Cuando el dolor se convierte en un regalo
Débora de Rivera: Cuando Carrie Gaul atraviesa un momento de sufrimiento, ella piensa en su Salvador sufriente.
Carrie Gaul: No estás pasando por nada que tu Salvador no haya pasado. No estás experimentando ni la mitad del dolor que Él sufrió por ti.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss Wolgemuth autora del libro «En la quietud de Su presencia», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 29 de enero de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Durante los últimos días, Carrie Gaul nos ha invitado a llevar una vida llena de gozo. Ella comenzó contándonos sobre una «bola y las cadenas de condenación» que sintió durante años, incluso como creyente en Cristo. Ella nos está mostrando la libertad, la paz y el gozo que se pueden experimentar al ser liberadas de esa condenación y al darnos cuenta de que Cristo nos ama …
Débora de Rivera: Cuando Carrie Gaul atraviesa un momento de sufrimiento, ella piensa en su Salvador sufriente.
Carrie Gaul: No estás pasando por nada que tu Salvador no haya pasado. No estás experimentando ni la mitad del dolor que Él sufrió por ti.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss Wolgemuth autora del libro «En la quietud de Su presencia», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 29 de enero de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Durante los últimos días, Carrie Gaul nos ha invitado a llevar una vida llena de gozo. Ella comenzó contándonos sobre una «bola y las cadenas de condenación» que sintió durante años, incluso como creyente en Cristo. Ella nos está mostrando la libertad, la paz y el gozo que se pueden experimentar al ser liberadas de esa condenación y al darnos cuenta de que Cristo nos ama y que no tenemos que hacer nada para ganarnos Su favor.
La paz que Carrie ha estado describiendo puede llevarte a lo largo de las temporadas más oscuras de la vida. Y es precisamente de eso que estaremos hablando hoy. Y un poco más adelante, en el programa, escucharemos a una amiga mía que se encontraba entre el público ese día y estaba atravesando un profundo valle de tratamientos contra el cáncer. Escucharemos cómo ella experimentó la presencia de Cristo en su vida y el gozo de una manera extraordinaria.
Pero primero, escuchemos a Carrie mientras ella concluye esta serie de enseñanzas titulada «Ven y descansa».
Carrie: Alguien me dijo hoy: «Ya me sé las cosas de las que hemos estado hablando, pero las olvido. ¡Simplemente, las olvido!». Yo le respondí: «A mí me pasa lo mismo; todos los días olvido estas cosas. Todos los días necesito que me recuerden estas verdades».
De hecho, tengo mi pequeño teléfono aquí, pero no porque estoy esperando una llamada, sino porque quiero contarles lo que hago con él. Yo era una usuaria comprometida de los «teléfonos tontos». No era precisamente una fanática de los teléfonos inteligentes. Pero mis hijos y mi esposo decidieron que lo necesitaba, así que me compré uno y ahora me sorprenden algunas de las cosas que puedo hacer con este celular.
Una de ellas es que ya no necesito despertador. Puedo usar mi celular como despertador. ¿Saben qué me despierta cada mañana? Todas las mañanas suena la alarma con una vieja canción del evangelio que trata sobre la historia de la vida de Pedro (y creo que algunas de ustedes son muy jóvenes para recordarla). Creo que la canción se llama «Él está vivo y yo estoy perdonado, las puertas del cielo están abiertas de par en par». (El título original en inglés es: «He is alive»).
Esa es la canción que suena en mi celular cada mañana. Es la historia de la vida de Pedro: él se sentía como un fracasado y no podía imaginar que, aunque Cristo hubiera resucitado de entre los muertos, eso no cambiaría nada. Porque todo había cambiado; Pedro le había fallado; había tropezado.
Pero en el estribillo de la canción, cuando Pedro ve a Cristo cara a cara y se da cuenta de que ha resucitado de entre los muertos, el estribillo dice: «Él está vivo, y yo estoy perdonado, y las puertas del cielo están abiertas de par en par». Amigas mías, estas verdades, solo con escucharlas por la mañana antes de levantarme de la cama, cambian por completo mi perspectiva.
Es increíble cómo, al despertarnos, la realidad del día nos invade al instante. Algunos días, estoy tumbada en la cama, sonrío y digo: «Ah, sí, es verdad. ¡Él está vivo! ¡Estoy perdonada!». Todo lo que es de Cristo es mío, porque soy coheredera con Él. No depende de quién soy, sino que depende de lo que Cristo hizo en Su vida, en Su muerte y en Su resurrección.
