Cruzando la meta final: Recordando a Robert Wolgemuth
Débora de Rivera: Robert Wolgemuth quería ayudar a las personas a pensar de manera intencional acerca del final de sus vidas.
Robert Wolgemuth: Imagina que estamos sentados en tu cafetería favorita. Hablemos de algo de lo que probablemente no quieres hablar. ¿Listo? Vas a morir. Algún día tu corazón dará su último latido. Cerrarás los ojos y eso será todo… y yo también voy a morir.
Débora: Robert quería ayudar a las personas a prepararse para la eternidad, así que escribió un libro llamado «Meta final».
Robert: La inspiración para el libro Meta final fue ver a mi esposa Bobbie, después de casi cuarenta y cinco años de matrimonio, avanzar lentamente hacia el cielo. Ella fue una guerrera, un soldado valiente. Y por la manera en que murió, mi propio temor de enfrentar mi propia muerte literalmente desapareció. Realmente así fue. Y creo …
Débora de Rivera: Robert Wolgemuth quería ayudar a las personas a pensar de manera intencional acerca del final de sus vidas.
Robert Wolgemuth: Imagina que estamos sentados en tu cafetería favorita. Hablemos de algo de lo que probablemente no quieres hablar. ¿Listo? Vas a morir. Algún día tu corazón dará su último latido. Cerrarás los ojos y eso será todo… y yo también voy a morir.
Débora: Robert quería ayudar a las personas a prepararse para la eternidad, así que escribió un libro llamado «Meta final».
Robert: La inspiración para el libro Meta final fue ver a mi esposa Bobbie, después de casi cuarenta y cinco años de matrimonio, avanzar lentamente hacia el cielo. Ella fue una guerrera, un soldado valiente. Y por la manera en que murió, mi propio temor de enfrentar mi propia muerte literalmente desapareció. Realmente así fue. Y creo que lo mismo podría sucederte a ti.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, coautora del libro «Confía en Dios para escribir tu historia», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 12 de enero de 2026.
Bueno, querida oyente, tengo que comenzar con una noticia profundamente dolorosa. Nuestro amigo, esposo de Nancy, Robert Wolgemuth, ha partido para estar con el Señor. Ingresó al hospital en la víspera de Navidad, este pasado 2025.
Nancy les contó a sus amigos que el Salmo 118:24 estaba en su corazón ese día. Este versículo dice: «Este es el día que el Señor ha hecho; regocijémonos y alegrémonos en él».
Nancy continuó regocijándose en el Señor a través de los altibajos del tratamiento de Robert. Siguió firmando sus mensajes de texto con la frase que la has escuchado decir tantas veces: «El cielo gobierna».
Robert estuvo casado con Bobbie Wolgemuth durante cuarenta y cuatro años. Tuvieron dos hijas, Missy y Julie. Luego, Robert se casó con Nancy Leigh DeMoss en el año 2015 después de que Bobbie, su primera esposa, falleciera.
Para conocer más y ver un corto video sobre el noviazgo y el hermoso matrimonio de Robert y Nancy, puedes visitar ReviveOurHearts.com. Tendremos un enlace a ese video en la transcripción de este programa.
Estoy segura de que habrá más homenajes a Robert en los próximos días. Pero mientras aún estamos asimilando la noticia, vamos a recordarlo transmitiendo una entrevista que Dannah Gresh realizó con él en 2023. Robert acababa de publicar un libro para ayudar a los lectores a prepararse para entrar en la eternidad. El libro se titula Meta final: Consejo para disipar el miedo, encontrar la paz y prepararte para el final de tu vida.
Danah comenzó la entrevista preguntándole a Robert por qué quería escribir un libro sobre la muerte; esto fue lo que él respondió.
Robert: Hace un par de años escribí un libro llamado Recta final, que trata sobre la vuelta final alrededor de la pista en una carrera de larga distancia. En realidad, cuando el corredor que va a la cabeza comienza la última vuelta, el juez vuelve a disparar la pistola de salida, y a eso se le llama la recta final. En algunas carreras suena una campana; se le llama la última vuelta.
