza, de su autoridad. En sus ojos, ella ve retratada la gentileza, la compasión, la ternura, la gracia. En sus mejillas está la fragancia de su pasión, su sufrimiento y su muerte. En sus labios vemos la pureza, el poder, y la belleza de sus palabras.

Nosotras vemos la obra de Sus manos, manos que nos sostienen salvas y seguras. En Su cuerpo nosotras vemos retratada la belleza de Cristo, Su perfección, Su simetría. En Sus piernas, vemos Su fuerza real, la habilidad de sostener a Su pueblo. Y a medida en que vemos esta descripción del Amado en el Antiguo Testamento, yo no puedo dejar de pensar en la revelación que el apóstol Juan vio en la Isla de Patmos de Jesucristo ascendido en Su gloria.

Leemos en Apocalipsis capítulo 1, empezando en el versículo 13,

«Y en medio de los candelabros, vi a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la blanca lana, como la nieve; sus ojos eran como llama de fuego; sus pies semejantes al bronce bruñido cuando se le ha hecho refulgir en el horno, y su voz como el ruido de muchas aguas» (vv. 13-15).

En las descripciones de Cristo en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, vemos que todo en Él sobrepasa y excede a cualquier otra persona. En cada detalle Él es magnífico y en sentido general, Él es magnífico.

Él es magnífico en cada una de sus partes. Él es magnífico en el todo.

Así es que esta novia termina como empieza, con una descripción general de su belleza. Ella dice, volviendo al versículo 16: «Sí, Él es todo hermoso, Él es todo bello», literalmente, «todo él es encantador y deseable». Todo acerca de Él es precioso. «Este es mi amado y mi amigo, oh hijas de Jerusalén».

Recuerden nuevamente que en la última sesión, vimos cómo el novio toca la puerta y le pide que le abra, pero en ese momento ella estaba enfocada en ella misma y le dice, «Me he quitado la ropa, ya he lavado mis pies, ¿cómo los ensuciaré de nuevo?» Y la consecuencia de pensar solo en ella misma es que ella está separada de su amado.

Ahora, ella transfiere su atención de ella misma y la fija en el novio. Ella se enfoca en su magnificencia, en su valor, en quien él es. Y ya para el momento en que termina de describirlo, se da cuenta de quién es el que ella ha despreciado y qué tan increíblemente precioso y deseable es él para ella.

Es tan importante que en épocas de sequía espiritual o de separación de nuestro Amado, tomemos tiempo para recordar cómo Él es, verbalizando sus características… y por fe alabarlo por lo que en el pasado hemos conocido que es verdadero de Él, aun cuando no estemos sintiendo esas cosas en el momento.

A medida que quitamos la vista de nosotras mismas y la colocamos en Él, en adoración y alabanza, encontramos que Dios aviva nuestros corazones y volvemos apreciar a Cristo en el momento presente. Y piensoen ese versículo 7 de 1 Pedro capítulo 2 que dice: «A ustedes los que creen, Él (Cristo) es precioso». A medida que te enfocas en Él, a medida que fijas tus ojos en Él, a medida que lo describes, y lo adoras, vas a encontrarlo precioso.

A medida que esta novia está pensando y verbalizando su respuesta a la pregunta: «¿Qué encuentras de especial en tu amado?», algo sucede en su corazón y algo le sucede a las hijas de Jerusalén. Vamos a empezar con las hijas de Jerusalén, en el capítulo 6, el versículo 1. A medida que ellas oyen la descripción de su amado, hay un deseo acelerado en sus corazones por encontrarlo.

Le dicen a ella: «¿Adónde se ha ido tu amado, oh la más hermosa de las mujeres? ¿Adónde se ha dirigido tu amado, para que lo busquemos contigo?» Ellas están diciendo: «Él es tan maravilloso que nosotras le queremos conocer también. ¿Cómo podemos encontrarlo?» Hay un impacto tan grande cuando nosotras hablamos de la belleza de Cristo y de lo que Él significa para nosotras. Ese impacto puede ser en aquellos que absolutamente no conocen a Cristo y que están perdidos.

Para ser un testigo efectivo de Cristo no hay que saber «los cuatro pasos para esto» o los «ocho pasos para lo otro». Estoy pensando en mi amiga Valerie. Hace quince o dieciséis años, Valerie asistía a un estudio bíblico que yo enseñaba en mi casa, y para ser breve, ella entregó su vida a Cristo.

Ella era una mujer que había estado buscando y Dios la estaba atrayendo hacia Él y ella le entregó su vida al Señor. Cristo tomó su vida, y ella fue totalmente transformada. En ese momento Valerie era una peluquera, tenía mucha clientela, muchas clientas y muchas personas a quienes les podía hablar.

Sin tener ningún tipo de entrenamiento teológico o sin haber tenido muchas horas de estudio, Valerie se encontró hablando de Cristo —porque Él cambió su vida. Ella no sabía cómo explicarlo todo. Recuerdo que ella decía en esa época, «yo no sé cómo explicar todo eso, simplemente no tengo todas las respuestas».

Pero ella fue, y es, un testigo increíblemente efectivo porque ella simplemente le habla a otros sobre su Amado: «Este es quien Él es. Esto es lo que Él significa para mí».

Pero no es solo hablarles a personas perdidas lo que hace el impacto, también es el valor y la importancia de hablar con otros creyentes sobre Cristo. ¿Qué sucede cuando hacemos esto? Eso fortalece nuestra fe, pero también esto mueve en otros sus afectos y su pasión por Él, y más importante que todo lo demás, bendice al Señor cuando lo exaltamos.

Malaquías capítulo 3 dice,

«Entonces los que temían al Señor se hablaron unos a otros, y el Señor prestó atención y escuchó, y fue escrito delante de Él un libro memorial para los que temen al Señor y para los que estiman su nombre» (v.16).

Así es que estas hijas de Jerusalén, están decididas y quieren conocer, amar y responder a este novio a medida en que oyen cómo esta novia lo describe cuán apuesto es y lo que él significa para ella. Pero entonces en el mismo corazón de la novia, algo sucede.

A medida que ella da testimonio sobre su amado, a medida que ella lo describe y le dice a otras qué maravilloso es él, hay algo que está palpitando en su corazón. Ella se da cuenta que realmente él no la ha abandonado, él no la ha dejado, como ella pensaba. Ella simplemente había perdido el sentido consciente de su presencia en su vida. A medida que ella lo alaba, en ella se restaura el sentido de Su presencia.

Ella dice en el versículo 2: «Mi amado ha descendido a su huerto» ¿Qué es su huerto? Es su corazón, su vida, «él ha descendido a su huerto, a las eras del bálsamo, a apacentar su rebaño en los huertos y a recoger lirios». Ella está diciendo, «él está aquí mismo, donde le encanta estar, con su rebaño». Simplemente no estaba reconociendo y disfrutando de su presencia, por esa complacencia, que la llevó a no responder a su llamado.

Entonces, en el versículo 3 ella dice, «yo soy de mi amado y mi amado es mío, él apacienta entre lirios». Y ya en este punto su amor ha madurado. Nosotras leímos un versículo similar, pero en esta ocasión está escrito un poco diferente. La primera vez, ella dice, «mi amado es mío, y yo soy de él». Pero ahora ella dice, «yo soy de mi amado y mi amado es mío».

En otras palabras, ella llega a un punto en su vida donde nada le importa excepto que ella le pertenece a él. Ella ya no lo está disfrutando porque él la satisface o la bendice. Ella ahora lo está amando, no por lo que él es para ella sino por cómo ella lo puede bendecir a él. Ahí está la diferencia.

Ahora, Dios nos da buenos regalos y dones llenos de gracia, y Él quiere que nosotras los disfrutemos. Su presencia, Su paz, Su gozo; pero Él quiere que lo atesoremos a Él por encima de todo eso. Esto me lleva aquí a decir una palabra sobre los sentimientos y las emociones en nuestra relación con el Señor.

Hay momentos en nuestras vidas como creyentes, donde solo el pensar en Cristo y en Su amor nos mueve profundamente. Tengo amigas que son así. Y muchas veces me siento un poco incómoda alrededor de ellas cuando no puedo identificarme con los mismos sentimientos, cuando me siento fría y reseca, cuando las cosas que sé en mi mente, no calientan mi corazón, ¿soy yo la única en este lugar que se siente de esa manera? No lo creo.

Puedo recordarles que los sentimientos tienen muy poco que ver con la realidad. Los sentimientos no son necesariamente malos en sí mismos. Ahora, si nosotras permitimos que ellos sean los que gobiernen nuestras vidas, eso ya es otra cosa. Pero debemos aprender a caminar por fe cuando no sintamos Su presencia, y a confiar cuando no tengamos ese sentido de Su presencia.

Habrá temporadas de sequía espiritual en nuestras vidas, tiempos donde no tendremos esos grandes, cálidos y tiernos sentimientos hacia el Señor. Algunas veces esto puede ser por nuestra falta de respuesta en el pasado y Él está deseando enardecer nuestros corazones para que podamos apreciar lo precioso que Él es.

A veces, y quizás no del todo por nuestra falta —sin importar la razón— cuando lleguemos a esas etapas de sequía espiritual, les quiero animar a recordar que Dios se acerca cuando lo alabamos. Dios habita en medio de las alabanzas de Su pueblo, dice el Salmo 22. A medida que empiezas a alabar y a admirar a Cristo y a expresar gratitud por Sus características y Sus gracias, como esta novia ha hecho con su amado, encontrarás que vas a empezar a experimentar un mayor sentido de la realidad de Su presencia.

De paso, permítanme decirles que Dios no tiene la intención de que siempre sintamos un éxtasis hacia nuestro Amado espiritual, así como tampoco siempre tendrás un sentimiento romántico hacia tu compañero, no si has estado casada más de una o dos semanas.

Si nunca has tenido esos sentimientos, esto debe preocuparte. Pero Dios no tenía la intención de que física o emocionalmente, o de cualquier otra forma fuéramos capaces de mantener esos altos niveles de emoción. Si tú los tuvieras todo el tiempo, no los apreciarías ¿No es cierto?

De hecho, si no tuviéramos periodos de sequía en nuestro andar con el Señor, nuestro amor sería egoísta. No sería amor en lo absoluto, porque todo estaría centrado en lo que Él hace por nosotras. Pero cuando aprendemos a amarle y a confiar en Él, aun cuando no sentimos Su presencia, cuando lo alabamos a Él, aun cuando nuestros ojos están llenos de lágrimas, hay algo realmente precioso en esa ofrenda al Señor.

En esas ocasiones en que estamos privadas del sentido consciente de Su presencia, nos vemos forzadas a ir atrás y a recordar qué es lo precioso acerca de Cristo. Así que les quiero preguntar hoy, ¿cómo responderías la pregunta que esas mujeres le hicieron a esta novia? «¿Qué es lo tiene tu amado, más que cualquier otro amado? ¿Qué hace a tu amado algo tan especial?»

Y de paso, si hay algún otro amado que ames más que a Él, a quien hayas puesto en Su lugar o hayas permitido que tome Su lugar en tu vida, ¿cómo le llamamos a eso? Un ídolo. Así es que, a medida que piensas en tu amado, ¿qué es Él más que otro amor? ¿Qué le hace a Él más precioso, más maravilloso, más grande, que cualquiera o cualquier otra cosa que es especial en tu vida?

Te quiero animar a hacer una lista de algunas de las cualidades, algunas de las características que tú admiras en Él. Quizás es algo que quieras compartir con otra persona. «Esto es lo que mi Amado es para mí…» Quizás quieras escribirle una carta de amor a Jesús mismo y decirle: «Esto es quien Tú eres para mí». Pero quiero animarlas a hacerlo en detalle, a hacer una lista de lo que admiras en Él.

Voy a arriesgarme a hacer algo aquí, porque aún no he repasado con cuidado esta idea. Anoche, a medida que terminaba de darle un último vistazo a mi preparación, tomé tiempo para escribirle una nota al Señor. Y en ese momento encontré una tarjeta que alguien me había escrito y en la portada decía: «Para Ti», y pensé, esta es la idea apropiada. Quiero que esta nota sea para Jesús.

Y no voy a leerte todo lo que dice, pero voy a compartir solo algunas de las cosas que dije acerca de Él a medida en que pensaba en esa pregunta, «¿qué tiene mi Amado más que cualquier otro amado?»

Recordé que:

  • Era una enemiga de Dios y Cristo me reconcilió con Dios.
  • Estaba llena de pecado, y Cristo tomó mi pecado y me vistió con Su justicia perfecta. Él me imputó Su vida perfecta y obediente.
  • Caminaba en oscuridad y muerte, y mi Amado trajo vida y luz a mí.
  • Odiaba a Dios y todo lo que es bueno, de acuerdo a las Escrituras esa era yo, pero Él capturó mi corazón con Su amor.
  • Estaba vacía y Él me llenó.
  • Él me rescató de la esclavitud del maligno e hizo de mí Su gozosa esclava.
  • No lo estaba buscando, pero Él sí me buscó a mí.
  • Él es la fuente de toda bendición y esa «fuente llena con sangre de Sus venas» ha causado que todas las manchas de mi culpa sean borradas.
  • Él es el Pan para mi alma hambrienta.
  • Él es el Agua viva que satisface mi sed.
  • Él es la riqueza de Dios para mi pobreza.
  • Él es la fuerza para mi debilidad. Me recuerdo a mí misma que
  • Él es mi buen Pastor, es el gran Pastor, Él es el Pastor de los pastores. Él guía, protege y provee para todas mis necesidades.
  • Él es el esplendor de la gloria de Dios; sin embargo, Él mismo tomó forma humana para rescatar a pecadores de Su ira.
  • Él es completamente Dios y completamente hombre.

Traje todo esto a mi memoria y le di gracias a Él porque:

  • Él es el Cordero sacrificial de Dios que quita el pecado del mundo, Él puso Su vida para que nosotras pudiéramos tener vida eterna.
  • Él es sin pecado, sin mancha, sin culpa, y aun así Él tomó todo mi pecado, mi culpa y cargó en su totalidad la penalidad de la ira del Padre por mi pecado.
  • Sus Palabras son verdad, son puras.
  • Él es un misericordioso Sumo Sacerdote. Él es mi Abogado, Él es mi Intercesor.
  • Él está lleno de gracia, bondad y bien.
  • Él es mi defensor en contra de los ataques y acusaciones del maligno.
  • Él es mi paz.
  • Él es mi esperanza eterna.
  • Él es mi gozo.
  • Él es mi sustentador, mi satisfacción, mi fortaleza.
  • Él es mi Rey, mi Novio amado.

Y sabes, para cuando terminé de escribir esa nota, mis ojos ya no estaban puestos en mí. Mi corazón estaba lleno de pensamientos de Cristo.

Quiero animarte a escribir tu propia nota. Escribe acerca de Él o escríbele a Él. Exprésale quizás lo que has sabido que es verdad, pero que quizás lo has olvidado o simplemente no has tomado el tiempo para expresárselo recientemente. Entonces observa cómo Dios restaura, renueva y aviva tu corazón a medida que tomas tiempo para alabar a tu Amado.

Recientemente, John Piper escribió en un «tweet» algo en lo que pensé a la luz de este pasaje. Él dijo: «Los creyentes tienen vida espiritual al mirar la hermosura de Cristo, así como el cuerpo vive del alimento». ¿Entendiste eso? «Los creyentes tienen vida espiritual al mirar la hermosura de Cristo, así como el cuerpo vive del alimento». Pensé que lo opuesto es también cierto. Si no tomamos tiempo para ver Su belleza, nosotras vamos a estar espiritualmente malnutridas. Vamos a morir de inanición espiritual.

Es la belleza de Cristo. Él es el Pan de vida; Él es Aquel que nos satisface. A medida en que vemos la belleza de Cristo, nuestras almas son alimentadas.

Nosotras hemos caminado con esta novia a través de la etapa inicial del enamoramiento, luego vimos el amor desatendido, el amor en aumento y ahora vemos el amor vacilante, pero gracias a Dios, Él es un Dios que restaura. En la próxima sección vamos a continuar y ver como se ve el amor maduro. Vamos a ver que aunque esto es un proceso, siempre va hacia adelante y hacia arriba.

Oh Señor, a medida que concluimos este tiempo juntas, yo quiero darte las gracias a Ti porque a pesar de que nuestro amor por Ti puede fallar, Tú estás dispuesto a dejarte hallar cuando Te buscamos con todo nuestro corazón. Señor Jesús, nosotras Te queremos decir que Tú eres el principal, el mejor, entre diez miles de millares. Solo Tú eres hermoso. Tú eres mi Amado. Tú eres mi amigo y yo te amo. Estamos todas de acuerdo en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Esta es Nancy Leigh DeMoss en la serie, «Cómo enamorarnos y permanecer enamoradas de Jesús». Ella nos ha estado animando a profundizar en nuestra relación con Jesucristo.

Es de mucho ánimo para nosotros escuchar cómo enseñanzas como esta han impactado las vidas de nuestras oyentes. Una hermana de México nos escribió:

«Mis amadas hermanas. Quiero agradecer por este hermoso ministerio ya que a través de él, Dios me a enseñado cuál es mi rol como mujer en las diferentes etapas de mi vida. Ahora como mujer casada es mi deseo reflejar a Cristo en mi rol como esposa. Gracias por sus recursos, bendicen mi vida grandemente. Mi esposo y yo estamos orando para convertirnos en colaboradores de este hermoso ministerio.

Estoy orando al Señor para poder iniciar el próximo año un estudio bíblico con las jóvenes de mi iglesia, usando los libros de Nancy. Estos me son de mucha ayuda y quiero compartirlos con mis hermanas.

Oro que Dios les bendiga y les dé la gracia que necesitan para llevar a cabo el ministerio que Dios les ha encomendado. Las amo en Cristo».

¡Gracias hermana por escribirnos!

La transmisión de las enseñanzas de Nancy y testimonios como este son posibles gracias a un grupo de personas que querían que tú escucharas esto. Son oyentes que abrazan la misión de este ministerio, y quieren que esta continúe proveyendo para hacerlo posible. ¿Quieres tú ser parte de nuestra misión?

Te animamos a considerar en oración el apoyar Aviva Nuestros Corazones con tu donación. Nos alienta y bendice la disposición de oyentes como tú a unirse a nosotros en la proclamación del evangelio a miles de mujeres, a orar por un avivamiento en nuestros días, y a compartir enseñanzas sobre la feminidad bíblica, de modo que podamos conocer nuestro diseño como mujeres. Puedes dar una ofrenda o donaciones mensuales, a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Allí también podrás saber qué recurso te estaremos enviando como agradecimiento por tu apoyo.

¿Sabes cuál es el objeto aparentemente más brillante en el cielo, después del sol? Su superficie es en realidad muy oscura… y la luz que emite no es más que el reflejo de la luz del sol. Bueno, así son nuestras vidas. Somos como la luna cuando andamos en la luz de Cristo. Nancy te hablará más acerca de esto, en tu próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Contemplando la belleza del evangelio juntas,Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Los pasajes de Cantar de los cantares corresponden a la versión Reina Valera 1960.

Hazlo personal

Día 16- Amor vacilante 2: Alimentada por la hermosura de Cristo
(Cantar de los cantares 5:9-6:3)

Escuchar programa #16:

  1. «¿Qué clase de amado es tu amado?» (5:9). ¿Cómo responderías si alguien te preguntara, ¿qué es lo que hace especial a Jesús para ti?» Haz una lista de algunas de las cosas que más te gustan y admiras de Él.
  2. ¿Cómo ha fortalecido tu fe el hablar acerca de Jesús con otros creyentes?
  3. «¿Adónde se ha ido tu amado. . . . para que lo busquemos contigo?» (6:1) ¿Cuándo fue la última vez que hablaste acerca de tu Amado (el Señor) con un incrédulo? ¿Cómo lo describiste? ¿Cómo podríamos haber despertado el deseo de conocer a Jesús en los corazones incrédulos si hubiéramos hablado de Él con mayor libertad y fidelidad?
  4. ¿Cuáles son algunos de los posibles beneficios de las temporadas «secas» en tu caminar con Cristo? ¿Cómo se puede caminar por fe, incluso cuando no se percibe fuertemente Su presencia?
  5. ¿Qué diferencia hace cuando elegimos fijar nuestro enfoque en Cristo y no en nosotras mismas?

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.