Aviva Nuestros Corazones Podcast

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Carmen Espaillat: Con ustedes, Holly Elliff.

Holly Elliff: Tengo que ser una mujer que acude al Señor. Este tiempo con Dios es crítico ya que tengo que sacar el tiempo para encontrarme con Él y decirle, “Dios, muéstrame lo que es importante para el día de hoy”. Muéstrame lo que tiene que pasar para que podamos vivir en paz; dirígeme a lo largo del día”.

Si vas al Nuevo Testamento —y le prestas atención a la vida de Cristo— verás que siempre está ajustando su agenda durante del día. En algunas ocasiones, la agenda de Cristo cambió; Dios puso personas en Su camino o se sintió obligado a dar media vuelta y regresar a la multitud.

Algunas de ustedes, al igual que yo, tienen una multitud en sus casas. Es posible que Dios cambie las cosas y que terminen haciendo lo que no tenían intención de hacer para ese día en particular.

Es crítico para nosotras, las mujeres, ser lo suficientemente flexibles para escuchar al Señor y hacer lo que Él dice, teniendo en cuenta que las personas en nuestras casas son más importantes que las cosas que tenemos en ellas.

Un autor ha dicho, “Criar es como cavar una zanja”. Como madres, no podemos hacer nada para persuadir o convencer a nuestros hijos de que amen a Dios. Podemos cavar las zanjas, pero no llenarlas.

“Podemos enseñarle a nuestros hijos acerca de Dios, orar por ellos, serles de ejemplo con nuestras vidas y exponerlos ante aquellos que aman y sirven a Dios, pero solo Dios puede darles una vida espiritual”.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Desde hace semanas, Nancy nos ha estado ayudando a encontrar tesoros en Tito 2:1-5. Está repleto de consejos sabios y prácticos para las mujeres.

Hoy, estamos repasando algunos puntos y aprendiendo cómo aplicarlos todos los días. Con nosotras, han estado escuchando dos esposas de pastores —Holly Elliff y Kim Wagner— quienes nos van a explicar cómo se ven estos principios en sus vidas. Continuamos ahora con Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: No deja de sorprenderme —y sé que ya lo he mencionado en esta serie— el hecho de que Dios escogiera siete características que se suponen sean parte del curriculum de mujeres jóvenes y que cuatro de ellas se relacionen con la familia. Las otras tres también contribuyen. A esto es a lo que Dios le da prioridad.

¿Y en qué estamos poniendo nuestras prioridades? En muchas otras cosas.

He tenido muchas mujeres que vienen o me escriben —esposas y madres jóvenes— y me dicen: “Dios me ha puesto en el corazón que escriba libros, que enseñe, que tenga un ministerio”. Entonces me quedo pensando y le digo, “¿Te das cuenta de lo que tienes?”

Les digo a las mujeres: “Lo que Dios me ha llamado a hacer palidece—ante lo que haces como esposa y madre—con la excepción de que Dios me ha llamado a hacerlo. Pero en términos de impacto, longevidad y multiplicación de generaciones para el Reino de Dios, al amar a tu esposo, al amar y criar a tus hijos, al entrenar a mujeres más jóvenes, estás contribuyendo al crecimiento y al avance del Reino de Dios”.

Eso es enorme.

Holly: Pienso que en muchas ocasiones queremos “un ministerio”, pero olvidamos que ya lo tenemos. Si Dios nos ha dado hijos, si Dios nos ha dado un esposo, ya tenemos la parte integral de un ministerio.

Ese tiene que ser mi ministerio número uno. Si puedo amar a mi esposo en concordancia con la Palabra de Dios, si puedo amar a mis hijos y hacerles ver al Señor como lo dice la Biblia, entonces creo que Dios convertirá en un ministerio por la diligencia con que he atendido esas áreas tan importantes a las que Dios me ha llamado.

Nancy: Holly, puedo distinguir —claramente— dos caminos en tu vida. Uno es que ahora que tienes más edad, pero todavía con hijos pequeños—mujeres jóvenes acuden a ti queriendo que les enseñes y las entrenes. Ellas han visto en ti un ejemplo a seguir.

Kim, eso pasa con las mujeres de tu iglesia también. Ahora bien, el otro camino es lo que Dios está haciendo a través de tus hijos.

Holly, tuve la oportunidad de conocer a tu familia —creo que tus ocho hijos estuvieron presentes en ese almuerzo— y pude ver cómo la madurez espiritual y el entusiasmo de estos niños están causando impacto y multiplicando tu ministerio y el de Bill.

Y pensar en tu primer nieto de un año y en los otros que han de venir —probablemente muchos— años después, cuando ya no estén en este mundo. Y eso, sabemos, es solamente por la gracia de Dios.

Holly: Exactamente.

Nancy: Y aún no se ha escrito el próximo capítulo de ninguno de ellos.

Holly: Cierto.

Nancy: Pero, por el momento, están caminando en el Señor y sirviéndole de corazón. Eso no fue algo que pasó “de un día para otro”.

Ahora bien, no todo el crédito es tuyo y de Bill.

Holly: Ningún crédito es nuestro.

Nancy: Pero ustedes han sido fieles. Y, cuando los padres han sido fieles, pueden estar seguros de que Dios los va a bendecir, los va a honrar y a multiplicar.

Por lo que no simplemente has estado amando a tus hijos y a tu esposo, sino que les has ministrado, impactado y alcanzado. Y esto es enorme.

Holly: Un autor dijo,

“La maternidad es como cavar una zanja. Como madres, no podemos hacer nada para persuadir o convencer a nuestros hijos de que amen a Dios. Podemos cavar las zanjas, pero no las podemos llenar. Podemos enseñarle a nuestros hijos acerca de Dios, orar por ellos, vivir la vida cristiana ante ellos y exponerlos ante otros que amen y sirvan a Dios, pero sólo Dios puede darles vida espiritual.

Dios no necesita nuestra ayuda, pero —en Su plan soberano— nos invita a que tomemos parte activamente y a que colaboremos con Él al tiempo que Él trabaja en sus vidas.”

Una vez escuché la historia de una niña que se asustaba de noche. La mamá le repetía una y otra vez, “Pero, mi amor, no tienes por qué tener miedo; Dios está aquí, contigo”.

Y ella respondía, “Sí, pero necesito a alguien conmigo que tenga piel”.

Pienso —muchas veces— que tenemos que estar dispuestas a estar llenas de Cristo para que nuestros hijos tengan una imagen “con piel”. Muchas, muchas veces es difícil.

Se necesita sacrificio. Se necesita diligencia. Se necesita el autocontrol del que hemos estado hablando.

No puede venir desde nuestro interior. Tiene que venir de Dios el vivir Su vida dentro y a través nuestro. La herramienta que Él usa, especialmente en mi vida, es la maternidad.

La maternidad se convierte en una de las herramientas que Dios usa para darme forma y moldearme; así como lo dijo un autor, “para que me cincele por la eternidad”. Por lo que si aceptamos que la maternidad es parte del proceso de Dios... entonces no es un obstáculo, sino que ese es el proceso de Dios en mi vida.

Nancy: Es santificarte, moldearte a la imagen de Cristo. De nuevo, eso lo obtenemos cuando abrazamos el rol que Dios ha dispuesto en nuestras vidas; porque hay un propósito en ello y es, a través de esto, que somos santificadas.

Es como cuando cumplo con mi responsabilidad al estudiar, escribir y enseñar; yo “cavo una zanja”—que a veces requiere un trabajo agotador. Es distinto a la maternidad, pero es mi maternidad espiritual hacia las mujeres.

Y si no le soy fiel en eso, entonces pierdo un poco en el grado de santificación que Dios quiere para mi propia vida.

Holly: Exacto. Hay veces que Nancy y yo nos hemos escrito correos electrónicos con tan solo unas horas de por medio. El mío escrito a las 3:30 de la madrugada

Nancy: No te has acostado aún.

Holly: Y el de Nancy escrito a las 5:00 de la madrugada. Al levantarse.

Nancy: No es que acostumbre a levantarme a las 5:00 de la madrugada

Holly: Nos reímos de eso porque, entre las dos, hemos cubierto casi un período de 24 horas. Por lo que nuestras vidas son muy distintas.

Nancy pasa más tiempo a los pies del Señor que yo. Si voy a tener un tiempo con Dios, va a ser en medio de mi vida.

Sé que les estoy hablando a madres que luchan por acordarse dónde pusieron sus Biblias. Seguro porque están debajo de una pila de cosas en sus casas. Tenemos que ser muy, pero muy intencionales para sacar tiempo y escuchar a Dios—aunque sea en medio de todo lo que esté ocurriendo en nuestras vidas.

Muchas veces es difícil. Toma mucho “enfoque intencional” para que eso suceda.

Kim Wagner: Pienso que ese es, probablemente, el aspecto más importante de la maternidad: que nuestros hijos vean y reconozcan lo importante que es la Palabra de Dios para sus madres, que ellas están orando por ellos.

Ellos lo reconocen. Lo ven. Es fundamental. Es esperanzador que sientan el deseo de ponerla como una prioridad en sus vidas.

Holly: Sé que algunas de ustedes puede que estén pensando “Ojalá y hubiese sido fiel en esto o aquello, pero no lo he sido”. Puede que estés lamentando el no haber estado dedicándole tiempo suficiente a tus hijos para que conozcan a Dios.

Hace muchos años atrás, un predicador llamado John Henry Jowett, predicó un sermón llamado “Remordimientos Innecesarios”, y dijo:

“Aunque hayas errado y te hubiese gustado volver atrás y haber tomado otro camino, ¿y qué? ¿Quién es nuestro Dios? ¿Cuál es Su nombre y Su carácter?

¿No puede Él deshacer lo hecho y —en su infinita gracia— rehacerlo de nuevo? Él, en Su gracia, puede reparar todo lo que esté dañado y lo mal hecho. Él puede restaurar la caña cascada. Él puede restaurar un corazón roto. Él puede lidiar con la promesa incumplida.

Y si puede hacer todo esto, ¿no puede, en Su infinito amor, corregir nuestros errores y enderezar lo torcido?”

Pienso que eso es lo que nos debe esperanzar porque ninguna de nosotras vamos a ser madres perfectas. Ninguna de nosotras vamos a amar a nuestros hijos correctamente. Ninguna de nosotras va a acudir a Dios con la consistencia y persistencia que deberíamos.

Pero Dios es un Dios redentor. Él puede “destejer y retejer el tejido”.

Kim: ¡Wao! Eso es esperanzador, Holly.

Nancy: Quizás solamente necesitas decir, “Señor, hay cosas torcidas en mi vida, situaciones en las que he fallado”. En la medida en la que Dios te lo va mostrando, no está tratando de que vivas en condenación; lo que Él quiere es liberarte de todo aquello.

Pero el punto de partida para eso es el ser honesta con Dios y decirle: “Sabes que mis prioridades estaban equivocadas”, o “Cuando mis hijos estaban pequeños no te busqué de la forma en la que debí hacerlo”.

Por lo que, ¿qué debes hacer?

● Ve a los pies del Señor. Sé honesta con Él. Confiésalo.

● Te arrepientes y le dices, “Señor, por Tu gracia, ¿me restaurarías? ¿Podrías traer orden y sentido a mi vida en estos momentos? Te entrego estas piezas, este desastre y le dices, “Señor, solo Tú puedes restaurar y renovarlo todo”.

● Luego, esperas en el Señor. Sabes que Dios lidia con todo esto desde la eternidad. La historia no se ha terminado.

Tengo amigas muy queridas lidiando con el reto de criar adolescentes, niños adultos. Ellas esperan a que el Señor los ilumine y cambie sus corazones.

Dios es capaz. Continúa clamando al Señor; dependiendo de Él; buscándolo para que lleve a cabo lo que solo un gran redentor Dios puede hacer.

Holly: Quiero animar también a aquellas madres que hoy pueden reconocer la mano de Dios en distintas áreas de su corazón. Al tiempo que Dios se lo señala y dice, “Mira esto”, pregúntale estas interrogantes:

• ¿Qué hice que no te agradara?

• ¿Qué pude haber hecho distinto?

• ¿De qué me tengo que arrepentir?

Date cuenta de que Dios no te va a dejar estancada y sin esperanzas. Su deseo es cambiarte para que el próximo año no mires hacia atrás con la misma lamentación que has tenido este año.

Nunca es tarde para apropiarte de la gracia de Dios. Por lo que si el año pasado fue horrible —y fallaste en hacer lo que Dios te había llamado a hacer— y Dios ahora te ha dado la oportunidad de verlo con claridad, Él puede redimirte cuando tomes decisiones el próximo año. Por lo que, mientras avanzas, vas a poder mirar hacia atrás algún día y decir “por la gracia de Dios, esas cosas han cambiado en mi vida y no estoy en el mismo lugar en donde solía estar”.

Nancy: Hemos hablado sobre la noble misión de la maternidad y de cómo nuestros corazones son moldeados para la eternidad al tiempo que pasamos el bastón de la verdad de generación en generación. Esta es una visión que estamos tratando de inculcarles a las madres para que sepan que lo que hacen es crucial y que deben buscar a Dios por ellas mismas.

Hay aspectos elevados y nobles de la maternidad, así como también, hay aspectos prácticos, reales y no espirituales del ama de casa, de la vida cotidiana y de la vida de una mujer de Dios en cualquier etapa en la que se encuentre.

El mantener una casa, así como tantas otras formas de servir a los demás, podrían no parecer tener un grado espiritual significativo. Hemos estado hablando de eso y del hecho de que esas cosas sí tienen un significado espiritual.

Pero me encantaría escucharlo de ustedes. Ustedes tienen casas; tienen hijos que necesitan ropa y maridos e hijos que, ocasionalmente, tienen hambre.

¿Cómo encontrar un propósito en los quehaceres prácticos del hogar? ¿Cómo servir con gozo?

¿Te has preguntado alguna vez si lo que haces es significativo? Esa es una tentación que todas tenemos; es la tendencia básica hacia el descontento y al querer otras cosas que no tengo.

¿Cómo hacer esas cosas y no dejarlas a un lado, y en medio de ello encontrar propósito, significado y gozo?

Kim: Parte de ello va de la mano con el no lamentarse al mirar hacia atrás. Debes ser intencional cuando amas a tu familia y le sirves en cada oportunidad que tengas. Tú no quieres vivir lamentándote por lo que no hiciste.

Tengo una buena amiga a quien he escuchado decir, muy a menudo, que tiene un gran remordimiento. Ella era una madre soltera que no se tomó el tiempo de levantarse en las mañanas para darle el desayuno a su hijo antes de que él se fuera para la escuela.

Ella me dijo, “Él no se iba sin desayunar. Se preparaba su cereal y ambos corríamos hacia la puerta”. Pero nunca le preparó un desayuno y lo acompaño mientras comía.

Me alegra que me lo haya confiado, siendo yo aún una madre joven —bueno, por un poco de tiempo eduqué a mis hijos en casa— pero ahora no lo hago y mi hijo sale para la escuela todas las mañanas.

Bueno, les cuento que esa semana, mi hijo pasó la noche en casa de un amigo. Cuando regresó al otro día me dijo, “Mami, su mamá no nos preparó el desayuno”.

Y no es algo que mi hijo demande o espera. Muchas veces sabe cuando me he acostado tarde y me ha dicho “No tienes que levantarte a prepararme el desayuno”, pero sé que es importante para él el tener ese tiempo juntos en las mañanas.

Te he escuchado decir esto antes, Nancy, y a ti, Holly y he tratado de hacer esto: Sé una estudiante de los miembros de tu familia. Aprende lo que les trae gozo. Aprende lo que les comunica tu amor.

No es solamente el amor que viene de ti. Es el amor de Cristo a través de ti cuando les sirves. Puede que no te guste cocinar. Puede que no te guste lavar la ropa.

Nancy: Bueno, algunas de las cosas que haces —como limpiar la casa— no necesariamente va a hacer apreciadas por tus hijos hasta que tengan su casa propia. Quizás ni cuenta se den que haces esas cosas, pero hay que hacerlas para que todo en la casa funcione como es debido. ¿Cómo hacerlo todo “como para el Señor”?

Holly: ¿Sabes qué? Cuando tenía 20 años, esas cosas no estaban en mi lista. Yo iba a ser una patóloga clínica del habla y a manejar un carro deportivo rojo. Eso estaba en mi lista.

Con el paso de los años, he tenido que luchar para poner cada una de estas cosas en las manos del Señor. Las traía a mi vida, primero fue el área de ser esposa y el llamado que tenía de amar a mi marido.

No eran cosas que estaban en mi naturaleza o que salieron de mí. Y no eran cosas que tenía el deseo de hacer.

Nancy: Tú tenías el deseo de amar a tu marido, pero te refieres a algunas de las cosas prácticas...

Holly: Oh, estaba locamente enamorada de mi esposo, pero cuando tenía que recoger sus medias sucias del suelo...

Kim: O solo el mantener la habitación limpia. Durante mis años de adolescencia, nunca tuve un cuarto ordenado.

Sé que algunas adolescentes nos están escuchando. Espero que todas empiecen ahora, como les ha enseñado Nancy, a organizar sus cuartos como si fueran sus casas del futuro.

No me gustaba limpiar mi cuarto, pero aprendí que la forma de verlo con gozo era tenerlo ordenado y limpio. Al hacerlo, se sentía una atmósfera agradable. Creo que esa debe ser una prioridad de las esposas.

Pienso que sus maridos deben llegar a casa y sentirse a gusto en su habitación. La habitación debe ser un lugar acogedor en el que él se sienta cómodo; que no tenga que sortear las canastas de ropa sucia o las de ropa limpia para llegar a su cama.

Ahora, tampoco estoy diciendo que él nunca debe...

Holly: Tengo que interrumpirte un minuto aquí, porque antes de salir esta mañana, dejé dos canastas de ropa sobre mi cama. Por lo que me estoy riendo que Kim esté usando esa ilustración.

Kim: No estoy diciendo que tengas que hacerlo todo siempre perfecto. No.

Holly: Pienso que en resumidas cuentas, y al tiempo que maduramos en Cristo, como lo hacemos todas, no importa dónde estemos en nuestras vidas—nuestro entendimiento, de lo que nos ha llamado a hacer, irá madurando también.

De manera que en la medida que estas cosas van aconteciendo en tu vida, si esas cosas son prioritarias, entonces Dios me llama a tomar mi cerebro que iba a ser un patólogo clínico del habla y aplicar esas cosas que Dios ha puesto en mi cabeza y convertirme en una estudiante de esto.

¿Cómo puedo hacerlo mejor? ¿Cómo establezco un horario?

Si tienes un montón de niños en tu casa, es muy difícil mantener y vivir en ella sin matar a alguien. Por lo que, algunas veces, significa que debo convertirme en una estudiante de la organización. Tengo que transformarme en una estudiante que sepa limpiar la casa.

Hay muchos recursos en la red hoy en día. Si sabes que no eres buena en eso y se convierte en una fuente continua de estrés, navega en Internet. Visita esas páginas web que te den ideas y trucos de cómo hacerlo.

Nancy: Acude a una mujer mayor que tú.

Kim: Eso mismo iba a decir. Hay una señora en nuestra iglesia, una mujer de Dios —ella fue viuda durante un tiempo y ahora está vuelta a casar— ella toma tu libro, “Una mujer conforme al propósito de Dios”, y lo estudia con muchachas recién casadas teniendo primero en cuenta el aspecto espiritual de todo.

Luego, ella les dice: “Ahora, yo voy a ir a sus casas y les voy a enseñar cómo limpiarlas y cómo preparar algunas comidas”. Y esto ha sido una bella experiencia—ver florecer todas estas muchachas en la práctica y en lo espiritual.

Holly: Es como dice Pablo en el Nuevo Testamento, “Las cosas que veas en mi, practícalas”. Es porque muchas de esas cosas no vienen a nosotras de forma natural. Tenemos que aprenderlas y practicarlas.

Mientras más nos rindamos ante Dios e implementemos esas cosas en nuestras vidas, menos esfuerzo requerirán. Son parte de lo que Dios nos ha llamado a hacer para nuestras familias.

Tenemos un adagio en nuestra casa y es que las personas siempre son más importantes que las cosas. Por lo que si me veo entre sentarme con un niño y escucharlo y lavar la ropa, lo más importante es sentarme con ese niño y escucharlo. Pero eso implica que quizás tengas que lavar la ropa tarde en la noche.

Pienso que debemos dejar que Dios nos proporcione un sentido del orden... Ahora bien, mi casa nunca se va a ver como la de Martha Stewart. Nunca va a estar totalmente ordenada. Y por lo que veo, nunca va a estarlo.

Por lo tanto, tengo que ser una mujer que acuda al Señor. Este tiempo con Dios es crítico, ya que tengo que sacar el tiempo para encontrarme con Él y decirle, “Dios, muéstrame lo que es importante para el día de hoy. Muéstrame lo que tiene que pasar para que podamos vivir en paz; dirígeme a lo largo del día”.

Si vas al Nuevo Testamento y le prestas atención a la vida de Cristo, verás que siempre está ajustando Su agenda durante del día. En algunas ocasiones, la agenda de Cristo cambió; Dios puso personas en Su camino o se sintió obligado a dar media vuelta y regresar a la multitud.

Algunas de ustedes, al igual que yo, tienen una multitud en sus casas. Es posible que Dios cambie las cosas y que terminen haciendo lo que no tenían intención de hacer para ese día en particular.

Es crítico para nosotras, las mujeres, ser lo suficientemente flexibles para escuchar al Señor y hacer lo que Él dice, teniendo en cuenta que las personas en nuestras casas son más importantes que las cosas que tenemos en ellas.

Carmen: Holly Elliff nos ha venido enseñando a establecer prioridades. Cuando alguna urgencia se presente, es reconfortante saber que puedes acudir a la Biblia. Eso te ayudará a priorizar tus responsabilidades.

La conversación de hoy entre Holly Elliff, Kim Wagner y —nuestra anfitriona— Nancy Leigh DeMoss, es parte de una serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 .

Te invitamos a visitar nuestra página web www.AvivaNuestrosCorazones.com. Allí podrás escuchar algunos de los programas de esta serie que te hayas perdido. También podrás encontrar algunos interesantes recursos que te ayudarán en este llamado a ser mujer.

¿Qué efecto tendrá la hipocresía en nuestros hijos? Aprende a hablar palabras de vida frente a tus hijos y enséñales cómo hacer lo mismo cuando sintonices el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

A la Más Bella de las Flores , Alex Rodríguez

Voces adicionales:

• Holly Elliff, en la voz de Mildred Pérez de Jiménez.

• Kim Wagner, en la voz de Elba Ordéix de Reyes.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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