Débora: Janet Aucoin imagina cómo sería el amor incondicional que ella pudiera tener por sí misma en contraste con el amor de Cristo.
Janet Aucoin: ¡El amor por mí misma me mataría, me arruinaría por completo! La forma en que me amaría a mí misma, ni siquiera un padre criaría así a sus hijos. Me convertiría en un monstruo. Sin embargo, así es como me amaría si tuviera la libertad de hacerlo. ¡Pero el amor de Cristo es muchísimo mejor que el mío! Necesito recordar lo que el evangelio me asegura: que Cristo me ama más de lo que yo me amo a mí misma.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Rendición»,en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 15 de julio de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Como hemos estado escuchando durante los últimos días, todas tenemos anhelos …
Débora: Janet Aucoin imagina cómo sería el amor incondicional que ella pudiera tener por sí misma en contraste con el amor de Cristo.
Janet Aucoin: ¡El amor por mí misma me mataría, me arruinaría por completo! La forma en que me amaría a mí misma, ni siquiera un padre criaría así a sus hijos. Me convertiría en un monstruo. Sin embargo, así es como me amaría si tuviera la libertad de hacerlo. ¡Pero el amor de Cristo es muchísimo mejor que el mío! Necesito recordar lo que el evangelio me asegura: que Cristo me ama más de lo que yo me amo a mí misma.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Rendición»,en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 15 de julio de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Como hemos estado escuchando durante los últimos días, todas tenemos anhelos insatisfechos. Y no hay nada malo en eso. Janet Aucoin nos ha estado ayudando a ver que esos anhelos insatisfechos pueden llevarnos a anhelar con más intensidad el día en que todos nuestros deseos más profundos serán plenamente satisfechos en Jesús.
Janet compartió este mensaje en una conferencia para mujeres organizada por el ministerio de Life Action. Ella y su esposo, Brent, sirven en el liderazgo de Faith Ministries en Lafayette, Indiana.
Ayer nos quedamos con Janet explicando el poder del evangelio para ayudarnos a ajustar nuestra perspectiva sobre nuestros anhelos insatisfechos. Ella está aquí para continuar con la enseñanza. Escuchemos.
Janet: A medida que crece mi anhelo por Dios, empiezo a experimentar un anticipo de esa plenitud total. Habrá momentos en los que te quedarás sin aliento. Y escucha esto: cuando tengas esos momentos, solo serán un anticipo de cómo será todo el tiempo. Mientras estemos aquí, solo serán pequeños adelantos, porque aún no hemos llegado al hogar celestial. Pero incluso aquí Dios nos da una probadita de cómo será.
Si tienes tu Biblia contigo, acompáñame a Efesios capítulo 1 por unos minutos para ver qué dice Dios acerca de nosotras. Utilizo mucho este pasaje cuando enseño sobre este tema en consejería, y es un pasaje excelente para memorizar. Aunque me encantaría leer todos los versículos, no tenemos tiempo suficiente.
Así que a partir del versículo 3 dice que gracias a Cristo hemos sido bendecidas «con toda bendición espiritual en los lugares celestiales». Aquí no dice: «esperamos que eso suceda». No. Es algo que ya tenemos, pero está en los lugares celestiales. Ahora, no sé todo lo que eso significa, pero conozco algo de su significado, porque Pablo lo describe en los versículos siguientes.
Significa que fui escogida por el Dios del universo «antes de la fundación del mundo» (v. 4), que fui «predestinada… para ser adoptada» (v. 5). Aquellas de ustedes que han adoptado un niño saben que, en medio del proceso, el anhelo de tener ya a ese niño en sus brazos es real.
Ahora imagínate que eres ese niño, sabes que has sido adoptada, pero aún no estás con tu familia. Ahí es donde estamos nosotras. Es un hecho consumado. Dios ya nos adoptó. Nos ha bendecido con Su «la gloria de Su gracia… en el Amado» (v. 6). Y todo es gracias a Cristo.
«En él [yo] tengo redención por su sangre, el perdón de [mis pecados]» (v. 7). «Él ha hecho abundar» sobre mí su gracia (v. 8). En Él he «obtenido una herencia» (v. 11). En Él, he sido «sellada con el Espíritu Santo prometido» (v. 13). ¡Vaya, eso es solo una parte de lo que hay en esos versículos!
Pero ahora mismo vivo en un cuerpo marcado por el pecado, en una tierra marcada por el pecado, y no siempre me siento plena. No siento que pertenezca a este lugar; siento que no encajo aquí. Me han dicho que estoy «en Él», pero no lo siento así. No, se siente así.
