Débora: Todas tenemos dudas y anhelos insatisfechos, pero Janet Aucoin nos apunta de regreso al evangelio.
Janet Aucoin: La cruz es un maravilloso recordatorio de que Él es digno de confianza. Cuando estoy en dolor y pienso: «No sé si Dios es bueno», literalmente me arrodillo y le digo al Señor: «Necesito permanecer al pie de la cruz ahora mismo, porque nada en mi vida me está comunicando que Tú, Señor, te preocupas por mí. Pero cuando miro la cruz, no puedo llegar a otra conclusión más que esta: “Si no me amaras, entonces la cruz no tendría sentido. No tendrías que haber muerto por mí”».
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Rendición», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 14 de julio de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Todas podemos identificarnos con la tensión que …
Débora: Todas tenemos dudas y anhelos insatisfechos, pero Janet Aucoin nos apunta de regreso al evangelio.
Janet Aucoin: La cruz es un maravilloso recordatorio de que Él es digno de confianza. Cuando estoy en dolor y pienso: «No sé si Dios es bueno», literalmente me arrodillo y le digo al Señor: «Necesito permanecer al pie de la cruz ahora mismo, porque nada en mi vida me está comunicando que Tú, Señor, te preocupas por mí. Pero cuando miro la cruz, no puedo llegar a otra conclusión más que esta: “Si no me amaras, entonces la cruz no tendría sentido. No tendrías que haber muerto por mí”».
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Rendición», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 14 de julio de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Todas podemos identificarnos con la tensión que sentimos entre los anhelos de nuestras almas y la realidad. Tenemos deseos —y muchas veces son buenos deseos—, pero, aun así, en la providencia de Dios, por la razón que sea, el Señor decide no concedernos esas cosas.
Y cuando nos volvemos exigentes para que Dios cumpla con nuestras expectativas, en lugar de confiar en Su sabiduría, las cosas comienzan a ponerse complicadas. Ayer escuchamos a Janet Aucoin abordar este tema de los anhelos insatisfechos, especialmente en el área de las relaciones personales.
Janet está casada con el pastor Brent Aucoin, y sirve como directora del ministerio de mujeres en su iglesia. Ellos tienen dos hijos y viven en Lafayette, Indiana. Janet dio este mensaje a un grupo de mujeres en el campamento del ministerio de Life Action.
Janet nos dice que Dios puede usar los anhelos insatisfechos de maneras sorprendentes. Así que hoy continuaremos donde lo dejamos ayer. Aquí está Janet Aucoin, hablando a un grupo de mujeres y recordándonos que los anhelos insatisfechos pueden ser usados por Dios de formas extraordinarias.
Janet: Dice la Biblia que Adán y Eva, antes del pecado, caminaban con Dios en el Jardín del Edén. Caminaban con Dios. Si les hubiéramos preguntado a Adán o a Eva: «¿En algún momento se sienten solos? ¿Sienten que hay algo que no es suficiente? ¿Sienten soledad?», me pregunto qué habrían respondido. Supongo que habrían dicho: «¿Qué significa eso? ¿Qué significa esa palabra? No lo entendemos».
No creo que entendieran ese concepto, porque no estaban solos. Ellos vivían de la manera para la cual fueron creados: en la presencia de su Creador. Pero tú y yo aún no estamos cara a cara con nuestro Creador. Entonces, sabiendo eso, ¿por qué nos sorprende tener anhelos insatisfechos? Aún no hemos llegado al hogar celestial.
Nancy DeMoss Wolgemuth en su libro Mentiras que las mujeres creen, en el capítulo 12 titulado: «Tengo derecho a satisfacer todos mis anhelos», ella explica por qué eso es mentira. Nancy dice, y cito:
«Debemos reconocer que siempre tendremos anhelos insatisfechos en esta vida… Además debemos comprender que nada ni nadie puede satisfacer los anhelos más profundos de nuestro corazón».
Esa es una afirmación verdadera y real.
A veces pensamos: Tengo que acudir a Dios, y si tan solo acudo a Él, entonces mis anhelos desaparecerán. Pero la verdad es que nuestros anhelos no desaparecerán inmediatamente. Lo harán cuando estemos en el hogar celestial con Jesús, porque todos nuestros anhelos se cumplen en Él.
Es como si fueras una recién casada y tu esposo tuvo que viajar lejos y recibes una carta suya. Es algo hermoso. La lees todos los días y eso anima tu corazón, pero aún tienes ese anhelo, ese deseo de que él esté junto a ti, ¿verdad? Tú no dices simplemente: «Bueno, creo que no estoy leyendo la carta lo suficiente. Si leyera y creyera lo que dice en ella, no me sentiría así».
Puedes leer esa carta y creer cada palabra de ella y, aun así, anhelar que tu esposo esté contigo. Y eso es lo mismo que sucede con nuestras vidas. Podemos creer todo lo que Dios dice y, aun así, anhelar estar con Él. Pero todavía no lo estamos, y eso está bien.
Yo he creído todas esas mentiras, y sigo luchando contra ellas, aunque ahora siento que estoy peleando las batallas correctas. Sé que son mentiras, pero durante muchos años las creí.
Recuerdo que antes de casarme, veía a otras parejas y pensaba: No saben la bendición que es tener a alguien comprometido con ellos de por vida. Si yo tuviera a alguien así de comprometido conmigo, no sería tan mezquina.
Ahora, probablemente te estés riendo ahora mismo por lo que acabo de decir y puede que estés pensando: Bueno, ahora que Janet está casada, dejó de ser mezquina. pensar que, ahora que estoy casada, no soy tan mezquina… pero no fue así. Sin embargo, recuerdo haber pensado así. Y gracias a Dios, no dije la mayoría de esas cosas en voz alta, porque luego hubiera tenido que disculparme con muchas personas.
Ahora estoy casada con un hombre maravilloso y piadoso… y sigo siendo mezquina. No estoy completamente satisfecha, y no es culpa de mi esposo. Simplemente, es la realidad. Antes de que me casara a los veintiocho años, cuando estaba soltera, pensaba: Si Dios me diera un alma gemela, eso ayudaría. Pero yo no estaba consciente de que estaba poniendo mi esperanza en eso, y, si me hubieras preguntado cuál era mi esperanza, te habría dicho que mi esperanza estaba en Jesús. Sin embargo, en el fondo la tenía puesta en que Dios me diera un esposo.
Luego me casé y atravesé uno de los períodos más solitarios de mi vida, y fue algo que el Señor mismo orquestó. Y lo que lo hizo aún más difícil fue darme cuenta de que estoy en la relación más cercana que tendré de este lado del cielo… y, aun así, no es suficiente.
Entonces, ¿era culpa de Brent? ¿Era culpa mía? ¿O estaba bien que fuera así? Me llevó un tiempo entender esto.
Además, perdí tres bebés antes de tener a mi primer hijo. Yo sabía que tener hijos no es un derecho y recuerdo haber tenido esas conversaciones con el Señor, reconociendo que no se puede simplemente decir: «Creo que ahora voy a tener hijos». Eso depende del Señor, y es un regalo de gracia. Estoy profundamente agradecida por los dos hijos que el Señor me permitió criar. Entonces, ¿estaré contenta y satisfecha con eso? No exactamente.
En una ocasión le comenté a mi hijo que una persona se acercó a mí y me dijo: «Debe ser increíble vivir en tu casa». Y mi hijo me respondió: «¿Quieren una lista por orden alfabético o por orden de importancia?». Con esto, mi hijo se refería a que si las personas supieran cómo somos de verdad, él podría hacer una lista larga de defectos y problemas; porque nuestra familia no es tan perfecta como lo parece desde afuera.
Entonces, Dios utilizó ese tiempo para ayudarme a comprender que yo tenía una teología equivocada. Estaba poniendo mi esperanza en las cosas incorrectas. Brent no estaba destinado a satisfacer mis anhelos, y yo no era libre para enfocarme en amarlo. Al contrario, le exigía y dependía de él de una manera desmedida.
Antes pensaba que necesitaba a Brent porque lo amaba. Pero eso no era cierto. Lo necesitaba porque necesitaba que fuera mi dios, y en realidad me amaba a mí misma. No era libre para amarlo como a un vaso imperfecto que necesita un Salvador, alguien a quien yo pudiera acompañar y animar, y no como alguien a quien necesitaba que fuera mi salvador. Y qué cosa tan cruel hacerle eso… pero lo hice. Estaba usándolo para satisfacer mis necesidades.
Así que, ¿qué debemos hacer en lugar de eso? Bueno, Romanos 8:22-23 lo describe claramente. Dice así la Palabra de Dios: «Pues sabemos que la creación entera gime y sufre hasta ahora dolores de parto. Y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu [aquí le está hablando a los creyentes], aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo».
¿Alguna vez te has sentido así? ¿Significa eso que no eres espiritual? No. Al contrario, eso es lo que se supone que debe pasar. Nuestros anhelos nos recuerdan que no fuimos diseñadas para encontrar nuestra plenitud en un mundo caído, separadas de nuestro Creador. Sin embargo, ahí es donde nos encontramos ahora mismo.
Me encanta esta cita de C. S. Lewis. Dice: «Si descubro en mí un deseo que nada en este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que fui creado para otro mundo». Esa es la clave.
Lo que eso significa es que esos anhelos no están destinados a desanimarme. No tienen por qué hacerme dudar de mi fe. Al contrario, son una evidencia de que la Biblia es verdadera. Así que está bien.
Tener anhelos insatisfechos no me hace menos espiritual, ni necesariamente significa que no confíe en Dios. Y, por supuesto, podría ser así en algunos casos, pero el simple hecho de tener anhelos insatisfechos no significa eso.
Toda la creación gime bajo los efectos del pecado. Y uno de esos efectos es la separación. Por eso fue que Jesús vino.
Así que el hecho de que tenga estos anhelos no significa que esté pecando. Aunque, muchas veces, mi respuesta a mis anhelos insatisfechos sí es pecaminosa, porque mi objetivo era eliminarlos en lugar de aprender a caminar con Dios en medio de ellos. No es pecado sentirlos, y tampoco significa: «Esfuérzate más». No es eso.
Entonces, cuando entiendo esto, en lugar de sorprenderme o desanimarme, me regocijo en la esperanza de que esto no es todo lo que hay. Y eso me obliga a pensar con una perspectiva eterna. Me empuja en esa dirección. Y eso probablemente sea algo bueno. Quizás eso sea parte del propósito para el que Dios está utilizando mis anhelos insatisfechos: para empujarme hacia esa dirección.
En Romanos 8:18, Pablo compara esta vida con el embarazo. Algunas de ustedes han estado embarazadas, pero otras no. ¿Qué mujer queda embarazada porque va a disfrutar del embarazo? Bueno, tengo amigas que me han dicho que les gustó, pero… ¿Te gustaría estar embarazada para siempre?
Aun si tuvieras embarazos maravillosos, ¿qué mujer que está embarazada piensa: «En realidad, para mí el bebé no es lo importante; lo que me encanta es el embarazo»? Tendríamos que dar una charla solo para esas mujeres, porque eso es un problema. ¿Verdad?
Entonces, ¿qué es lo que disfrutamos del embarazo? El bebé que está por llegar. Y, por supuesto, no todos los embarazos llegan a buen término. Yo perdí tres bebés. Aunque lo que debería suceder es que cada embarazo culmine en la llegada del bebé.
Así que, tomando esta imagen que Pablo nos da en Romanos 8:18, la esperanza y el gozo están en el bebé que va a nacer. Y es profundamente doloroso cuando no termina de esa manera. Sé que para muchas de ustedes esa es la realidad, pero todas sabemos que no debería ser así. La alegría del embarazo es el bebé que viene.
Pablo dice que esta vida es como los dolores del parto. Entonces, ¿qué es lo que nos da esperanza en esta vida? La que está por venir. No nos sorprende que haya dolores de parto aquí ni pensamos: «¡Si estuviera haciendo lo correcto, no debería haber dolores de parto!». Cuando una mujer está en labor de parto, no está pensando: «Esto no debería doler». ¿Quién dice eso? Yo recuerdo que dije: «Pediré que me pongan la epidural en el octavo mes, por si acaso». ¡Ojalá pudiéramos hacer eso en la vida! Pero no se puede.
Cuando yo estaba embarazada, le pregunté a mi doctor: «¿Podría ponerme la epidural en un suero para andar con eso todo el tiempo?».
Y él me respondió: «No, Janet. Te prometo que te la daré cuando la necesites». Así de agradable fue la experiencia.
Actuamos como si la vida debiera estar libre de dolor. Sin embargo, sí debe haber dolor. Eso es lo que se nos ha enseñado. Ahora, ¿en qué se diferencian los dolores del parto terrenales de los dolores espirituales? En que tenemos la esperanza garantizada de lo que vendrá. ¡Estaremos con el Señor para siempre! No habrá pérdidas de embarazo cuando estemos con el Señor. Y lo entiendo, porque yo pasé por tres pérdidas. Pero no tendré ninguna cuando esté con el Señor. Eso es una garantía segura.
Y para que podamos entender que esto es una garantía, Dios nos ha dicho que tenemos la garantía del Espíritu Santo. No hay nada más seguro que eso. Tenemos la garantía del Espíritu Santo mientras esperamos.
Entonces, mi sugerencia es que, al menos al principio, cambiemos nuestras expectativas. Ya sé que es más fácil decirlo que hacerlo, pero empecemos a pelear las batallas correctas. Dejemos de intentar satisfacer nuestros anhelos aquí. Dejemos de ver eso como la meta. Cambiemos nuestras expectativas y pongámoslas en un lugar mejor, que es Dios.
El Salmo 62:5 dice: «Alma mía, espera en silencio solamente en Dios, pues de Él viene mi esperanza».
Ahí es donde deben estar dirigidas mis expectativas, y la cruz es un maravilloso recordatorio de que Él es digno de confianza. Cuando estoy en dolor y pienso: «No sé si Dios es bueno», literalmente me arrodillo y le digo al Señor: «Necesito permanecer al pie de la cruz ahora mismo, porque nada en mi vida me está comunicando que Tú, Señor, te preocupas por mí. Cuando miro la cruz, no puedo llegar a otra conclusión más que esta: “Si no me amaras, entonces la cruz no tendría sentido. No tendrías que haber muerto por mí”».
Él habría sido justo y recto aun si nunca hubiera venido. Y no creo que yo haya entendido eso hasta que estudié teología sistemática con mis hijos. Estudiamos acerca de los ángeles. Cuando ellos cayeron, Dios no les dio ninguna oportunidad de redención. Y aun así, Él sigue siendo santo, justo, bueno y recto.
Él no tenía que darme a mí la oportunidad de redención. ¿Por qué lo hizo? No lo sé. Pero lo que sí sé es que Él me ama. Por eso, cuando mis expectativas terrenales no me comuniquen que Él me ama, me quedaré al pie de la cruz y le diré: «Señor, necesito permanecer al pie de la cruz en este momento, porque necesito recordar».
Necesito ver a Cristo en la cruz. Y cuando lo hago, lo imagino mirándome y pienso: «Si Él estuvo dispuesto a morir por mí, entonces yo confiaré en Él aunque esto sea terriblemente doloroso». Ahí es donde deben estar mis expectativas.
El Salmo 42:1 dice: «Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por Ti, oh Dios, el alma mía». Durante mucho tiempo ese versículo no me gustaba para nada, porque me hacía sentir muy culpable, ya que eso no era lo que yo anhelaba. Cuando lo cantábamos, pensaba: Yo anhelo muchas cosas. Pero no sé si puedo decir honestamente que mi alma anhela a Dios.
Pero, después de estudiar todo esto, me di cuenta de algo: «Aaah, esto es lo que mi alma anhela». Sin embargo, no me daba cuenta porque estaba intentando que Dios llenara ese anhelo, y al mismo tiempo trataba de llenarlo con otras cosas. Así que todas esas otras cosas que anhelo son, en realidad, el resultado de estar equivocada acerca de dónde mi alma va a encontrar verdadera satisfacción.
Esta es la verdad. Escucha lo que dice el Salmo 34:8, y hablaremos más sobre esto en un momento. Dice: «Prueben y vean que el Señor es bueno».
¿Cómo se ve eso? Fíjate que el pasaje no dice: «Dense un banquete». Ahora, definitivamente, vas a probar la bondad de Dios en esta tierra. El banquete de bodas viene después. Por ahora, solo podemos probar pequeños anticipos, pequeños sabores, y en un momento hablaremos más de eso. Pero es ahí donde quiero que esté mi corazón, porque solo ahí mis anhelos insatisfechos se convierten en una oportunidad para que mi anhelo por Dios crezca y reconozca que lo que realmente quiero es estar con el Señor.
En una ocasión, creo que fue cuando mi hijo estaba pequeño, ni siquiera sé de qué estábamos hablando, pero de alguna manera surgió el tema del cielo y él me dijo que esperaba no tener que irse muy pronto. Y yo pensé: ¿Debería molestarme que no anhele irse?
En su pequeña vida, su mundo era bastante bueno y doy gracias a Dios por eso. Pero a él le resultaba difícil pensar: Sería mejor estar en un lugar que no puedo imaginar, porque me gusta lo que tenía.
Realmente estoy muy agradecida por eso, pero a medida que él crece, y ahora que está en la universidad, y a medida que nosotros envejecemos, hay muchas cosas aquí que ya no son tan buenas. Y eso me recuerda que estoy a la espera de lo que sigue. Eso hace que crezca mi anhelo por la eternidad.
Pero creo que lo que a veces estorba eso es que nos hemos acostumbrado demasiado al evangelio —y digo esto para nuestra vergüenza—. Hablamos de Cristo en la cruz y reaccionamos así, de manera desinteresada, diciendo: «Sí, ya sé, ya sé. Eso debería bastarme… pero la verdad es que ya no lo hace tanto».
Pienso que en parte nos acostumbramos porque tenemos una visión bastante elevada de nosotras mismas. Sabemos que no somos perfectas. Sabemos que necesitamos un Salvador. Pero recuerdo que, al inicio de mi vida cristiana —y jamás lo habría dicho en voz alta—, tenía esta mentalidad de que Dios y yo íbamos a hacer esto juntos.
Esto era lo que pensaba: «Quiero que Dios esté contento por haberme escogido para Su equipo, porque yo haré grandes cosas». Y al pensar así, es como si dijera: «¿Por qué no iba a querer salvarme?». Bueno… si realmente me conocieras, ¿por qué Dios me escogió para salvación? Pero, en ese entonces, yo no entendía todo eso, porque tenía una imagen demasiado elevada de mí misma.
No sé si entendemos cuán trascendental es que Cristo viniera a esta tierra. Creo que fue J. I. Packer en su libro Conociendo a Dios quien dijo: «Es asombroso que la resurrección haya ocurrido, que el poder de Dios se haya manifestado allí; pero es aún más sorprendente que Él haya venido en primer lugar».
Es realmente sorprendente que Jesús tenga poder sobre la muerte. ¡Es asombroso! Pero lo que también debería sorprendernos es que Él vino como un bebé y no tenía por qué hacerlo. Sin embargo, pensamos: «Bueno, fue un lindo detalle de Su parte».
Cuando tienes hijos pequeños, siempre necesitas buscar formas de ayudarles a comprender las historias de la Biblia. Así que quizás nos resulte útil pensar en esto de una manera un poco diferente. Permíteme ilustrarlo de la siguiente manera.
Soy de Florida. Tenemos muchas playas y a mí me encanta pasear por la playa. Si estás familiarizada con las mareas, sabes que cuando la marea está baja, la playa es mucho más amplia, pero la arena es más oscura porque hay agua debajo. Y sabes que cuando sube la marea, parte de la playa desaparece porque queda sumergida bajo el agua.
Entonces, cuando caminas por la playa durante la marea baja, es más fácil caminar en la arena porque está húmeda por debajo. Mientras caminas, ves una colonia de hormigas construyendo su pequeño hormiguero. Están trabajando muy duro porque son muy trabajadoras. De hecho, las hormigas son un ejemplo para nosotras. Ahora, cuando suba la marea, todo desaparecerá. El hormiguero que ellas construyeron quedará destruido y todas morirán. ¿Qué harías? Probablemente nada, ¿verdad? Porque, ¿a quién le importa? Solo son hormigas.
Ahora, supongamos que, por alguna razón, te importan esas pequeñas hormigas y decides advertirles. Así que les gritas. Pero a ellas no les importa. Luego intentas trazar una línea y les dices: «Vengan por aquí». Pero a ellas no les importa.
¿Qué haría falta para que te escucharan? ¿Qué tipo de amor haría falta para que decidieras convertirte en una hormiga? La realidad es que cualquiera podría pisarte. Estás arriesgándolo todo para convertirte en una hormiga porque las amas.
Digamos que de alguna manera tienes ese tipo de amor, así que lo haces y les adviertes. ¿Esperarías un: «Gracias. ¡No tenías por qué hacerlo! No podemos creer que estuvieras dispuesta a hacer esto. Tampoco sabíamos qué era ese ruido tan fuerte. ¿Eras tú? ¡No teníamos ni idea!»? ¿Esperaría un poco de gratitud? ¿Qué pasaría si, en lugar de eso, ahora que decidiste convertirte en una hormiga, ellas te toman, torturan tu pequeño cuerpo de hormiga y luego te matan?
Esto no se compara con lo que Jesús hizo y sufrió por nosotras. Yo soy prima de una hormiga en comparación con la diferencia que hay entre Dios y yo. Pero mi mente no puede ir mucho más lejos que una hormiga porque no sé pensar de otra manera. Así que, para mí, una de las diferencias más grandes que veo es la que hay entre una hormiga y yo. Y tengo que decirte que no escogería convertirme en una, aunque supiera que todas van a morir. Simplemente no me importa.
¿Y sabes qué es lo que probablemente haríamos? Patear el hormiguero mientras pasamos y ver cómo se escabullen. Eso sí que es cruel, ¿verdad? Pero, siendo honestas, eso es lo que probablemente haríamos porque, ¿a quién le importa?
Escucha, somos más insignificantes que las hormigas y Dios es mucho más grande que un ser humano… y vino como un bebé. Ni siquiera vino como un hombre de treinta años. Él vino intencionalmente como un bebé. Vivió la vida que nosotras debíamos vivir, haciéndolo en nuestro lugar para cumplir la ley que nosotras no podíamos cumplir.
¡Guau! ¡Eso es increíble! Saber esto debería dejarte sin aliento. Si cuando salgas de aquí ves una hormiga, probablemente ni siquiera la notarías. ¿Verdad? Las pisas todo el tiempo sin darte cuenta de que están ahí.
Me entristece darme cuenta de que, en vez de asombrarme, mi corazón se inclina a cuestionar si realmente le importo a Dios. Imagina que hubieras sido tú y luego te dijeran: «Sí, pero ¿realmente te preocupas por mí?», y tú respondes: «¿¡En serio!? Renuncié a todo lo que podía hacer como humano para ser una hormiga, ¿¡y me preguntas si me importa?!».
Dios es digno de mi confianza durante los ochenta, noventa o cien años que viva aquí, aun si toda esta vida fuera solo un campo de entrenamiento. Esto es algo que siempre les digo a las personas cuando las aconsejo: «Entiende que tu vida es un campo de entrenamiento». Nadie va a un campo de entrenamiento y dice: «¿Puedo dormir hasta tarde?» o «¿Por qué esto no es más fácil?», o «¿Por qué no hay servicio a la habitación?». ¡No! ¿Por qué vas a un campo de entrenamiento? Por lo que viene después.
Lo que viene después es glorioso. Ahora estamos en entrenamiento, y vale la pena pasar cien años en este entrenamiento por el Dios que estuvo dispuesto a hacer todo esto por mí.
A medida que crece mi anhelo por Dios, empiezo a experimentar un anticipo de esa plenitud total. Habrá momentos en los que quedarás sobrecogida. Y entiende esto: cuando tengas esos momentos, recuerda que solo son un adelanto de cómo será todo el tiempo. Es solo una pequeña probadita, porque todavía no estás allí. Aun así, Dios te da un destello de lo que vendrá.
Para terminar nuestro tiempo, permíteme leerte la letra de una hermosa canción titulada «Bendiciones»:
Cuando los amigos nos traicionan,
Cuando la oscuridad parece ganar,
El dolor nos recuerda que este no es nuestro hogar.
Nancy: ¡Qué recordatorio tan alentador es las letras de esa canción! Acabamos de escuchar a Janet Aucoin, quien nos ayudó a fijar nuestros ojos en ese glorioso día que está por venir. El día en el que nuestros anhelos más profundos serán completamente satisfechos en Cristo.
Tener la perspectiva correcta sobre nuestros anhelos insatisfechos no lo soluciona todo ni hace que nuestros problemas desaparezcan. Pero sin duda nos ayuda mucho mientras esperamos.
Eso me recuerda un antiguo himno que solíamos cantar cuando era niña. Dice:
Todo habrá valido la pena cuando veamos a Jesús.
Las pruebas de la vida parecerán insignificantes cuando veamos a Cristo.
Una sola mirada a su querido rostro borrará todo el dolor.
Corramos con valentía hasta que veamos a Cristo.
Y esa esperanza, esa visión de Cristo, nos ayuda a ver nuestros anhelos insatisfechos, aquí y ahora, desde la perspectiva correcta.
Débora: ¿Anhelas ser totalmente aceptada, sentir que realmente perteneces y estar plenamente satisfecha? Creo que todas podemos identificarnos con ese tipo de anhelos. Mañana, Janet Aucoin nos dirá por qué esos anhelos no son tan imposibles de alcanzar como podrías pensar. Ella nos llevará al capítulo 1 de Efesios para darnos más detalles. Te esperamos aquí, en Aviva Nuestros Corazones.
Recordándote el gozo de la plenitud en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación