Aviva Nuestros Corazones Podcast

Cuando las mujeres sirven a otras mujeres, día 1

Annamarie Sauter: ¿Has sentido que no eres muy buena sirviendo a los demás? ¿Qué tal si dejas de tratar en tus fuerzas y permites que Dios sirva a través de ti?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Es esa vida de Dios dentro de mí la que me da un deseo y un poder sobrenatural para hacer cualquier cosa que Dios me haya llamado a hacer. Esa es la gracia de Dios.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, autora del libro, «En la quietud de Su presencia», en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy, antes de continuar con el programa…

Nancy: Tenemos un recordatorio muy importante para todas nuestras oyentes.

Annamarie: Me imagino que ya lo anotaron en sus agendas…

Nancy: Los días 27, 28 y 29 del mes que viene tendremos nuestra conferencia True Woman ‘18, titulada, «La verdad que te hace libre». Reúne a un grupo de amigas y hermanas, y juntas celebremos el décimo aniversario del movimiento Mujer Verdadera.

Annamarie: Seremos animadas a continuar abrazando la verdad de Cristo y Su Palabra. Anímate a participar de True Woman ‘18 a través de la transmisión en vivo.

Nancy: Experimentaremos la verdad de Dios a través de mensajes centrados en la Biblia, dramas basados en el libro que escribí titulado, «Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres»; y Keith y Kristyn Getty nos dirigirán en alabanza a nuestro Dios.

Annamarie: También habrá una preconferencia en español, de hispanas, para hispanas.

Nancy: ¡No te querrás perder este evento! Para más información visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com.

Annamarie: Bien, en el programa de hoy, Nancy nos mostrará por qué es tan importante invertir en las vidas de otras mujeres. Ella enseñó este mensaje a un grupo de líderes que estaban aprendiendo a aconsejar a otras mujeres. Este mensaje se titula, «Cuando las mujeres sirven a otras mujeres».

Mientras escuchas, pregúntate a ti misma: ¿Me está guiando el Señor a hablar de Su verdad a otrasmujeres? Si pensar en esto te intimida, Nancy te recordará que todo lo que necesitas es la fuerza del Señor.

Nancy: En el día de hoy quiero empezar por decir que no soy una consejera en el sentido oficial. Pero conozco, igual que tú, al Consejero Admirable. Es un privilegio ser instrumentos que Dios puede usar para ministrar en la vida de otros. En realidad el tema de las mujeres ayudando a otras mujeres es uno del cual nunca he enseñado de manera específica. He estado reflexionando en este tiempo que voy a pasar con ustedes y quiero compartir lo que hay en mi corazón. Algunos pensamientos como introducción, que espero les sirvan de aliento cuando piensen en las mujeres que Dios les ha llamado a servir.

Realmente solo quiero darles cuatro oraciones. Estamos hablando de mujeres ayudando a otras mujeres, ese es el tema de hoy. La oración número uno es que las mujeres necesitamos ayuda. Ahora, eso no les parecerá como una declaración muy profunda y déjenme añadir un paréntesis. Las mujeres necesitan ayuda (igual que los hombres). Todos necesitamos ayuda, ¿no es verdad?

Pero no es solo porque así fuimos creadas. Más allá de eso, como resultado de la entrada del pecado en este mundo, todos somos personas caídas. Estamos así por nuestras propias decisiones pecaminosas y necias. Somos afectadas por las decisiones pecaminosas y necias de otros, de las que algunas no tenemos ningún control. Nosotras mismas pecamos. Somos afectadas por otros pecadores. La vida simplemente no funciona bien y el pecado nos hace a todos disfuncionales. La gente a nuestro alrededor enfrenta pérdidas, dolor, miedo, frustración, esclavitud, desaliento, desilusión, duda y desesperación. 

Necesitamos una perspectiva. Necesitamos un propósito. Necesitamos perseverancia para enfrentar la vida. Necesitamos poder, habilidad para cambiar y para liberarnos de las esclavitudes del pecado. Tantas mujeres, que vienen a este tipo de eventos, son ellas mismas esclavas de varios tipos de adicciones pecaminosas, de hábitos pecaminosos y ellas necesitan libertad. Necesitamos descanso para nuestras almas.

Últimamente me ha impactado mucho cómo La Palabra Dios llama repetidas veces a Su pueblo al descanso. Y cuántas veces estamos en una etapa donde decimos, «lo que necesito es descanso para mi alma». Necesitamos gozo. Tantas necesidades. Una de las cosas que creo que necesitamos hacer cuando servimos a otras mujeres, es pedirle a Dios que nos dé ojos para ver, oídos para oír y corazones para sentir las necesidades de los que están a nuestro alrededor. Por mi parte, tengo que decir que tantas veces estoy tan preocupada por mis propias necesidades y buscando toda la ayuda que necesito, que me olvido de las necesidades de las personas que están justo a mi alrededor, las personas que están más cerca. 

En ocasiones he vuelto a la realidad y me he encontrado con que alguien que yo veo con frecuencia, alguien que conozco bien o que pensé que conocía bien, está atravesando por situaciones dolorosas y dificultades que yo no me tomé el tiempo de escuchar o de hacer las preguntas que le hubieran dado la libertad, de compartir lo que tenía en su corazón. 

Así que debemos pedirle a Dios que nos dé sensibilidad a las necesidades de los que nos rodean. ¿Qué hay detrás de esa sonrisa? ¿Qué pasa detrás de las conversaciones superficiales? Y cuando estamos con nuestras familias, cuando vamos a la iglesia, mientras participamos en nuestra comunidad. Pídele a Dios, «¿me ayudarías a ver las mujeres que necesitan ayuda, las mujeres que tienen necesidades a mi alrededor? Ayúdame a ver cuáles son esas necesidades. Dame ojos para ver y oídos para oír». Las mujeres necesitamos ayuda (igual que los hombres). Todos necesitamos ayuda. Esa es la oración número uno.

Aquí está la segunda oración. El Señor es nuestra ayuda. Dale gracias a Dios de que hay esperanza. El Señor es nuestra ayuda, nuestro auxilio viene de Él. «Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia. Ahora, he pensado recientemente acerca de esto y… yo sé que la Biblia dice que Él es nuestra ayuda, así que eso lo hace verdad. Pero he estado meditando en lo que cualifica a Dios para ser nuestro ayudador. Quiero decir, algunas de nuestras necesidades son bastante grandes. Algunas de las necesidades de las personas que estamos tratando de ayudar, son bien profundas y significativas. ¿Qué califica a Dios para ser nuestra ayuda?

Déjame darte algunas sugerencias aquí. Primero, Él entiende. Él entiende. Solo Él puede diagnosticar con certeza el corazón de las personas. Solo Él conoce las verdaderas situaciones detrás de nuestros problemas. Y solo Él sabe qué hacer con esas situaciones.

Creo que esto nos quita bastante presión de encima porque no tenemos que resolverlo todo. No tenemos que tener un doctorado en algún tipo de psicología o consejería o en lo que sea, cuando sabemos que tenemos un Ayudador que entiende, que sabe, cuyos ojos ven y conocen todo.

Pero Él no solo entiende, tenemos un Dios calificado para ayudar porque a Él le importamos. Le importamos. Tenemos un Dios con un corazón tan tierno y compasivo hacia las personas que sufren, hacia las personas necesitadas, personas que están fracasando. Le importamos tanto que antes de que el primer hombre y la primera mujer hubieran pecado por primera vez, Dios ya había ideado y puesto en acción un plan para redimir a la humanidad caída y rescatar a esta tierra de la maldición del pecado. Tanto así le importamos a Dios.

Él ideó ese plan antes de que el hombre hubiera siquiera pecado. A Él le importamos tanto que cuando los israelitas gemían en Egipto, en esclavitud, bajo el yugo de los supervisores o capataces de los trabajos, Dios escuchó sus gritos, sus gemidos. Él se llenó de compasión, y Él envió un salvador a rescatar a Su pueblo. A Dios le importamos tanto que, cuando Él vio a los hijos de los hombres en esclavitud al pecado, Él envió a Su Hijo a esta tierra a tomar nuestra humanidad, a vivir nuestra vida, a morir la muerte que nosotros merecíamos y a salvarnos de la destrucción del pecado. Tenemos un Dios a quien le importamos tanto así.

Cuando el Hijo de Dios estuvo aquí en esta tierra, ¿no te encanta ver cómo cuidó Él de la gente? Y no solo a las personas que podían hacer algo por Él. Quiero decir, Él era Dios. Él se bastaba a Sí mismo. Pero Él se interesó y cuidó de los más necesitados, personas que no tenían nada que ofrecer, aquellos que no podían ayudarse a sí mismos. 

Me encanta ver como Jesús salía de su agenda y de lo que tenía planificado para ayudar a leprosos y a padres afligidos, a viudas, a personas poseídas por demonios y otras atrapadas en pecados. Veo como Jesús tomaba en cuenta y se percataba de estas personas mientras Él iba, se movía y viajaba. Él las amaba, y Él les dedicaba tiempo. A Él le importan las personas que a nadie le importan. Él les sirve, Él las ayuda, Él llena sus necesidades y Él les da vida.

Ahora, eso me alienta a mí también, porque tantas veces realmente no me importan las necesidades de las personas que están a mi alrededor. No soy una mujer bondadosa por naturaleza. Soy más bien de las que piensa, «toma el control». Quiero decir, realmente yo era así hasta que entré a los cincuenta y el cambio de vida. Ahora soy un poco más compasiva. Pero si algo tengo de misericordia o de bondad o de compasión, es porque Él lo ha puesto en mí. Él da, y a Él debemos acudir para obtener eso. 

Él está calificado para ayudar porque Él entiende, a Él le importamos, y no solo le interesamos a Él y me encanta esto…Él es capaz de ayudar. Sería otra cosa si a Él le importáramos y Él entendiera pero no pudiera hacer nada para ayudarnos; además, Él puede ayudar. Él puede salvarnos y rehacer nuestras vidas destrozadas. Necesitamos recordarnos continuamente a nosotras mismas y a aquellos a quienes tratamos de ayudar, que Él es el único que puede ofrecernos ayuda verdadera, profunda y perdurable.

Necesitamos creer que Dios verdaderamente puede ayudar a las personas. Y no solo a personas sin nombre, sino personas con nombre y caras en quienes estás pensando. A los más difíciles de ayudar, Él los puede ayudar. Él puede satisfacer sus necesidades. Él puede cambiar sus vidas.

Agradezco tanto los correos que leo de mujeres, algunas de ustedes en nuestra audiencia, que han compartido sus historias de cómo Dios ha transformado sus vidas. Y una amiga, Julie, con quien estuve hablando hace poco, ha compartido esto públicamente, así que no le importaría que yo lo haga. Pero una de las mujeres en nuestra audiencia era una Gómer, como la Gómer de Oseas. Cuando ella y yo hicimos contacto por primera vez, y aquí está una mujer que de acuerdo a su testimonio, había estado en esclavitud por años a pecados sexuales y malos deseos. Dios rescató a esta mujer, ha transformado su vida, ha transformado su matrimonio. Ahora ella está sirviendo a otras mujeres, ayudando a otras mujeres por y para la gloria de Dios. Dios puede cambiar vidas. 

Mi padre acostumbraba decir: «No hay nuez lo suficientemente dura que Dios no pueda romper». Y Julie, yo al principio pensé que era una nuez demasiado dura. Pero sabes, ella no era demasiado dura para la gracia de Dios. Hay tantas mujeres que pudieran compartir historias similares, mujeres que han estado en prisión, mujeres que han estado en todo tipo de esclavitudes similares y Dios las ha liberado. Él libera a las personas. Eso es saber que Él puede ayudar. «Levanto mis ojos a los montes. ¿De dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda viene del Señor, creador del cielo y de la tierra».

Pienso que hoy en día hemos perdido la confianza en el poder de Dios para ayudar verdaderamente a las personas. Así que nos esforzamos y luchamos por socorrerlas y no podemos hacerlo. Así que nos rendimos, nos damos por vencidas, y las delegamos a alguien más. Les damos libros, las enviamos a otras personas, las inscribimos en este programa. Pero hemos perdido la confianza en el poder de Dios para ayudar. Lo que la gente necesita es al Señor. Él es el supremo ayudador en cada situación, en cada temporada de la vida. Cuando las personas han consultado a todos los consejeros, lo que necesitamos hacer es ponerlas en manos del Consejero Admirable. Es solo un recordatorio aquí de que nosotras no somos la respuesta a los problemas de las personas. No somos el Salvador. Solo Cristo es el Salvador. Solo Él es el Ayudador, y lo que tenemos que hacer es señalarles a Cristo. 

Así que la primera oración es que las mujeres necesitan ayuda, igual los hombres. La segunda oración es que el Señor es nuestro ayudador. Aquí está la tercera oración: Él quiere usarnos como Sus instrumentos para ayudar a otros. Tú estás hoy escuchando este programa y quizás estás en una posición donde puedes ayudar a otras mujeres. Quiero tan solo afirmarte que Dios quiere usarte, y Él te va a usar y Él está usando a muchas de ustedes como instrumentos para ayudar a otras. Pero para poder ayudarlas, primero necesitamos un corazón para ayudar, esa es la motivación, el deseo de ayudar. También necesitamos los medios para ayudar, la habilidad para ayudar. No tenemos ninguno de los dos por nosotras mismas. Si fuera por nosotras, no tenemos el deseo de ayudar ni la habilidad de ayudar a otros.

Pero tengo buenas noticias para tí. Ahí es donde entra la gracia de Dios. Es esa vida de Dios dentro de mí la que me da el deseo y el poder sobrenatural para hacer cualquier cosa que Dios me haya llamado a hacer. Esa es la gracia de Dios. Necesitamos de Su gracia para poder ayudar a otros. Cristo provee tanto el corazón como los medios, la motivación y el poder para ayudar a los necesitados. Por eso es que somos tan dependientes de Su Espíritu Santo. Él vive en nosotras y cuida a través de nosotras y ministra a través de nosotras. Dios provee los medios a Su pueblo mientras nos llena con Su Espíritu para ministrar eficazmente en las vidas de los otros.

Ahora, otra vez, quiero decir aquí que tantas personas hoy, incluso aquellas de nosotras en el ministerio, hemos llegado a creer que las dificultades de las personas, o los problemas de algunas personas, son tan complicados que solo pueden ser atendidos por profesionales médicos o psicólogos. Esa manera de pensar abunda y está andando por ahí; consideran que algunos de los problemas que la gente tiene son simplemente tan diferentes, tan complejos o con raíces tan profundas, que la única forma de obtener ayuda es a través de profesionales médicos y sicólogos.

Ahora, déjenme decirles lo que no estoy diciendo. No estoy diciendo que nunca hay lugar para la ayuda de médicos y sicólogos, personas que pueden tratar ciertos tipos específicos de problemas. Lo que estoy diciendo es que hemos sido intimidadas a pensar que la gracia y el Espíritu de Dios que fluyen a través de nosotras y en nosotras, no pueden ayudar a personas difíciles con problemas difíciles. El poder de Dios puede sobrepasar toda la ayuda profesional que cualquier cantidad de personas con títulos, entrenadas y educadas puedan proveer. El poder de Dios es más fuerte que todo eso. 

Y dices, ¿dónde está eso en las Escrituras? Bueno, solo mira el carácter de Dios. Pero déjame darte un versículo que me ayudó a pensar en esto años atrás y que realmente marcó una diferencia para mí en las Escrituras; uno al que vuelvo una y otra vez y que me lo recuerda.

El apóstol Pablo dijo en Romanos 15:14: «Por mi parte, hermanos míos, estoy seguro de que ustedes mismos rebosan de bondad, abundan en conocimiento y están capacitados para amonestarse unos a otros» (NVI).

Ahora, la palabra amonestar en la versión NVI, es traducida como instruir. Tú puedes amonestar o instruir, y es una palabra que significa, «advertir, enseñar, aconsejar o corregir a alguien sobre un problema». Ahora, recuerda para quién fue escrito este versículo. No fue escrito para profesionales. No fue escrito para los que trabajan en mega iglesias. Fue escrito para el creyente promedio en iglesias pequeñas. Esas somos nosotras, tú y yo en muchos casos.

Pablo les dijo a estos creyentes, primero, estoy convencido de que tú estás lleno de bondad. ¿Qué está diciendo ahí? No que eres bondadosa por tí misma sino que estás llena del Espíritu de Cristo y que Su carácter está siendo formado en tí. Estás siendo santificada. Te estás asemejando a Jesús. Estás llena de bondad.

Y luego él dice que tú estás llena de conocimiento. ¿Significa eso que lo sabes todo? No, pero significa que estás creciendo en el entendimiento y el conocimiento de Dios y Sus caminos. Estás obteniendo verdadera sabiduría, la cual viene de la fuente de toda sabiduría. Estás llena de conocimiento. 

Y luego somos capaces de aconsejarnos las unas a las otras. Esto implica que el pueblo de Dios está viviendo la vida cristiana lado a lado como miembros de una comunidad de fe y que cuando nosotras necesitamos ser instruidas, hay otros miembros en el cuerpo de esa misma comunidad que pueden instruirnos. Cuando otras necesitan ser instruidas, Dios puede trabajar en nosotras para que seamos un instrumento de consejería e instrucción. 

Ahora, recuerda la secuencia aquí. Nuestra habilidad para ministrar a las necesidades de los otros de una forma efectiva, fluye de dos cosas. Primero, de una vida y un carácter piadosos. Y en segundo lugar, de un entendimiento de los caminos, el corazón y el carácter de Dios. Si no estamos creciendo en esas áreas, no vamos a poder ministrar de una forma efectiva en la vida de los otros. Podemos darles libros y recomendaciones o enseñarles mucho material con buen contenido, pero si nuestras vidas no están demostrando en nuestra propia carne la verdad, entonces no tendremos un tanque lleno que pueda desbordarse, bendecir y ministrar en la vida de los que nos rodean.

De manera que cuando hablamos de ayudar a otras mujeres, de consejería bíblica efectiva…no permitas que esa palabra te asuste. De lo que realmente estamos hablando es de ser un discípulo, del proceso de santificación. Pablo dice que somos capaces de ayudarnos las unas a las otras en esas áreas de nuestras vidas que necesitan ser santificadas. También somos capaces de guiarnos unas a otras a la sabiduría, la habilidad de ver la vida entera desde la perspectiva de Dios.

Así que la mujer que tiene una adicción sexual, la mujer que tiene un trastorno de alimentación, la que está lidiando con un hijo pródigo o hija pródiga, la mujer que está luchando con la atracción por su mismo sexo, o la que no puede parar de comer o no puede manejar ciertos problemas grandes en su vida, tiene un problema de santificación. Es un problema de sabiduría.

Dios quiere que esa mujer, que puede estar en medio de circunstancias desesperantes, las cuales no puede controlar, puede ser una temporada en su vida y ella está enfrentando problemas físicos que hacen tan difícil para ella experimentar gozo, estar en paz; cualquiera que sea el problema, Dios quiere que ella lo vea desde Su perspectiva. Dios tiene gracia para darle en esa temporada de su vida, en esa situación. Esto no hace que las cosas sean fáciles. Pero significa que si hay gracia, hay sabiduría para ella. Lo que hacemos mientras nos acercamos y caminamos junto a otras mujeres es ayudarlas a que lleguen al trono de la gracia de Dios.

De modo que somos llamadas y equipadas por Dios, como mujeres que somos, a hacer discípulas, a enseñar, guiar, entrenar y llevarlas al trono de la gracia. Y a propósito, no se supone que sea solo un pequeño grupo de mujeres el que haga esto en tu iglesia. La meta es que todas nosotras nos trasformemos en la clase de mujer que puede hacer esto por las otras. 

Ahora, yo decía eso antes de realmente ser una mujer mayor, porque en cada edad somos una mujer mayor para alguien más, ¿verdad? Pero ahora que ya soy realmente una mujer mayor, me he dado cuenta que la intención de Dios no fue que solamente algunas maestras, oradoras, autoras, líderes de ministerios de mujeres y esposas de pastores, hicieran todas las amonestaciones, consejería, instrucción y discipulado. Él quiere que estemos reproduciendo ese corazón en otras, para que así mi amiga Holly, quien es esposa de un pastor, y quien tiene veintitrés mujeres que vienen a ella necesitando ayuda…que la meta de Holly en su iglesia sea la de hacer discípulas a otras mujeres, quienes a su vez ayuden a otras mujeres. Y ésa debe de ser también tu meta en tu iglesia.

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth. Ella grabó este mensaje en una reunión de mujeres líderes de ministerios.

Una mujer que escuchó esta enseñanza comentó lo siguiente,

«Gracias hermana Nancy, por ser tus consejos sabios y muy puntuales de acuerdo a la Palabra de Dios. La bendigo a usted y a todo su equipo porque todos hacen un gran trabajo. Gracias por sus libros ser un instrumento para también acercarme más a aquel que merece toda la gloria, a Jesús».

Y ciertamente es nuestra oración que cada una de ustedes conozca a Jesús y permanezca en Él.

Otra mujer dijo,

«¡Un hermoso y alentador programa! ¡Que Dios nos ayude a ser sensibles a las necesidades de los demás!»

¡Amén! Gracias hermanas por sus comentarios. Si nos escuchas y has sido bendecida con esta enseñanza, puedes compartir fácilmente este programa a través de nuestra página web, AvivaNuestrosCorazones.com, o de nuestra aplicación Aviva Nuestros Corazones.

Cuando inviertes en las vidas de otras mujeres, ¿cuál es la meta? ¿Cómo sabes si estás siendo efectiva? Nancy nos hablará acerca de esto mañana, en la continuación de la enseñanza de hoy. Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Ayudándote a ayudar a otras mujeres, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Dame una magnífica pasión, Diana Cardona y la banda Aviva, ℗ 2015 Aviva Nuestros Corazones, Letra y música por Mark Altrogge. Canción usada con permiso.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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