Podcast Aviva Nuestros Corazones

El Padre Nuestro, día 36

Annamarie Sauter: Hay una tentación que es muy común para muchas de nosotras.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Puede que estemos tratando de compartir la gloria que solo es debida a Dios. ¿Alguna vez has tratado de hacer eso? Puede que no sea de manera intencional, pero tomamos el crédito por algo que realmente le pertenece a Dios. Si alguien te ve en un restaurante con tus hijos, y es una de esas raras ocasiones en las que son hijos modelo, bien portados, y alguien se acerca y te dice: «Tienes unos hijos maravillosos. Estoy muy impresionada».

Estoy segura que vas a manejar este comentario con gracia y supongo que lo harás. ¿Eres rápida para dar gloria a Dios por lo que Él está haciendo en la vida de tus hijos? O ¿Hay alguna parte de ti que quiere llevarse el crédito?

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

El orgullo es totalmente destructivo, y puede ser muy sutil. Aún las personas de aspecto más respetable pueden ser carcomidas por esto. Pero, ¿qué exactamente es el orgullo? Nancy nos ayudará a responder esta pregunta, al continuar con la serie, «El Padre Nuestro».

Nancy: Como lo hemos dicho una y otra vez en esta serie del Padre Nuestro, más que nada, esta oración es un recordatorio de que nuestras oraciones y nuestras vidas deben estar centradas en Dios en lugar de estar centradas en nosotras mismas. Al llegar a esta última frase, el epílogo, la conclusión, la doxología, la bendición de la oración del Padre Nuestro, lo podemos ver claramente.

«Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jamás. Amén» (Mat 6:13). En cada punto de nuestra vida, estaremos viviendo, ya sea de esa manera o estaremos viviendo como si las cosas nos pertenecieran. ¿Es realmente «tuyo, Señor, es el reino» o estoy viviendo como si fuera «mi reino»?

El problema aquí es, ¿quién es el dueño? ¿Quién tiene el control? ¿Estoy tratando de hacer esto por mi cuenta, vivir la vida cristiana, ser mamá, servir a Dios, hacer las cosas que Dios me ha pedido? ¿De quién estoy dependiendo? ¿Cuál es la fuente de autoridad y poder en mi vida? ¿«Tuyo es el poder» o «mío es el poder»?

Después llegamos a la frase de, «tuya es la gloria». ¿«Es tuya la gloria» o «es mía la gloria»? 

  • ¿De qué manera estoy viviendo?
  • ¿Qué es lo que me impulsa?
  • ¿Qué es lo que me motiva?
  • ¿Por qué estoy haciendo esto?
  • ¿Quiero que Él tenga la gloria, o quiero la gloria para mí misma?

Quiero que dediquemos tiempo hoy solo para examinar la palabra gloria. Al igual que con muchos de estos conceptos, solo estamos navegando sobre la superficie y no sondeando las profundidades de ninguna manera. Pero la palabra gloria es una palabra muy importante a lo largo de la Escritura. Quiero que veamos un poquito más lo que significa.

La principal palabra en el Antiguo Testamento en el lenguaje hebreo, gloria, es traducida como, «pesado o algo importante». Es utilizada varias veces para sugerir a una persona que es impresionante o digna, que tiene peso. No solo estamos hablando de tamaño, sino de una persona impresionante; son personas de peso.

Hay otra palabra en el Antiguo Testamento que es traducida como gloria, a veces en las traducciones en español. Es una palabra que significa «hermosura; esplendor». Habla de majestad, alguien de mucha distinción, alguien que tiene honor.

Al pensar en los reyes en aquellos días, particularmente en días de la Escritura, los reyes eran considerados de gran peso o impresionantes. Fueron rodeados de esplendor real. Eran personas tratadas con reverencia, con respeto. Eran magníficos.