Y esto que Pablo llamó ese «aguijón en la carne», que Dios decide no quitarme, es un recordatorio de que soy peregrina y extranjera en este mundo, y eso está bien. Las personas quebrantadas en un mundo quebrantado me ayudan a poner mis afectos donde deben estar y me ayudan a anhelar a Cristo aún más.
Llegará ese momento en que Cristo venga por Su Novia —y eso nos incluye a todas las que le conocemos—, y entonces experimentaremos lo que por fe hemos creído. Encajaremos perfectamente con nuestro Creador, nuestro Redentor, nuestro Compañero, nuestro Esposo, el Amante de nuestra alma. Sabremos que estamos en casa, pero aún no es el momento.
Así que, por ahora, todas tenemos anhelos insatisfechos: el anhelo de ser completamente aceptadas, de pertenecer plenamente, de estar totalmente satisfechas. Y aunque todavía no lo hayas vivido de manera plena, Dios te promete en Su Palabra que ya lo tienes.
Todo eso ya ha sido provisto. Es un hecho consumado, y un día lo experimentarás plenamente. Mientras tanto, asumiré esto con sobriedad y no permitiré que me distraiga de vivir con propósito.
Podrías pensar que eso suena deprimente, porque parece que lo que acabo de decir es: «¿Tienes anhelos insatisfechos? Sí, ¡así son las cosas! Acéptalo». ¡No! En realidad, lo que he descubierto es que, cuando entiendes esto, eres libre para disfrutar los adelantos que Dios nos da aquí, en lugar de estar esperando el banquete y sentirte decepcionada todo el tiempo. Creo que eso produce agradecimiento, nos permite apreciar esas cosas y nos lleva a tener una profunda gratitud.
Cuando dejo de exigirles a las personas que satisfagan mis anhelos, soy libre para recibir sus gestos como un adelanto, en lugar de quedarme atrapada pensando: «Sé que quiso ayudar, pero no lo hizo de la manera correcta». Eso ahora sería esperar el banquete. Y el banquete vendrá; llegará el día en que todas diremos exactamente lo que debemos decir. Pero hasta entonces, fíjate en el hecho de que esa persona se preocupó lo suficiente como para intentarlo. En lugar de decir: «Yo estaba sufriendo y, en vez de decir lo correcto, dijo otra cosa». ¡Al menos esa persona dijo algo! Tenemos que verlo como un anticipo, una probadita de lo que vendrá, porque el banquete aún no ha llegado.
Piénsalo de esta manera: Imagina que te invitan a cenar a la casa del presidente de tu país (ahora, esto no es un tema político; no estamos aquí para hablar de personas que están en la política). Pero imagina que te llega esta invitación; sería algo increíble, ¿verdad? Yo no comería en todo el día para no sentirme llena cuando llegue a esa cena. No voy a entrar a un banquete en la casa del presidente teniendo el estómago lleno. Así que llego sin haber comido absolutamente nada y totalmente hambrienta.
Entonces, sea cual sea la razón por la que me invitaron, llego a la cena y de pronto alguien pasa con una pequeña bandeja que tiene panecillos pequeños, pequeñas rodajas de pepino, un tomate cherry y un poquito de crema agria encima.
No sé a ti, pero a mí me encantan esos aperitivos. Resulta que solo puedes tomar uno. ¿Cómo te sientes con eso? ¡A mí no me parece bien! ¿Por qué? ¡Porque esperaba mucho más que eso! ¡Me muero de hambre! ¡No he comido en todo el día y ciertamente no dejé de comer solo para que me diera este simple bocadillo!
Ahora imagina algo distinto. Estás en una iglesia de cincuenta personas, y el ministerio de mujeres organiza un té ligero a las dos de la tarde y dice: «Habrá refrigerios sencillos». Entras y ves a alguien con una bandejita que tiene un panecillo, pepino encima, un tomate y un poquito de crema agria encima.
¿Qué pensarías? «¡Qué rico! ¡Me encanta!», ¿verdad? (Si no te gusta eso, piensa en otra cosa). Entonces, ¿cuál es la diferencia? Mis expectativas, lo que yo esperaba. Cuando esperaba un banquete, ni siquiera podía disfrutar el adelanto. Pero cuando estoy esperando el adelanto, empiezo a verlo en todas partes.
Cuando alguien te dice: «No tengo muchos amigos».
Es bueno preguntar: «¿Tienes aunque sea uno?». Si lo tiene, eso es un adelanto, un anticipo. Hace varios años, cuando mi hijo estaba creciendo y buscando formas de discipular a otros, estábamos hablando en el auto mientras íbamos a algún lugar y hablamos sobre eso.