Entonces, ¿el amor de Cristo significa que Él quita todas las cadenas de nuestras vidas? No lo sé. No siempre lo hace. Pero si son cadenas de pecado, de vergüenza y culpa, si son cadenas de adicción, esclavitud y cautiverio, entonces sí, Él te libera, porque eso es lo que Él vino a hacer. ¡Sí! Él puede hacerlo en tu vida.
Y a veces, eso ocurre instantáneamente. Pero con más frecuencia es un viaje en el que aprendemos a tomar estas verdades de la Palabra de Dios y aplicarlas a nuestros corazones. Él te liberará de esas cadenas.
El apóstol Pablo estuvo repetidamente encadenado por su fe. Se le llamaba el «embajador en cadenas». Pero las cadenas de Pablo eran un puente para la salvación y hacia el evangelio. Se utilizaban para animar y fortalecer a los creyentes, y ciertamente llevaron a muchos a la salvación.
De hecho, en Filipenses 1:12, Pablo dice: «Quiero que sepan, hermanos, que las circunstancias en que me he visto, han redundado en un mayor progreso del evangelio». ¿Sabes cuáles eran las circunstancias de Pablo? ¡La prisión! Pablo estaba, literalmente, y no en sentido figurado, encadenado y esclavizado. Pero gracias a esas cadenas, Cristo se había dado a conocer en todo el palacio del gobernador.
Cuando llegamos al final del libro de Filipenses, en el capítulo 4, Pablo les escribe a los filipenses y les dice: «Todos los santos los saludan, especialmente los de la casa de César». ¿Cómo crees que los de la casa de César llegaron a ser santos en Jesucristo? Porque el hombre que estaba encadenado había compartido el evangelio una y otra y otra vez.
¿Te imaginas estar encadenado a Pablo? ¡Escucharías el evangelio día y noche! (risas) Escucharías quién era él y lo que Cristo había hecho en su vida cuando lo encontró en el camino a Damasco. Unos versículos más adelante, en Filipenses capítulo 1, en el versículo 29, las Escrituras dicen que la salvación es un regalo: «Porque a ustedes se les ha concedido por amor de Cristo… Creer en Él…». Y nosotras amamos ese regalo de la salvación, ¿no es así? Realmente lo amamos.
Ese pasaje de Filipenses dice que hay dos dones. Está el don de la salvación, que nosotros aceptamos, y Filipenses 1:29dice que también tenemos el don del sufrimiento. «Porque a ustedes se les ha concedido por amor de Cristo, no solo creer en Él [es decir, la salvación], sino también sufrir por Él».
Nos agrada el don de la salvación. Tengo en mis manos un regalo, un paquete decorado con mucho esmero. En el exterior dice «salvación». Nos encanta ese regalo, ¿cierto? Pero tengo otro paquete idéntico, también decorado con mucho esmero, en el que dice «sufrimiento». Este último no nos emociona tanto, ¿verdad? Sin embargo, Dios los ve literalmente como un solo regalo.
Dios ve el sufrimiento de una manera muy diferente a la nuestra, porque lo ve desde una perspectiva eterna. La noche en que me diagnosticaron cáncer, eran las 10: 30 de la noche cuando recibimos una llamada del cirujano. Él nos dijo: «Señor y señora Gaul, siéntense. Quiero informarles que Carrie tiene cáncer».
Mi esposo Dennis se volvió hacia mí esa noche y me dijo: «Car, tenemos que pensar cómo vamos a contárselo a las personas». Y el Espíritu de Dios me inspiró en ese momento y me dijo: «Esto es un regalo de mi amor, Carrie. Tienes que recibirlo así». Pero yo no lo sentí como amor. Hubo muchas lágrimas, muchas preguntas, muchas dudas, pero Dios me dijo: «Esto es un regalo de Mi amor».
Y puedo asegurarte que nos llevaría todo el día contar todas las historias de lo que Dios ha hecho a través de ese regalo de amor, de las vidas que está empezando a impactar a través de ese único regalo de amor. Una vecina por la que llevamos años orando, como resultado de su lucha contra el cáncer (y llevamos nueve años viviendo en la misma calle), Dios lo utilizó como puente para el evangelio.
El primer día que fui al tratamiento, ella estaba tocando a mi puerta. A las 8: 30 de esa noche abrí la puerta. (Había mucha gente en nuestra casa en ese momento).
Ella me dijo: «¿Estás bien?».
Yo le respondí: «Sí».
Entonces ella me dijo: «Bien, ¿podemos hablar en privado?».
Le dije: «Claro. ¿Te parece bien ir a nuestro dormitorio?».
Ella respondió: «Claro».
Durante dos horas ella me hizo preguntas sobre Dios debido a un puente llamado «cáncer». Ella aún no ha llegado a Cristo. Todavía no ha recibido el amor de Jesús en su vida, pero Dios la está atrayendo hacia Él.
Dios está trabajando en ella y en su esposo. Ellos pasaron por una pequeña crisis en su matrimonio. Un día, mi esposo comenzó a orar y a hablar con su esposo. Luego, Dennis recibió una llamada de él más tarde esa semana y le dijo: «¡Tu Dios responde a las oraciones!». Así que mi oración es que nuestro Dios se convierta en su Dios y que Cristo use este regalo llamado «cáncer» como un puente para el evangelio.
Para terminar, mientras recorríamos este camino del cáncer, mi amiga Jessica dibujó algo para mí. Al principio no me lo dijo, pero después de un tiempo me confesó que pensaba que yo estaba un poco loca por llamar al cáncer un regalo.
Ella me dijo: «Pensaba que estabas loca, porque ¿cómo alguien puede ver eso como un regalo? ¡Es una locura!». Pero ella es una estudiante de la Palabra de Dios, ama a Cristo y comenzó a profundizar en Su Palabra y a luchar con el Señor sobre cómo Él ve el sufrimiento.
Un día, estaba sentada en el sofá de su sala y me dijo: «Carrie, tengo un regalo para ti. A menudo, cuando lucho con las verdades que Dios me enseña, Él me da un poema o una ilustración visual de lo que me está enseñando». Luego me dijo: «Carrie, pinté esto para ti».
Tengo en mis manos el lienzo del cuadro que pintó Jessica. En la parte superior dice: «Porque a ustedes se les ha concedido por amor de Cristo, no solo creer en Él, sino también sufrir por Él». En el cuadro hay una caja color rosa, bellamente decorada y atada con un lazo, y la sostiene las manos de Cristo.
Y sabemos que son las manos de Cristo, porque podemos ver las marcas de los clavos en Sus manos. Cuando vi el cuadro que pintó Jessica, dije: «¡Jess, eso es! Por eso el cáncer puede ser un regalo. Por eso un matrimonio difícil o un hijo rebelde pueden ser un regalo».
¿Es difícil? ¡Sí! ¿Lo escogerías? ¡No! ¿Significa eso que actuamos como si nunca nos doliera? ¡No! Esto significa que si el sufrimiento entra en nuestras vidas, entonces, porque somos Suyas, porque somos Sus hijas, si Él lo permite, Él lo utilizará para Sus propósitos en nuestras vidas, porque Él también sufrió. No estás pasando por nada que tu Salvador no haya pasado. No estás experimentando ni la mitad del dolor que Él sufrió por ti. Su amor solo da cosas buenas y perfectas.
Mi doctor, que es creyente, me llamó por teléfono unas semanas después de que me diagnosticaran. Empezaban a llegar los informes y teníamos que empezar a tomar algunas decisiones sobre el tratamiento. Me llamó una tarde y, tras una larga conversación, me dijo: «Carrie, quiero recordarte algo que sé que ya sabes, pero quiero decírtelo de nuevo».
Le pregunté: «¿Qué es?».
Él respondió: «Carrie, el cáncer no te tiene en sus manos… Pero Dios sí».
Y a ti, amiga mía que me escuchas, quiero decirte hoy: sean cuales sean las cadenas que te estén atando en tu vida, estas no tienen tu vida en sus manos… pero Dios sí.
Nancy: ¡Qué verdades tan hermosas y qué recordatorios tan buenos! Si no estás pasando por una temporada en tu vida en la que experimentas algunas de estas cosas que realmente te agobian, ¡ánimo, porque lo harás! Sé que te he hecho reír, pero cuando estás en medio de estas cosas, no tienes ganas de reírte en absoluto, ¿verdad?
Carrie, me parece interesante que, en la providencia de Dios, al llevarte a compartir eso hoy, el Señor ha traído aquí con nosotros a nuestra amiga de toda la vida, Bárbara Tolleson. Bárbara, me alegro mucho de verte. En la providencia de Dios, creo que Él te trajo aquí hoy mientras Carrie compartía su experiencia.
