Dios está en control
Débora de Rivera: A veces solo necesitamos recordar que Dios tiene el control. Como suele decir Nancy DeMoss Wolgemuth: «El Cielo gobierna».
Nancy DeMoss Wolgemuth: Dios es quien abre la matriz y Dios es quien cierra la matriz. Si tienes hijos, es porque Dios te los dio. Dios determina nuestro tiempo de vida. Nuestros días están contados por Él. Él decide cuántas respiraciones tendremos. Eso está bajo el control soberano de Dios, y Él hace lo que quiere para Su beneplácito.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro «El Cielo gobierna», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 22 de abril de 2026.
Las madres tienden a intentar controlar a sus hijos, y eso no es necesariamente algo malo. Es parte de la educación y la protección de los niños, pero la verdad es que no …
Débora de Rivera: A veces solo necesitamos recordar que Dios tiene el control. Como suele decir Nancy DeMoss Wolgemuth: «El Cielo gobierna».
Nancy DeMoss Wolgemuth: Dios es quien abre la matriz y Dios es quien cierra la matriz. Si tienes hijos, es porque Dios te los dio. Dios determina nuestro tiempo de vida. Nuestros días están contados por Él. Él decide cuántas respiraciones tendremos. Eso está bajo el control soberano de Dios, y Él hace lo que quiere para Su beneplácito.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro «El Cielo gobierna», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 22 de abril de 2026.
Las madres tienden a intentar controlar a sus hijos, y eso no es necesariamente algo malo. Es parte de la educación y la protección de los niños, pero la verdad es que no podemos controlarlo todo… y no deberíamos intentarlo. Ese es el trabajo de Dios, y como madres, necesitamos recordar eso. Nancy está aquí para ayudarnos en este tema, mientras concluye con la serie titulada «La oración de Ana y el poder de Dios». Escuchemos.
Nancy: Durante más de cincuenta años, el movimiento feminista ha estado diciendo a las mujeres: «No tuviste suficiente sentido de propósito y significado en tu vida, así que tenemos que darte un poco. Vamos a ayudarte a descubrir por qué estás aquí, para qué estás hecha y cómo tu vida puede tener significado y propósito».
En general, nuestra cultura nos ha llegado a decir que encontramos nuestro propósito, nuestro significado, en una carrera, en un trabajo, en la reputación, en la belleza, en la apariencia física, en diferentes tipos de prosperidad.
El mundo ha tratado de decirnos lo que se necesita para que nuestras vidas sean significativas y tengan un propósito. Pero me encanta volver a la Palabra de Dios y ver cómo Dios siempre tuvo la intención de proporcionarnos algo que el mundo no puede proporcionar. Las Escrituras nos hablan de cómo la vida de una mujer puede encontrar un verdadero propósito y significado. Hemos estado hablando de Ana, que era una mujer común y corriente, con necesidades cotidianas, cargas cotidianas y circunstancias cotidianas, como las que todas enfrentamos.
Ella tenía una vida muy real en un mundo muy real, y Dios le dijo: «Tengo un propósito para tu vida. Quiero usar tu vida de una manera significativa para marcar la diferencia en este mundo».
Ana cumplió ese propósito, pero no a través de los medios del mundo, sino a través de la fe y la rendición; a través de la oración; y a través de someterse a los propósitos y los planes de Dios.
Le costó dolor y aflicción llegar allí, y muchas veces no queremos pasar por ese proceso, pero el resultado es muy valioso: ser una sierva del Señor, ser utilizada por Él, dar a luz a un hijo que marcará la diferencia en la nación.
Dios te dice: «Tu papel como madre, tu papel como madre que ora, es muy importante. ¡Es un papel que cambia el mundo!». El reto de la vida es descubrir: «¿Por qué me creó Dios?». ¿Qué me ha llamado a hacer y a ser, y cuáles son Sus propósitos? ¿Qué está haciendo Él en este mundo? A través de la sumisión, la fe y la rendición, ¿cómo puedo encajar en el gran plan cósmico y redentor de Dios?
Esto te da algo por lo que vale la pena levantarse por la mañana, algo que te ayudará a superar el día. No es tu trabajo. No es tu dinero. No son tus hijos. Es el propósito de Dios en tu vida, sea cual sea. Debes encontrarlo y cumplirlo.
Hemos llegado al capítulo 2 de 1 Samuel. En el último episodio vimos el versículo 1 que dice:
«Entonces Ana oró y dijo:
“Mi corazón se regocija en el Señor,
Mi fortaleza en el Señor se exalta;
Mi boca habla sin temor contra mis enemigos,
Por cuanto me regocijo en Tu salvación”».
Luego, al continuar con el versículo 2 de su oración, su alabanza y, nuevamente, espero que me estés siguiendo con tu Biblia, ella alabó el carácter de Dios. Versículo 2:
«No hay santo como el Señor;
en verdad, no hay otro fuera de Ti,
ni hay roca como nuestro Dios.
No se jacten más ustedes con tanto orgullo,
no salga la arrogancia de su boca.
Porque el Señor es Dios de sabiduría,
y por Él son pesadas las acciones».
Ella exalta el carácter de Dios, la santidad de Dios. «Señor, Tú eres trascendente. No hay nadie como Tú. Tú eres un Dios de conocimiento. Tú lo sabes todo. Tú pesas las acciones. Tú eres el Señor» (parafraseado).
Luego, en los versículos 4 y 5, ella reflexiona sobre los caminos de Dios. Fíjate que los caminos de Dios son exactamente opuestos a los nuestros. La matemática de Dios no es como la nuestra.
Vemos aquí una serie de paradojas divinas. Dice así, versículo 4:
«Quebrados son los arcos de los fuertes, pero los débiles [los frágiles] se ciñen de poder. Los que estaban saciados se alquilan por pan, y dejan de tener hambre los que estaban hambrientos. Aun la estéril da a luz a siete, pero la que tiene muchos hijos desfallece».
El pasaje que me viene a la mente cuando leo esos versículos es el primer mensaje registrado del Señor Jesús en el Evangelio de Mateo, en el capítulo 5. Lo que llamamos las Bienaventuranzas.
¿Recuerdas cuando Cristo dijo: «Bienaventurados los pobres de espíritu»? Eso no encaja con nuestra forma de pensar, pero Él dice: «pues de ellos es el reino de los cielos» (v. 3).
«Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados… Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados» (vv. 4, 6).
«Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia…» (v. 10). Nos consideramos bienaventuradas si estamos plenas y felices, y tenemos todo lo que queremos, si somos fuertes.
Pero Dios dice: «No, te equivocas. Eres bienaventurada si eres débil, si eres pobre, si eres necesitada», si te entregas a Dios con una dependencia total y absoluta. Eres bienaventurada porque Dios toma las cosas y las personas débiles, inútiles, frágiles y necesitadas, y las llena de Sí mismo. Las utiliza para glorificarse a Sí mismo.
Ana reflexionó sobre los caminos de Dios. Si eres una mujer de Dios, querrás reflexionar sobre los caminos de Dios y darte cuenta de que los caminos de Dios son diferentes a los nuestros.
«Porque como los cielos son más altos que la tierra, así [Sus] caminos son más altos que [nuestros] caminos» (Is. 55:9). Luego, a partir del versículo 6, Ana proclama la soberanía de Dios.
Esta fue una mujer que llegó a conocer a Dios como soberano. Ella sabía lo que era anhelar un hijo cuando el Señor había cerrado su matriz y llegar a un punto de rendir su voluntad y fe en Dios, porque Él es soberano.
Por eso dijo en el versículo 6:
«El Señor da muerte y da vida; hace bajar al Seol y hace subir».
¿Qué quiso decir ella? Bueno, que las cuestiones de la vida y la muerte están en las manos de Dios. Dios es quien abre la matriz. Dios es quien cierra la matriz. Si tienes hijos, es porque Dios te los dio. Dios determina nuestro tiempo de vida. Él cuenta nuestros días. Él decide cuántas respiraciones tendremos. Todo eso está bajo el control soberano de Dios, y Él hace lo que quiere para Su beneplácito.
Esto me recuerda al versículo 18 de Apocalipsis, capítulo 1, donde se nos dice que Cristo Jesús tiene las llaves de la vida y de la muerte. Ana se dio cuenta de que, si alguien nace, es Él quien le da la vida.
Si alguien se recupera de una enfermedad, es obra Suya, y cuando se exhala el último aliento, Dios también es soberano sobre eso. Ella dice en el versículo 7: «El Señor empobrece y enriquece; humilla y también exalta».
La prosperidad o la adversidad, la ganancia o la pérdida, el ascenso o el avance no son fruto del azar. No es tu jefe. No es tu esposo. En última instancia, no son tus circunstancias las que determinan el curso de tu vida. Es Dios, ¡y qué lugar tan seguro para estar! Entonces, ¿por qué pataleamos, gritamos, nos preocupamos, exigimos y nos inquietamos? Dímelo tú. ¿Por qué lo hago yo? Cuando leo un pasaje como este, recuerdo que Él es el bendito Controlador de todas las cosas.
El versículo 8 dice:
«Levanta del polvo al pobre, del muladar levanta al necesitado para hacerlos sentar con los príncipes, y heredar un sitio de honor; pues las columnas de la tierra son del SEÑOR, y sobre ellas ha colocado el mundo».
Dios es quien estableció la tierra, quien la fundó y creó, quien la sostiene, quien la mantiene con la palabra de Su poder; todo está en Sus manos. Él tiene todo el mundo en Sus manos. ¡Los pilares de la tierra son Suyos! Algunos comentaristas dicen que eso se refiere a los gobernantes y gobernadores de la tierra. Ellos también están en Sus manos. Él es el Señor soberano.
Luego, en los versículos 9 y 10, Ana profetiza o predice la llegada del reino de Dios sobre toda la tierra. También predice Su juicio, Su juicio final y sobre todos los que se resisten a Su reinado y Su gobierno. Lee conmigo esos versículos.
«Él guarda los pies de Sus santos [algunas de nuestras versiones dicen: “Sus fieles”], pero los malvados son acallados en tinieblas, pues no por la fuerza ha de prevalecer el hombre. Los que se oponen al Señor serán quebrantados, Él tronará desde los cielos contra ellos. El Señor juzgará los confines de la tierra…» (vv. 9-10).
Ahora, en estos dos versículos vemos un tema, un hilo conductor, que recorre toda la Escritura. Es uno de los hilos conductores subyacentes de la Palabra de Dios, así que asegúrate de entenderlo.
En primer lugar, vemos el cuidado de Dios por Su pueblo. La protección de Dios, la preservación de Su pueblo: «Él guardará los pies de Sus fieles [Sus santos]». Si eres hija de Dios, eres santa. Si eres hija de Dios, eres fiel, no porque puedas ser fiel por ti misma, sino porque Dios es fiel y te guarda.
Él guardará tus pies. Él te protegerá. Él te preservará. «Y a Aquel que es poderoso para guardarte sin caída y presentarte sin mancha delante de Su gloria con gran alegría, al único sabio Dios, nuestro Salvador, por Jesucristo nuestro Señor, sea honor, gloria, dominio y poder por los siglos de los siglos» (Jud. 24-25, parafraseado).
Este es un tema recurrente en las Escrituras. Dios protege a Sus hijos. Dios los libera. Sean cuales sean las circunstancias en las que te encuentres, al final serás liberada. Pablo dijo: «Sé que Dios me librará de toda mala obra, de todo ataque maligno. Dios me liberará. Dios me librará de estas circunstancias» (2 Ti. 4:18, parafraseado). Él te guardará. Él te protegerá.
Hay otro aspecto de este hilo conductor que recorre las Escrituras, y es el juicio final de los malvados. ¿Quiénes son los malvados? Son los enemigos de Dios.
«Él se ha levantado contra ellos. Los malvados serán exterminados en la oscuridad. Los adversarios del Señor serán destrozados. Contra ellos tronará en el cielo. El Señor juzgará los confines de la tierra» (1 Sam. 2:9-10).
Esa palabra «tronará», ¿recuerdas que la mencionamos antes en esta serie sobre Ana? ¿Recuerdas que en el capítulo 1 se dice que su rival, Penina, la otra esposa, solía provocarla duramente para irritarla?
Antes dije que esa palabra significa «tronar por dentro». Es la misma palabra que se usa aquí. Desde el cielo, Dios tronará contra Sus enemigos. Significa estallar como un trueno, agitarse violentamente. Ana experimentó esa sensación de agitación violenta, ese tronar en su propio corazón, cuando anhelaba tener un hijo y cuando era provocada por su rival.
Creo que eso es parte de lo que Dios utilizó en la vida de Ana para llevarla a comprender cómo se siente Dios respecto a los malvados, para comprender que el corazón de Dios está agitado. El corazón de Dios se aflige. El corazón de Dios se rompe y se estrellará con estruendo contra Sus enemigos. Ella había llegado a identificarse con el estruendo del corazón de Dios contra el pecado, contra la maldad de su época.
A través de su aflicción, creo que ella llegó a experimentar algo del corazón de Dios. Llegó a sentir lo que Él siente, a percibir lo que Él percibe, y así es como se convirtió en intercesora.
En los versículos 9 y 10 vemos algo inamovible. Y es que, en última instancia, los que caminan con Dios, los santos de Dios, los fieles de Dios, saldrán victoriosos, y los enemigos de Dios perecerán. Serán juzgados. Ahora no lo parece, pero con el tiempo, así será.
Fíjate en la última frase del versículo 10: «Dará fuerza a Su rey y ensalzará el poder de Su ungido». Ahora, esa es una frase muy importante porque es la primera referencia en el Antiguo Testamento a un rey, Su rey, que también es el Ungido de Dios. Y esa palabra, «ungido», Su ungido, es una traducción de la palabra hebrea Messhiach. ¿Te suena familiar?
Es Mesías. Ella estaba profetizando la venida del Mesías, el Rey de Dios que gobernará sobre Sus santos y juzgará a los enemigos de Dios. En la oración de Ana tenemos un presagio, un destello, del Rey de Dios, el Mesías de Dios. Y Su nombre es Jesucristo.
Así que lo que es cierto en gran parte del resto de las Escrituras también lo es en este pasaje. La Palabra de Dios siempre nos apunta a Cristo.
Ana se regocijó por haber dado a luz a un hijo que exaltaría el nombre de Dios y que llamaría a la nación a volver a sus raíces espirituales. Él formaría parte del plan de Dios para restaurar esta nación, de modo que de la nación de Israel pudiera surgir un Redentor: el Mesías. Ella se regocijó por haber podido, por la gracia de Dios y por Su maravillosa misericordia, formar parte de ese gran plan.
Al llegar al final de la narración sobre Ana, quiero concluir la historia leyendo la parte final de este relato.
Lee conmigo 2 Samuel capítulo 2, a partir del versículo 11. Dice así:
«Entonces Elcana regresó a Ramá, a su casa. Y el niño Samuel se quedó sirviendo al Señor delante del sacerdote Elí. [Lo dejaron en el tabernáculo, habiendo sido dedicado a Dios para Su servicio. Versículo 18:] Samuel, siendo niño, ministraba delante del Señor usando un efod de lino. Su madre le hacía una túnica pequeña cada año, y se la traía cuando subía con su marido a ofrecer el sacrificio anual» (vv. 11, 18-19).
Mientras leía ese pasaje nuevamente esta mañana, me pregunté: «¿Por qué Dios incluyó ese pequeño detalle? ¿Por qué se tomó la molestia de contarnos ese pequeño detalle que podría parecer tan insignificante?».
Bueno, para mí, eso significa que, aparentemente, Dios no lo consideró insignificante. Su madre tuvo un papel continuo en la vida de su hijo, al entregarlo al Señor, y a sus actos prácticos de servicio, incluso el hecho de confeccionar ropa para ese niño, formaban parte de su acto de adoración, servicio y devoción al Señor.
Si Dios pensó que valía la pena incluir en la Biblia el hecho de que ella le hiciera ropa a ese niño cada año, ¿crees que el Señor piensa que tus actos de servicio a tu familia y en tu familia son insignificantes?
Esto nos dice que cuando vistes, alimentas, cuidas, llevas a tu familia a pasear y satisfaces sus necesidades prácticas, eso es parte de ser una mujer de Dios y cumplir con los propósitos de Dios para tu vida. Dios considera que eso es importante.
Escucha lo que dicen los versículos 20 al 21 y el 26:
«Entonces Elí bendecía a Elcana y a su mujer, y decía: “Que el Señor te dé hijos de esta mujer en lugar del que ella dedicó al Señor”. Y regresaban a su casa.
El Señor visitó a Ana, y ella concibió y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el niño Samuel crecía delante del Señor…
[Versículo 26:] Y el niño Samuel crecía en estatura y en gracia para con el Señor y para con los hombres».
Cuando Ana dedicó a este niño al Señor, no tenía forma de saber que Dios la iba a bendecir abundantemente, más allá de sus grandes sueños y esperanzas, con cinco hijos más, a pesar de haber sido estéril durante tantos años.
Al concluir esta serie, quiero volver a la oración de Ana. Ana era una mujer de oración. La oración cambió a Ana, y Dios utilizó las oraciones de Ana para cambiar su mundo. Creo que la oración de Ana en el capítulo 1 fue un gran punto de inflexión. Fue un punto de inflexión en su vida y fue el comienzo de una nueva etapa de entrega, de rendición.
Ahora, esa rendición llegó a su punto máximo esplendor tres años más tarde, cuando llevó a ese niño al tabernáculo y se lo entregó a Dios, cumpliendo así su promesa. Pero al hacer esa promesa, cuando oró y dijo: «Señor, si me das un hijo, te lo dedicaré para que Te sirva». Ese fue un momento de rendición.
Esa oración transformó a Ana. Ella se rindió a la voluntad de Dios. Y quiero añadir que esa oración también fue un punto de inflexión en la vida de su nación. Durante los cien años anteriores a ese momento, la nación había estado en constante declive. Dios escuchó la oración de esta mujer. Dios respondió a su oración y, como resultado de ella y del hijo que le fue concedido, comenzó el proceso de restaurar el corazón de la nación para Dios mismo.
Eso hace que la oración sea muy significativa, ¿no es así? Pienso en las mujeres que conozco en todo el país. No son muchas, pero hay algunas aquí y allá que me dicen que durante años han estado orando por un avivamiento en su iglesia.
Y yo les digo: «No dejen de hacerlo». La oración las cambiará y, por la gracia de Dios, serán un instrumento para que Él cumpla Sus propósitos en la Iglesia y en nuestro mundo. No creo que podamos siquiera imaginar la influencia de la oración y la influencia de las oraciones de una mujer más allá de nuestras propias necesidades, nuestros propios deseos y nuestros propios problemas.
Al orar, debemos involucrarnos en lo que Dios está haciendo en nuestro mundo y llevar Sus preocupaciones en nuestros corazones, para que Sus cargas sean nuestras cargas. A través de la oración de Ana, Dios trajo del vientre de Ana un hijo que sería profeta; un líder que prepararía el camino para la venida del Mesías.
A lo largo de la historia de la Iglesia, se ve el poder y la influencia de las madres que oran. Ahora, no es la madre la que tiene el poder. Es Dios quien tiene el poder, pero Dios escoge obrar a través de las personas que oran y las madres que oran.
Pienso en la historia de Mónica. Ella vivió en el siglo IV bajo el dominio romano en lo que hoy es Argelia. Vivía con su suegra incrédula y controladora y con su esposo, que tampoco era creyente. Él era un hombre severo y llevaba una vida inmoral. Ella vivió en ese hogar durante años. Después de un aborto espontáneo y un parto de un bebé muerto, a los veintitrés años, Mónica tuvo su primer hijo.
Siendo creyente, Mónica estaba dedicada a criar a este hijo como cristiano. Finalmente, tuvo el privilegio de llevar a su suegra a la fe en Cristo. Durante años continuó orando por la salvación de su esposo y, poco antes de su muerte, él también llegó a la fe en Cristo.
Cuando el hijo de Mónica tenía diecisiete años, se fue a la Universidad de Cártago. Allí cursó estudios superiores. Pero estos lo llevaron a filosofías mundanas y engañosas. Se alejó de su educación. Se entregó a las fiestas y llevó una vida disoluta. Y mientras estaba lejos, vivió durante años con una mujer que no era su esposa. Tuvo un hijo con ella. Imagina cómo se sintió Mónica, que había estado orando por este niño durante todos estos años, al recibir la noticia de lo que estaba haciendo su hijo.
Cuando su hijo le dijo que planeaba ir a Roma, Mónica oró: «Oh, Señor, no dejes que vaya a Roma. Solo se sumergirá aún más en el libertinaje». Dios no respondió a esa oración. Su hijo sí fue a Roma, pero más tarde, su hijo escribió por ese tiempo, y lo hizo en forma de oración:
«No hiciste lo que ella te pidió. En cambio, en la profundidad de Tu sabiduría, concediste el deseo más cercano a su corazón. Hiciste conmigo lo que ella siempre te había pedido que hicieras».
Fue en Italia donde Agustín finalmente se convirtió a los treinta y un años. Años y años de oraciones de una madre. Y cuando él le contó que había abrazado la fe en Cristo, él dijo:
«Ella se llenó de júbilo y Te glorificó. Tú la escuchaste, Señor, y no despreciaste las lágrimas que brotaban y regaban la tierra en cada lugar donde ella se postraba en oración. Tú la escuchaste».
El hijo por el que Mónica oró, esperó y luchó con el Señor, Agustín, se convirtió en una de las figuras más influyentes de la historia de la Iglesia cristiana.
Así que, cuando ores, recuerda que Dios se preocupa por tu dolor, tu angustia, tu sufrimiento, tus necesidades y tu situación. Pero más que eso, Él se preocupa por Su gran plan redentor. Él planea la gloria de Su nombre. Se preocupa porque Su gloria sea conocida en toda la tierra. Se preocupa por la redención de Su planeta pródigo.
Dios tomará tus oraciones. Él te cambiará. Él te moldeará. Él te formará. Él te preparará para encajar en Su plan y Sus propósitos de una manera que nunca hubieras imaginado.
Dios multiplicará las semillas que se siembran. Harán que produzcan una cosecha. Puede que vivas o no para ver todos los frutos que darán esas oraciones, pero Dios escuchará. Él responderá. Él cumplirá Sus propósitos, y tú podrás entrar en la eternidad sabiendo que formaste parte del gran y glorioso plan redentor de Dios.
Así es como quiero vivir. Ese es el reto de la vida de Ana.
Débora: Hemos estado escuchando un mensaje de Nancy DeMoss Wolgemuth. Ella ha estado compartiendo algunas reflexiones. ¿Tu vida está marcada por la oración? ¿Quieres que lo esté? Yo sí.
El programa de hoy concluye esta serie titulada «La oración de Ana y el poder de Dios». Si te has perdido alguno de los episodios anteriores, puedes escucharlos o leer la transcripción en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com, o en la aplicación Aviva Nuestros Corazones. Y la próxima vez que lleves a tus hijos de un lugar a otro, escucha uno de los episodios de esta serie. Creo que te animará cuando te sientas tentada a pensar que lo que haces no importa tanto.
La oración fue importante en la historia de Ana y también lo es en la tuya. Por eso te recomendamos que visites nuestra página. Allí hemos publicado muy buenos recursos sobre la oración. Además, puedes dejar una petición de oración para que nuestro equipo ore por ti. Puedes escribirnos tu petición de oración en AvivaNuestrosCorazones.com/contactanos.
El día de mañana damos inicio a una nueva serie junto a una invitada, Janet Parshall. Ella compartirá con nosotras que su trabajo en la radio y la política pública sigue siendo una prioridad menor en la vida que su papel como esposa y madre. Con esta serie, serás animada a cumplir la labor más importante que Dios tiene para ti como mujer. Te esperamos mañana para dar inicio a la serie «Hablando como una Mujer Verdadera».
Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
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