Él me dijo: «Me estoy dando cuenta de que mis relaciones son como de una sola vía. Estoy invirtiéndome en las vidas de las personas tratando de ayudarlas, pero no es recíproco».
Y yo le respondí: «Bueno, probablemente sea cierto».
Entonces me miró y me dijo: «Pensé que eso es lo mismo que te pasa a ti, ¿verdad, mamá? La mayoría de tus relaciones son de una sola vía».
Tan solo pensar en esto me dan ganas de llorar. Mi hijo fue tan tierno. Luego, yo le respondí: «Sí, pero no pasa nada con eso». Después le pregunté: «¿Tienes a alguien con quien puedas hablar?».
Mi hijo sabe que puede hablar con nosotros, sus padres. Lo conversamos y me dijo que tenía un amigo al que podía llamar.
Y yo le dije: «¡Cariño, tienes un amigo! ¿A cuántas personas necesitas contarles tus problemas? ¿Necesitas repetirlo una y otra vez? ¿Tienes a alguien que te escuche y que te empuje a Cristo?».
Y él me respondió: «Sí, lo tengo».
Le dije: «¡Pues gloria a Dios! ¿Qué más necesitas? Ahora ve y ama a todos los demás».
¡No necesito un banquete! Puedo disfrutar del adelanto que representa esa amistad en lugar de pensar: «Ella tiene doce amigos y yo solo tengo dos».
¿Tú también tienes solo dos amigas? ¡Gloria a Dios! ¿Sabías que hay mujeres que no tienen a nadie con quien hablar? ¡Ve y sé esa persona para ellas! ¿No es eso liberador?
Luego te das cuenta de que debes estar agradecida por tener a esa persona, en lugar de desear tener doce. En mi casa llamamos a esos días «días de autocompasión». Por ejemplo, es como cuando decimos: «Es mi cumpleaños y nadie va a venir a mi fiesta». Bueno, en mi casa, cuando alguno de nosotros está así, preguntamos: «¿Estás en modo autocompasivo?».
«Sí, así es».
«Está bien».
Escucha, eso es buscar el banquete y no pasar por alto los pequeños adelantos. Por eso te digo que cuando ya no lo reclamas como una necesidad ni como un derecho, comienzas a ver los adelantos que Dios pone en tu camino.
Imagina que entras a la iglesia un domingo y dices: «¡Solo me saludó una persona!». Pero, ¿qué tal si mejor dices: «¡Alguien me saludó!»? Fíjate que la diferencia está en el sentido de derecho que crees que tienes. ¿Cuántas personas crees que deberían saludarte? Ninguna. Así que una es mejor que ninguna. Deberías decir: «¡Wow! ¡Una persona me saludó!».
Mi esposo y yo estamos en un nuevo ministerio universitario desde hace tres o cuatro años. Hemos trabajado mucho con los jóvenes allí sobre todo este tema de acercarse a las personas. Algunos nos han dicho: «¡Basta ya! ¡Visité su iglesia y me sentí abrumado por la cantidad de personas que me saludan!».
Y yo les digo: «Bueno, siempre habrá alguien a quien esto le moleste». Algunos se molestan porque demasiadas personas los saludaron y otros se molestan porque nadie les habló. Así que, básicamente, tuvimos que encontrar el número adecuado de personas que se acercaran a saludar. Por eso hemos decidido que, si alguien se va a enojar, mejor que se enoje porque las personas lo abrumaron con tantos saludos. Muchas personas buscan un banquete y quieren que sea perfecto, sea lo que sea que eso signifique para ellos.
Para algunas personas lo perfecto sería que nadie les hablara y piensan: «¿Cómo se atreven?». Pero, ¿qué tal si viéramos el anticipo? Como, por ejemplo: «Alguien intentó ser amable conmigo. Fue un poco incómodo. No sabía realmente qué decir, pero esa persona lo intentó». Pensar así hará que aprecies mucho más a esa persona.
Te pondré un ejemplo más. Pero antes quiero hacerte esta aclaración, porque no quiero darte una impresión falsa de mi vida en casa ni ofrecerte un punto de comparación que haga que tu vida parezca peor. En mi casa hay muchos problemas, porque somos como cualquier otra familia, ¿de acuerdo?
Por mi pecaminosidad, yo sé cómo provocar a mi esposo. Sé cómo irritarlo. Pero no estoy orgullosa de eso, aunque sepa cómo hacerlo y que a veces pase. Quiero compartir contigo un ejemplo de algo que él hizo para que puedas entender lo que te quiero decir.
