Débora: Si eres cristiana, Dios está obrando en ti para conformarte a la imagen de Su Hijo. Con nosotras, Randy Alcorn.
Randy Alcorn: El fruto del Espíritu se muestra en que deseamos ser como Jesús. ¿Y qué es más fundamental para ese fruto del Espíritu que ser una persona generosa al dar?
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Escoge agradecer», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 14 de septiembre de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: ¡Qué alegría poder darle la bienvenida nuevamente a Aviva Nuestros Corazones, después de varios años, a un viejo amigo! Alguien que ha tenido un enorme impacto en el mundo cristiano y cuyos escritos y enseñanzas también han tenido un gran impacto en mi vida. Hoy nos acompaña Randy Alcorn, un querido amigo de Aviva Nuestros Corazones.
Randy, muchas gracias por …
Débora: Si eres cristiana, Dios está obrando en ti para conformarte a la imagen de Su Hijo. Con nosotras, Randy Alcorn.
Randy Alcorn: El fruto del Espíritu se muestra en que deseamos ser como Jesús. ¿Y qué es más fundamental para ese fruto del Espíritu que ser una persona generosa al dar?
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Escoge agradecer», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 14 de septiembre de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: ¡Qué alegría poder darle la bienvenida nuevamente a Aviva Nuestros Corazones, después de varios años, a un viejo amigo! Alguien que ha tenido un enorme impacto en el mundo cristiano y cuyos escritos y enseñanzas también han tenido un gran impacto en mi vida. Hoy nos acompaña Randy Alcorn, un querido amigo de Aviva Nuestros Corazones.
Randy, muchas gracias por acompañarnos hoy aquí en Aviva Nuestros Corazones.
Randy: Gracias, Nancy. Siempre es un gozo conversar contigo y estar aquí.
Nancy: Randy, sé que muchas de nuestras oyentes han leído tus libros. Has escrito muchos. Y como autora, sé cuánta sangre, sudor y lágrimas, y también cuánta pasión, corazón y esfuerzo, se invierten en esos libros. Algunas lectoras quizá estén familiarizadas con algunos de ellos. Tengo que decir que uno de mis favoritos es «A salvo en casa». Creo que está agotada la edición.
Has escrito sobre muchos temas, incluyendo el movimiento provida. Pero cuando pienso en tus libros, hay dos temas que vienen especialmente a mi mente: el cielo, sobre el cual has escrito varios libros, y también todo el tema de la mayordomía y el dar, el ofrendar. Ese es un mensaje que ha marcado tu vida.
Y nos estaremos enfocando en ese tema durante los próximos días. Así que gracias, gracias por tu corazón y sé que has retado y animado a muchos creyentes.
De hecho, tengo aquí en mis manos un ejemplar de este pequeño libro titulado: «El principio del Tesoro: Descubra el secreto del dador alegre». Este es sin duda uno de mis libros favoritos y uno de los más valiosos en toda mi biblioteca… y tengo una biblioteca grande. Este libro vale su peso en oro. A lo largo de los años hemos regalado, vendido y promocionado miles de ejemplares de este libro. Yo misma he regalado muchos.
Es tan poderoso porque conecta con un tema que corre como un hermoso hilo a lo largo de todas las Escrituras, desde el principio hasta el final. Realmente has resumido el secreto de dar con alegría en este libro.
Bueno, hoy vamos a profundizar en una parte de este mensaje, pero antes, Randy, quiero decirte: muchas gracias por vivir y escribir acerca de algo que está tan cerca del corazón de Dios. Estamos muy agradecidas de que estés aquí para conversar con nosotras sobre todo en este tema de la generosidad bíblica y cristiana.
Randy: Bueno, Nancy, como sabes, dar es un tema maravilloso. Y sé que en tu vida eso ha sido algo muy importante, así que gracias por tu ejemplo en esa área, y gracias por la forma en que has invertido tu vida en la eternidad. Amo lo que haces, y amo quién eres.
Nancy: Muchas gracias, Randy.
Bueno, comencemos directamente con el Principio del Tesoro. Todo este tema abarca el dar (el ofrendar) y administrar. Y hoy, vamos a introducir el concepto y lo estaremos ampliando en los próximos días.
Al escuchar las noticias actuales, hay muchos temores en torno a la economía, al mercado de valores, personas viendo cómo disminuyen sus fondos de jubilación. Todos estamos conscientes de la inflación. Incluso hace unos años se habló mucho de una posible recesión. Y creo que, en tiempos como estos, nuestra reacción natural no es pensar en dar más, sino en aferrarnos a lo que tenemos.