En el Antiguo Testamento, la gloria de Dios, cuando el término se aplica a Dios, está ligada a la revelación de quién es Dios, la revelación, la representación de Dios. Dios está en el cielo. Él es espíritu, y no podemos ver totalmente Su gloria. Pero a veces es como si Él abriera las cortinas del cielo y nos diera un vistazo de su gloria.

Sabemos que si viéramos más que eso, solo el verlo nos mataría. Su gloria tiene un peso muy grande, es tan impresionante, es pesada. Su belleza, su majestad, su esplendor, es tan resplandeciente que no podemos verla en su totalidad. Pero Él nos da un destello de Su gloria. Y cuando Él lo hace, lo que nos muestra es lo que Él es, Su carácter, Sus hechos, cómo es Él.

Cuando Moisés oró en Éxodo 33:18: «Te ruego oh Dios que me muestres tu gloria». ¿Qué fue lo que Dios le contestó? «Yo haré pasar toda mi bondad delante de ti, y proclamaré el nombre del Señor delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y tendré compasión de quien tendré compasión».

«¿Quieres ver Mi gloria Moisés? Aquí está mi gloria. Es es Mi bondad. Es Mi nombre, Es Mi gracia. Es Mi compasión». Esa es la gloria, el esplendor de Dios. Es la revelación de quién es Dios.

La gloria de Dios en la Escritura está también ligada a la presencia activa de Dios entre su pueblo. Dios está vivo, Dios está obrando, Dios, quien está entre su pueblo, Dios se está mostrando a sí mismo a su pueblo. Es ahí donde tenemos el concepto en el Antiguo Testamento de la gloria Shekinah, la gloria de Dios que se apareció a los hijos de Israel en la columna de nube para guiarlos durante el día y la columna de fuego para guiarlos durante la noche. Dios estaba allí. Eso era símbolo de la presencia de Dios entre su pueblo.

Los hijos de Israel vieron la gloria de Dios cuando vieron la actividad de Dios en el mundo. Dios se manifiesta a Sí mismo por medio de lo que Él hace; en Su actividad. Es así como nos muestra cómo es Él y quién es Él. Al ver la actividad de Dios, vemos Su gloria.

El concepto de gloria en el Nuevo Testamento no es muy diferente; tiene que ver con recibir honor y alabanza de aquellos que tienen una gran opinión de ti. La palabra en griego que es traducida como gloria es la palabra de donde nosotros tenemos nuestra palabra «doxología». Si alguien tiene una alta opinión sobre uno, lo alaba. Le dan honor y alabanza porque tienen una alta, y exaltada opinión de esa persona.

Así que darle gloria a Dios, «Tributad al Señor la gloria debida a su nombre» como dice el Salmo 29:2 que debemos, darle a Dios la gloria, es reconocer su peso. Es reconocer quién es Él. Es reconocer Su presencia. Y es alabarlo y adorarlo por lo que Él ha revelado ser.

«Señor, Tú has dicho que así es como eres. Así que te adoramos por eso. Te alabamos por eso. No hay nadie como Tú. Te damos gloria por eso. Te damos a Ti la gloria debida a tu nombre».

La Escritura nos dice que la naturaleza le da la gloria a Dios: «Los cielos declaran la gloria de Dios» (Sal 19:1). ¿Qué significa eso? Significa que revelan las acciones creativas y de poder hechas por Dios. Nos muestran lo que Dios ha hecho y cómo es Él. Al observar los cielos por la noche, las estrellas, al ver los cielos durante el día, al ver el sol, ves los hechos de Dios, los actos de Dios, el esplendor de Dios, la gloria de Dios se manifiesta en su creación.

No solo la naturaleza da gloria a Dios, sino los ángeles dan gloria a Dios.

Recuerden el nacimiento de Cristo, los ángeles hablaron a los pastores que estaban reunidos en el campo esa noche cuidando a las ovejas. Dijeron: «Gloria a Dios en las alturas» (Luc. 2:14). Vinieron a entregar ese mensaje a la tierra. «¡Gloria a Dios!»

Ahora, ¿por qué estaba siendo glorificado Dios en sus hechos y en sus acciones? ¿Qué fue lo que hizo? Había mandado a Su Hijo, el Salvador del mundo, a la tierra. Los ángeles reconocieron que era algo increíble, maravilloso, impresionante, cosa maravillosa lo que Dios había hecho. Le dieron gloria a Dios por Sus hechos.

Hablando de la venida de Jesús a la tierra, ¿por qué vino a esta tierra? Vino a salvar al mundo. Vino a morir por nuestros pecados. ¿Por qué vino a hacer todo esto? Para dar gloria a Dios. Y al final de Su vida, Jesús podía decirle a Su Padre, «Yo te glorifiqué en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera» (Juan 17:4).

¿Cómo glorificó Jesús a Dios? Lo glorificó al revelar, manifestando sus acciones, los hechos de Dios, la salvación de Dios, la redención de Dios. Vemos en Cristo la gloria de Dios. Hemos contemplado Su gloria. Dios, quien era tan distante, que Su gloria era tan velada en el Antiguo Testamento, solo podíamos ver fragmentos de la misma. Pero ahora hemos visto «la gloria de Dios en la faz de Jesucristo». Pablo lo dice a los Corintios en 2 Corintios 4:6

Jesús revela la gloria de Dios al revelar el carácter de Dios, los atributos de Dios. Él es Dios encarnado. Él es Dios obrando en un cuerpo humano, reconciliando al mundo con Él mismo. Es así como Jesús revela la gloria de Dios.

La Escritura dice, «Dad al Señor la gloria que su nombre merece». La naturaleza lo hace, los ángeles lo hacen. Jesús lo hizo mientras estuvo aquí en la tierra. El propósito de toda cosa creada en este mundo, el propósito de tu vida, el propósito de mi vida, es darle a Él la gloria que su nombre merece. Ese es el fin de las cosas, «para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra,y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre» (Fil. 2:10-11).

¿Por qué? ¿Con qué propósito? ¿Con qué fin? Para la gloria de Dios el Padre. Tuyo es el reino, el poder, y tuya es la gloria.

Así que, ¿qué significa para nosotras darle la gloria a Dios, la gloria que merece su nombre? Bueno, en realidad solo es extender las cosas que hemos listado aquí. Significa tener una opinión elevada acerca de Él, tener pensamientos correctos acerca de Él.

Quiero decir que la mayoría de nosotras hoy día, y todas nosotras en niveles diferentes, tenemos pensamientos acerca de Dios que son tan pequeños, tan limitados, tan finitos, tan indignos de Dios. Así que muchas de nosotras hemos conformado a Dios a nuestra imagen. Hemos determinado cómo es Dios, basadas en lo que hemos visto de otros que dicen conocerlo. Así, muchas mujeres forman su imagen de Dios basadas lo que han experimentado de otros hombres.

Y Dios no es nada como lo que hemos experimentado o como alguien que jamás hayamos conocido. Necesitamos ir a la Palabra de Dios y formar nuestra imagen y opinión de Dios basadas en lo que Él ha revelado que es verdadero acerca de Él. Es por eso que necesitas estar en la Palabra, no solo escuchar un programa como Aviva Nuestros Corazones, no solamente escuchar a tu pastor decirte cómo es Dios.

Tienes que estar en la Palabra de Dios por ti misma, verlo, contemplarlo, reflexionar sobre Él, meditar en Él. Al ir leyendo las Escrituras dile: «Señor, muéstrame tu gloria. Muéstrame quién eres. Muéstrame cómo eres, para que pueda tener una opinión de Ti que sea digna de ti.

En esta carne con estas mentes limitadas y finitas, nunca tendremos la gran visión de Dios que algún día tendremos cuando le veamos cara a cara, cuando lo contemplemos en toda su gloria, cuando no tengamos las limitaciones de este cuerpo físico y podamos estar con Él en Su gloria. Pero en la medida en que sea posible, queremos tener un alto concepto de Dios.

Y entonces darle a Él la gloria que su nombre merece, es reconocer Su presencia gloriosa. Es alabarle por las cualidades que Sus hechos revelan. Es reconocer dónde está obrando Él, donde se está moviendo, dónde está trabajando, y alabarle por lo que sus hechos revelan.

La alabanza glorifica a Dios. Reconocemos lo que está haciendo y decimos, «Dios es grande. Dios es misericordioso. Mira cómo Dios salvó ese matrimonio. ¡Qué Dios misericordioso, clemente es Él!». Ves lo que ha hecho y lo alabas por lo que eso te dice acerca de Dios.

El Salmo 50:23 dice: «El que ofrece sacrificios de alabanza me glorifica», (RV, 1977); el ofrecer alabanza a Dios es glorificarle. Es hacer algo grande acerca de Él. Nunca podríamos hacer algo grande acerca de Él como Él merece. ¿Pero no te gustaría pasar el resto de tu vida experimentando a Dios lo más posible y dejar que los demás sepan cuán maravilloso tú crees que Él es?

Esto me lleva a decir que si no estamos dando gloria a Dios, puede que estemos robándole gloria a Dios. ¿Cómo es que le robamos la gloria que le pertenece a Dios? La Escritura dice: «Denle la gloria debida a su nombre», ¿cómo le robamos la gloria que le pertenece a Dios? Hay una cosa que me viene a la mente, si nos quedamos calladas con lo que Dios ha hecho. Cuando Dios nos pide que hablemos, que hablemos alabanzas al Señor, que les digamos a los demás los hechos maravillosos de Dios, si no hablamos, si nos quedamos en silencio acerca de las alabanzas del Señor, ¿estamos robándole la gloria al Señor?

El Señor me dio convicción esta semana. Tuve una conversación con algunas amigas. Estábamos hablando de algo y de una situación donde Dios estaba obrando. Dios se estaba moviendo. Pero en lugar de decirles esa parte de la historia, lo que les dije fueron las cosas que estaban yendo mal. Solo resalté lo negativo.

Al pensar en esto después, el Señor lo trajo a mi mente un día después. Al principio pensé que era negativo. No necesitaba decir lo negativo. Fui crítica y ese no es el tipo de mujer que quiero ser. Pero lo que realmente me molestó fue que estaba robándole la gloria a Dios.

Dios merecía que aquellas amigas supieran lo bueno que es Él y lo que Él estaba haciendo y que yo diera un buen reporte de lo que Dios estaba haciendo en esa situación. No estaba dando un reporte negativo acerca de Dios, pero no dije las cosas buenas. Cuando guardamos silencio, cuando no hablamos las maravillas de Dios, podríamos estarle robando a Dios la gloria.

¿Alguna vez has estado en una reunión, y quizás en el momento de compartir o en un grupo pequeño o en un servicio de la iglesia, cuando ceden el micrófono o están en un círculo y dicen, «solo queremos compartir cómo Dios ha estado obrando en nuestras vidas y lo que Él ha estado haciendo»? Hay algunos en el grupo que rápidamente comparten, y son las mismas personas en la mayoría de los casos.

Por años, he enseñado a grupos de mujeres, y sé que algunas, por su personalidad, son más extrovertidas; están más a gusto hablando en grupo. Dios nos ha hecho diferentes. No hay nada de malo en eso.

Pero hay unas mujeres que nunca hablan. Y a veces te preguntas, «¿estará obrando Dios en su vida?». Hay veces donde que Dios está haciendo algo, donde realmente están agradecidas por lo que Dios está haciendo. Puede que le estén diciendo a Dios al respecto, pero son más tímidas, son más reservadas, y puede que no se sientan a gusto hablando a otros de qué tan bueno es Dios.

Cerciórate que no le estés robando la gloria a Dios. Que no le estés robando la gloria que su Nombre merece. Puede que no seas expresiva y está bien, pero puedes hablar de la gloria de Dios, puedes decirle a la gente lo que Dios ha hecho. Puede que sea en tu lugar secular de trabajo donde hay oportunidad de expresar lo que Dios ha hecho, quién es Él. Podrías decir, «no quiero que piensen que soy rara», no le robes la gloria que le pertenece a Dios. Si Dios lo está poniendo en tu corazón, habla, no le robes la gloria.

Aquí hay otro aspecto de darle la gloria a Dios, y es darle el crédito que Él merece por lo que ha hecho. Si no lo hacemos, puede que estemos queriendo compartir la gloria que solo le pertenece a Él. ¿Alguna vez has tratado de hacer eso? Quizás no de manera intencional, pero tomándote el crédito por algo que realmente le pertenece a Dios.

Si alguien te ve en el restaurante con tus hijos, y es de esas raras ocasiones que son niños ejemplares; se comportan perfectamente. Alguien se acerca y te dice: «Tienes unos hijos excelentes. Estoy impresionada».

Bueno, me imagino que tomarás esto con gracia y asumo que así será. Pero en tu corazón, ¿tomas algún crédito por ello? «Sí, ciertamente hemos hecho un buen trabajo con estos niños». Claro que los tres días pasados se habían estado matando unos a otros. ¿Estás dispuesta a darle la gloria a Dios por lo que Él está haciendo en la vida de tus hijos? ¿O quieres de cierta manera compartir el crédito?

Esto es algo con lo que he batallado. Cuando estás en una posición pública en el ministerio, tienes mucha gente diciéndote, «eso fue maravilloso, fue de bendicion. ¡Muchisimas gracias!». Es apropiado compartir con la gente que Dios ha usado en nuestras vidas, decirles que nos han ministrado. Pero cuando eres la persona que lo está recibiendo, hay una gran tentación y un gran peligro de que podamos de cierta manera, querer compartir el crédito, la gloria que le pertenece a Dios.

¿Estoy de alguna manera queriendo atraer la atención hacia mi misma o queriendo compartir una gloria que solo le pertenece a Él?

Dios dice: «Yo soy el Señor, ese es mi nombre; mi gloria a otro no daré» (Isa. 42:8). No estamos para buscar reconocimiento para nosotras mismas. No a nosotras, oh Señor, sino a tu nombre sea la gloria. Así que conforme vayamos orando las peticiones y los ruegos de la oración del Padre Nuestro, ¿por qué estamos orando por esto?

¿Por qué estamos orando por restauración de un matrimonio? ¿Para que regrese el pródigo? ¿Por salud? ¿Por un trabajo? ¿Por provisión para nuestra familia o por las necesidades del ministerio? ¿Por qué oramos por protección en un viaje? ¿Por qué oramos por victoria sobre el pecado? ¿Es para Su gloria o para la nuestra? ¿Para que Él pueda recibir el crédito o para que alguien pueda pensar que nosotras hicimos algo grande?

Nuestro motivo al orar y nuestro motivo al traer nuestras peticiones ante Él es para que su gloria sea mostrada. Así que al orar le pedimos a Dios todas estas cosas, no para nuestro propio consuelo, o nuestra propia bendición, o nuestra propia comodidad, sino para avanzar Su reino, para Su gloria, para la fama de Su nombre.

¿Es por eso que quieres que Dios sane tu matrimonio? ¿O solo lo quieres para tener una vida más fácil? ¿O lo quieres para Su gloria? «Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén» (Rom. 11:36). Todo es para Él. Toda la gloria le pertenece a Él.

Después debemos meditar en Su gloria. Le damos gloria a Él al reflejar Su gloria. Como la luna refleja la gloria y la luz del sol. Son los hechos de Jesús en la tierra que trajeron gloria a su Padre, lo que nos mostró cómo es Dios. Y Dios vive en nosotras.

En la medida que sus cualidades son vistas en nuestras vidas, cuando Sus cualidades y obras son mostradas a través de nosotras, Él es glorificado en nosotras. Al mostrar Su manera, Su belleza, Su gracia, Sus hechos, Cristo obrando a través de nuestra vida, es ahí donde nos convertimos en unos reflectores de Su gloria. Nuestra meta es darlo a conocer a los que están a nuestro alrededor. Esa es la misión de Aviva Nuestros Corazones, que Dios sea glorificado en nuestras vidas como mujeres cristianas, que nuestras vidas reflejen al mundo la belleza, la maravilla, la gloria de quién es Dios.

Creo que es importante que nos preguntemos con frecuencia: ¿qué es lo que mi vida revela a otros sobre Dios? La manera en la que respondo a la presión, la manera en que manejo la situación, la manera en que le hablo a mis compañeros de trabajo, la manera en que hablo acerca de mi expareja, la manera en la que les hablo a mis hijos, la manera en la que uso mi tiempo, mis prioridades. ¿Qué es lo que mi vida le refleja al mundo acerca de Dios?

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth regresará con más, acerca de la gloria de Dios y nuestra respuesta a esta. Este mensaje es parte de la serie titulada, «El Padre Nuestro».

Algunas oyentes han sido impactadas por esta serie. Permíteme compartir contigo algo de lo que nos han escrito.

Una de ellas dijo: «Recordar el poder de Dios sobre mi vida, me da seguridad y esperanza...».

Otra dijo: «Escucho y escucho y me edifica tanto cada mensaje. Gracias Aviva Nuestros Corazones, y todos los que lo conforman....gracias Padre por ayudarme de tantas formas».

Y esta última: «Muy buena enseñanza, me ayuda mucho a mi orar diario. ¡Cambió todo el sentido! ¡Qué lindo es escudriñar la Palabra de Dios! ¡Bendiciones!».

Nos da mucho gozo saber que series como esta son de bendición para ustedes.

Bien, ahora Nancy regresa con nosotras para concluir nuestro tiempo juntas.

Nancy: «Sabemos que un día habrá una demostración visible brillante y radiante del resplandor de Dios», como lo expresa un comentarista. Ahora vemos a través de un cristal oscuro. No podemos ver Su gloria completa. No soportaríamos verla.

Pero un día será, habrá una revelación completa, se quitará el velo. Es una visión que algunos personajes de la Escritura tuvieron. Isaías dijo: «Vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la orla de su manto llenaba el templo. Por encima de Él había serafines; cada uno tenía seis alas:con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban» (Isa. 6:1-2). ¿Y qué es lo que se dicen los unos a los otros? «Santo, Santo, Santo, es el Señor de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria» (Isa. 6:3).

Después llegamos al último libro de la Biblia, Apocalipsis capítulo 4, cuando a Juan le es dada una visión del cielo. Una vez más, Dios está sentado en su trono. Los seres vivientes, los ancianos y los ángeles están allí aún diciendo día y noche sin cesar, «Santo, santo, santo» (v.8).

Después la Escritura dice: «Y cada vez que los seres vivientes dan gloria, honor y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos,los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria y el honor y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas» (Apoc. 4:11).

Que decían a gran voz:

«El Cordero que fue inmolado digno es de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, el honor, la gloria y la alabanza. Y a toda cosa creada que está en el cielo, sobre la tierra, debajo de la tierra y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el dominio por los siglos de los siglos» (Apoc. 5:12-13).

¡Oh Dios, tuya es la gloria para siempre! Hasta aquel día que veamos Su gloria revelada, Dios nos da el privilegio de ser portadores de esa Luz, vasos de la gloria de Cristo en nosotras. Es por eso que Pablo ora: «a Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén» (Ef. 3:21).

Annamarie: Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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