Yo venía entrando desde el garaje (en nuestra casa el garaje se conecta con la cocina) y estaba muy enojada por algo que no tenía nada que ver con Brent. De hecho, ni siquiera sé por qué estaba enojada. No tengo idea. Pero estoy segura de que era algo muy importante y trascendental. El hecho es que yo estaba furiosa.
Salí del auto, entré por la puerta del garaje hacia la cocina y Brent estaba allí. Mal lugar para estar, según yo. Dejé salir todo lo que tenía dentro, fuera lo que fuera. No sé si te ha pasado a ti, pero hay momentos en los que te das cuenta de que de tu boca está saliendo una ira horrible, y tú estás convencida de que es justificada, y que el problema es que los demás no aman a Jesús lo suficiente, y por eso tú tienes derecho a hablar así. Hay momentos en los que estoy convencida de que tengo razón. Pero ese momento no era el caso. Simplemente dejé salir mucho enojo de mi boca.
Mientras hablaba, Brent no me contestaba nada de lo que yo estaba diciendo. Era evidente que lo único que llenaba el ambiente era mi propio pecado. Luego pensé: «¡Janet, cállate!». ¡Pero no podía! Las palabras seguían saliendo. Yo sabía que estaba equivocada. Sabía que estaba siendo mezquina. Sabía que todo era culpa mía, pero no podía parar. Las palabras simplemente salían. Y quizás tú no seas tan malvada como yo, pero luego me enojé con mi esposo por verme tan malvada… porque me sentí expuesta.
Trato de no mostrar esa parte de mí al resto del mundo (aunque no siempre lo logro), pero en ese momento me sentí vulnerable y expuesta. Estaba esperando que me confrontara y entonces me puse a la defensiva. Brent ni siquiera había dicho nada, y yo ya estaba a la defensiva, como si dijera: «¡No sabes lo difícil que fue!», o «¡No soy así todo el tiempo!».
Bueno, yo estaba lista para defender mi maldad frente a este hombre que estaba allí de pie en la cocina. En algún momento tuve que respirar profundo. Gracias al Señor, incluso mi arrebato tuvo un límite, y ese límite fue tener que respirar. Cuando lo hice, Brent me miró y me dijo: «Ven aquí».
Yo empecé a sollozar porque él acababa de verme tal como soy, sin excusas. Ni siquiera tenía una buena razón; tampoco había ocurrido un accidente horrible. Era mi pecado. Sin embargo, él no me dijo: «No pasa nada. No te culpo. Yo también estoy enojado con esas personas». Él no justificó mi pecado, sino que, con sus acciones, me dijo: «Te veo y te amo». Luego me abrazó y yo comencé a sollozar y a llorar desconsoladamente diciendo: «¡Soy demasiado perversa!».
Luego él me dijo: «Vamos a orar». Y me llevó a la cruz.
Ahora, mi temor al compartir esto es que alguien piense: «¡Mi esposo no siempre hace eso!». Bueno, el mío tampoco lo hace siempre. Pero, ¿qué representó la acción de mi esposo? Representó una imagen de lo que Cristo hace por mí cada vez que peco, cada vez que le escupo y le digo: «Ni siquiera creo que te importo, porque dejaste que pasara esto y aquello y lo otro». Él murió en la cruz por mí, y yo lo único que hago es reclamarle. Pero Jesús me dice: «Lo sé, hija Mía. Ven aquí».
Eso fue un adelanto. Y mira lo que yo podría haber hecho con ese adelanto. Podría haber dicho: «Bueno, él es pastor de nuestra casa. Se supone que sea gentil conmigo y me lleve a la cruz». Permíteme decirte esto: las mujeres solemos ser así.
Y entonces, la próxima vez que yo explote, si él no responde de esa manera, le digo: «¿Qué clase de hombre eres? ¡No me estás liderando! No me merezco esto». Escúchame bien: tu esposo no responderá así todo el tiempo.
Hay ocasiones en que él pierde la calma y soy yo quien procura llevarlo de nuevo a la cruz. Y hay otras ocasiones en las que soy yo la que se enoja… y lo terminamos resolviendo con unas galletas de chocolate y un vaso de leche. No es lo correcto, pero sucede. Pero en ese momento puntual, lo que ocurrió fue un adelanto. Y yo podía reconocerlo así y decir: «No lo merezco, y tal vez no vuelva a repetirse, y está bien. Esto es un adelanto». Podía disfrutarlo sin exigirlo, sin pensar: «Tiene que hacerlo siempre» o «Tengo derecho a esto».