No he tenido la oportunidad de verte en persona desde que te diagnosticaron cáncer este año. Así que, por favor, cuéntanos sobre eso. No tenías síntomas y, de repente, te dieron el diagnóstico, algo que no te esperabas en lo absoluto.
Bárbara Tolleson: En absoluto, Nancy. La verdad es que fue toda una sorpresa. Me habían operado varias veces durante el verano. Me caí, me rompí el brazo izquierdo y el hombro, luego me operaron y empecé la recuperación. Después tuve una hernia, probablemente como consecuencia de la caída.
Cuando volví para la revisión de la cirugía de la hernia, fui sola a la consulta, porque, como sabes, mi esposo Lester tiene problemas para caminar y otras complicaciones. Pensábamos que solo era una revisión y que solo estaría allí unos minutos.
Mientras estaba en la consulta del médico, él me dijo: «Vamos a comprobar si la operación de la hernia ha salido bien». Cuando lo hizo, me dijo: «Tengo que hablar con usted». Yo estaba sola en la consulta con el médico, y él utilizó la palabra «cáncer» y mi nombre en la misma frase.
Había enviado las pruebas de laboratorio y, como Carrie sabe, el resultado puede ser uno u otro (maligno o benigno). Ni siquiera sabía que hacían eso, pero es un procedimiento habitual. Llegaron los resultados y me dijo: «Todo apunta a que tienes cáncer».
Así que me hice todas las pruebas: la tomografía por emisión de positrones, la tomografía computarizada, la ecografía endoscópica y ese tipo de cosas. Y los resultados confirmaron que era cáncer. De camino a casa, nuestra hija Karen me dijo: «Mamá, ¿qué pasa si no te sometes a la quimioterapia?».
Le habíamos preguntado al médico cuál era mi pronóstico en cuanto a mi tiempo de vida. Él respondió que solo una media de los pacientes que ha tratado con el tipo de cáncer que tengo vive por unos once meses. Entonces concertamos una cita para enero y regresé al médico que me había operado de la hernia.
Lester y yo le hicimos muchas preguntas sobre qué beneficios tendría la quimioterapia. Nos dio muchos ejemplos de personas que conocía. No es oncólogo, es cirujano, pero trata a pacientes que han pasado por cirugías de cáncer y ha realizado mastectomías y otras intervenciones.
Luego, dijo: «Solo Dios sabe cuánto tiempo te queda de vida».
Y yo le respondí: «¡Ese es el tipo de médico que quiero!». Y le dije: «Lester, nuestra hija y yo lo hemos hablado y hemos decidido que no voy a someterme a quimioterapia».
Él me apoyó y me dijo: «Cualquiera que sea tu decisión, será la correcta, sea sí o sea no». Así que eso es lo que decidimos. Él será quien me cuide. ¡Pero Dios me ha hecho un regalo! Me ha confiado la gran responsabilidad de ser un ejemplo de piedad en estos tiempos.
Nancy: Guau, Bárbara. Mientras te escucho, pienso en ese versículo de Proverbios 31, porque pienso que estamos viendo una ilustración viva del versículo 25, que dice: «Fuerza y dignidad son su vestidura y sonríe al futuro». Y no está diciendo que sea gracioso, sino que más bien dice: «Yo sé Quién tiene el control».
Bárbara: Absolutamente.
Nancy: Entonces, no es como: «¡Oh, qué alegría, qué emoción, tengo cáncer!». Sé que no es eso lo que quieres decir, pero creo que, por la forma en que lo estás contando, muchas personas no pueden ni siquiera imaginar cómo puedes pensar así. Sin embargo, conozco a Bárbara desde hace tiempo y sé por qué está llena de fuerza y dignidad en esta temporada de su vida.
Ella ha sido una mujer que ama la Palabra de Dios, que ha llenado su mente y su corazón con ella, y que ha escogido dar gracias en todas las cosas, incluso en circunstancias difíciles. No es una persona «frívola».
Su familia ha pasado por momentos difíciles. Y esto no es un escape de la realidad. Es anclar tu corazón a una realidad suprema. Y durante años, Bárbara ha desarrollado el hábito (tanto ella como su esposo Lester, sus hijos, son un gran ejemplo de ello) de decir: «La Palabra de Dios es verdadera, ¡y yo escojo arriesgar mi vida por ella! Esta circunstancia de mi vida puede ser una bola y cadenas que arrastro y que se convierten en un obstáculo, o puedo recibirlas como un regalo, un regalo precioso, que Dios me ha confiado en esta temporada».
