Débora de Rivera: Tu feminidad va mucho más allá de lo que se ve a simple vista.
Mary Kassian: Dios no simplemente añadió feminidad sobre ti como si fuera un adorno. La entretejió en la esencia misma de tu existencia. Ser mujer no es algo que te pones; es parte de quien eres.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 27 de julio de 2026.
A finales de 2025, la revista Glamour presentó en el Reino Unido su edición «Mujeres del Año». Las nueve personas homenajeadas parecían mujeres… o intentaban parecerlo. Pero ninguna nació biológicamente mujer.
Mary Kassian continúa esta impactante serie haciendo una pregunta que nuestra cultura se niega a responder: ¿Qué es una mujer? Hoy responderá con una profunda verdad de las Escrituras: Dios te formó en el vientre de tu madre …
Débora de Rivera: Tu feminidad va mucho más allá de lo que se ve a simple vista.
Mary Kassian: Dios no simplemente añadió feminidad sobre ti como si fuera un adorno. La entretejió en la esencia misma de tu existencia. Ser mujer no es algo que te pones; es parte de quien eres.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 27 de julio de 2026.
A finales de 2025, la revista Glamour presentó en el Reino Unido su edición «Mujeres del Año». Las nueve personas homenajeadas parecían mujeres… o intentaban parecerlo. Pero ninguna nació biológicamente mujer.
Mary Kassian continúa esta impactante serie haciendo una pregunta que nuestra cultura se niega a responder: ¿Qué es una mujer? Hoy responderá con una profunda verdad de las Escrituras: Dios te formó en el vientre de tu madre para ser mujer. Intencionalmente, hermosamente, con propósito.
Aquí está Mary.
Mary: Cada año, la revista Glamour —una publicación global para mujeres— elige a las ganadoras de su prestigioso reconocimiento «Mujer del Año».
En el 2025, Glamour UK seleccionó a nueve personas para recibir este reconocimiento. Cuando vi la portada, algo inmediatamente me pareció extraño. Las poses exageradas, la estructura ósea más marcada, los ángulos faciales, las manzanas de Adán…
Definitivamente, ni una sola de estas personas era biológicamente mujer. Ni una sola.
Piensa en eso por un momento. Una revista que supuestamente celebra a las mujeres no incluyó ni una sola mujer biológica en su portada de «Mujeres del Año».
Y esto no es un caso aislado. Lo vemos por todas partes. Hombres biológicos compitiendo en deportes femeninos, ganando becas destinadas para mujeres, siendo alojados en prisiones de mujeres. La palabra «mujer» se ha vuelto tan fluida, tan moldeable, que está comenzando a perder todo significado.
Y no se trata solo de una confusión de términos. Cuando perdemos claridad sobre lo que es una mujer, oscurecemos el evangelio mismo. Porque cuando Dios creó al hombre y a la mujer, estaba contando una historia. La historia más importante del universo.
En esta serie estamos desarrollando, frase por frase, una definición de mujer basada en las Escrituras. En el episodio anterior exploramos lo que significa ser «la obra maestra viviente de Dios, formada por Sus manos a Su imagen».
Hoy nos enfocaremos en la siguiente frase: «creada intencionalmente mujer».
Porque esto es lo que quiero que entiendas: tu feminidad no es algo aleatorio ni arbitrario. Es un regalo, un llamado y una gloria por descubrir.
En un mundo donde incluso las revistas para mujeres ya no saben quién es una mujer, necesitamos desesperadamente volver a lo que Dios dice.
Así que vayamos a uno de los pasajes más hermosos de toda la Escritura: el Salmo 139.
Este es un pasaje muy conocido acerca de cómo Dios forma la vida en el vientre. Pero quiero que lo consideres de una manera en la que quizá nunca lo habías pensado antes. No solo desde la perspectiva de que Dios te formó, sino desde la perspectiva de que Él te formó para ser mujer. Leamos los versículos 13 al 16:
«Porque Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre. Te daré gracias, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son Tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No estaba oculto de Ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado, y entretejido en las profundidades de la tierra. Tus ojos vieron mi embrión, y en Tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos».
¿Qué revela este pasaje acerca de que Dios te creó mujer?
En primer lugar: «Tus ojos vieron mi embrión».
Aquí es donde todo comienza. Antes de que tuvieras forma, antes de que existiera tu cuerpo, antes de que aparecieran esas dos líneas en una prueba de embarazo, antes de que el técnico de ultrasonido pudiera ver partes de ti, antes del anuncio de tu nacimiento… Dios te vio. Y te vio como mujer.
Tu sexo no fue asignado por el médico que cortó tu cordón umbilical. Tu sexo fue determinado por Dios en el momento de la concepción: ese instante milagroso en el que el espermatozoide se unió al óvulo y te convertiste en un ser humano genéticamente único.
En ese momento —antes de que tuvieras un latido, antes de que fueras del tamaño de una semilla de amapola, antes de que alguien supiera que existías— Dios determinó tu sexo. El par número veintitrés de cromosomas, que definió si serías hombre o mujer, fue parte de Su diseño divino. Esos dos cromosomas X que recibiste son un hermoso plano que moldea profundamente tu desarrollo, no solo en el vientre, sino a lo largo de toda tu vida.
Detente un momento y piensa realmente en esto. El Dios que habló y creó las galaxias —Aquel que esparció estrellas a través de miles de millones de años luz en el universo— estuvo personal e íntimamente involucrado en determinar tu sexo. Eso no quedó simplemente en manos de la biología. Fue una decisión tomada en el consejo de la Trinidad, entretejida desde el primer instante de tu existencia.
Desde el momento de la concepción —e incluso podríamos decir, desde antes de ese momento— Dios te vio como mujer.
Segunda frase: «Me hiciste en el seno de mi madre».
Esa palabra «hiciste» también puede traducirse como «entretejiste». Es la misma palabra usada para tejer una tela. Dios actuó como un Maestro Artesano, entrelazando cuidadosamente cada hebra, cada hilo, cada fibra de quien tú llegarías a ser. Nada fue al azar. Nada fue accidental. Fue un diseño intencional.
Desde la concepción, tus cromosomas XX comenzaron a dirigir tu desarrollo como mujer. Alrededor de la séptima semana, guiaron la formación de los ovarios que producirían estrógeno y progesterona, hormonas que moldearían tu cuerpo a lo largo de tu desarrollo y durante toda tu vida.
Pero esa influencia va mucho más allá del sistema reproductivo. Tus cromosomas XX afectan el desarrollo de tu cerebro, tu voz, tu piel y tu metabolismo. Prácticamente cada célula de tu cuerpo lleva esa marca. Si un científico examinara tus restos dentro de cien años, esos cromosomas XX seguirían declarando: «Esta persona es mujer».
Tus cromosomas no cambian según los sentimientos, la moda o las filosofías culturales. Declaran una realidad biológica entretejida en todo tu ser. Ninguna cirugía, tratamiento hormonal o documento legal puede alterar esa marca genética fundamental.
Dios no simplemente añadió feminidad sobre ti como si fuera un adorno. La entretejió en la esencia misma de tu existencia. Ser mujer no es algo que te pones; es parte de quien eres.
Próxima frase: «No estaba oculto de Ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado».
Incluso tu estructura ósea Dios la diseñó con propósito.
Tienes huesos más pequeños y ligeros, diseñados con delicadeza. Manos y pies más finos. Hombros más suaves y una caja torácica más pequeña. Un cráneo más delicado, con rasgos femeninos más suaves. Una línea más sutil en la mandíbula y el mentón. ¿Y qué tal esas caderas más anchas y la forma curva de la pelvis diseñada para llevar y dar a luz una nueva vida? La estructura de esos huesos es una de las señales más evidentes de tu sexo biológico.
¿Sabías que incluso el ángulo de tus brazos es diferente al de un hombre? Tal vez nunca lo habías notado, pero hay una inclinación en tu brazo que hace un poco más difícil lanzar un balón de fútbol americano por encima del hombro. Pero, al mismo tiempo, es perfecta para sostener a un bebé junto a tu pecho.
Ahora, quizá seas atleta. Tal vez hayas aprendido a posicionar tu cuerpo para compensar ese ángulo natural, y quizá puedas lanzar tan bien como algunos hombres. Pero dada la estructura de tu esqueleto, nunca serás mariscal de campo en la NFL.
Puede que pienses que eso no es justo. Tal vez una parte de ti quiera reaccionar diciendo: «¿En serio, Dios? ¿Hiciste mis brazos menos prácticos para los deportes para que pudiera cargar mejor a un bebé?».
Escucha, esto no es un defecto de diseño. Es una característica del diseño. Piensa en esto: tus mismos huesos fueron formados intencionalmente por Dios.
Tus huesos no estuvieron ocultos para Él. Él diseñó cada diferencia en tu estructura ósea que te identifica como mujer, con propósito, con cuidado y con un plan en mente.
Y Su diseño intencional va aún más profundo.
Próxima frase: «Porque Tú formaste mis entrañas».
La palabra hebrea aquí literalmente significa «adquiriste» o «poseíste». La idea es profunda: Dios tomó personalmente la responsabilidad de tu formación desde el principio, incluyendo esas partes distintivamente femeninas. Él no delegó esto ni lo dejó al azar. Él supervisó personalmente cada detalle.
Tus partes internas —tus ovarios, tu útero, tus senos— no son simplemente características biológicas. Son simbólicas y cuentan una historia incluso antes de que tú la vivas.
Tus ovarios contienen el potencial de la vida. Tu útero fue diseñado como un lugar de protección y cuidado. Tus senos fueron preparados para sustentar vida. Estos órganos hablan. Declaran algo acerca de quién eres y de aquello para lo que fuiste creada.
Y lo más asombroso es que este diseño femenino llega hasta el nivel celular. Prácticamente cada célula de tu cuerpo lleva esa marca XX. Tu sexo no es algo superficial; está en lo más profundo de quien eres.
Por eso el ataque contra la feminidad nunca se trata solamente de biología. En última instancia, siempre es un ataque contra la historia que Dios está contando. Cuando el mundo distorsiona el significado de la mujer, distorsiona la imagen de Dios.
Dios no solo te dio un cuerpo femenino. Él te creó mujer en todo tu ser. Tu feminidad no es algo externo que llevas puesto; está entretejida en la esencia misma de quien eres.
La próxima frase dice: «Asombrosa y maravillosamente he sido hecho».
Otras traducciones dicen: «formidables y maravillosas son Tus obras». Es una obra tan extraordinaria, tan compleja y tan intencional que deja sin aliento. No puedes hacer otra cosa que maravillarte. Tú eres Su obra maestra, y la feminidad también lo es.
Piensa en esto. Después de crear montañas y océanos, atardeceres y estrellas, bosques y flores —después de toda esa belleza impresionante— el acto final de la creación de Dios fue la mujer. Y cuando dio un paso atrás para contemplar todo lo que había hecho, Génesis nos dice que declaró que era «muy bueno».
No solo bueno. Muy bueno.
La mujer fue el crescendo, el gran final. Piensa en la intencionalidad de ese orden. Primero la luz, luego el cielo y el mar, después la tierra y la vegetación, luego el sol, la luna y las estrellas, después las criaturas del agua y del aire, luego los animales, después el hombre y, finalmente —como acto culminante— la mujer. Ese orden no es aleatorio. Tiene propósito. La mujer es la culminación de la creación, no una idea secundaria. Hay algo en la mujer —en lo que simboliza y en aquello hacia lo que apunta— que lleva la obra creadora de Dios a su máxima expresión. Y más adelante en esta serie profundizaremos en esa idea.
Hoy comenzamos hablando de esa portada de la revista Glamour: nueve personas reconocidas como «Mujeres del Año», y sin embargo, no había ninguna mujer biológica entre esas personas. Es una imagen impactante de cuán confundida está nuestra cultura.
Nos están diciendo que la feminidad es algo tan indefinido y vacío de significado que cualquiera puede reclamarla, como si ser mujer fuera simplemente una identidad que una persona escoge independientemente de su cuerpo.
Pero eso no es lo que Dios dice.
Escucha nuevamente las palabras del salmista: «Maravillosas son Tus obras, y mi alma lo sabe muy bien».
Tu cuerpo femenino —con su diseño particular y su delicada estructura— es una de las obras maravillosas de Dios. Cada curva, cada característica, cada rasgo diseñado por Dios cuenta una historia. Tu suavidad, tu capacidad para crear y nutrir vida, tu belleza relacional, no son defectos que debas superar, sino regalos que debes abrazar.
Ahora, necesito hablar de algo que nuestra cultura ha tratado arduamente de separar: sexo y género.
Nos han dicho que el sexo biológico tiene que ver con el cuerpo, pero que la identidad de género tiene que ver con la mente o los sentimientos; y que, si ambas cosas no coinciden, entonces el cuerpo debe cambiarse para alinearlo con la percepción interna de uno mismo.
Pero esta división es ajena a las Escrituras.
El salmista dice: «Me hiciste en el seno de mi madre». Dios no tejió solamente tu cuerpo. Te tejió a ti por completo. Cuerpo y alma entrelazados como una sola unidad.
Cuando tejes algo, no puedes separar los hilos sin deshacer toda la tela. Así es como Dios te creó. Tu cuerpo y tu identidad no son dos cosas separadas que podrían no coincidir. Están unidas en una sola realidad inseparable.
De hecho, esta es la comprensión cristiana histórica de lo que significa ser humano, lo que los teólogos llaman «la unidad de la persona». La iglesia primitiva defendió firmemente esta verdad frente al gnosticismo, una enseñanza que afirmaba que el cuerpo era simplemente una prisión para el alma atrapada dentro de él.
Tú no eres un alma atrapada accidentalmente en un cuerpo, esperando ser liberada de una carne que no coincide con cómo te sientes. Eres una unidad de cuerpo y alma. Tu cuerpo no es un recipiente que contiene a la «verdadera tú» en el interior; tu cuerpo ES parte de quien eres. Eso significa que tu cuerpo femenino no es un error que necesita corregirse. Es un regalo que debe ser recibido.
Y yo sé que esto no es sencillo para todas. Algunas de ustedes han luchado con su cuerpo femenino desde hace tanto tiempo que ni siquiera recuerdan cuándo comenzó. Esa desconexión se siente real. Y para algunas, aceptar su feminidad es una batalla diaria.
Si esa es tu historia, escucha esto: Dios no mide tu valor por lo fácil que te resulte aceptar Su diseño. Todas vivimos en medio de las consecuencias de la caída, donde todo —incluyendo nuestra sexualidad y nuestra percepción de nosotras mismas— ha sido afectado por el pecado.
Tu lucha es real y no estás atravesándola sola.
Pero aquí está la esperanza a la que se aferraba el salmista: «En Tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos».
Dios escribió cada capítulo de tu historia antes de que comenzara la primera página, incluso este capítulo, con estas luchas específicas. Nada acerca de ti lo toma por sorpresa. Él está contigo ahora mismo.
Entonces déjame preguntarte algo: ¿y si el camino hacia delante no consiste en modificar tu cuerpo para que coincida con tus sentimientos, sino en pedirle a Dios que transforme tu manera de pensar para alinearla con cómo Él te creó? ¿Y si esta tensión dolorosa que sientes es, en realidad, una invitación a confiar más profundamente en Él?
Tu cuerpo físico te ofrece una base firme en un mundo que dice que todo es negociable. Dios te vio. Dios te formó. Dios escribió tus días como mujer. Esto es obra Suya, es parte de Su plan y puedes confiar en Él, aun cuando —y especialmente cuando— resulte difícil.
Entonces, ¿qué significa todo esto para ti hoy?
Tal vez estás pensando: «Mary, todo esto suena bien en teoría. Pero mi vida es complicada. No me siento cómoda con mi cuerpo femenino. Me cuesta aceptar ser mujer. ¿Qué hago?».
O quizá te preguntas: «¿Qué significa esto de manera práctica? No me gustan las cosas típicamente femeninas, ¿eso me hace menos mujer?».
Tal vez eres soltera y te preguntas si todo esto realmente importa. O quizá estás casada y no sabes cómo aplicar estas verdades en tu relación con tu esposo.
Esto es lo que quiero que escuches: Dios te creó mujer, y eso no es un problema que debas resolver; es un regalo que debes descubrir. Tu feminidad tiene propósito. Tiene belleza. Tiene significado. Y la forma en que se verá en tu vida será única, moldeada por tus circunstancias, tu personalidad y tu llamado.
No necesitas tener todas las respuestas. Ninguna de nosotras las tiene. Pero Dios sí.
Y aquí hay una verdad que sigue siendo cierta, la sientas o no en este momento:
El cuerpo en el que vives —este cuerpo femenino— no es simplemente el envoltorio de la «verdadera tú» que está por dentro. Tu cuerpo femenino ES parte de quien eres. Es la creatividad de Dios manifestada. Es un testimonio escrito en carne y hueso. Cada célula que lleva esos cromosomas XX está declarando algo acerca de quién Dios te creó para ser.
Cómo te sientas respecto a ser mujer no cambia el hecho de que eres mujer. Habrá mañanas en las que celebrarás serlo, y habrá otras en las que desearás poder escapar de eso. Pero los sentimientos son como el clima: cambian con el viento. Tu identidad, en cambio, es firme. Fue definida desde la concepción —e incluso antes de ella— cuando Dios determinó tu sexo; no el médico, no tus padres, no la cultura, ni siquiera tú. Dios.
Y hay algo en lo que puedes descansar: si Dios se tomó el cuidado de crearte intencionalmente mujer, entonces eso es bueno. Él sabía exactamente lo que estaba haciendo. El Alfarero no comete errores con el barro.
Entonces, ¿cuál es el camino hacia delante? Bueno, no es preguntarte: «¿Cómo puedo cambiar mi cuerpo para que coincida con lo que siento?». Es decidir confiar en Dios, permitir que lo que Él dice tenga más peso que lo que yo siento. Y realmente, ese es el reto para todas nosotras: no acercarnos a nuestras luchas preguntando: «¿Será que Dios se equivocó?», sino: «¿Confiaré en que Él no se equivocó?».
Nuestra cultura seguirá insistiendo en que puedes ser quien quieras ser, que la feminidad es lo que tú decidas que sea, o que simplemente no significa nada. Hollywood seguirá presentando su propia versión de lo que debe ser una mujer. La tecnología médica seguirá prometiendo transformarte. Las influencers seguirán diciéndote que tú defines tu identidad. Pero debajo de todo ese ruido permanece una realidad inamovible: Dios te formó en el vientre de tu madre para ser mujer. Él escribió todos los días de tu vida… como mujer. Ese fue Su plan desde antes de que respiraras por primera vez.
Escucha cómo respondió el salmista: «Te daré gracias porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho».
Alabanza. Asombro. Confianza.
Esa es la postura a la que Dios te invita hoy. No confusión, no resentimiento, no resignación, sino adoración.
Ahora, sé que algunas de ustedes están luchando profundamente con esto. Tal vez has batallado con disforia de género desde hace mucho tiempo. Tal vez nunca te has sentido cómoda en tu cuerpo femenino, ni un solo día.
Hermana, Dios no mide tu valor por lo fácil que te resulte abrazar lo que Él dice acerca de ti. Él ve tu lucha. Él sabe que esta batalla es real, y no te ha abandonado. No está cansado de ti. Está cerca, acompañándote en cada momento difícil y confuso.
Él te creó intencionalmente mujer.
No por accidente, no como un plan B, no como un error cósmico que necesita corregirse. Intencionalmente, con propósito y para un propósito. ¡Y ese propósito es glorioso!
Eres mujer. Tu biología lo confirma cada día. Eres obra de las manos del Gran Alfarero, formada con intención y sabiduría.
¿Y lo que Él creó? ¡Es bueno! ¡Muy, muy bueno!
Acompáñame en oración:
Padre, gracias por habernos creado mujeres; no al azar ni descuidadamente, sino con intención y amor. Y para aquellas que hoy están luchando con este regalo, encuéntralas justo allí donde están. Ayúdalas a confiar en Ti, aun cuando confiar parezca difícil. Ayúdanos a vernos como Tú nos ves. Danos el valor de alabarte por cómo nos has creado, aun cuando no lo entendamos por completo. Hemos sido hechas de manera asombrosa y maravillosa, formadas por nuestro amoroso Padre celestial. Hoy escogemos creer esa verdad. En el nombre de Jesús, amén.
Débora: Gracias, Mary.
En un mundo donde incluso las revistas para mujeres ya no pueden definir qué es una mujer, qué regalo tan grande es tener certeza a través de la Palabra de Dios. Antes de que dieras tu primer respiro, Dios te formó para ser mujer. Eres Su obra maestra, creada a Su imagen. Y fuiste creada intencionalmente mujer; no por accidente, sino con un propósito divino.
Y tú, ¿qué respondes cuando te preguntan «qué es una mujer»? Amada, la Palabra de Dios nos enseña que Su diseño para la mujer no es confuso ni una carga; antes bien es claro, firme y lleno de vida. Si quieres profundizar más en este tema, te invitamos a adquirir por una donación este mes de julio nuestro nuevo recurso digital «¿Qué es una mujer?», escrito por Mary Kassian. En él podrás profundizar mucho más en todo lo que estamos hablando en esta serie. Este recurso también incluye preguntas para reflexión personal y discusión en grupo. Para más información, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com
Mañana, Mary explorará lo que significa haber sido diseñada con suavidad y belleza relacional, y por qué esas características no son limitaciones, sino invitaciones hacia algo verdaderamente hermoso.
Acompáñanos mañana mientras Mary continúa esta serie en Aviva Nuestros Corazones.
Ayudándote a descubrir y abrazar el diseño de Dios para tu vida, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de La Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.
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