Pero cuando espero el banquete, cuando espero que mi esposo sea un reflejo de Cristo para mí, él puede hacer eso por mí y yo pienso: Bueno, ¡eso está bien! Pero muchas veces no lo aprecio porque simplemente creo que eso es lo que se supone que él debería hacer. Recuerda esto: el adelanto, el anticipo de cómo serán las cosas cuando Cristo regrese, está por todas partes.
Si entraste a un lugar y alguien intentó hablar contigo, eso fue un adelanto. Entonces, cuando nos enfocamos en que nuestras necesidades sean satisfechas, esto es lo que sabemos y debemos recordar: nuestras necesidades ya han sido satisfechas. No se siente así, pero un día esto será algo tangible. Hasta entonces oro a Dios y le digo: «Dios, ¿me ayudarías a ver los adelantos que no he podido ver porque estoy molesta por no estar en el banquete? El aperitivo no me parecía suficiente porque tenía hambre y quería un banquete. Pero, Señor, el banquete viene. Tengo la garantía de Tu Espíritu Santo. Es un hecho consumado. No tengo que preguntarme si algún día recibiré el banquete».
Mientras tanto, disfrutemos de los aperitivos. Y no pasa nada si no nos llenan por completo. ¡Disfrutémoslos!
Cuando lo hagamos, seremos más libres para amar realmente a las personas. Hasta que no lleguemos a ese punto, no podemos amar genuinamente a las personas porque estamos demasiado ocupadas utilizándolas. Yo no podía amar libremente a las personas, pero ahora que he llegado a comprender esto, puedo hacerlo. Mira a tu alrededor: hay muchas personas desesperadas, tratando de satisfacer sus anhelos. Algunas de ellas incluso coquetean con muchos hombres porque esa es la forma en que intentan llenar el vacío en sus corazones. Ellas piensan: «Si todos los hombres del mundo pensaran que soy increíble, ¡entonces estaría satisfecha!».
Algunas personas viven obsesionadas con verse físicamente de cierta manera. Otras viven obsesionadas con su trabajo y les gusta decir lo bueno que es en comparación con el de otra persona. Y otras quieren tener lo último en tecnología.
Muchas de las personas que te rodean están experimentando ese tipo de anhelos insatisfechos. Ellas sienten el mismo vacío que sentimos nosotras antes de entender el evangelio, pero aún no saben que ese anhelo solo se satisface en Cristo. No tienen ninguna garantía de que las cosas vayan a mejorar. Para esas personas, esto es todo lo que hay. ¿Te lo imaginas?
Cuando mis padres fallecieron, recuerdo que le dije a mi esposo: «Si esto es todo lo que hay, ¡no vale la pena!». Realmente, no vale la pena. Así que, ¡gracias, Señor, porque esto no es todo lo que hay!
Ahora, es importante que entiendas algo. Las personas que te rodean juzgan y viven como impíos, porque eso es lo que son, ya que esto es todo lo que tienen.
Y, por supuesto, tratar de vivir sus vidas al máximo, porque para ellos no hay más que esta vida. Esto es todo. ¿Te imaginas lo deprimente que es eso? Pero sabemos esto mejor que nadie: nuestras necesidades ya han sido satisfechas. Estamos disfrutando el adelanto y ahora somos libres para ir y ayudar a otros y amarlos, porque vamos a estar con el Señor para siempre. Pero, mientras eso llega, debemos procurar que la gente sepa que hay algo mejor para ellos.
He pensado muchas veces que el cielo va a ser increíble de formas que mi mente ni siquiera puede comprender. Todo en el cielo es mejor que aquí en la tierra. Y me he preguntado: ¿Habrá algo que no podamos hacer en el cielo? Hasta ahora, lo único que se me ocurre —además de que no pecaremos, eso lo entiendo— es amar a los perdidos. Este es el único tiempo que tenemos para hacerlo. Ahora es el único momento que tenemos para hacerlo. Pero no puedo hacerlo si estoy demasiado ocupada absorbiendo la vida de las personas que me rodean, tratando de que llenen mis anhelos insatisfechos.
Ahora, mi falta de plena satisfacción me empuja a arrodillarme y me acerca más a Aquel que me ha asegurado que mis necesidades han sido satisfechas, y que lo experimentaré plenamente cuando esté con Él. Creer esa verdad permite que me enfoque en los demás.
Cuando hago esto en mis sesiones de consejería, muchas veces el simple hecho de entenderlo trae una enorme esperanza. Las personas dicen: «¿Entonces no estoy haciendo nada mal? ¿Está bien sentirse así? ¿Tú también te sientes así, Janet?». Y yo les digo: «Sí, está bien. De verdad está bien».
Entonces, ¿qué tenemos que hacer? Necesitamos pasar mucho tiempo meditando en el evangelio, porque a veces nuestra experiencia no coincide con la realidad. Si no has leído el libro Manual del evangelio para cristianos, de Milton Vincent, te recomiendo que lo leas porque trata de cómo el cristiano, aun después de su conversión, necesita continuar escuchando el evangelio todos los días.
Es un libro increíble. La parte final está escrita en forma narrativa y es muy poderosa. Si tienes la oportunidad, tienes que leerlo.
Esto es lo que hago con las mujeres que aconsejo: les pido que subrayen cinco cosas que les asombren del evangelio, porque en ese libro, página tras página, habla solo del evangelio. Luego, les pido que subrayen las cinco cosas que les cuesta creer. Así descubrirán por qué les cuesta aplicar el evangelio.
Después, cuando nos reunimos, les digo: «Mira solo una de esas verdades que te cuesta creer». Por ejemplo: «Cuando peco, Dios no siente ira en Su corazón contra mí» (y debo mencionar que la mayoría de las mujeres a las que les he dado consejería subrayan las mismas cosas).
Luego le pregunto: «¿Lo crees?».
Y ella me responde: «Bueno, lo que realmente creo es que Dios está bastante decepcionado».
Entonces nuestra conversación gira en torno a este punto: «Si realmente creyeras que Dios no está airado contigo, ¿cómo esa verdad transformaría tu semana? Quiero que te levantes cada mañana y leas eso, y pases tu día como lo harías si lo creyeras».
No es que debas fingir, porque en realidad no lo estás haciendo. Lo que realmente estoy diciendo es: «Ve en contra de tus emociones», aunque es más fácil decir «finge». Las personas definitivamente saben cómo fingir. No siempre saben cómo ir en contra de lo que sienten, pero sí pueden fingirlo, así que por ahí empezamos. Creo que es muy útil.
Permíteme mencionarte otra cosa más que nos cuesta creer. Y voy a compartirlo contigo porque me impactó mucho. Se llama «Liberación del amor propio». El autor del libro Manual del evangelio para cristianos, dice lo siguiente: «El evangelio me asegura que el amor de Dios es infinitamente superior a cualquier amor que yo pueda darme a mí mismo».
Como habrás notado, he leído este libro muchas veces; probablemente esta es la cuarta vez. Cuando lo leí por primera vez, pensé: «Sí, es verdad. El amor de Dios es maravilloso. Eso es cierto». Pero la cuarta que lo leí, me pregunté: «¿Realmente lo creo?». ¿Realmente creo que el amor de Dios es infinitamente superior a cualquier amor que yo pueda darme a mí misma? Tengo que confesar que la mayoría de las veces no lo creo.
Hice una lista, y te animo a que hagas lo mismo. Imaginemos que Dios te dice: «Tienes la libertad, sin culpa ni pecado, de amarte a ti misma como quieras. ¡Adelante! ¿Qué harías por ti misma?». Así que empecé a hacer una lista.
Número 1: mi esposo me amaría tanto que le costaría mucho irse a trabajar porque no querría estar lejos de mí. Nuestra relación sería perfecta. No habría conflictos y eso sería maravilloso, porque ¿a quién le gusta tener conflictos? ¡Yo no me haría eso a mí misma! Me amo demasiado para eso.
Número 2: Mis hijos se levantarían y me bendecirían todos los días y me dirían: «Mamá, ¿qué podemos hacer por ti? No tienes que hacer nada por nosotros». ¿No sería increíble? ¿Quién no haría eso por sí mismo?
Número 3: No tendría ningún dolor. Sufro de dolor crónico. No me permitiría el dolor porque no es muy agradable según mi definición de dolor. Eso no es nada amable. Así que no tendría ningún dolor. Estaría completamente saludable, lo que significa que podría comer lo que quisiera, nunca sentirme mal, disfrutarlo todo y aun así estar saludable.
La verdad es que no disfruto hacer ejercicio, pero lo hago porque tengo que hacerlo. Lo hago porque tengo una amiga que lo hace conmigo, y si por alguna razón ella no puede acompañarme, ¡entonces yo tampoco voy! Es una broma; pero, en realidad, en una ocasión ella estuvo fuera de la ciudad, así que no fui a hacer ejercicios. Pude haber ido el viernes de esa semana por la mañana, pero ella me dijo: «Janet, tengo que salir de la ciudad».
