Podcast Aviva Nuestros Corazones

El Padre Nuestro, día 37

Temporada:  El Padre Nuestro

Annamarie Sauter: ¿Alguna vez has tratado de imaginar cómo será la eternidad?

Nancy DeMoss Wolgemuth: Cuando eres niño y tratas de imaginarte lo que es la eternidad, simplemente no puedes.

No puedes imaginártelo. De hecho, no solo cuando eres niño, aún como adulto, es difícil entender el significado de lo que es, para siempre, el significado de la eternidad. 

Puedo acordarme que cuando era niña mi papá nos dio una ilustración. Él la tomó del libro de Hendrik Van Loon donde él hablaba acerca de una roca que medía cien millas de ancho por cien millas de altura.

Él dijo que una vez cada mil años, un pajarito venía y afilaba su pico en esa piedra. Van Loon dijo que cuando esa piedra hubiera sido desgastada hasta el suelo (recuerda: cien millas de ancho por cien millas de altura, y una vez cada mil años, ese pajarito se afilaba el pico), entonces un día en la eternidad habría pasado. 1

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Por varias semanas Nancy nos ha guiado a lo largo de un estudio profundo de la oración, «El Padre Nuestro». No olvides que puedes encontrar todos los programas de esta serie y las transcripciones de los mismos en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Puedes descargarlos, compartirlos con otras mujeres, o estudiarlos en grupos pequeños.

Bueno y ya estamos en los últimos días de esta serie titulada, «El Padre Nuestro». Nancy inició hoy con una ilustración, una imagen del desgaste de una roca producido por un pajarito. Ella continúa con esta idea.

Nancy: Yo recuerdo haber escuchado eso de pequeña y eso amplió mi concepto de la eternidad. Ahora, sabemos que la eternidad no tiene nada que ver con el tiempo, mil años o días. Pero fue una imagen que fue útil para mí como niña para entender mejor que la vasta eternidad de Dios, sigue y sigue y sigue y sigue.

Hoy vamos a hablar acerca de las palabras parasiempre, mientras nos acercamos al final del Padre Nuestro. «Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jamás» (Mat. 6:13).

Mientras elevamos esa bendición, esa doxología al Señor, estamos diciendo, «Señor, Tu reino es para siempre; Tu poder es para siempre, y Tu gloria es para siempre».

Ahora, esas cosas no pueden ser dichas de nadie más en el universo.

Los hombres construyen reinos, pero no duran para siempre. Los hombres ejercen poder y autoridad, pero es un poder delegado porque solo Dios tiene el poder supremo, y ninguna autoridad humana o poder dura para siempre.

Los hombres reciben gloria en la tierra. La gente los elogia y los alaba y construyen monumentos en honor a ellos; y quizás escriben libros acerca de ellos. Reciben gloria, pero todo eso, en el mejor de los casos, es de corta duración. Todo es temporal. Pero Dios es para siempre. Su reino, Su poder, y Su gloria son para siempre.

El hecho de que Dios es para siempre, significa, entre otras cosas, que Él no cambia. Él es el mismo para siempre.

En el Salmo 102 leemos un contraste entre nuestra finitud y la eternidad de Dios. El Salmo 102 dice: «En el principio tú afirmaste la tierra» (v. 25 NVI).

Ahora, en el principio ¡Tú estuviste ahí antes del principio! En el principio Tú estuviste ahí. En el principio…Dios. En el principio del tiempo, Tú quien has sido desde toda la eternidad, pusiste los cimientos de la tierra. «En el principio tú afirmaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos. Ellos perecerán, pero tú permaneces. Todos ellos se desgastarán como un vestido. Y como ropa los cambiarás» (vv. 25-26).

Pero, «Dios, tú eres el mismo. Tus años no acabarán. Tú estuviste en el principio. Tú has estado desde entonces, y mucho después de que todo lo que Tú creaste ya no esté, Tú todavía estarás ahí. Tú nunca has cambiado en todo ese proceso. En la eternidad pasada, la eternidad futura, por siempre serás el mismo».

La Escritura habla de algunas cosas que no duran para siempre. Por ejemplo, la Escritura nos enseña que los malhechores no existen para siempre, y si tú estás rodeada de gente pecadora, malvada en este mundo caído y corrupto, como todas lo estamos, nos ayuda el recordar que los malhechores no existen para siempre.

A veces las personas malas consiguen poder. Ellas son inspiradas, motivadas a veces aun por el mismo Satanás. Pero necesitamos recordar que ellos no son para siempre. La Escritura dice en el Salmo 37: «Porque como la hierba pronto se secarán, y se marchitarán como la hierba verde» (v.2).

Las riquezas y el poder terrenal tampoco duran para siempre. Proverbios 27 nos dice, «porque las riquezas no son eternas, ni perdurará la corona (el poder) por todas las generaciones» (v. 24). Y tú dices, «bueno, ¿y qué de esas dinastías? Algunas de ellas duraron cientos de años, quizás miles de años».

Pero no duraron para siempre. Hay un final para las riquezas. Hay un fin para el poder terrenal. No duran para siempre. Los reinos se levantan y caen.

En un tiempo, Babilonia, Grecia, y Roma eran vastos imperios, reinos poderosos, eran espléndidos, magníficos. Eran gloriosos, por así decirlo, desde un punto de vista terrenal, en sus días. Pero si tú vas a esas partes del mundo hoy, ¿qué verás en los lugares donde antes tenían esas estructuras magníficas? La mayor parte de lo que verás son ruinas.

El otro día, me divertí solo repasando en la Escritura con la ayuda de una concordancia, buscando algunas de las cosas acerca de Dios que son eternas, para siempre, de acuerdo a las Escrituras.

La Escritura dice: «El Señor perdurará para siempre». ¿Qué del Señor perdura por siempre? Bueno, los salmos nos dicen que: «Será su nombre para siempre» (Sal. 72:17 RV). Y luego leemos que «Su justicia permanece para siempre» (Sal. 111:3).

El Salmo 117 nos dice que «la fidelidad del Señor es eterna» (v. 2). Luego leemos en el Antiguo y en el Nuevo Testamento que «la Palabra del Señor permanece para siempre» (Isa 40:8; 1 Ped. 1:25). Eso es tan verdadero hoy como lo fue cuando se escribió.

Hay algunos aun dentro de la iglesia de hoy que tratarán de cambiar la Palabra de Dios y decir, «oh, la cultura ha cambiado, así que el significado de la Palabra de Dios ha cambiado».

No, la Palabra de Dios no cambia con los caprichos de la cultura, ni siquiera por los caprichos de la cultura cristiana. «La Palabra de Dios permanecerá para siempre».

El Salmo 104 nos dice: «sea la gloria de Jehová para siempre» (v. 31 RV). «El consejo del Señor permanece para siempre» (Sal. 33:11), o como dice una traducción: «Pero los planes del Señor quedan firmes para siempre; los designios de su mente son eternos» (NVI).

Los planes del Señor, Dios ha establecido en la eternidad pasada un plan para tu vida, un consejo, un propósito para tu vida, y tu meta en la vida es un paso a la vez, búscalo, síguelo, obedécelo, y sométete a Él.

El plan de Dios para tu vida está establecido. Permanece para siempre. Y luego, me encanta este, y está repetido muchas veces en la Escritura: «Porque para siempre es su misericordia» (Sal. 106:1; 107:1). La palabra que se usa para misericordia es la palabra hebrea hesed. Esa es la palabra que habla del amor de Dios que es un amor de pacto, la fidelidad de Dios de guardar ese pacto hacia Su pueblo, la misericordia de Dios, las misericordias fieles de Dios que son continuas.

Permanecen para siempre. Permanecen más allá de nuestros pecados, más allá de nuestros fracasos, más allá de nuestras caídas. La misericordia del Señor permanece para siempre. Sus misericordias no tienen fin. Son para siempre.

Y luego muchos, muchos versículos en la Escritura nos dicen que el Señor reina para siempre. Hemos visto en el Padre Nuestro el concepto del reino de Dios. «Tuyo es el reino, pero el reino es tuyo no solo por ahora, sino por siempre». Hemos hablado tanto acerca de Su reino en esta serie. Espero que estés encantada y que estés confiando en que el Señor reina para siempre. 

El Señor es rey por siempre y siempre. El Salmo 66 dice que: «Él domina con su poder para siempre» (v. 7). El Salmo 45: «Tu trono oh Dios es eterno y para siempre» (v.6). ¿Entiendes el punto? Dios reina por siempre.

El hecho de que el Señor es para siempre, Su reino, Su nombre, Su justicia, Su fidelidad, Su Palabra, Su gloria, Su consejo, Su misericordia, Su gobierno y Su reino son para siempre, ¿qué significa eso para nosotras?

Por un lado, significa que Él existe más allá, él excede, sobrepasa cada problema que tienes, cada dolor que estás soportando, cada situación que te está estresando y agotando o que tú estás cargando en tu corazón.

Parece como si fuera para siempre, pero no lo es. El diablo quiere que tú creas que esas cosas son para siempre porque entonces perderás la esperanza. Tú piensas que las cosas nunca serán diferentes, nunca cambiarán.

Pero recuerda que Dios es para siempre. Su reino, Su gobierno, Su reinado, Su poder, y Su gloria, son para siempre. Dios y Su gloria vivirán más allá que cualquier cosa que estés padeciendo hoy.

Su reino es para siempre. Significa que durará más que todos los reinados terrenales. Durará más que tu reinado, que tu gobierno, que tu control. Puedes tratar de aferrarte, pero es inútil.

Estaba hablando ayer con una mujer que me decía: «Es tan difícil para mí soltar esta área de mi vida al Señor». ¿Sabes qué? Tus brazos no son lo suficientemente largos para boxear con Dios. Suéltalo.

Su reino durará más que tu control. Puedes quedarte quieta o puedes tratar de controlar, pero Dios ganará. Su reino es para siempre.

Cada reino hecho por hombres, no importa qué tan poderoso parezca, un día se derrumbará y no existirá más. Reinados vienen y reinados van; ningún reinado terrenal es para siempre, incluyendo el tuyo.

Su poder es para siempre. Durará más que todo poder humano. Y tu poder no es para siempre. Su poder durará más que el tuyo, así que cuando pierdas las fuerzas, como a todas nos pasa, como a menudo nos pasa, recuerda que no hay límite para Su poder.

Cuando hemos agotado nuestra paciencia, nuestra fuerza, nuestro poder, el de Él tan solo ha comenzado a ser expresado a nosotras y a través de nosotras. Así que clama al Señor y dile, «Señor, Tu poder es para siempre. Estoy agitada, estoy agotada, estoy fallando. No creo que pueda seguir sosteniéndome, pero Dios, Tu poder es para siempre». Alábalo por eso y confía en Él.

Su gloria es para siempre. «Tuyo es el reino y el poder y la gloria por siempre». Y Su gloria durará más que toda la gloria del hombre, incluyendo la tuya.

«Toda carne es como la hierba», nos dice Pedro, «y toda su gloria como la flor de la hierba. Sécase la hierba, cáese la flor» (1 Ped. 1:24). Vemos ese tema a través de toda la Escritura. El hombre es tan finito, tan limitado.

El hombre piensa que es tan fuerte y presume de lo que él piensa es su gloria. Luego se seca la hierba y se cae la flor. Así es la gloria del hombre. Es de corta vida, de corta duración.

El Salmo 49 nos dice: «No temas cuando alguno se enriquece, cuando la gloria de su casa aumenta; porque nada se llevará cuando muera, ni su gloria descenderá con él» (vv. 16-17).

Todas esas cosas que amontonaste, no te las puedes llevar, todas esas cosas que recolectaste, van a terminar en una venta de garaje en algún lugar. Van a terminar rotas o robadas o dañadas o desgastadas.

No duran para siempre. Aun si duran toda tu vida, te vas a separar de ellas. Su gloria no dura para siempre.

Mientras estaba pesando acerca de este pasaje ayer por la noche, el Señor trajo a mi mente una historia relacionada a la nación de Rumania donde tuve el privilegio de visitar, de cómo Dios obra, la gloria de Dios desplegada en contraste a la gloria del hombre.

Algunas de ustedes podrán acordarse de que Nicolae Ceauşescu fue el dictador de Rumania Comunista desde 1965 hasta 1989. Quizás fue el dictador comunista más cruel de Europa Oriental durante los 70 y los 80.

Es decir, era un hombre loco. Él gastaba extravagantemente para él mismo. Él se construyó un palacio exageradamente opulento. Yo he estado en ese palacio. Es algo increíble.

Estaba leyendo acerca de eso anoche, y un escritor dijo: «El estilo de la arquitectura es «Hollywood Babilonia», y esa es una expresión muy apropiada para describir lo que es. Cuando lo construyeron estaba destinado a ser, por lo menos eso era lo que quería Ceauşescu, él quería que fuera el centro del comunismo, el cual él pensó que iba a dominar el mundo.

La construcción de este palacio, que él construyó para ser su palacio, se llevó a cabo por setecientos arquitectos dirigiendo veintidós mil trabajadores, trabajando en tres turnos cada día por cinco años, los últimos cinco años de la vida de Ceauşescu, para construir sus mil cien habitaciones, algunos tienen techos de hasta treinta pies de alto.

Es enorme. Es decir, no puedes imaginarte este edificio. Es enorme. Este edificio está muy, muy elaborado, y Ceauşescu prohibió la exportación de muchos de los recursos naturales de Rumania.

Él puso restricciones de eso porque él quería que fueran usados en su palacio. Mientras tanto, en medio de toda esta opulencia, el pueblo Rumano estaba viviendo en una pobreza extrema.

Se estaban muriendo de hambre. No podían conseguir pan ni carne. Yo visité Rumania por primera vez antes de la caída del comunismo. Yo vi lo que era para la gente tener que pararse en filas por largos periodos de tiempo para conseguir gasolina o para conseguir pan o carne.

Y aun así, Ceauşescu vivía como un rey. Era algo glorioso. Él pasó casi treinta años construyendo su reino, pero ese reino llegó a ser nada más que un castillo de arena elaborado.

En diciembre de 1989, cuando solo se había completado el ochenta y cinco por ciento del palacio, Dios mandó una marejada, y ese castillo de arena se vino abajo.

Ahora, Ceauşescu había perseguido a los cristianos severamente a través de su régimen, y entre otras cosas, a través de toda la nación; los niños pequeños, niños pequeñitos en el preescolar hasta jóvenes en el nivel de postgrado en la universidad, todos habían sido enseñados, adoctrinados, entrenados en ello: «No hay Dios. Dios no existe, Dios no existe». Toda una generación de rumanos creció con esta enseñanza. 

Durante toda su vida aprendieron: «Dios no existe». Uno se pregunta por qué si Dios no existe, tienes que ir a tales extremos y gastar tanta energía para comprobarlo. Pero eso es lo que se les enseñó a estas personas.

Luego en diciembre de 1989, la marea empezó a cambiar. Bajo el reinado y el gobierno de Ceauşescu, el gobierno estaba preparándose para expulsar a un pastor evangélico. Ellos habían tratado a los pastores horriblemente a través de esta era.

Muchos habían sido encarcelados, torturados por su fe. Y es aquí donde se originó el material de Richard Wurmbrand, Tortured for Christ (Torturado por Cristo). Él fue uno de los pastores que estuvo en una prisión Rumana por, creo que fueron, catorce años durante el gobierno de Ceauşescu.

Pero, se estaban preparando para expulsar un pastor Rumano en el pueblo de Timisoara. Los evangélicos, el pueblo de Dios, ahí había un movimiento de avivamiento llevándose a cabo en ese país, a escondidas, por un número de años desde el principio de los años 70. La gente comenzó a protestar, algo que no habían podido hacer desde que Ceauşescu había tomado el control.

El 16 de diciembre, la gente de Timisoara salió a las calles. Ahora, recuerda, Ceauşescu había dicho por todos estos años, «Dios no existe. Dios no existe». Bueno, la gente salió a las calles, y comenzó a gritar «¡Existe Dumnezeu! ¡Existe Dumnezeu!»

«¡Dios existe! ¡Dios existe!». Otros se unieron, miles salieron y se unieron, y comenzaron a levantar su clamor que no había sido escuchado en Rumania por años y años, «¡Dios existe! ¡Dios existe! ¡Existe un Dios! ¡Sí hay un Dios!»

Nueve días después, todo el asunto culminó con el juicio y la ejecución de Ceauşescu y su esposa. Irónicamente, en Navidad, el 25 de diciembre de 1989, algunos de nosotros vimos y escuchamos historias maravillosas de cómo Dios se movió en ese país, el día de Navidad, el día que celebramos el nacimiento del cual el ángel anunció antes de Su nacimiento: «Él será grande. Él será llamado el Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará a Él el trono de su padre David. Él reinará sobre la casa de Jacob por siempre, y Su reino no tendrá fin».

El Señor está entronado como rey por siempre. «Oh Señor, tuyo es el reino por siempre. Tuyo es el poder para siempre, y tuya es la gloria por siempre, amén».

Annamarie: El gobernador más poderoso en el mundo existe solo por un tiempo, comparado al reinado del Rey de reyes, quien reina por siempre. Nancy ha estado explorando con nosotras este concepto, «por siempre», como parte de nuestra serie actual titulada, «El Padre Nuestro»

Orar es una forma de invertir en la eternidad, y una oyente que ha experimentado esto nos contó sobre los medios que Dios ha usado para enseñarle a orar. Permíteme compartir su testimonio contigo. Escuchemos,

Mildred: Doy gracias al Señor porque me rescató de mi vana manera de vivir a una edad temprana; y al relacionarme con hermanas mayores de mi iglesia, pude ver en ellas lo que es vivir en dependencia de Dios en oración.

Al conocer a una de ellas de manera particular, inmediatamente nuestros corazones se unieron, y le pedí al Señor que quería orar como ella lo hacía. Aún después de tantos años de amistad, todavía nos reunimos a orar.

Adicional a esta gran amiga, puedo decir que después de asistir a True Woman 2008, mi vida de oración cambió radicalmente. Dios usó el método de Madres Unidas para Orar, para enseñarme a orar correctamente.

El primer paso inicia con alabanzas, alabanzas al Señor por lo que Él es, por Su persona; y esto parecía algo fácil, pero no fue hasta que traté de hacerlo que me di cuenta que mis oraciones consistían en confesión de pecados, acciones de gracias y peticiones, y que estas carecían de alabanzas a nuestro Dios.

Ver los atributos de Dios en varios versículos relacionados a un atributo en particular y orar solamente alabando y exaltando a mi Dios, me llevó a una comunión más estrecha, personal, y gozosa con mi Señor.

Para terminar, quiero usar las letras de un himno para expresar lo que significa para mí la oración.

Dice así:

Dulce oración, dulce oración, aliento y gozo al alma das

en este valle de aflicción, consuelo en mí serás.

Tan solo el día cuando esté con Cristo en la celeste Sión,

entonces me despediré feliz de ti, dulce oración.

Annamarie: Gracias Mildred por compartir con nosotras sobre tu caminar y tu vida de oración.

Una de las cosas que Mildred mencionó fue el cambio que la conferencia True Woman del 2008 trajo a su vida. Y quiero recordarte que pronto habrá una oportunidad para que tú también seas parte de este movimiento de mujeres que abrazan la verdad de la Palabra de Dios. Reúne un grupo de hermanas, y juntas participen de la transmisión en vivo de la próxima conferencia True Woman '18.

  • Diez años de eventos True Woman, y recientemente también Mujer Verdadera
  • Cincuenta y siete mil asistentes a conferencias
  • Más de un millón de participantes por la internet
  • Incontables vidas transformadas

Únete a nosotras los días 27, 28 y 29 de septiembre. La conferencia True Woman '18 se titula, «La verdad que te hace libre». Para más información visítanos en, AvivaNuestrosCorazones.com.

Mañana, te esperamos para un programa especial, en el que Patricia de Saladín hablará con algunas hermanas sobre sus experiencias de Dios como Padre. Te esperamos aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Más Grande de lo que Imagino, Sovereign Grace Music, El Dios Que Adoramos, ℗ 2013 Sovereign Grace Music.  Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.