Ahora, mientras escucho a Bárbara, pienso que si yo acabara de recibir este diagnóstico, no sé qué diría. Pero no estoy segura de que estaría revestida de la fortaleza y la dignidad que veo en Bárbara.
¿Sabes lo que eso me dice? «Ahora mismo, mientras no tienes este diagnóstico de cáncer, es cuando necesitas conocer a tu Dios, acercarte a Él, apoyarte en Él, aprender de Él, dejar que Su Palabra guíe y determine tus respuestas a las pequeñas cosas de la vida». Si me siento abrumada y me quejo por las pequeñas cosas de la vida cotidiana, ¿qué voy a hacer cuando llegue el diagnóstico de cáncer? ¿Qué vas a hacer tú?
Bárbara lleva años tomando decisiones. Estamos escuchando a una mujer mayor, no a una anciana, sino a una mujer mayor que algunas de las personas que están en la audiencia, que ha dicho: «Camina con Cristo a lo largo de tu vida y, cuando recibas ese diagnóstico totalmente inesperado, drástico y terrible, tendrás un recurso inigualable. Sabrás a quién acudir, sabrás adónde ir, porque ha habido una transformación a lo largo de tu vida».
Es como cuando se va la luz en tu casa. Si es un lugar que conoces bien, puedes orientarte porque has caminado por allí. Lo has visto con luz. Si se va la luz y estoy en casa de otra persona, voy a tropezar y a caerme porque no estoy acostumbrada a los espacios allí.
Pero en mi casa sé dónde están las cosas: sé dónde están las paredes, sé dónde están las puertas y, cuando se va la luz, puedo caminar. Se ha ido la luz, dirían algunos en referencia a la salud de Bárbara y su familia en este momento. Pero en realidad no están en la oscuridad, porque tienen la luz de Cristo caminando con ellos, porque han caminado en la luz durante muchos años.
Así que, Bárbara, solo quiero decirte: «Te quiero. Me ha conmovido mucho escucharte y verte vivir este versículo del libro de Proverbios 31: «Ella sonríe. Ella se ríe del futuro». Tengo un amigo cuya esposa (con cuatro hijos pequeños) acaba de ser diagnosticada con cáncer en fase 4. Él firma sus actualizaciones diciendo: «Lo mejor está por venir». Bárbara, gracias por compartir tu experiencia.
Amigas, tal vez tengan la palabra «cáncer» en sus vidas; tal vez sea algo que no tenga nada que ver con esto, tal vez sea un matrimonio que es una «cadena», un hijo pródigo, un trabajo que es una «cadena» o una situación en la iglesia.
Aten sus vidas, no a la «cadena» de sus circunstancias, sino al ancla: la esperanza segura que tenemos en Cristo.Entonces serán mujeres que podrán revestirse de fuerza y dignidad, y podrán sonreír al futuro, sin importar lo que les depare, porque saben Quién lo tiene en Sus manos, y podrán decir: «Lo mejor está por venir», porque realmente es así. ¿Amén? ¡Amén!
Hemos estado escuchando una dulce conversación que tuve con mi amiga de toda la vida, Bárbara Tolleson. En ese momento, Bárbara no tenía forma de saber que solo le quedaban unos meses de vida aquí en la tierra. Ahora está en el cielo con el Señor, libre de cáncer, libre de dolor, sin más penas, sin más lágrimas, sin más muerte.
Ese día me impactó mucho que, en medio de los tratamientos contra el cáncer, sabiendo que tenía una enfermedad terminal, ella experimentara una paz y una alegría tan extraordinarias. Creo que ustedes pudieron sentirlo al escuchar esta conversación.
Es posible que te preguntes: ¿Cómo puede alguien experimentar ese tipo de alegría en una temporada tan oscura? Bueno, Carrie Gaul también ha estado con nosotras hoy, para mostrarnos y recordarnos a partir de la Palabra de Dios cómo experimentar Su gozo, sin importar las circunstancias.
Débora: Gracias a Dios por Su Palabra y por los recordatorios que podemos obtener de ella.
Y hermana, hay algo que quiero que consideres antes de terminar el episodio de hoy, y es que Cristo quiere liberarte del engaño del pecado y ayudarte a ver el pecado tal como es. Él quiere liberarte del poder del pecado. Él quiere que entres en Su misericordia y gracia para que el pecado pierda su atractivo y su control mortal sobre ti.
Llamándote a anclar tu vida, en medio del sufrimiento, a las promesas de la Palabra de Dios, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de La Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.
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