Y yo le respondí: «Bueno, supongo que yo tampoco iré». ¿Te das cuenta? ¡Así de importante es para mí hacer ejercicio! Así que no me obligaría a hacerlo. Porque, ¿cuánto más podría hacer por el Señor si tuviera un cuerpo que funcionara perfectamente, durmiera bien todas las noches sin problemas y pudiera hacer lo que quisiera?
Número 4: ¡La mayoría de los días serían mi cumpleaños! La mayoría de ustedes me harían regalos muy bonitos y muy detallistas, porque me encantan los pequeños detalles. Ni siquiera tienen que ser caros. Solo hay que envolverlos y haberlos escogido con cariño; ¡ya eso por sí solo me hace feliz! Eso es lo que haría por mí misma.
Ahora, si yo hiciera por mí todo lo que te acabo de mencionar, ¿cómo crees que sería? Bueno, sería una persona sin propósito, porque ¿qué sentido tiene si ya lo tengo todo? También es probable que no sea muy compasiva, sino bastante egoísta. Entonces, eso me lleva a pensar: ¿En qué es mejor el amor de Dios?
¿Qué piensas cuando Dios te dice: «Sé todo sobre ti y, aun así, te amo»? Eso es aceptación. Completa y absoluta aceptación. ¿No es eso lo que realmente anhela tu corazón?
Ahora escucha esto: sin importar lo que hagas, la cruz de Cristo es tan poderosa que nunca dejarás de ser su hija. ¡Eso es seguridad! Y te diré que, para la mayoría de las mujeres a las que aconsejo, eso es muy importante: la seguridad. Buscamos seguridad y, si estamos casadas, es lo que esperamos de nuestros esposos. Bueno, en Dios, tú tienes seguridad al 100 %.
¿Y qué sobre el propósito? Dios te dice: «Eres mi representante visible ante toda la creación de cómo soy Yo». Para mí es simplemente increíble pensar en eso. Soy la representante visible del Dios invisible ante toda la creación, y lo que hago puede ser importante para las personas por toda la eternidad. ¿Aún quieres hablar de encontrar tu propósito?
¡El amor por mí misma me mataría, me arruinaría por completo! La forma en que me amaría a mí misma, ni siquiera un padre criaría así a sus hijos, ¿verdad? Porque, ¿qué pasaría si le dieras a tu hijo o a tu hija todo lo que te pidiera, le dejaras comer lo que quisiera, nunca le dijeras «no», y todos los días fueran sus cumpleaños? Pudiéramos decir que eso sería una «pesadilla». ¡Tu hijo se convertiría en un monstruo!
Yo me convertiría en un monstruo. Así es como me amaría si tuviera la libertad de hacerlo. ¡Pero el amor de Cristo es mucho mejor que el mío! Yo necesito que me recuerden lo que el evangelio me asegura: que Cristo me ama más de lo que yo me amo a mí misma. ¡Eso es importante!
Algo que también les pido a las mujeres que aconsejo es que estudien el Salmo 139. Cuando era nueva creyente, leí ese salmo. La mujer que me llevó a Cristo (¡una mujer que influyó mucho en mi vida!) utilizó ese salmo porque en ese tiempo yo tenía lo que ella, por su amabilidad, llamaba: «baja autoestima».
En realidad, yo pensaba demasiado en mí misma… y me molestaba que otros no lo hicieran.
Bueno, esta mujer me leyó en ese salmo que yo soy «asombrosa y maravillosamente hecha». ¿Puedo decirte que ese salmo es mucho mejor cuando sabes que fue escrito por David? David, que no era nadie, un joven pastor, al que ni siquiera se molestaron en llamar para ver si era él a quien Dios iba a ungir en rey, hasta que Samuel tuvo que decir: «¿Tienes algún otro hijo? ¡Estos no son los escogidos!». Él no era nadie. Pero Dios lo sacó del anonimato y lo convirtió en rey.
¿Y por qué es conocido David, en parte? Bueno, por adulterio, engaño y asesinato. Esto es lo que David reconoce cuando comienza diciendo: «Tú lo sabes todo acerca de mí, oh Dios» (ver v. 5). No tenemos tiempo para leer todo el salmo, pero te invito a leerlo pensando en lo que David sabía.
Permíteme leer solo algunos versículos, comenzando en el versículo 5: «Por detrás y por delante me has cercado, y Tu mano pusiste sobre mí.Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí…» (vv. 5-6).
Luego, en el versículo 7 dice: «¿Adónde me iré de Tu Espíritu, o adónde huiré de Tu presencia? Si subo a los cielos, allí estás Tú; si en el Seol preparo mi lecho, allí Tú estás. Versículo 13: «Porque Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre». Lo que David está diciendo es: «¡Señor! ¡Tú lo sabías todo sobre mí antes de que yo naciera!».
Más adelante, en el versículo 17, David dice: «¡Cuán preciosos también son para mí, oh Dios, Tus pensamientos!». ¿Quieres hablar de aceptación? Bueno, Dios conoce toda tu maldad, maldad que tú no estarías dispuesta a admitir, y, aun así, te dice: «¡Yo te escogí!». Y eso le permitió a David concluir el Salmo diciendo: «Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón» (v. 23).
¿Y sabes qué decimos nosotras? «No quiero saberlo. No quiero pensar así. Soy buena. Soy mejor que eso». Pero David dice: «¡No! Oh, Señor, Tú ya lo sabes y me amas de todos modos. Examíname y ponme a prueba. Conoce mi corazón; mira si hay en mí algún camino malo. ¡No tengo nada que temer!».
¡Eso es vivir sin temor! «¡Muéstrame mi pecado para que pueda deshacerme de él!». ¿Por qué David dijo esto? Por una lealtad feroz hacia Aquel que lo sabía todo sobre él y lo amaba de todos modos. Eso es pertenencia. No siempre la sentimos, pero es la realidad en la que vivimos. Y cuando aprendemos a vivir a partir de eso, no tenemos que emitir juicio sobre nadie. Simplemente podemos decir a otros: «Te entiendo. Permíteme ser un ejemplo de Cristo para ti», y entonces puedo centrarme en los demás.
Haz una lista de cosas por las que estás agradecida. Mi esposo y yo estábamos hablando de esto. Hay algunos problemas en este momento, y le dije: «Necesito enfocarme intencionalmente en aquellas personas que han caminado fielmente a nuestro lado, en lugar de las que no lo han hecho».
Entonces comenzamos a hablar de algunas de esas personas: «Esta persona siempre ha estado ahí. Si necesitamos algo, podemos acudir a ella…». ¿Y tú? ¿Por qué estás agradecida? Bueno, esos son tus «adelantos» de lo que Dios está haciendo. En lugar de vivir con mentiras, creamos en la Palabra de Dios. Eso es la fe.
Nancy: ¡Wow, me encanta eso! Estoy muy agradecida por la transparencia de Janet y por su perspectiva bíblica sobre cómo podemos manejar nuestras decepciones de una manera que honre a Cristo. Estas fueron las palabras de Janet Aucoin hace un tiempo para un grupo de mujeres. Si te perdiste alguno de los episodios de esta serie, puedes escucharlos en AvivaNuestrosCorazones.com.
Cuando luchamos con emociones poco saludables, la Palabra de Dios es una herramienta muy poderosa para cambiar nuestra perspectiva. Cuando visites nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com, encontrarás un tesoro de enseñanzas bíblicas para mujeres sobre muchos temas útiles.
Podemos ofrecerte estas enseñanzas gracias al apoyo de oyentes como tú. Y hay un grupo especial de oyentes que han contribuido de manera significativa para que puedas escuchar el episodio de hoy, y se trata de nuestro equipo de colaboradores mensuales.
Este equipo ora por Aviva Nuestros Corazones, por nuestras oyentes y también apoya al ministerio cada mes para ayudar a que este programa sea posible. Nuestros colaboradores mensuales reciben actualizaciones periódicas del ministerio y también otros recursos.
Por eso quiero animarte, y quizás hayas estado escuchando este pódcast durante algún tiempo y te ha sido de gran ayuda, y quizás lo compartes con otras personas. Bueno, quiero animarte a que consideres convertirte en una de nuestras colaboradoras mensuales.
Si ahora no es el momento para que lo hagas, pero te gustaría hacer una donación, quiero recordarte que este mes de julio, al hacer una donación a Aviva Nuestros Corazones, podrás recibir el libro «Chicas sabias en un mundo salvaje», escrito por Mary Kassian. En sus páginas, Mary lleva a las lectoras a explorar el fascinante contraste entre la mujer sabia y la mujer salvaje que encontramos en Proverbios, capítulo 7. A través de veinte contrastes claros y prácticos, aprenderás a discernir entre lo salvaje y lo sabio en tu vida diaria.
Si este recurso puede ser de bendición para ti o para alguna mujer que conoces, te invitamos a visitarnos hoy en AvivaNuestrosCorazones.com/donar para adquirirlo.
De antemano te damos gracias por tu donación. Tu generosidad nos permite seguir creando recursos que llevan a más mujeres a descubrir la libertad que se encuentra en la verdad del evangelio.
Débora: Recordándote la hermosura de un corazón satisfecho en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación