Podcast Aviva Nuestros Corazones

Dos horas y media de paz

Annamarie Sauter: A Todd y a Angie Smith les presentaron a su bebé recién nacida, sabiendo que ella contaba con un muy corto tiempo de vida.

Angie Smith: Mi esposo diría que fue uno de los días más llenos de paz que él pudiera recordar.

Annamarie Sauter: Esta pareja comprendía que Dios estaba allí.

Angie: Su presencia era tan sobrecogedora… había una paz que nos sostenía de un modo que ninguno de nosotros había experimentado antes hasta ese momento.

Annamarie Sauter: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Ella está junto a Angie Smith, a quién hemos venido conociendo desde ayer.

Nancy: En el libro de Eclesiastés en el capítulo 11, en el versículo 5, leemos lo siguiente:

Así como no sabes por dónde va el viento ni cómo se forma el niño en el vientre de la madre, tampoco entiendes la obra de Dios, creador de todas las cosas (NVI).

Esta semana estamos hablando con Angie Smith quien ha vivido— y ahora ha escrito— una historia que sé que va a tocar los corazones de muchas de nuestras oyentes. Quizás muchas se encuentran en una situación similar.

Su libro se titula: “Yo te sostendré: La danza sagrada del dolor y el gozo”. Esta es una historia sobre la pérdida de un hijo.

Si no pudiste escuchar el programa de ayer, espero que vayas a www.avivanuestroscorazones.com y escuches el audio o leas la transcripción y así obtengas la historia completa. Es una historia muy conmovedora.

Angie, gracias por acompañarnos esta semana en Aviva Nuestros Corazones para compartir esta historia con nosotras.

Angie: Aprecio mucho estar aquí Nancy. Muchas gracias.

Nancy: Ayer compartiste con nosotras acerca de cómo el Señor te bendijo con tres niñas preciosas en un corto periodo de tiempo—unas gemelas primero y luego otra, Kate, un par de años después. Luego en otro par de años, estabas embarazada de nuevo y a las dieciocho semanas, un ultrasonido mostró que esta niña tenía condiciones que no eran compatibles con la vida—así te lo comunicó el doctor.

Angie: Correcto.

Nancy: Tú sabías, humanamente hablando, que si Dios no intervenía y cambiaba las cosas, esta niña no iba a sobrevivir. Pero tanto tú como tu esposo Todd, tomaron la decisión, oponiéndose a un fuerte consejo contrario, de que no iban a terminar con este embarazo. Ustedes iban a permitir que Dios determinara el tiempo que esta niñita debía vivir.

Ustedes la llamaron Audrey Caroline, y atravesaron esas catorce semanas, tres meses, sosteniendo a esta bebé, viviendo la vida con ella e involucrándola en la vida de la familia.

Y durante esa época hablaste de cómo el Señor los sostuvo a través de algunos momentos realmente difíciles y emotivos; momentos dolorosos que enfrentaste después. Y luego llegó un punto a las treinta y dos semanas, donde fue el momento de dar a luz.

Angie: Sí. Después de hablar con los doctores de antemano, sólo basándonos en el estado de Audrey, nosotros no pensábamos que ella sobreviviría el parto a menos que me hicieran una cesárea, lo cual nunca me habían hecho hasta ese momento. Mi esposo y yo decidimos que lucharíamos por su vida tanto como pudiéramos.

Ella nació. Era pelirroja, de ojos azules, tan dulce como era posible. Nos enamoramos de ella en el minuto en que la vimos. Justo después de haberla dado a luz, las enfermeras se la llevaron a otra área, para evaluarla y poder confirmar el diagnóstico.

Les habíamos dicho que si las cosas eran como creíamos, que nosotros no queríamos ninguna intervención médica. Nosotros no queríamos hacerle ninguna diálisis o ninguna cosa que solo prolongara lo inevitable y la hiciera pasar por más dolor.

Por unos minutos, las enfermeras la miraron y pudimos verlas secreteando entre ellas. Recuerdo que en ese momento pensé, “Señor, no es muy tarde. Estas personas pueden ver un milagro. Quizás no sea como nosotros habíamos pensado”.

Poco después, vimos que bajaban sus estetoscopios y una tras otra comenzaron a retirarse de la habitación. Ellas me la trajeron, me la recostaron encima y me dijeron que estaba muy enferma. Su respiración era muy lenta, ellos querían que yo tuviese el mayor tiempo posible con ella.

Nancy: Y mientras llegaba ese día, habías estado tomando notas y publicándolas en tu blog, “Trae la lluvia.” Estabas muy calmada en ese momento, estabas en paz, pero hubo momentos de ansiedad, de temor, con los cuales habías luchado desde muy niña.

Angie: Sí.

Nancy: Y en tu libro describes cómo esta situación te llevó a un lugar donde tú no podías controlar tus circunstancias.

Angie: Correcto— es un lugar muy aterrador cuando gran parte de tu vida, te has sentido en control.

Como dije antes, esta es la primera vez que yo sentí que estaba entregándole eso al Señor, y eso es algo aterrador. Es aterrador pensar que estás haciendo eso.

Nancy: Y yo pienso que eso es así especialmente para las madres cuando se trata de rendir, de entregar a sus hijos.

Angie: Así.

Nancy: Es como si rindo mi vida al Señor completamente, ¿se llevará Él a mis hijos?

Angie: Sí.

Nancy: Tenemos oyentes en este momento, cuyos corazones están albergando temor.

Angie: Absolutamente. Una de las cosas más valiosas que siento que aprendí durante este tiempo y que pienso que moldeará el resto de mi caminar con el Señor, es que Él puede manejar mi temor. Él puede lidiar con mi incertidumbre y con mis preguntas.

Antes habíamos hablado sobre un “baby shower” al que había asistido, y te diré, yo estaba muy calmada durante la actividad. Luego en el camino, golpeé el volante del auto y grité. Yo sabía que Él podía sanarla si quería, y en algún momento sentí que Él simplemente me estaba diciendo, “Tráemelo a mí. Yo sé que tú tienes todas estas emociones. Yo sé dónde estás. Yo entiendo cada parte de tu corazón. No te alejes de Mí. Tráemelo a Mí.”

Eso es algo con lo que he lidiado incluso en los años después de haberla perdido. No necesito preocuparme de que Dios se intimide o se sienta amenazado por mis preguntas. Es algo que puedo compartir con Él.

Nancy: Y de hecho, en tu libro dices que: “Hay un lugar seguro con el Señor donde no tenemos que tener todas las respuestas.”

Angie: Sí.

Nancy: Así que sentiste la libertad de hacer preguntas pero también de ceder el derecho de tener todas las respuestas.

Angie: Sí, y pienso que hay algunos puntos también… me gusta mucho un libro de Corrie Ten Boom titulado “El Refugio Secreto”, que es uno de mis libros favoritos de todos los tiempos. Yo menciono esto en mi libro, pero hay un punto en el que Corrie y su padre estaban en un tren. Ellos estaban a punto de bajarse. Creo que su padre le pidió que cargara su bolso. Es muy pesado y ella lo carga.

Y ellos habían estado conversando sobre algo para lo que él pensaba que ella no estaba lista. Así que cuando ella comienza a cargar este bolso (que era muy pesado), él usa eso como una oportunidad para enseñarle algo y le dice, “Creo que esto es algo muy pesado para que lo cargues en este momento”.

En eso, hay un sentido de rendir el control, de rendir tu agenda y de lo que tú pensaste que podrías manejar. Hubo muchas veces que en medio de la noche, durante este embarazo, en las que me acerqué llorando al Señor, y sentí que Él me decía: “Esto no es algo con lo que debes cargar, no es algo que tengas que entender. Necesitas saber quién soy Yo, necesitas descansar en eso y entender que este peso no es para que tú lo cargues en este momento”.

Nancy: Y tú escribiste en tu diario y luego publicaste un escrito extenso en tu blog la noche antes de dar a luz a Audrey. Déjame leer un segmento de él.

Yo siento que he estado en medio de una guerra espiritual a medida que voy por esta senda, y constantemente he tenido que callar al enemigo con la única Palabra que puede hacerlo. Yo pronuncio el nombre de Jesús cada vez que me voy a la cama, mientras lloro en la noche, mientras pienso en el mal que Satanás me ha tentado a creer.

Así que la batalla que realmente se llevaba a cabo, muchas veces era una batalla en tu mente. Y todas experimentamos eso. En esta época tú estabas experimentando esto intensamente. En nuestro diario vivir como mujeres, ¿acaso no experimentamos al enemigo atacando nuestras mentes y nuestras emociones con cosas que no son ciertas?

Angie: Sí. Sí.

Nancy: Y tú te diste cuenta de que la Escritura dice: “El nombre del Señor es Torre fuerte; a ella corre el justo y está a salvo.” Proverbios 18:10

Angie: Fue un momento increíble ver que Él era suficiente. Esas palabras no fueron escritas en un papel para solo decir algo profundo, o para embellecer esa publicación. Reflejaban la profundidad de donde yo me encontraba en ese momento y de donde estoy ahora; lo cual es, “Dios nos libre de que algo así suceda, pero si sucederá.”
Esto le ocurrirá a alguna de nuestras oyentes hoy, y yo sólo oro que si eso ocurre, cuando ocurra, ellas de verdad puedan poner todo ese peso en el Señor y crean que Él es la Torre Fuerte.

Esto viene de alguien que ha luchado con esto toda su vida. Pero me siento confiada en decir que Él es esa Torre Fuerte.

Nancy: Y una de las cosas que aprecio de tu libro es que eres muy honesta con respecto a tus emociones, eres transparente, y muestras tu dolor. Pero también muestras lo que significa el atar tu corazón a la verdad, lo que es aconsejar a tu propio corazón con la verdad.

Fue sorprendente para mí a medida que leía el libro, mirar como la paz de Dios, la paz de Dios de verdad venía a tu auxilio. Y deseo leer un par de frases del libro que se verían muy extrañas si tú no supieras quién es el Señor.

Tú dices: “En un punto, yo no estaba enojada. Estaba fuera de lo normal, sentía una paz que no parecía posible. Si me preguntas cuál emoción me dominó durante las siguientes horas, te diría que “fue el gozo”.

Luego de que Audrey naciera y la perdieras, tú escribiste una carta para ella, una carta preciosa. En esa carta tú dices: “El 7 de Abril (que fue el día en que Audrey nació y murió) fue uno de los mejores días de mi vida”.

Y más adelante tú explicas por qué, pero ¿cómo puede una mujer que acaba de perder a su bebé, decir que “Hay gozo, y que ese es uno de los mejores días de su vida”? De verdad lo describes como un “día lleno de paz” para ti y para Todd. ¿Cómo es eso posible?

Angie: Suena como algo ridículo. ¿No es así?

Nancy: Bueno suena imposible.

Angie: Lo es. Para alguien que no tiene al Señor, casi suena como frívolo. De verdad, realmente suena así. Es como si yo no comprendiera lo que estaba sucediendo. Pero no era así. Nosotros estábamos completamente conscientes de lo que estaba pasando.

Estábamos tan atraídos al hecho de que… Yo diría que el Espíritu Santo estaba tan presente en el cuarto mientras la sosteníamos, y orábamos con ella y le cantábamos salmos… Soy una madre, tengo unas hijas preciosas conmigo en la tierra. Quiero reconocer que, como madre, eso es lo más difícil que puedo imaginar que como madre podamos pasar.

Sé lo extraño que suena que yo lo diga, pero el Señor verdaderamente bendijo ese momento para todos nosotros. Mi esposo diría que es uno de los días más llenos de paz que él pueda recordar. Creo que en el momento que sentimos que estábamos enfrentando una de las peores situaciones de nuestra vida y Su Presencia era tan abrumadora y traía una paz que nos sostuvo de un modo que ninguno de nosotros habíamos experimentado antes.

Nancy: Amen, y tú tienes un video en tu blog, de lo que pasó en esa habitación del hospital ese par de horas que sostuviste a Audrey. Cuéntanos… llévanos a esa habitación. ¿Cómo era? ¿Quién estaba ahí? ¿Qué estaba sucediendo?

Angie: Estábamos con nuestra familia cercana. Al principio solo estábamos Todd y yo. Después invitamos a nuestras hijas a venir a verla. Luego el cuarto comenzó a llenarse con la familia y amigos cercanos, hasta que parecíamos sardinas apretados allí.

Nosotros nos la pasábamos de brazo en brazo. Quisiera decir que durante ese momento, la amamos el equivalente a toda una vida. Fue un tiempo tan suave. Vi a Todd darle su primer baño, a mi suegra abotonarle su pijama que le pusieron.

Esos son momentos que yo atesoro porque fueron parte de nuestra vida. Incluso el momento en el que ella pasó de nuestros brazos a los brazos del Señor, fue extremadamente pacífico. De hecho no sabemos el momento preciso en que ella falleció, su muerte fue muy suave.

Nancy: Y tú estabas ahí, sosteniendo a Audrey con tus tres niñas en el regazo.

Angie: Sí. Realmente allí estaban.

Nancy: Y ellas básicamente la acariciaban y la acariciaban. En el video puede mirarse el momento en el que tú le articulas con los labios a Todd…

Angie: “Ya se ha ido.” La enfermera había venido y había tomado su pulso. Había ido en descenso pero ella vivió cerca de 2 horas y medias. Fueron 2 horas y medias que nos habían dicho desde el principio que NO íbamos a tener.

No hubo nada alarmante en ese momento. Hubo mucha paz. Yo recuerdo que para mí era profundo que yo aún sostenía su cuerpo pero su espíritu estaba con el Señor. Las niñas no estaban asustadas. Yo les había explicado de antemano, así que ellas sabían lo que iba a estar sucediendo. Fue muy doloroso reconocer en el momento, pero al mismo tiempo, era algo hermoso, poder decir exactamente donde estaba ella, y podíamos descansar en eso.

Nancy: Y aun así, tú debías entregar su cuerpo sin vida a una enfermera. Y eso debió ser extremadamente difícil.

Angie: Fue lo más difícil, esa fue la parte más difícil durante nuestra estadía en el hospital. Le sostuvimos por un buen rato después que todos se habían ido. Luego llegó un punto en el cual su cuerpo mostraba signos de que realmente ya había muerto, y sentimos que ya era el momento de hacerlo.

Quizás eran las 4 o las 5 de la mañana. Tuve que presionar el botón en mi cama y esperar que la luz llenara la habitación mientras la enfermera venía por ella. Ese momento de levantarla y entregársela a la enfermera, y luego mirar a la enfermera irse con ella y cerrar la puerta; era todo lo que podía hacer para no gritar y presionar los botones y rogar que me la trajeran de nuevo. Yo sabía que nunca la tendría del mismo modo en esta vida.

Nancy: Angie, viendo tus ojos que se empañan con lágrimas en este momento, viene a mi mente un momento en el que mi familia estaba reunida alrededor de una cama de hospital. Luego de una semana de estar conectado artificialmente, vi a mi hermano, quien había estado en un accidente automovilístico, tomar su último aliento, el cual nosotros humanamente hablando, sabríamos que vendría.

Y recuerdo que un hombre de Dios estaba con nuestra familia en ese momento, y nos llevó al pasaje del Antiguo Testamento, donde David, que también se llamaba como mi hermano, había perdido un hijo. Y la Palabra dice que cuando su hijo había muerto, sus amigos tenían miedo de decirle, pensando que se volvería loco, que saldría de sus cabales. Pero cuando David se dio cuenta de lo que ocurrió, la Palabra dice, “Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró” (ver 2 Samuel 12:20). 

Han pasado muchos años ahora, pero creo que jamás olvidaré lo que nuestro amigo dijo. Él dijo, “Nuestro David se ha ido. Ahora es tiempo de que nosotros nos levantemos y adoremos”.

Inexplicablemente, tan imposible como parecía en ese momento, tan emocionales como estábamos en ese momento, eso fue justo lo que hicimos. Eso no regresó a David, no en esta vida. Que tú escogieras adorar, no regresó a Audrey Caroline, no en esta vida, pero tú tomaste la determinación de que adorarías y confiarías en Dios aún en medio del dolor y de la pérdida.

Angie: Eso hicimos. Una de los recuerdos más fuertes que tengo, fue el día en que la enterramos. Fue extremadamente difícil… ese momento de ver a tu hija ser puesta en una tumba y las emociones como madre.

Un recuerdo muy especial que tengo del entierro, es que mi cuñada Nicole, quien tenía como diez años de estar en el grupo Selah—ella es la hermana de Todd— tenía un recién nacido llamado Luke a quien estaba meciendo en sus brazos. Le pedimos que cantara en el entierro, y mientras sostenía a Luke cantó “Estad quieta, alma mía”.

Es un recuerdo preciado por muchas razones, y también porque, tristemente, el mes después de que perdimos a Audrey, ese mismo bebe, Luke, falleció de SMIS (Síndrome de Muerte Infantil Súbita). En ese momento había un peso tremendo sobre nuestra familia que en realidad, mirando hacia atrás, ni siquiera puedo describir con palabras. En el lapso de dos meses habíamos perdido dos bebés. En realidad fue en cuestión de semanas, luego de haber pasado todo esto con Audrey, estábamos en un nuevo funeral, de nuevo estábamos pasando por lo mismo. Fue un tiempo extremadamente difícil.

Nancy: Y terriblemente triste, mucho dolor, muchas lágrimas, pero en tu libro, Yo te sostendré, tú hablas del tipo de tristeza que te permite ser afligida, pero con la expectativa de la redención.” Y ¿a qué te referías cuando decías esto?

Angie: Si yo pensara que este es el final, si yo pensara que esto es todo para nosotros, sería una historia muy diferente y mucho más difícil para mí. En nuestra tristeza, creo, como creyentes hay un espacio para la esperanza, para el reconocimiento de que esta vida no es nuestra vida eterna. En nuestra vida eterna, nosotros estaremos con nuestro Padre celestial, y estaremos con los hijos que hemos perdido. Así que en ese vacío que usualmente sería un hoyo sin fin de dolor sin alivio, nosotros como creyentes tenemos la esperanza de una eternidad con Jesús.

(Canción) Alma mía, estad quieta: Aún las olas y los vientos conocen, ellos todavía conocen Su voz quien los gobernó mientras Él moraba entre ellos. Alma mía, estad quieta.

Nancy: Ella es Nicole Smith y el grupo Selah cantando uno de mis himnos favoritos. Esta canción tiene un gran significado para Angie Smith. Su esposo Todd es el fundador de este grupo musical y su cuñada Nicole, cantó esa canción en el funeral de su bebe recién nacida, Audrey.

Todos sabemos que el dolor es inevitable en este mundo caído. Para algunos ese dolor se debe a la pérdida de un hijo, como experimentó Angie, o quizás a la perdida de alguien cercano. Otros experimentan diferentes tipos de decepción y de dolor. No hay mejor forma de experimentar sanidad y ayuda en esos momentos, que el sumergirse en la presencia del Señor y enfocarse en Él, en Su verdad, en Su corazón y en Sus caminos.

Y es por eso que en Aviva Nuestros Corazones nos enfocamos en estudiar y en enseñar la Palabra de Dios. Es la Palabra de Dios la que nos sostiene a través de las tormentas de la vida.

Annamarie Sauter: Dios es soberano en la vida y en la muerte. Sus planes y propósitos son perfectos, aunque no los entendamos de este lado de la eternidad.

Antes de terminar el programa de hoy queremos compartir con ustedes el testimonio de Rosalía, con el deseo de traer esperanza a aquellas que están en situaciones similares:

Quiero proclamar las alabanzas de nuestro Dios, su poder y las maravillas que ha hecho en medio de mi familia durante estos últimos años. Era el año 2009 y Dios me había concedido 8 años de matrimonio con Daniel. Y nos había dado 2 hijos, Patricia y Daniel. Yo tenía 15 semanas de embarazo, fue con gran emoción y expectativa que nos dirigimos a realizar la sonografía para saber el sexo del bebe. Pero los planes de Dios no eran los nuestros, lo que creíamos que iba a ser una visita informativa de rutina resulto cambiarnos la vida por los próximos 3 años. Luego de informarnos con mucha alegría que era varón, el doctor se percató de un problema en el sistema urinario del niño. Se nos aconsejó buscar dirección médica en los Estados Unidos.

El primer médico que consultamos pregunto si estábamos dispuestos a abortar el bebe, ya que el bebe tenía muy mal pronóstico. Nos preguntó si nosotros sabíamos la situación tan difícil que adoptábamos si continuaba con el embarazo, una situación de mucha tensión durante muchos meses. Decidimos buscar otro médico.

Recuerdo leer una carta, durante mi primer viaje escrita por una amiga en la cual ella me citó el texto de 1era de Samuel en el versículo 20 y decidimos el nombre del bebé, dice: “Le puso por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí a Jehová”.

Consultamos una segunda opinión, y luego de una sonografía la doctora se sentó muy fríamente a decirnos todo lo que predecían, cada uno de sus enunciados seguido por la frase “y no va a vivir” o “no tiene posibilidad de vida”. Era la segunda vez que se nos recomendaba terminar con el problema. Dios nos dio la gracia para dar testimonio de que para nosotros eso no era una opción. Éramos cristianos y creíamos firmemente en que Dios da y quita la vida. Recuerdo a mi papá preguntándole si había algo bueno o positivo que nos podría decir. Ella se limitó a informarnos que en el mejor de los casos el líquido amniótico se iba a secar e iba ser intervenida de emergencia durante el embarazo para colocarle al bebe un drenaje, su molestia era obvio, la recuerdo advertirme con insistencia sobre el problema en que me estaba metiendo, y que el niño tendría pocas probabilidades de vida si sobrevivía el embarazo.

Mi corazón y el de Daniel estaban angustiados frente a las noticias y se nos hacía muy difícil tomar decisiones en cuanto a las pruebas que se nos aconsejaban realizar. Una y otra vez mi mamá me abrazaba y mi papá nos animaba a no realizar las pruebas. Creemos en un Dios muy grande. Gran parte de la misericordia de Dios hacia nosotros las recibimos a través de muchas de las mujeres a nuestro alrededor.

Muchos oraron por nosotros y en el momento de más turbación, el Señor permitió que recibiéramos una llamada de la secretaria de la doctora, “no tienes que hacerte la amniocentesis, te conseguí una cita para ver a un doctor pediatra especialista en el síndrome del bebe, para mañana luego de que realicen varias pruebas”. Y vimos la misericordia de Dios para con nosotros en que “esta pobre clamo, y la oyó El Señor, y la libro de todas sus angustias” (Salmo 34:6).

Dios respondió nuestra pregunta sobre las pruebas a través de esa llamada. Mi suegra junto con sus amigas de la iglesia oraban sin cesar por nosotros, hacían incansables cadenas de oración cada vez que teníamos citas o procedimientos y siempre tenían palabras de ánimo para conmigo. Fueron muchas las veces que ella y algunas jóvenes de la iglesia se mudaron a nuestra casa para quedarse con los niños durante nuestros frecuentes viajes de chequeo. Y así Dios nos llevó de 15 días en 15 días fortaleciendo nuestros músculos espirituales, trabajando con cada una de nuestras vidas, en nuestra dependencia de Él, nuestra fe, nuestra paciencia, nuestro dominio propio y en nuestros temores y ansiedades.

Y así fue como el domingo 15 de marzo nació Samuel Elías y Dios nos concedió conocer a aquel por el cual teníamos meses orando. Fue llevado tan pronto nació, a la unidad de cuidados intensivos, donde duro 2 días llenos de pruebas y análisis. Y para testimonio de la gloria de Dios, aquella que predijo que el niño no viviría, supervisó mi parto, viendo que Dios es quien tiene la última palabra. Recuerdo ir al doctor que me hacia las sonografías en el país antes de partir para Estados Unidos, y oírlo decir lo confundido que estaba, y como el mal que se veía venir en el niño había sido frenado. La anomalía persistió todo el tiempo del embarazo pero el líquido amniótico nunca se secó. Sabemos que fue frenado por la mano de Dios.

La secuela en el cuerpo de Sammy fue un reflujo severo en los riñones, por lo cual debió tomar antibióticos durante dos años para prevenir una infección y le esperaba cirugía correctiva a los 6 meses y a los 2 años. Así que nos quedaba esperar. En su chequeo de 6 meses, Samuel recibió una cirugía, a la vez que se nos informaba que nuestra hija mayor de 6 años, tenía una abertura en el corazón, que había que cerrar por medio de cateterismo ya que su corazón se estaba agrandando. Muchas de las hermanas, se involucraron en cadenas de oración y otras tuvieron detalles que valoramos grandemente, a la vez que se preocupaban como estaban los niños. Dios tuvo a bien, sacar con bien a Paty de la cirugía.

“Esto traigo a mi corazón, y por eso tengo esperanza: Que las misericordias de Dios jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; nuevas son cada mañana; ¡grande es su fidelidad!...Porque no rechaza para siempre, antes bien, si aflige, también se compadece por su gran misericordia…Invoqué el nombre del Señor, desde la fosa más profunda… Te acercaste a mí en el día que te invoque, dijiste: No temas” (Lamentaciones 3:21-23, 31,32, 55, 57).

Luego de varios chequeos más, Samuel cumplió 2 años, y regresamos a Boston porque había llegado el tiempo de la cirugía del riñón. Y luego de realizar todas las pruebas, cuando el doctor entro al consultorio, nos dio la noticia de que el problema había desaparecido por completo. Dios respondió nuestras oraciones más abundantemente de lo que pedimos o entendemos.

Fueron incontables las veces que fuimos como aquel paralitico a quienes sus amigos llevaron delante del Señor, como las mujeres de mi iglesia y de otras congregaciones realizaron esa misma labor por nosotros. Dios nos permitió aprender mucho acerca de Su amor incondicional y de Su soberanía. Mi corazón fue grandemente amonestado en el que el hombre cree que conoce el camino, pero Jehová determina sus pasos. Terminar con el problema no fue una opción para nosotros, porque en Su gracia, nosotros teníamos puestos los ojos en Dios y conocemos acerca de Su soberanía y de Su poder, a la vez que recibíamos el apoyo del pueblo de Dios.

Un embarazo con dificultades y la perspectiva de un niño con necesidades especiales no era un problema, era la voluntad de Dios para nuestras vidas.

“Señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí orando al Señor. Por este niño oraba, y El Señor me dio lo que le pedí. Yo pues lo dedico al Señor; todos los días que viva será del Señor” (1 Samuel 1:26-28). “Puse en el Señor mi esperanza; y Él se inclinó a mí y escuchó mi clamor… Puso en mis labios cantico nuevo, un himno de alabanza a nuestro Dios…Al ver esto muchos pusieron su confianza en el Señor” (Salmo 40:1, 3).

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

 

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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