Entonces, ¿por qué es importante que tú, o este libro, o la Palabra de Dios, hablen a nuestras vidas acerca de la generosidad, del dar, justo cuando lo que tenemos parece estar reduciéndose? ¿Por qué hablar de dar en un tiempo como este?
Randy: En realidad, es un momento excelente para hablar de dar, porque lo que necesitamos es la gracia de Dios, y necesitamos el gozo de Dios, la felicidad que viene de Él en nuestras vidas. Dar es clave para ambas cosas. Dios ha extendido Su gracia hacia nosotros, y la gracia de Dios es Su dar hacia nosotros. Cuando respondemos a Su gracia con nuestra generosidad, es como si Su gracia fuera el relámpago y nuestro dar de vuelta a Él fuera el trueno. El trueno sigue al relámpago. Cuando la gracia de Dios está en nuestras vidas, se manifestará en generosidad.
Creo que eso nos da la oportunidad de decir: «Si no estamos experimentando el gozo de dar, entonces realmente nos estamos perdiendo una expresión de la gracia de Dios».
Hay una frase de Jesús que no aparece en los Evangelios, pero sí en el libro de Hechos. Está en Hechos 20:35, donde Él dice: «Más bienaventurado es dar que recibir».
La palabra que se traduce «bienaventurado» es la palabra griega makarios, que significa «algo que produce felicidad». Una forma más literal de lo que Jesús dijo en ese poderoso versículo, que no aparece en los Evangelios, sino en el libro de Hechos, sería: «Produce más felicidad dar que recibir».
Así que, cuando entramos en la gracia de Dios, cuando experimentamos Su gracia al dar a otros, y encontramos gozo en ese proceso, entonces honramos a Dios. Amamos a Dios con todo nuestro corazón y amamos a las personas con todo nuestro corazón. Ellas son bendecidas, y nosotros también somos bendecidos al experimentar ese gozo. Y creo que eso es algo que el mundo necesita ver en los cristianos: que somos un pueblo lleno de gozo porque amamos y servimos a un Dios lleno de gozo.
Nancy: Sin duda, lo que estás diciendo está entretejido a lo largo de las Escrituras. Pero, en cierto sentido, va en contra de nuestros instintos naturales y también del mensaje del mundo, que dice: «Consigue todo lo que puedas y aférrate a ello con toda tu fuerza». Naturalmente, tendemos a pensar: «Si me desprendo de algo que es valioso para mí, entonces voy a ser menos feliz».
Randy: Exactamente.
Nancy: «Y si obtengo algo que he estado deseando, entonces seré más feliz». Pero el camino de Dios invierte completamente esa lógica.
Randy: Así es. Desde una perspectiva meramente humana, no parece tener sentido. Pero Dios dice que debemos «renovar nuestra mente». Y lo hacemos al acudir a Su Palabra. Entonces nos damos cuenta de que vivimos en un mundo que está al revés.
Así que, cuando damos, cuando seguimos al Señor y hacemos lo que Él nos manda, en realidad estamos poniendo las cosas en el orden correcto. Así es como debe ser. Así era en el Edén. Y así será en la nueva tierra, donde habrá una conformidad plena al carácter de Cristo.
Cristo fue el dador por excelencia. Él hizo el sacrificio supremo. Y nos vamos pareciendo a Él cuando experimentamos el gozo de dar.
De modo que, aunque parezca contraintuitivo, lo es para nuestra vieja naturaleza. Pero es completamente natural para la nueva naturaleza que tenemos en Cristo.
Necesitamos apropiarnos de esa realidad: dejar a un lado la vieja naturaleza y vestirnos de la nueva. Y cuando entramos en esa dinámica, experimentamos la gracia de Dios de maneras profundamente transformadoras y atractivas. De hecho, las personas son atraídas al evangelio cuando ven al pueblo de Dios dar con gozo.
Nancy: Randy, hay algo que me resulta interesante. Mientras hablas, recuerdo a un amigo de mi papá que no era creyente. Esto fue hace muchos años, porque mi papá ya está con el Señor desde hace más de cuarenta años. Este hombre era un empresario muy adinerado y pertenecía a una fe totalmente diferente. No conocía a Cristo, pero conocía a mi papá. Admiraba ciertas cualidades, esa plenitud y esa alegría que veía en la vida de mi papá. Él no conocía la palabra «bendición». Probablemente no habría podido definirla. Pero la veía en mi papá.
Recuerdo que una vez le dijo: «Yo estaría dispuesto a escribir un cheque por un millón de dólares si pudiera tener lo que tú tienes». Y ciertamente ese hombre tenía la economía para escribir ese cheque.
Y podemos pensar: «Si tuviera ese cheque de un millón de dólares, entonces estaría en ese lugar de bendición y felicidad». Pero este hombre se dio cuenta de que tener todas esas cosas no le daba lo que realmente satisfaría su alma.
Él vio que la verdadera bendición no estaba en las cosas. No estaba en poseer más. Había algo más, algo sobrenatural. Algo que viene del evangelio. Viene de Cristo. Es lo que nos da un bienestar eterno, y no solo la capacidad temporal de escribir cheques.
Randy: Así es. He tenido la oportunidad de conocer a muchas personas ricas, personas famosas, atletas profesionales. Y he encontrado exactamente lo que tú estás describiendo en sus vidas. Cada persona adinerada que he conocido ha tenido experiencias similares: piensan que cuando obtengan ese dinero, eso resolverá sus problemas y traerá gran gozo a sus vidas. Pero eso no es lo que sucede.
Tienen todo lo que otros desean, pero no tienen paz interior ni verdadera felicidad aparte de la fe en Cristo.
Cuando algunas de esas personas llegan a la fe en Cristo, todavía experimentan mucho vacío. No se dan cuenta de que están protegiéndose detrás de su riqueza. Su dinero se ha convertido en el objeto de su fe y de su confianza. Pero a medida que comienzan a dar más y más, y a invertir en el reino de Dios, descubren un gozo en aquello en lo que están invirtiendo.
A veces parece que dar es simplemente desprenderse de algo, como si solo estuviéramos perdiendo algo para quedarnos sin nada. Pero no es así. En realidad, es una inversión.
Aquello en lo que invertimos vuelve a nuestras vidas con un gozo enorme cuando vemos, por ejemplo, a niños que antes tenían hambre y ahora están siendo alimentados, cuando sus vidas están siendo transformadas. Un día nos sentaremos a la mesa con ellos en el reino de Dios, y dirán: «Gracias por dar. Gracias por ayudarme. Gracias por ayudarme a escuchar el evangelio para que hoy yo pueda estar aquí en el cielo con mi Señor Jesús y con ustedes».
En ese día no tendremos ningún arrepentimiento. Nunca diremos: «Ojalá no hubiera dado tanto». Más bien, creo que desearíamos haber dado aún más.
Nancy: Creo que eso convierte a la generosidad en uno de nuestros grandes medios para compartir el evangelio, porque, una vez más, va en contra de la lógica natural. Las personas que tienen riquezas han trabajado duro para obtenerlas, por lo general. Les ha costado esfuerzo. Quieren conservarlas. Saben lo rápido que pueden perderse; como dice Proverbios, «la riqueza ciertamente se hace alas como águila que vuela hacia los cielos». No quieren perderlas. Por eso, en muchos casos, se aferran a ellas con fuerza.
Así que cuando ven a los cristianos, ya sea que tengan mucho o poco según los estándares del mundo, vivir con manos abiertas y no con los puños cerrados, cuando nos ven siendo generosos con nuestro tiempo, con nuestros recursos y con lo que tenemos, eso apunta a un Dios generoso que amó tanto al mundo que, ¿qué hizo?, dio. Él dio.
Randy: ¡Sí, así es!
Nancy: Así que pienso que es una manera de expresar al mundo la increíble generosidad de Dios, quien derramó y prodigó Su gracia y Su misericordia sobre personas que no lo merecían y que no podían hacer nada por Él. Porque Él es un Dios amoroso y generoso, y esto le abre la puerta al evangelio.
Randy: Sí, eso es muy cierto. Es maravilloso ver a Dios obrando en la vida de Sus hijos que han descubierto el gozo de dar, que están viviendo la gracia de Jesús.
También es interesante ver a personas que no creen en Cristo experimentar el gozo de dar. Sus vidas, hasta cierto punto, han sido transformadas, y para bien, aunque aún no hayan llegado a la fe en Cristo, que es lo más importante: ir al cielo y disfrutar de Él por toda la eternidad.
Dios ha establecido ciertos principios en Su Palabra. Cuando seguimos esos principios, incluso antes de venir a la fe en Cristo, podemos experimentar algunos aspectos de la bendición de Dios. Es algo parecido a lo que llamamos la gracia común, en contraste con la gracia especial que recibimos cuando llegamos a la fe en Cristo.
Recuerdo haber visto por primera vez a Bill Gates y a Warren Buffett juntos en un programa de televisión americano hace años. Warren Buffett miró a la cámara y dijo: «Me preguntaba por qué tenía todos estos miles de millones de dólares, y finalmente descubrí por qué: para poder darlos a causas en las que creo». Pero luego Bill Gates se comportó casi como un niño al hablar del privilegio y el gozo de dar.
Ahora, por supuesto, sin Cristo, ellos dan a algunas cosas a las que yo no daría, aunque también apoyan otras que son muy buenas.
Pero mi punto es este: cuando personas que no creen en Cristo están descubriendo este principio de dar, resulta muy triste ver a creyentes, personas que han conocido a Cristo durante muchos años, resistirse a la idea de dar más. Incluso la noción de la ofrenda les resulta difícil de comprender, ¡cuánto más una generosidad verdadera que vaya más allá!
Conozco a muchas personas, algunas con ingresos de clase media, que entregan el 50 % de todo lo que Dios les ha confiado. Y hay personas con más recursos que dan el 80 % o el 90 % e incluso más. Y el gozo que experimentan es increíble, porque Dios las ha llamado a vivir de esa manera. Tienen el don de dar y reconocen que Dios les ha confiado esos recursos para invertir abundantemente en Su reino.
Nancy: ¡Me encanta eso!
Randy: Simplemente, no puedes imaginar el nivel de gozo si no has hablado con personas así o si no has tenido experiencias similares de generosidad en tu propia vida.
Nancy: Ahora, es fácil pensar que el desafío del que estamos hablando aquí… Hemos mencionado a personas que tienen muchos recursos en este mundo y que son generosas. Y uno podría decir: «Claro, quienes tienen mucho dinero deberían ser generosos». Pero este mensaje no es solo para quienes son ricos según los estándares del mundo.
Randy: Así es.
Nancy: Estoy pensando en 2 Corintios, los capítulos 8 y 9. Tal vez sea uno de los pasajes más asombrosos, poderosos e inspiradores de todas las Escrituras sobre la gracia de dar y el llamado a la generosidad. Pero ahí el apóstol Pablo está hablando de algunos creyentes que eran extremadamente pobres. Vivían en profunda pobreza. No tenían nada según los estándares del mundo. Y, aun así, él los elogió por su generosidad y por su deseo de dar según sus posibilidades, e incluso más allá de ellas.
Así que, cuando hablamos de generosidad, no estamos diciendo simplemente… A veces es fácil sentarnos en nuestra iglesia o pensar en un ministerio que tiene necesidades y decir: «Bueno, esa persona está en la junta; seguro que ella dará para suplir esas necesidades». O pensar: «Esas personas en nuestra iglesia tienen mucho. Él tiene un negocio próspero. Seguramente puede dar bastante».
Randy: Correcto.
Nancy: Tal vez incluso pensemos que quienes no tenemos todos esos recursos estamos exentas. Pero este es un mensaje, y una manera de pensar, un ADN, por decirlo así, al que el Señor está llamando a cada creyente, incluso si pensamos que no tenemos mucho o nada que ofrecer.
Randy: Exactamente. Muchos de quienes hemos tenido la experiencia de viajar a países pobres hemos visto a personas que usan el salario de toda una semana para preparar comidas para los extranjeros que los visitan. Eso puede hacernos sentir culpables, pero a ellos les produce un gran gozo poder dar.
Recuerdo cuando mi libro, El Principio del Tesoro, fue traducido al español cubano. En Cuba se habla una variante particular del español, así que se preparó especialmente para ese contexto. Y alguien me preguntó: «Un momento, ¿por qué traducir El Principio del Tesoro al idioma de este país tan pobre? ¿No es más bien un libro para Estados Unidos, Europa, Corea del Sur o algún país próspero? Seguramente no es para países pobres».
Bueno, mi respuesta fue: «Es para todos los países. Y claro, los ejemplos serán diferentes». Los mayores ejemplos de generosidad en la Escritura son, por un lado, la viuda pobre, como individuo, y por otro, los creyentes macedonios en 2 Corintios 8, donde dice que en su «extrema pobreza» abundaron en rica generosidad. Muchas veces las personas pobres están mucho más conectadas con el gozo de dar que las personas más ricas.
Es la gracia de Dios, el dar de Dios, lo que transforma de manera tan profunda. Y quienes son tocados por ese mensaje experimentan un gozo que, tristemente, para muchos cristianos promedio en Estados Unidos resulta casi imposible de imaginar.
Ahora, muchas personas han aprendido el gozo de dar, pero muchas otras aún no lo han descubierto. Y pienso: «Se están perdiendo algo». No se trata solo del bien que puede hacerse con el dinero que se da, aunque eso es muy significativo en la vida de otras personas. También se trata de lo que te estás perdiendo porque aún no has aprendido a dar, y a dar con gozo y con gracia.
Nancy: ¿Y no sería un gran objetivo en nuestra manera de dar acercarnos, aunque sea un poco, a reflejar la generosidad de Dios? Por supuesto, nunca podremos igualarla.
Pero creo que debemos preguntarnos: si nuestro dar, nuestro tiempo, nuestros recursos, nuestro dinero, fuera una medida de cuánto hemos sido bendecidas por Dios, de cuánta gracia de Dios ha llegado a nuestra vida, ¿qué mostraría? ¿Reflejaría mi generosidad que Dios es un Dios generoso, que yo he recibido gracia abundante? ¿O diría que he recibido con mezquindad y he dado con mezquindad? ¿O que simplemente he hecho lo mínimo?
En 2 Corintios 8 y 9 vemos expresiones extraordinarias. Allí se habla de abundancia de gozo y de extrema pobreza que desbordaron en una riqueza de generosidad por parte de ellos. Y todo eso fue resultado de la gracia de Dios.
Uno podría preguntarse: «¿Cómo pueden ir juntas la extrema pobreza y la abundancia de gozo?».
Bueno, es la gracia y la generosidad lo que las une. Aquellas personas no tenían prácticamente nada, quizás ni dos monedas para juntar; tenían recursos muy limitados. Y, sin embargo, había un gozo desbordante, una pobreza profunda y una generosidad que también desbordaba, reflejando al mundo la gracia abundante de Dios.
Es una maravilla y una manera en que podemos reflejar a nuestro mundo cuán generoso y lleno de gracia es nuestro Dios.
Randy: ¡Así es! Ese gran pasaje en 2 Corintios 8 y 9 habla de personas cuya generosidad brotó incluso en medio de su pobreza. Y luego dice: «Completen ahora también esta obra de gracia» (2 Cor. 8:6, parafraseado); está hablando de la gracia de dar. Antes de eso dice que aquellos macedonios pobres: «…dieron de su propia voluntad, suplicándonos con muchos ruegos el privilegio de participar en el sostenimiento de los santos» (ver 2 Corintios 8:4).
Es como si dijeran: «¡Por favor, déjennos participar!». Imagínate, nosotros probablemente les diríamos: «¡Esperen! ¡Ustedes son aún más pobres que las personas a quienes quieren ayudar!». Pero ellos insistían. No querían perderse el privilegio de dar.
Creo que esta idea de abundar en la gracia de dar, y todo lo que se dice en ese pasaje, es tan importante. Porque inmediatamente después, en el capítulo 8, versículo 9, en medio de este gran pasaje sobre la generosidad, dice:
«Porque conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo, por amor a ustedes se hizo pobre, para que por medio de Su pobreza ustedes llegaran a ser ricos».
Aquí vemos la conexión esencial entre dar y el evangelio mismo. Y, por supuesto, en el capítulo 9 se nos recuerda que «Dios ama al que da con alegría» (v. 7). No solo a quien da por obediencia, sino a quien da con gozo.
El fruto del Espíritu se muestra en que deseamos ser como Jesús. ¿Y qué podría ser más fundamental para ese fruto que ser un dador generoso? Si tratáramos de resumir la esencia de la persona y la obra de Jesucristo, sería imposible separarla del dar.
Nancy: En realidad, nunca nos parecemos más a Jesús que cuando somos generosas.
Randy: ¡Amén!
Nancy: Ahora, podríamos decir lo mismo acerca de la humildad, del servicio y de muchas otras cosas. Pero nunca nos parecemos más a Jesús que cuando damos. Y nunca nos parecemos menos a Jesús que cuando nos aferramos con fuerza a aquello que pensamos que nos pertenece, cuando en realidad no nos pertenece en absoluto. Nos ha sido confiado por Dios, quien nos ha hecho sus mayordomas. Esa es realmente una parte esencial de El Principio del Tesoro: nada nos pertenece. Todo le pertenece a Dios.
Randy: Las Escrituras hablan mucho acerca de que Dios es dueño de todo.
El Salmo 24:1 dice: «Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y los que en él habitan».
Y Hageo 2:8 dice: «“Mía es la plata y Mío es el oro”, declara el Señor de los ejércitos».
En Deuteronomio 8:18 dice: «Pero acuérdate del Señor tu Dios, porque Él es el que te da poder para hacer riquezas, a fin de confirmar Su pacto, el cual juró a tus padres como en este día».
Y 1 Corintios 6:19-20 dice: «…ustedes no se pertenecen a sí mismos. Porque han sido comprados por un precio».
Es decir, ni siquiera nos pertenecemos a nosotros mismos. Todo lo que somos y todo lo que tenemos le pertenece a Dios. Y las implicaciones de esto son enormes, porque si todo le pertenece a Él, ¿no crees que deberíamos preguntarle qué quiere que hagamos con ello?
Nancy: ¡Así es!
Randy: A veces uso una ilustración con una compañía repartidora de paquetes. Es la siguiente: «¿Qué pasaría si me enterara de que el repartidor de paquetes que viene a mi casa a entregarme cosas, y que también recoge paquetes para llevarlos a mi editor u otras personas, se estuviera llevando a su casa todo lo que yo le entrego para enviar?».
Imagina que cuando lo confrontara sobre eso, me dijera: «Un momento. Si usted no quería que yo me quedara con esas cosas, no debería habérmelas dado en primer lugar».
A lo que yo respondería: «¡Espera! Tu trabajo no es quedarte con eso. Tu trabajo es llevarlo a las personas a quienes está destinado. ¡Eres el repartidor de la compañía! ¡Deberías saberlo! ¿Verdad?».
Bueno, ¿acaso no somos nosotros algo así como los repartidores de Dios? Claro, algunas de las cosas que Él nos confía, parte del dinero, son para cubrir las necesidades de nuestras familias, nuestros hogares y todo lo necesario. Pero también nos da más de lo que necesitamos, y ese excedente tiene un propósito: llegar a lugares y personas que realmente lo necesitan.
Nosotros somos, por así decirlo, administradores de Su dinero, gestores de Sus recursos. Más allá de lo necesario para cuidar de nuestras familias y cubrir nuestras necesidades básicas, Dios también nos confía mucho que Él quiere que llegue a otros.
Si perdemos de vista esto, terminamos pensando: «Esto es mío. Me pertenece».
Pero no es así. Nos ha sido confiado. Somos administradores, no dueños. Él es el Dueño de todo.
Nancy: ¡Me encanta eso!
Randy: Eso es lo que significa ser un mayordomo: ser administrador del dinero de Dios.
Imagínate que una persona muy rica revisa sus cuentas y de repente descubre que ha desaparecido una gran cantidad de dinero. Entonces llama a su administrador para que rinda cuentas y le pregunta: «¿Dónde fue a parar todo mi dinero?».
¿Qué pensarías si ese administrador respondiera: «Bueno, lo gasté en esto… lo gasté en aquello»?
«¡Pero ese no es tu dinero! ¡Eso es robar! Tu responsabilidad es hacer con ese dinero lo que yo te he indicado».
Así que, si realmente es el dinero de Dios, ¿no crees que lo primero que deberíamos preguntarle es: «Dios, ¿qué quieres que haga con lo que te pertenece?»?
Nancy: Amén.
Y por eso, Randy, deseo que todas las que nos están escuchando hoy crezcan en esta gracia de dar. Yo también quiero crecer en esa gracia de dar. Y quiero animar a cada una de nuestras oyentes a conseguir una copia de El Principio del Tesoro. Definitivamente, te ayudará a descubrir el secreto de dar con alegría.
Ahora, apenas hemos comenzado a tocar la superficie al introducir el concepto de El Principio del Tesoro.
Mañana vamos a conversar con Randy acerca de cómo saber a dónde dar y qué preguntas hacer antes de apoyar a cualquier ministerio, ya sea Aviva Nuestros Corazones o cualquier otro ministerio por el que tengas una carga en tu corazón.
Así que asegúrate de acompañarnos mañana mientras continuamos esta conversación con Randy Alcorn aquí, en Aviva Nuestros Corazones.
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Entre nuestros conferencistas estarán Sugel Michelén, Wendy Bello, Dannah Gresh y Mary Kassian. Y durante los tiempos de alabanza nos acompañarán Jonathan y Sarah Jerez.
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Llamándote a experimentar libertad, plenitud y abundancia en Cristo al ser una administradora responsable del dinero de Dios, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
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