Podcast Aviva Nuestros Corazones

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Annamarie Sauter: ¿Cuál es tu reacción al atravesar circunstancias difíciles? Recuerda que Dios está en medio del momento más oscuro.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Hay ocasiones en las que Dios nos hace pasar por tiempos difíciles. No estamos exentas de las experiencias del Mar Rojo, esas que nos llevan hasta la orilla y no sabemos cómo vamos a atravesar o cómo vamos a sobrevivir, para luego ver cómo Él divide las aguas. No nos lleva alrededor de ellas; no nos ayuda a evitarlas. Él nos hace atravesarlas y nos preserva en medio de ellas.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Cuando cantas y alabas al Señor, el foco debe estar sobre Él, no sobre ti. Hablamos acerca de esto en el programa anterior. También vimos que los que te rodean ven tu ejemplo de adoración, así que, lo que cantas es importante. Hoy Nancy continúa explorando esto como continuación de la serie titulada, Recordando a Miriam. Ella inicia hablando acerca de algo que recordó, antes de dirigirse a una convención para comunicadores cristianos.

Nancy: Me viene a la memoria una de mis experiencias favoritas. Fue la noche antes de que empezara la Convención nacional de locutores religiosos. Esta se lleva a cabo todos los años. Aquellos de nosotros que estamos en este tipo de ministerio radial nos encontramos con amigos en cada uno de los eventos.

La noche anterior al inicio, hace unos años, algunos amigos nos reunimos y dijimos «vamos a cantar un himno». Por lo que, muchos de nosotros —terminamos siendo unas cien o ciento cincuenta personas— nos juntamos en una casa en Orlando, Florida, y pasamos la noche cantando himnos juntos!

Nosotros habíamos enviado el listado de nuestros himnos favoritos por adelantado. Había distintas personas que trabajaban como locutores cristianos. Recuerdo a Joni Tada cantar himnos con la intensidad de pocas personas que conozco. De hecho, me he reunido con Joni en múltiples ocasiones y en distintos escenarios donde siempre canta himnos. A ella le fascina cantarle al Señor.

¡Qué noche tan increíble! Todos juntos cantando, junto a otros cristianos que aman al Señor, grandes himnos inspirados en nuestra fe y en la redención; himnos que hablan del carácter de Dios. Celebramos la bondad, la fidelidad y la misericordia de Dios en nuestras vidas.

Pienso en aquella ocasión cada vez que leo Éxodo 15, el texto que estamos estudiando en esta serie de Miriam. Hoy llegamos a una gran cantata de himnos que tuvieron lugar a las orillas del Mar Rojo cuando el pueblo de Israel lo atravesó. Dios los había liberado de la esclavitud, del cautiverio en Egipto. Ellos habían cruzado el Mar Rojo, lo cual fue un milagro. Solamente Dios pudo haber hecho algo semejante.

Y Dios, de forma milagrosa, había causado que el enemigo se ahogara en el mar y ahora estando ellos del otro lado, miran atrás. Piensan en lo que Dios ha hecho. El pueblo de Dios estaba libre por primera vez en cuatrocientos años y ¿qué hicieron? ¡Cantaron un himno!

Vimos ese himno durante la última sesión. Éxodo 15:1 nos dice: «Moisés y el pueblo de Israel cantaron este cántico al SEÑOR y dijeron: “Canto al SEÑOR porque ha triunfado gloriosamente, al caballo y a su jinete ha arrojado al mar”».

Luego, llegamos al versículo 20 que es el pasaje que empezamos a ver en la última sesión.

Más adelante Miriam la profetisa, hermana de Aarón y Moisés, tomó una pandereta en sus manos y todas las mujeres la secundaron bailando y cantando. Miriam les cantó: «Cantad al SEÑOR porque ha triunfado gloriosamente, al caballo y a su jinete ha arrojado al mar».

De manera que ella dirige a las mujeres en lo que esencialmente era un eco de lo que toda la congregación había estado cantando, un corito, la repetición de una estrofa. Ahora, al leer esto, recuerdo otro ejemplo de las Escrituras donde las mujeres celebraban y aplaudían otra gran victoria militar. Dios fue el general. Él fue el comandante en jefe.

Pero esta otra ocasión la vemos en 1 de Samuel, capítulo 18:6-7. Déjenme leerles el texto:

 «Y aconteció que cuando regresaban, al volver David de matar al filisteo (Goliat), las mujeres de todas las ciudades de Israel salían cantando y danzando al encuentro del rey Saúl, con panderos, con cánticos de júbilo y con instrumentos musicales. Las mujeres cantaban mientras tocaban, y decían: Saúl ha matado a sus miles y David a sus diez miles».

Por eso ellas estaban celebrando. David y Saúl eran héroes militares. Así también llegamos al Mar Rojo y vemos cantar a Moisés y a Miriam celebrando el triunfo de Dios sobre los goliats de sus días: la victoria sobre Faraón y el ejército egipcio.

La música siempre ha sido una parte importante del día a día de Israel. Desde los tiempos del Antiguo Testamento, se usó en celebraciones, bodas y funerales. Hasta en la guerra, usaban instrumentos especiales, con sonidos para el grito de batalla. La música fue una parte importante, y todavía lo es, de la vida religiosa en Israel. Tanto en alabanzas formales en el templo y en los servicios y rituales prescritos por Dios, como en otras ocasiones de índole religiosa y en banquetes.

Verás, para la mentalidad judía en el Antiguo Testamento, todo lo que ocurría en la vida estaba conectado de una manera u otra, con Dios; por lo que todo lo que pasaba en la vida era ocasión para tocar música de algún tipo en las distintas celebraciones; en las bendiciones, en las fiestas de los primeros frutos o en el tiempo de la cosecha, en los días festivos especiales, y en la Pascua. Eran ocasiones para celebrar y cantar.

Las Escrituras nos proporcionan detalles interesantes acerca de los himnos que se cantaban. Leímos que Miriam tomó un pandero en sus manos y que todas las mujeres la secundaron con panderos. Algunas de sus traducciones usan la palabra «pandereta o tambor» que viene siendo lo mismo.

Es un instrumento de percusión antiguo similar a una pequeña tambora. Se trataba de un pergamino estirado sobre un aro de madera al que se le añadían pequeñas piezas de lata o latón para hacer el sonido de cascabeles. Uno lo agarra en una mano y lo bate y con la otra lo golpea. Es un pequeño instrumento de percusión.

Usualmente era tocado por mujeres e iba acompañado de cantos y bailes. En el Antiguo Testamento, las panderetas estaban asociadas con júbilo y alegría. Es un instrumento de celebración.

Como dato interesante, la pandereta estaba prohibida dentro del templo, pero era muy usada en otras ocasiones religiosas: banquetes, celebraciones y procesiones triunfales como la que acabamos de ver, con David y Saúl, y durante ésta última a orillas del Mar Rojo.

Hay algo interesante cuando vemos todo este pasaje en su contexto. Vemos a los israelitas saliendo de Egipto y alguien me preguntaba durante el receso: ¿Alguna vez te has preguntado el por qué las mujeres llevaban panderetas? De hecho, me había hecho esa pregunta.

Pensamos cómo habrá sido este evento de todos los israelitas saliendo de Egipto y si vamos en Éxodo 12:33, leemos que: «Y los egipcios apremiaban al pueblo, dándose prisa a echarlos de la tierra; porque decían: Todos somos muertos».

En otras palabras, los egipcios los estaban echando: «¡Salgan de aquí! ¡Pronto! Versículo 34: «Y llevó el pueblo su masa antes de que leudase, sus masas envueltas en sus sábanas sobre los hombros». Ni siquiera tuvieron tiempo para leudar el pan.

Por lo que vemos, Israel salió con gran apuro en medio de la noche y no tuvieron ni siquiera tiempo para hacer el pan. Será sorprendente para ustedes, como lo es para mí, que con todo y eso, ¿las mujeres tuvieron tiempo de empacar sus panderetas? Pienso que es sorprendente. Leí a un comentarista que lo resumió acertadamente: Miriam esperaba usar su pandereta.

Hubo muerte por todo Egipto esa noche. Hubo prisa. Ellos no lo sabían. De nuevo, ellos no habían leído el libro de Éxodo. Ellos no sabían lo que estaba pasando. Piensa en dos millones de personas alistándose, piensa en tu caso, tratando de alistar a tu familia para irte de vacaciones. Entonces imagínate a dos millones de personas, saliendo, no exactamente de vacaciones, pero saliendo de su país a la carrera. Con todo y eso, Miriam esperaba el día en el que tendría lugar una cantata de himnos y ella necesitaría usar su pandereta.

¿Sabes lo que eso me dice? Asegúrate de llevar tu pandereta. Asegúrate de llevar tu tambor. En tu viaje, en tu caminar de fe, en tu peregrinaje espiritual. Aunque en el momento no parezca haber causa de cantar o de regocijarse cantando himnos y bailando con panderetas, por fe sabes que va a llegar el tiempo en el que vas a poder usar la pandereta.

No estoy hablando literalmente. Con toda honestidad no creo tener la coordinación necesaria para tocar una pandereta. No tengo mucho ritmo en mi sistema, pero hablando en sentido figurado, puedes estar segura de que el tiempo vendrá en el que vas a elevar tu adoración al Señor y tendrás la oportunidad y la ocasión de alabarle.

Por lo que dice que Miriam y las demás mujeres tomaron sus panderetas y empezaron a danzar. Alguien me hizo la pregunta de si iba a hablar acerca del baile. Me gustaría hacerlo, pero no tengo el tiempo ahora para detenerme y enfocarme en el baile. Solo voy a hablar un poco por ahora.

En este pasaje, vemos cómo Miriam empieza lo que iba a convertirse en una celebración tradicional Israelí: las victorias de Dios se celebran a través de la danza. Había otros medios de celebrar esas victorias, pero me viene a la mente un pasaje que dice «...y bendiga todo mi ser su santo nombre» (Sal.103:1b).

En la alabanza israelí, la danza era usada comúnmente para recrear las batallas que Dios había peleado por ellos. Es interesante ver cómo algunas culturas paganas hacen lo mismo (antes de la batalla), esperanzados en que les traerá victoria.

Ustedes no ven a los israelitas bailar antes de la batalla. Los ves danzar después de que Dios les ha concedido la victoria. Pienso que este tipo de danza era una forma de recordar la liberación de Dios. Una especie de pantomima, solo mostrando cómo solía ser.

Puedes imaginarte a algunos imitar a faraón y su ejército persiguiendo a los israelitas y (a otros) haciendo de israelitas perseguidos. Ellos recreaban la escena como forma de recordar, durante los próximos días, meses y años, como recordatorio de lo que Dios había hecho y cómo Él los había liberado; pero también como forma de enseñarle a sus hijos lo que Dios había hecho de generación en generación.

Lo veo como un baile espontáneo y jubiloso, pero también como un medio intencional de capturar nuestra fe. Recuerda que ellos no tenían la Palabra de Dios por escrito. Ellos tenían que usar medios verbales y visibles para retener estas vivencias en sus memorias y poderlas transmitir a futuras generaciones.

Quiero señalar tres cosas acerca de la alabanza que se produjo al tocar este himno. Primero, fue una alabanza corporativa. En segundo lugar, fue de celebración y, en tercer lugar, fue cristocéntrica. Tomemos unos minutos para ver cada una de ellas.

En primer lugar, fue una alabanza corporativa. Hemos visto la sucesión de vivencias del pueblo israelí al salir de Egipto y verse ante tremendo desafío con el Mar Rojo frente a ellos, las montañas al otro lado, y los egipcios pisándoles los talones. Estaban atrapados.

Y petrificados de pánico, ellos oraron. Clamaron al Señor. El pánico se transformó en oraciones que Dios oyó. Dios los liberó y las oraciones terminaron transformadas en alabanzas. ¿No es así como nos vemos a menudo en nuestras vidas?

Pánico. Luego nos acordamos de que Dios está en el cielo; de que Él está en Su trono y quizás pueda hacer algo al respecto. No sabemos qué hacer. No tenemos esperanzas, pero Señor, nuestros ojos están puestos en Ti. ¿No es verdad que cuando estamos en medio del pánico, terminamos de rodillas y en oración? Pero recuerden que las oraciones se convierten en alabanzas cuando vemos que el Señor nos ha liberado.

Es por eso que en estos versículos encontramos a Moisés, y a todo el pueblo, cantando alabanzas al Señor junto a Miriam, quien dirigía a las demás mujeres, danzando y tocando sus panderetas. Eso es alabar corporativamente. No es una experiencia de alabanzas en privado. Son dos millones de judíos liberados que se regocijan juntos ante lo que Dios ha hecho.

Aquí veo el poder del ejemplo en todo esto de la adoración. El poder que tuvo el ejemplo de Moisés. Él, junto a Miriam, influenció al pueblo de Israel para que alabara al Señor. También veo el poder del ejemplo de Miriam cuando al empezar a celebrar y alabar al Señor, todas las demás mujeres hicieron lo mismo.

Esto nos recuerda que cuando tú y yo modelamos un estilo de vida de adoración, aun en medio de las dificultades y circunstancias desesperadas, cuando celebramos las victorias y los triunfos de Dios con alabanzas, otras nos van a seguir. Nos van a imitar.

Si somos lentas en alabar y rápidas en quejarnos, otras van a imitar ese ejemplo también. Quiero ser una mujer que en mi vida motive a otros a alabar al Señor. Así como Miriam agarró su pandereta y las demás hicieron lo mismo con sus instrumentos, otras se unirán a ti cantando cánticos de redención y tocando sus instrumentos de alabanza junto a ti.

Algunas veces, esperamos a que sean otros los que inicien la celebración. Puede que llegue el tiempo en el que nadie más esté celebrando, pero decimos, «¿sabes qué? aunque todo esté saliendo mal y nadie esté celebrando, yo voy a ser la primera. Voy a dar el ejemplo». Especialmente si ministramos a otras mujeres, animándolas a que recuerden las promesas de Dios, a celebrar Su bondad y Su fidelidad a través de la música, la palabra y de todas las maneras posibles.

Es interesante que las canciones de Moisés y Miriam fueron muy similares, pero con una ligera diferencia. Moisés dice en Éxodo 15:1, «Voy a cantarle al SEÑOR». Usa el singular. El verbo aquí está en singular. Cuando Miriam arranca con el coro, en el versículo 21, dice: «Cantad al Señor». Se expresa en forma plural que significa, «todos canten». Todos nosotros cantemos. Por lo que Moisés empieza el coro. «Voy a cantarle al Señor» y Miriam lo secunda en imperativo plural: «Canten, todas ustedes, canten al SEÑOR».

Graham Kendrick, un líder de alabanzas del Reino Unido, señala que todas las canciones en el libro de Apocalipsis, que contiene muchas canciones, están en plural. No hay solos. Son alabanzas y adoración corporativas. Hay 24 ancianos cantando himnos y echando coronas ante Sus pies. Hay miríadas de ángeles; miles y miles de ángeles.

Todas las criaturas vivientes en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, se unen y juntas le cantan al Cordero. Todos aquellos que vencieron a la bestia, multitudes de personas y multitudes de ángeles. Gente de cada tribu, de cada lengua, de cada nación. ¿Qué hacen? cantan y alaban juntos al Cordero de Dios.

Por lo que fue una alabanza corporativa lo que ocurrió al otro lado del Mar Rojo. Fueron alabanzas de celebración. Hay tiempo para cantar canciones tristes. Hay tiempo para cantar de lamentaciones y endechas. Tienes ejemplos de lamentaciones en las Escrituras, incluyendo muchos de los salmos. Pero este no era el momento de lamentaciones y tristezas, sino de celebración y júbilo.

La celebración y la alabanza a orillas del Mar Rojo, no fue una celebración formal o sobria o reservada. No era lo que hoy diríamos, «apropiado o correcto». Yo vengo de un trasfondo eclesiástico donde las cosas se hacen decentemente y en orden, y amo algunas piezas de la música sacra, pero la alabanza que se celebró a orillas del Mar Rojo, se hizo con otro tipo de música. Celebraron con música exuberante, apasionada y jubilosa. Música de celebración.

La razón era la ocasión. Todos los eventos alrededor del éxodo, la Pascua, la salida de Egipto, el haber atravesado el Mar Rojo, todo forma una imagen y la base de la historia de la redención y eso merece celebración. Lees al respecto una y otra vez en las Escrituras. Lo puedes leer en los salmos.

En los salmos encontramos la ilustración. Salmo 66, no voy a leerlo todo, pero empieza diciendo: «Aclamad con júbilo a Dios, toda la tierra; cantad la gloria de su nombre, haced gloriosa su alabanza. Decid a Dios: ¡Cuán portentosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder, tus enemigos fingirán obedecerte. Toda la tierra te adorará, y cantará alabanzas a ti, cantará alabanzas a tu nombre. Venid y ved las obras de Dios, admirable en sus hechos a favor de los hijos de los hombres. Convirtió el mar en tierra seca, cruzaron el río a pie, regocijémonos allí en Él» (Sal. 66:1-6).

Continúa hablando sobre cómo Dios venció al enemigo y liberó a Su pueblo. Eso es algo por lo que vale la pena cantar. ¿Cuánto más nosotras que hemos sido redimidas del pecado, de Satanás y de nuestra esclavitud, qué mejor ocasión para cantar celebrando la bondad del Señor?

Necesitamos recordar que debemos celebrar la intervención milagrosa de Dios en las cosas grandes y pequeñas de nuestras vidas. Sus liberaciones diarias. Sus liberaciones mayores.

Yo tengo historias, y tú tienes historias. Necesitas recordar esas historias, contarlas, cantar sobre ellas; y alabar el Señor por ello y nunca olvidarlas.

Miro hacia atrás, y tengo muchas historias. Tú también tienes historias. Tienes que recordar esas historias y contarlas, cantar acerca de ellas, alabar a Dios por ellas y nunca olvidarlas. No quiero dejar de asombrarme de Su gracia y Su obra de redención.

También celebramos el hecho de que Dios nos hace pasar por circunstancias difíciles. No estamos exentos de las experiencias del Mar Rojo. Esas que nos llevan hasta la orilla y no sabemos cómo vamos a atravesarlas o cómo vamos a sobrevivir, para luego ver cómo Dios divide las aguas. Él no nos lleva alrededor de ellas; no nos ayuda a evitarlas, más bien nos hace atravesarlas y nos preserva en medio de ellas.

Eso es lo que leemos en el Salmo 66: 8-12: «Bendecid, oh pueblos, a nuestro Dios, y haced oír la voz de su alabanza. Él es quien nos guarda con vida, y no permite que nuestros pies resbalen. Porque tú nos has probado, oh Dios; nos has refinado como se refina la plata. Nos metiste en la red, carga pesada pusiste sobre nuestros lomos. Hiciste cabalgar hombres sobre nuestras cabezas; pasamos por el fuego y por el agua, pero tú nos sacaste a un lugar de abundancia».

Eso es lo que celebramos. Celebramos que la victoria es del Señor, Su divina intervención. En un sentido celebramos el juicio de Dios sobre todas las fuerzas del mal, el juicio final de Dios y el camino resguardado por el que guía a Su pueblo hacia el otro lado. Celebramos el día que esperamos, en el que estaremos libres de todos los enemigos: del pecado, de Satanás y de nuestro yo.

Finalmente, vemos que esta alabanza fue cristocéntrica, centrada en Dios. Ahora bien, los judíos no conocían a Cristo de la forma en la que nosotras lo conocemos y le amamos. Mucho de lo que pasó en el Antiguo Testamento nos apunta hacia Cristo. En el versículo 2, leemos en la canción de Moisés: «Mi fortaleza y mi canción es el SEÑOR,
 y ha sido para mí salvación;
 éste es mi Dios, y le glorificaré,
 el Dios de mi padre, y le ensalzaré».

La palabra salvación es la palabra Yeshua que en hebreo es el nombre de Jesús. Quiere decir salvación. Ese pasaje dice literalmente, «Yeshua, Él es mi Dios». Están proclamando que Jesús es su Dios. Ellos tuvieron que hacerlo con los ojos de la fe porque Jesús no había venido aún. Pero anticipando la promesa del Redentor, centraron sus alabanzas en Cristo nuestro Dios.

Hay una antigua confesión de fe llamada, La confesión belga de fe, escrita en el 1561, que describe el bautismo y dice: Somos salvos no por el agua física sino por la salpicadura de la preciosa sangre del Hijo de Dios, quien es nuestro Mar Rojo, a través de quien debemos pasar para escapar la tiranía del Faraón, quien es el diablo, y para entrar en la tierra espiritual de Canaán». Ese es un retrato hermoso y, en ese sentido, celebramos nuestro propio Mar Rojo, es decir nuestro bautismo en Cristo y nuestra vida con Él.

Por lo que nuestra adoración debe ser corporativa. Debemos cantar y alabar juntas. Por cierto, esa es una de las razones por las que ver a grandes pastores los domingos en la mañana por la televisión no es lo mismo que cuando se está en la iglesia. Puedes escuchar grandes mensajes por el internet, la radio y la televisión, pero hay algo especial cuando el pueblo de Dios se une físicamente y le adora corporativamente, le bendice y le canta alabanzas cristocéntricas.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado recordando el poder de la alabanza en tu vida, y en la de aquellos que ven tu ejemplo. Aunque somos bendecidas al cantar, cantamos para Dios, se trata de Él; y congregarnos junto a Su pueblo es algo especial.

Este mensaje es parte de la serie llamada, «Recordando a Miriam». Para escuchar nuevamente este programa o compartirlo, visítanos en, AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Qué tienen en común una cárcel y una iglesia reconocida? Nancy te lo dirá mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

El Corazón de la Adoración, Su Presencia, Himnos ℗ 2014 Su Presencia Producciones.  Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.