Recta final no trataba sobre la muerte. Lo escribí con la intención de animar a hombres de mi generación. Ahí hablo de las luchas particulares que enfrentamos los hombres en esta etapa de la vida. Nuestros cuerpos empiezan a fallarnos. Nuestras relaciones van cambiando. Así que este libro, Meta final, tuvo muy buena acogida.
Luego quise escribir la secuela porque la meta final es importante, pero todavía tienes que llegar a la meta. El final es esa larga recta final en la que realmente cruzas la línea y rompes la cinta.
Como sabes, Dannah, he tenido una experiencia personal directa con la muerte, y quise contar esa historia en detalle. Quise animar a los lectores mientras enfrentan su propia muerte. Y me refiero a que la muerte es cien por ciento segura. Todos vamos a morir, a menos que Cristo regrese, o que seamos como Enoc, o que seamos arrebatados en un carro de fuego como Elías. Eso sería realmente maravilloso.
Dannah: ¡Sí, totalmente!
Robert: Estuve casado con Bobbie durante casi cuarenta y cinco años. Nos casamos en 1970. Éramos muy jóvenes. Yo tenía veintidós años y ella veinte.
En febrero de 2012 —treinta meses antes de que Bobbie partiera al cielo— fuimos al consultorio de un médico, a una cita con un oncólogo. Nunca antes habíamos ido a un oncólogo, porque los oncólogos tratan el cáncer, y nosotros estábamos completamente libres de cáncer. No había nada en nuestra historia, ni siquiera en nuestras amistades, relaciones o familia, que estuviera relacionado con el cáncer.
Pero fuimos a esta clínica en Orlando. Nos sentamos con un oncólogo muy respetado. Y salimos de ese consultorio con la noticia de que Bobbie tenía cáncer de ovario en etapa 4. El cáncer de ovario es muy sigiloso, a diferencia de otros tipos de cáncer que enfrentan las mujeres, como el cáncer de mama. Este aparece sin avisar. Es una enfermedad muy silenciosa.
Así que esta era su primera cita, y ya estaba en etapa 4. Y Dannah, nunca olvidaré el momento en que entramos a la sala de espera. Yo estaba con nuestra hija menor, Julie. Se abrieron las puertas del ascensor y en esa sala había probablemente unas cuarenta mujeres. Muchas estaban sentadas con hombres, con sus esposos, y todas estaban sin cabello, estaban calvas. Mi esposa Bobbie tenía una cabellera espectacular. Miré a esas personas y pensé: «Bueno, aquí vamos. Mi vida está a punto de cambiar de manera radical».
Así que el libro comienza con la historia del funeral de Bobbie, que fue a principios de noviembre de 2014. Ella murió a finales de octubre. Más que hablar del funeral, hablo de Bobbie y de cómo ella enfrentó esto —su propia muerte inminente—, y de cómo esa manera de vivirlo quitó por completo de mi corazón cualquier temor a morir. La forma en que enfrentó todos los tratamientos por los que pasó, cosas verdaderamente horribles, fue impresionante. Ella nunca se quejó.
Cuando les cuento eso a las personas, suelen decir: «¿Que nunca se quejó? ¿Estás hablando en serio?». Y digo esto delante de Dios como testigo: ella nunca se quejó.
Bobbie participó en un ensayo clínico que la dejó con mucho dolor, completamente incómoda. Era pleno verano, y ella estaba en la cama con un gorro tejido y varias mantas encima porque se moría de frío. Pero nunca se quejó. Ella me mostró a mí y a sus amistades cómo atravesar algo así con gracia.
Entonces, quise poner por escrito lo que Bobbie hizo, algo verdaderamente asombroso, pero también quise animarme a mí mismo como escritor y, luego, al lector: porque esto es algo que también nosotros podemos hacer. Podemos enfrentar esto con gracia. Podemos enfrentarlo con confianza. El Señor sabe lo que está haciendo.
De hecho, cuando Bobbie fue diagnosticada, mis hijas y yo —esa misma tarde en que recibimos la noticia— decidimos lo siguiente: «Esto fue una sorpresa para nosotros, pero no fue una sorpresa para Dios. Él sabe exactamente lo que está haciendo. No tenemos miedo. No estamos enojados. Vamos a tratar esto como un regalo, y por definición, un regalo es algo que no esperas ni mereces. ¿Cierto? Así que esto es un regalo».
Lo último a lo que nos comprometimos unos con otros fue esto: nuestro objetivo es que esta experiencia sea un testimonio de Cristo, presentar al Salvador a personas que no conocen a Jesús, y poder mostrarles el evangelio a través de esta extraordinaria aventura. Y el Señor respondió esa oración de una manera muy tierna.
En realidad, no oramos específicamente por la sanidad de Bobbie, porque a veces eso puede sentirse presuntuoso, como si supiéramos cuál es la voluntad de Dios. Claro que queríamos que ella estuviera bien. No nos gustaba esto. Odiábamos el cáncer. Yo todavía lo odio. Pero queríamos dejar eso completamente en manos del Señor. Confiábamos en cualquiera de los dos desenlaces —sanidad o muerte— en que Él haría Su voluntad y que Él sabría qué era lo mejor para nosotros como familia.
Así que, durante todo este proceso de tratamientos, no usamos CaringBridge, que es una plataforma para dar actualizaciones médicas que en ese momento no era tan conocida, pero ahora es un gran ministerio. Más bien, yo enviaba correos personales a amigos, compartiendo lo que el Señor nos estaba enseñando en medio del proceso. No incluía muchos detalles médicos. Era más bien sobre lo que el Señor estaba haciendo y enseñándonos a través de todo esto. La respuesta de esas personas fue impresionante.
Y dicho sea de paso, una de las destinatarias de esos correos era una clienta a la que yo ayudaba con su trabajo editorial. Era Nancy Leigh DeMoss. De hecho, Nancy transmitió en vivo el funeral y me escribió justo después diciendo: «Me encantaría transmitir parte de esto en Revive Our Hearts». Así que, mucho antes de que imagináramos lo que vendría después, Nancy transmitió parte del servicio funerario de Bobbie en Revive Our Hearts. ¿Y quién hubiera imaginado que un año después yo invitaría a esta mujer a ser mi esposa?
Entonces, la providencia de Dios, Su dirección, es casi abrumadora de describir. No siempre es fácil. No siempre es fácil de atravesar. No siempre viene sin dolor. Pero siempre es bueno.
Así que, ahí estaba esta mujer de cincuenta y siete años en ese entonces, que nunca se había casado. Yo la conocía como su asesor editorial. La conocía en un plano profesional. Pero el Señor ha sido tan bueno. Y Dannah, tú y tu esposo Bob son amigos muy cercanos, así que hemos compartido muchas cosas juntos. Pero sé que sabes lo extraordinaria que es Nancy como un regalo para mi vida. Y el hecho de haber tenido la oportunidad de participar en el ministerio de Aviva Nuestros Corazones ha sido un regalo increíble para mí.
Bueno, volviendo a Bobbie, ella partió al cielo con el Señor a finales de octubre de 2014. Yo quería contar su historia. El subtítulo de Meta final lo dice claramente: Consejos para disipar el miedo, encontrar la paz y prepararte para el final de tu vida.
Y he estado reflexionando mucho en esto. Tú lo sabes, Dannah, porque haces esto todos los días. Pero anoche no pude dormir pensando en nuestra conversación y queriendo desmenuzar cada una de esas frases, una por una, para animar a las personas que nos están escuchando en este momento.
Dannah: Bueno, ¡comencemos! El subtítulo es: Consejos para disipar el miedo, encontrar la paz y prepararte para el final de tu vida. Entonces, Robert, ¿cómo tu experiencia con la muerte disipó el miedo?
Robert: Bueno, nunca había estado tan cerca de ella. De hecho, abrí el libro con una pregunta: «¿Cuándo fue la primera vez que viste un cuerpo sin vida?». Y me refiero a que hay muchas personas adultas que, salvo en funerarias donde el cuerpo está completamente preparado y vestido de manera impecable, nunca han visto a una persona muerta fuera de ese contexto.
Así que cuento la historia de cuando era niño y estaba nadando en un lago, y un hombre se ahogó. Esa fue mi primera imagen de una persona muerta. Pero cuando la persona que muere es tu esposa de casi cuarenta y cinco años —con quien has tenido hijos, con quien has atravesado tantas experiencias de la vida, con quien te has mudado una y otra vez, etcétera—, cuando es esa persona, y cuando hay un diagnóstico, y empiezas a mirar de frente la posibilidad de la muerte, el temor que surge es enorme.
De hecho, a comienzos de este año, hubo un jugador de fútbol americano en el campo. Él jugaba para los Buffalo Bills. Tacleó a un corredor, se levantó, dio la vuelta… y cayó al suelo. Damar Hamlin juega para los Buffalo Bills.
Dannah: Sí, yo vi lo que pasó.
Robert: Se convirtió en una reunión de oración, ¿verdad?
Dannah: Los comentaristas estaban orando.
Robert: Así es. Eso fue algo impresionante. Uno de ellos se llama Dan Orlovsky. Él dijo: «Tenemos que orar ahora mismo». Fue como un momento santo en ESPN. ¿Y por qué fue así? Porque alguien estuvo a punto de morir. De hecho, cuando cayó al suelo, estaba muerto. Su corazón había dejado de latir.
Dannah: Y los jugadores lo sabían, porque estaban orando.
Robert: Así es.
Dannah: Y no era una oración rutinaria, como: «Vamos a inclinarnos y hacer lo correcto».
Robert: Exacto. Tal cual.
Dannah: Era intercesión en pleno campo.
Robert: Fue increíble. Realmente lo fue y ellos lo sabían.
Y lo interesante de todo esto, como tú sabes, es que el papá de Nancy murió cuando tenía cincuenta y tres años. Él estaba jugando tenis un sábado por la mañana. Acababa de dejar a Nancy en el aeropuerto de Filadelfia, luego fue a jugar tenis y sufrió un ataque cardíaco severo, y murió antes de tocar el suelo.
Bueno, el 30 % de nosotros morirá de esa manera. Quiero decir, estamos conversando, salimos a tomar un café, caminamos con nuestra pareja… y de repente caemos muertos. Las luces se apagan.
Dannah: ¿De verdad? ¡El 30 %?
Robert: Sí, y el setenta por ciento morirá de otra forma, algunas de una forma más corta, otras un poco más larga. Pero cuando lees las famosas últimas palabras de algunas personas, en ese segundo escenario —cuando hay un período de tiempo entre el momento en que saben que van a morir y el momento en que efectivamente mueren—, tienen la oportunidad de decir algo.
De hecho, el libro incluye algunas últimas palabras famosas bastante interesantes. Por ejemplo, cuando W. C. Fields estaba muriendo y algunas personas entraron a su habitación, él era un agnóstico muy conocido, y estaba leyendo una Biblia. Ellos le dijeron algo así como: «Disculpe… señor Fields, ¿qué es eso?».
Él respondió: «Es una Biblia». Y ellos dijeron: «¿Y qué está haciendo?». Luego, él dijo: «Estoy buscando una escapatoria». Y entonces murió.
Dannah: No parece que haya encontrado ninguna.
Robert: Exactamente.
Así que cuando la muerte se acerca, la reacción inmediata, en todo lugar y en todo el mundo, es el miedo. De hecho, durante el COVID-19, ¿qué era lo que estaba pasando en todo el mundo? Miedo. ¿Por qué? ¿Miedo a qué? Miedo a morir. Las personas tienen miedo de morir. Ahora bien, sé que algunas de las cosas que hicimos para protegernos a nosotros mismos o a otros probablemente fueron exageradas. Creo que las estadísticas y las investigaciones lo confirmarán con el paso de los años. Pero la realidad es que las personas tienen miedo de morir.
Así que la meta del libro, la misión, es disipar ese miedo.
De hecho, todo el capítulo 1 del libro se titula Alerta de spoiler: El cielo es real. Un amigo de muchos años de Nancy, Randy Alcorn, respaldó el libro con una reseña. Es el único endoso que tiene el libro. Pensé desde el principio: si logro que Randy respalde este libro, no necesito a nadie más.
Dannah: No necesitas a nadie más. Él es el que escribió el libro «El cielo».
Robert: Exactamente.
Así que hablo acerca del cielo, de que realmente es algo real. Hay algunas historias maravillosas sobre funerales y sobre celebrar la muerte de personas que han ido a estar con el Señor.
Hay un versículo en 1 Corintios 2 que quisiera mencionar. A medida que Bobbie se iba enfermando cada vez más, estoy seguro de que citó este versículo unas doscientas veces. (Fue mucho más que eso, pero no quiero que me acusen de exagerar). Y el versículo dice así:
«Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,
Ni han entrado al corazón del hombre,
Son las cosas que Dios ha preparado para los que lo aman» (v. 9).
Bobbie era pintora. Nuestra casa estaba llena probablemente unos 50 retratos y pinturas. Ella amaba el arte. Así que, «cosa que ojo no vio»: ni siquiera en sus sueños más audaces como artista, el cielo se le va a comparar.
«Ni oído oyó». A ella le encantaba cantar. Tenía una voz hermosa. Así que, aun mejor que el arte y la música, «ni han entrado al corazón del hombre…». Nuestros sueños más increíbles sobre cómo será el cielo no se acercan a las cosas que Dios ha preparado para los que lo aman.
Si tú y Bob están de viaje en avión, volando a algún lugar exótico, a un sitio cálido, anticipando ese tiempo para pasar tiempo juntos, es realmente increíble. Es maravilloso. Es casi indescriptible la emoción de anticipar algo tan bueno.
Dannah: ¡Wow! ¡Así es!
Robert: Bueno, así es el cielo. Y eso es lo que disipa el miedo. Una vez que tienes una imagen de hacia dónde vamos —los que seguimos a Cristo, aquellos que lo amamos y hemos sido redimidos por Su sangre—, tenemos algo que esperar con anhelo. Y si eso es verdad, entonces eso debería cambiar por completo la manera en que nos sentimos acerca de morir.
Dannah: Realmente debería.
A mí me encanta bucear. Mi esposo me lleva a muchísimos viajes para ir a bucear. Me encanta estar bajo el agua y cada vez, lo único que quiero es ver algo que me deje maravillada. A Bob también le gusta bucear, pero no tanto como a mí. Así que me lleva porque me ama. Pero, cuando lo pienso, digo: «¡Wow! Necesito anhelar con esa misma emoción el viaje al cielo, tanto como anhelo esos viajes para ir a bucear». ¿Verdad?
Robert: Sí. Esa es una imagen maravillosa.
Imagina que estás de pie en el agua, digamos hasta la cintura, quizá hasta el pecho. Tienes tu máscara y tu equipo de buceo, ¿verdad? Estás mirando por encima de la superficie del agua, y lo único que ves es agua. ¿Cierto? Eso es todo lo que ves. Pero en el momento en que tu máscara rompe la superficie y miras hacia abajo… eso es exactamente de lo que estamos hablando ahora.
Es como decir: «¡Wow! ¡Hay todo un mundo que jamás habría imaginado! ¡Y aquí está, justo frente a mí!». Es una ilustración preciosa. Me encanta eso, Dannah.
Dannah: Robert, sabes que tengo que preguntarte esto. Todos hemos estado orando contigo durante estos últimos años mientras enfrentabas no uno, sino dos diagnósticos diferentes de cáncer. ¿Cómo impactó eso tu manera de pensar acerca de la muerte, el morir y el cielo?
Robert: Si hace siete años me hubieras hecho esa pregunta, te habría dicho: «¿De qué estás hablando?». Yo era un cuidador. Conocía el cáncer como observador, como espectador, pero no como alguien que está en el campo de juego.
Así que recibir dos diagnósticos distintos de cáncer, uno tras otro… Imaginemos, Dannah, que Dios está escribiendo mi historia.
Dannah: ¡No tenemos que imaginarlo!
Robert: ¡Tienes razón! Esa es una muy buena respuesta. Así que tienes que confiar. Aunque no es que tengas que confiar, sino que realmente necesitas confiar en que Dios sabe lo que está haciendo. Dios no dice: «Espera un momento… ¿Qué pasó? ¿Qué fue ese diagnóstico? ¿Cómo que “ocho rondas de quimioterapia”? ¡¿De qué estás hablando?!».
Dios no dice eso. Él sabe exactamente lo que está haciendo. Así que, si le hicieras esta pregunta a Nancy, creo que ella diría que no hubo miedo, sino paz. Hubo una profunda conciencia de la presencia de Dios durante todo el proceso.
No hay nada tan vulnerable como ser llevado en una camilla a un quirófano, o recibir otra punción más con una aguja (después de contar después de cien, literalmente), o una biopsia más. Estás boca abajo, y el médico tiene un taladro de un cuarto de pulgada, perforando tu columna vertebral… y aun así estás diciendo: «Esto está bien. No voy a quejarme. Voy a hacer todo lo posible por no tener miedo».
Así que la respuesta a tu pregunta es que estoy agradecido de haber pasado por esa experiencia —incluso al escribir este manuscrito— porque no fui un espectador. Esta también fue mi vida. Y las cosas que con tanta convicción estoy aconsejando y animando a los lectores a hacer y a pensar son cosas que yo mismo he experimentado.
Esto es interesante, porque al escribir un libro, la experiencia personal tiene muchísimo que ver con la capacidad de escribir sobre ese tema. No sé cuál será el próximo libro. A veces pienso que debí haber estado un poco loco para escribir un libro sobre la muerte. Es como si dijera: «¿En qué estaba pensando?».
Pero el Señor me hizo pasar por todo esto, permitió que experimentara cada parte, para que tuviera algo que decir. Para que tuviera una base desde la cual animar a personas que podrían decir: «Bueno, eso suena muy bien. Tú has vivido en una torre de marfil, o lo que sea, pero nunca has pasado por esto. Lo conoces de manera académica o intelectual, pero no lo conoces de verdad».
Bueno, ahora sí lo conozco. Esto ha tenido un costo físico para mí. Tengo setenta y cinco años. Y sabemos que los años se van acumulando. De hecho, estoy justo en el punto en el que la mortalidad ya es una realidad para mí. Viviendo en los Estados Unidos, setenta y cinco, setenta y siete, tal vez setenta y nueve años es el promedio de vida para un hombre como yo.
Así que estoy justo a tiempo. He dicho en broma (porque soy un vendedor sin remedio) que el libro podría ser un bonito artículo sobre la mesa de libros al fondo de la iglesia, en mi propio servicio funerario. Pero estoy emocionado, y muy agradecido por haber tenido esta oportunidad.
Débora: Ese fue nuestro amigo Robert Wolgemuth, grabado en el 2023. Como escuchaste, Robert estaba preparado para la eternidad. Anhelaba y esperaba con gozo encontrarse con su Salvador y vivir para siempre con Él.
Robert ahora ha entrado en la eternidad, así que, por favor, continúa orando por Nancy, por las hijas de Robert, Missy y Julie, y por sus familias.
Puedes escuchar más de Robert, conocer más sobre sus libros y ver un video acerca de su matrimonio con Nancy DeMoss Wolgemuth. Para explorar más sobre la vida de Robert, visita ReviveOurHearts.com.
Quiero dejarte con algunas palabras que Nancy envió desde el hospital mientras estaba sentada junto a Robert en sus últimos días. Ella escribió:
«Aun en medio de esta dolorosa prueba, mi corazón está inexplicablemente lleno y agradecido. Por ustedes, por nuestro Salvador “Varón de dolores y experimentado en aflicción”».
Ella toma estas últimas palabras de Isaías 53:3. Nancy continuó diciendo que estaba agradecida por las promesas de Dios, por Su paz y por la certeza de que un día todo sufrimiento, dolor y enfermedad serán desterrados y reemplazados por una adoración sin fin y un gozo inexpresable en Su presencia. Y luego escribió: «El Cielo gobierna».
Por favor, continúen orando por nuestra querida Nancy. Ha sido un gozo verla caminar esta etapa con verdad y fe, viviendo lo que enseña. Pero está de duelo y necesita nuestras oraciones. Espero que te unas a nosotros.
Muchas gracias por acompañarnos hoy en Aviva Nuestros Corazones.
Llamándote a confiar y descansar plenamente en Aquel que está escribiendo tu historia, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación