Podcast Aviva Nuestros Corazones

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En busca de Dios | Avivamiento: ¿quién lo necesita? Semana 1

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Annamarie Sauter: ¿Has escuchado la Palabra de Dios pero te resistes a rendirte?

Nancy DeMoss Wolgemuth: No esperes porque Dios te quebrante. Déjate caer sobre la Roca –que es Jesucristo– quien fue quebrantado por ti, y desarrolla el hábito de clamar, de pedir públicamente como David: «¡Ten piedad de mí, oh Dios!, un pecador. ¡Ten piedad de mí, oh Dios!» (Sal. 56:1).

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es 1 Samuel capítulos 19 al 20.

Nos encontramos en la segunda semana del estudio titulado, «En busca de Dios», un estudio de doce semanas que puedes acompañar con el libro que lleva el mismo título. La primera semana hablamos acerca de lo que es avivamiento, y esta semana hemos estado hablando acerca de la humildad. Puedes acceder tanto a los audios como a la transcripción de cada uno de estos programas a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Hoy escucharemos la continuación de un mensaje que Nancy enseñó en el año 1995 acerca del quebrantamiento. Y si nos estas siguiendo con el libro de estudio, hoy estamos en la lección dos, día cuatro.

Nancy: Aprendimos de las Escrituras que el quebrantamiento significa bendición, el quebrantamiento significa bendición. Jesús dijo: «Bienaventurados los quebrantados, aquellos que son pobres en espíritu».

¿Qué tipo de bendiciones son las que trae el quebrantamiento? Dios se acerca al humilde. Él exalta a aquellos que se humillan. Se nos dice que Dios rechaza al orgulloso; los resiste, los mantiene lejos.

Pero Él se acerca así como el padre del hijo pródigo se acercó a su hijo quebrantado y arrepentido y lo abrazó contra su pecho, así vemos que nuestro Padre celestial se acerca al corazón de aquellos que están quebrantados. ¿Quieres acercarte a Dios? Dios se acerca en medio del quebrantamiento. Encontramos que el quebrantamiento trae la bendición de la liberación de una nueva vida.

Jesús dijo: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo» (Juan 12:24).

Escuchen, la soledad, y he hallado en mi propia vida que ha sido regularmente una evidencia de mi falta de quebrantamiento. Porque cuando estoy dispuesta a romper mi dura coraza, entonces la vida de Jesús puede ser liberada a través de mí, y hay reproducción –se produce fruto el de vida en otros.

La representación máxima del quebrantamiento es el Señor Jesús. A quien adoramos esta mañana, Él dijo: «Este es mi cuerpo, que por vosotros es partido» (Luc. 22:19).

En la cruz, mientras Él experimentaba y padecía el rompimiento de Su relación con Su Padre celestial, de quien no se había separado ni por un momento, en la medida que Él cargaba con todo el peso de nuestros pecados, siendo quebrantado por nosotros, Su muerte nos benefició con la vida eterna.

Así que cuando estamos en la disposición de ser quebrantados, Su abundante vida fluye hacia otros a través de nosotros. El quebrantamiento nos da una mayor capacidad de amar y de adorar.

Y pienso en aquella mujer pecadora de Lucas capítulo siete. A ella se le había perdonado mucho, por tanto podía amar mucho. Yo veo en esta mujer una entrega en su relación con Jesús que yo también anhelo tener.

Ella estaba totalmente ajena al rechazo –o a los pensamientos, o a la desaprobación– de todos los que estaban a su alrededor. Lo único que le importaba era Jesús. En su adoración y en su amor había tal abundancia y demostración de libertad.

Y es que en el trato de Dios con nosotros hay un ciclo. El quebrantamiento nos dirige a un genuino arrepentimiento. Un genuino arrepentimiento nos dirige a perdonar. El perdonar libera nuestras vidas, libera de la culpa –nos libera de la esclavitud de mi yo y de mi pecado– y cuando surge esta nueva libertad a través del quebrantamiento, del arrepentimiento y el perdón, esta libertad producirá una nueva capacidad para amar y para adorar.

Capacidad para amar a otros, para amar lo despreciable o lo que es difícil de amar, para amar a Dios, para adorar a Dios, y por supuesto, esta adoración y este amor por Dios nos llevará siempre a nuevos niveles de quebrantamiento, guiándonos a un mayor y más profundo arrepentimiento, a un nuevo perdón, a una nueva libertad, y a una mayor capacidad para amar y para adorar.

Anhelamos tener una mayor capacidad de amar a las personas con que trabajamos, de amar a las personas con que vivimos. ¿Por qué es tan limitada nuestra capacidad de amar? Tal vez es porque no estamos experimentando un quebrantamiento en nuestras vidas, pues el quebrantamiento es lo que produce este maravilloso fruto de mayor capacidad para amar y adorar.

El quebrantamiento produce en nosotros el llevar más frutos. Dios utiliza cosas y personas quebrantadas. Hay tantas maravillosas ilustraciones sobre esto en las Escrituras:

  • No fue hasta que las fuerzas naturales de Jacob fueron quebrantadas en Peniel, que Dios pudo dotarlo de un verdadero poder espiritual.
  • Fue cuando la roca de Horeb fue golpeada por Moisés, que el agua fluyó para satisfacer la sed del pueblo.
  • No fue hasta que los 300 soldados de Gedeón rompieron sus cántaros, que la luz de las linternas resplandeció.
  • Cuando las cinco hogazas de pan del niño fueron partidas –y déjenme decirles que pude imaginarme esto ayer mientras me dirigía a un picnic. Dije: «¡Así debe haberse visto cuando se alimentó a los 5,000!» Me imagino a Jesús tomando esas cinco hogazas, que cuando fueron partidas en las manos del Maestro, fueron multiplicadas lo suficiente como para alimentar a la multitud hasta que sobrara. El quebrantamiento trae abundantes frutos.
  • Cuando el frasco de alabastro de María se rompió fue que salió la fragancia que inundó la casa entera.
  • Y lo más significativo, cuando el cuerpo de Jesús fue sacrificado en el Calvario, fue que la vida eterna se derramó para la salvación del mundo.

 El fruto del quebrantamiento también se percibe en el avivamiento. Aquello que tanto hemos esperado y orado, no es más que la manifestación del Espíritu de Dios a través de vidas quebrantadas. Vemos esto tanto en la historia del avivamiento, déjenme resaltar algunos momentos en donde Dios usó el quebrantamiento para traer avivamiento.

Hemos leído –y la Sra. Bright nos ha compartido– acerca del avivamiento de Welsh en 1905. La canción que se cantó durante todo el avivamiento de Welsh, cantada por labios que representaban corazones quebrantados y contritos; el coro decía: Póstrame, a los pies de Jesús. A través de este quebrantamiento, Dios derramó una oleada de Su Espíritu que abarcó todo el campamento y trajo bendiciones al mundo a través de un avivamiento ¡nunca visto!

Han leído, tal vez, acerca del avivamiento de Shantung a finales de 1920 y principios de 1930, en China. Recientemente leí otra vez acerca de este, descrito por el Dr. C.L. Culpepper, el director de la Agencia de la Misión Bautista Sureña en aquella provincia.

Él nos cuenta la historia de cómo había un grupo que oraba por un avivamiento, un grupo de líderes y misioneros. Cuenta cómo una noche él fue a su casa después de una reunión de oración, y se postró delante del Señor. Él sintió una necesidad y una aridez, pero no podía descifrar lo que era.

Clamó hasta altas horas de la noche, «oh Dios, ¿qué me pasa?» Luego de tener un encuentro con Dios esa noche, regresó a la mañana siguiente a la reunión de oración y confesó a sus compañeros misioneros y a los líderes su pecado de pretender ser lo que no era, de impotencia espiritual.

Confesó que los halagos que recibía por ser un buen misionero lo enorgullecieron, robándole la gloria a Dios. Dijo: «Mi corazón estaba tan quebrantado. No creía poder seguir viviendo».

A partir de este quebrantamiento, Dios produjo un quebrantamiento en todo el grupo de misioneros y pastores nacionales y de los líderes cristianos. Se convirtió en una convicción increíble de parte del Espíritu de Dios, convicción de Su santidad, convicción de pecado de justicia, y juicio, que produjo confesión de pecado y un gran derramamiento del Espíritu de Dios en aquella provincia.

Tal vez han escuchado también del avivamiento de Lewis en 1949 y 1950. Había un grupo de diáconos de la iglesia que allí que se habían reunido en un granero por meses, tres noches a la semana durante 18 meses, para orar por un avivamiento y por un despertar espiritual.

Oraban tan intensa y fervientemente como podían, sin ver ningún resultado. Entonces la historia relata que una noche uno de los jóvenes diáconos se puso en pie y citó el Salmo 24: «¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Y quién podrá estar en su lugar santo? El de manos limpias y corazón puro; el que no ha alzado su alma a la falsedad, ni jurado con engaño» (vv. 3-4).

Y luego miró al grupo de diáconos reunidos allí, y dijo, «caballeros, parece ser una tontería nuestra orar por avivamiento en nuestra condición si nosotros mismos no estamos bien con Dios».

Allí en la paja de aquel granero los hombres se arrodillaron y confesaron sus pecados a Dios, y producto de su quebrantamiento, el Señor produjo un avivamiento a través de toda la isla de Lewis; avivamiento del cual todavía se dice en Escocia que fue el gran mover del Espíritu de Dios.

Han escuchado la historia de cómo Dios trajo un avivamiento a la pequeña nación de Rumania a mediados de los años 70, que creo que finalmente produjo la revolución que luego se dio allí.

Pero tal vez ustedes no hayan escuchado de cómo el avivamiento realmente empezó. El pastor de una de las iglesias evangélicas más grandes del país se presentó ante su gente. Para entender mejor la historia es bueno conocer que en Rumania, al menos en aquellos días, a los creyentes de todas las denominaciones, se les llamaba «Arrepentidos».

Este pastor se paró delante de su congregación en la Segunda Iglesia Bautista de Erodia y dijo, «es tiempo de que los Arrepentidos, nos arrepintamos». Pidió a su gente que se unieran a él en arrepentimiento de pecados específicos, que si se los nombro a ustedes, en nuestro mundo de occidente, de seguro pensarían: «Qué insignificantes son».

Pero arrepentidos de sus pecados, los Arrepentidos comenzaron a arrepentirse. A través de su quebrantamiento, el Señor desató y esparció Su poder para avivar a aquella pequeña nación.

Dios dijo: «Yo moro en el lugar alto y santo, pero yo también moro con aquel de espíritu contrito y humillado, para avivar el corazón del humilde y para avivar el corazón del contrito».

¿Eres una persona quebrantada? Tal vez digas, «¿cómo comienzo? ¿Dónde comienzo con este estilo de vida de quebrantamiento?» Primero, necesitamos ver a Dios como Él realmente es. Mientras más nos acerquemos a Dios, mejor veremos nuestra propia necesidad.

Pienso en Job, un hombre justo, padeciendo un sufrimiento intenso como parte del plan cósmico de Dios en medio de una batalla entre el cielo y el infierno. En respuesta a la filosofía y a las opiniones de sus amigos, Job comenzó a revelar un corazón plagado de autojusticia, y pasó muchos capítulos defendiéndose a sí mismo y proclamando su inocencia.

Él habló y habló, hasta que finalmente Dios dijo: «Yo quiero hablar». Y por capítulos Dios comenzó a revelarse a Sí mismo y a revelarle Sus caminos a Job. Cuando Dios terminó, Job apenas podía respirar.

Él dijo: «¡Oh Dios! He sabido de ti solo de oídas, pero ahora mis ojos te ven. Por eso me retracto y me arrepiento en polvo y en ceniza» (Job 42:5-6). No más auto justicia –sino, un hombre quebrantado rogando a Dios por Su misericordia.

Me he pasado la mayor parte de los últimos siete meses en el libro de Isaías. ¡Y cómo Dios se ha encontrado conmigo allí! En el capítulo cinco, vemos a Isaías, a este gran siervo de Dios, pronunciando ayes.

«¡Ay de aquellos que son materialistas! ¡Ay de aquellos que son orgullosos! ¡Ay de aquellos que son sensuales! ¡Ay de aquellos que buscan el placer hedonista! ¡Ay de aquellos inmorales!» (vv. 8-23, parafraseado). Y así continúa la lista.

Pero luego venimos al versículo tres del capítulo seis, e Isaías mira al Señor, y lo ve exaltado y en Su trono diciendo: «¡Santo, Santo, Santo!» Isaías dejó de verse a sí mismo a la luz del pecado de otros y de la perversidad de las personas que le rodeaban, y se comenzó a ver bajo una sola luz –bajo la luz de un Dios alto y sublime.

Ya no decía más: «Ay de ellos!» Las primeras palabras que salieron de su boca cuando vio a Dios fueron: «Ay de mí! ¡Ay de mí! (v. 5).

El apóstol Pablo tuvo el gran privilegio de ver a Cristo resucitado en el camino a Damasco. Su vida nunca fue la misma. Se pasó el resto de su vida en la tierra acercándose cada vez más a este Cristo resucitado.

Mientras más crecía en su peregrinar espiritual, más veía su propia necesidad espiritual. Temprano en su vida, se llamó a sí mismo el menor de todos los santos –al pensar en dónde había estado y dónde Dios lo encontró.

Y mientras maduraba en su fe y conocía mejor a Dios, se llamó a sí mismo como el menos entre los menos. En el momento en que estuvo más cerca de Dios, se refirió a sí mismo como el peor de los pecadores.

Veamos a Dios como Él es. Vayamos a Su presencia, y en Su presencia nos veremos cómo realmente somos. Entonces dejémonos caer sobre la Roca. Jesús dijo: «Yo soy la piedra, y el que caiga sobre esta piedra será hecho pedazos. Pero sobre quien ella caiga, lo desmenuzará como polvo» (Mat. 21:44, parafraseado).

No esperes que Dios te haga pedazos. Déjate caer sobre la Roca –sobre Jesucristo– quien fue quebrantado por ti, y desarrolla el hábito de pedir, de clamar públicamente como David: «Ten piedad de mí, oh Dios, un pecador. Ten piedad de mí, oh Dios!» (Sal. 56:1).

Un paso práctico que yo he encontrado para desarrollar un estilo de vida de quebrantamiento es la necesidad de reconocer y verbalizar mi necesidad, tanto ante Dios como ante los demás. Sin techo para con Dios y sin paredes sin muros a mi alrededor, en el sentido de que viviré sin tratar de esconderme, sino diciendo: «Oh Dios, no es mi hermano, no es mi hermana, no son mis líderes, no son los diáconos, no es el pastor, no es el liderazgo del ministerio, no es mi prójimo– soy yo. ¡Oh Señor, que tengo necesidad de venir ante Ti en oración!»

Debemos dejar de culpar a otros, no hay quebrantamiento mientras el dedo acusador siga señalando a otro. Cuando reconozca mi necesidad ante Dios, podré decir:

Nada traigo en mis manos, simplemente me aferro a la cruz; Desnudo vengo ante Ti por vestido; indefenso vengo ante Ti por gracia; límpiame, Salvador, o moriré. (Roca de la Eternidad, Rock of Ages, Toplady and Hastings).

Estoy aprendiendo no solo a reconocer mi necesidad delante de Dios, sino también mi necesidad delante los demás. No hay quebrantamiento genuino donde no hay apertura.

¿Significa esto que cada pecado que yo confiese debe ser confesado a cada persona que conozca? Ciertamente no, pero sí les digo, que la persona que ha sido quebrantada está dispuesta a permitir que otros vean su flaqueza y su necesidad. Está dispuesta a ser transparente, a ser honesta. Está dispuesta a decir, «orarías por mí? Tengo una necesidad. Dios está tratando conmigo en esta área».

Hace unos años, el Espíritu de Dios trajo convicción a mi corazón una profunda convicción de que yo había desarrollado en mi vida el patrón de exagerar la verdad, y Dios comenzó a mostrarme que esto era mentir –que mentía para hacerme lucir mejor o causar una mejor impresión en los demás, de lo que era honesto y verdadero.

Fui quebrantada delante de Dios, llegando a confesar este pecado, buscando en Él limpieza y victoria. Pero les diré algo, que la victoria no vino completamente hasta que yo no estuve dispuesta a encontrar a dos personas de Dios para confesarles mi pecado abiertamente, diciéndoles, «¿pudieran orar por mí pidiéndole a Dios que me libere que me libre del pecado de la mentira?»

Con esta apertura y este quebrantamiento delante de Dios y de los demás (a pesar de lo doloroso que fue en el momento) vino una libertad increíble y una apertura para hablar la verdad a cada persona en cualquier situación sin importar el costo.

El quebrantamiento hace que Su vida fluya a través de nosotros. Finalmente, ser quebrantado –vivir este estilo de vida de quebrantamiento– es hacer justo aquello que sabes que Dios quiere que hagas, pero que tu carne se resiste a hacer.

¿Qué es? Muchos de nosotros hemos estado obedeciendo a Dios de muchas formas en esta semana –respondiendo a Dios– pero la obediencia a veces puede ser una mera y respetable apariencia.

Yo te digo, preguntémosle a Dios. A veces no necesitamos preguntarle, a veces Él ya nos lo está mostrando. Él puede estar señalándole un camino a seguir quizás a algunas de ustedes en esta semana. ¿Cuál es el paso de obediencia? ¿Cuál es el paso de humildad que debes dar delante de Dios?

Haz justo aquello que sabes que Dios quiere que hagas y que es justamente lo que tu carne menos quiere hacer. Hace unos meses, el Espíritu de Dios habló a mi corazón. Me di cuenta de que para mí, la televisión se había convertido en una barrera en mi relación con Dios.

El Espíritu de Dios me confrontó, «tienes que apagar esa televisión». Un corazón con una actitud de humildad y obediencia dice delante de Dios: «Sí Señor, yo te obedeceré».

Hay un estribillo que se canta frecuentemente en algunos de los avivamientos de los que hemos hablado.

No me dejes, oh dulce Salvador, escucha mi humilde clamor; mientras a otros llamas Tú, no me dejes.

(Pass Me Not, O Gentle Savior, Crosby and Doane).

Pienso en el mendigo ciego que escuchó que Jesús venía hacia donde él estaba. Y gritó: «Oh Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí» (Luc. 18:38). Las personas orgullosas y no quebrantadas no oran de esta forma. No ven ninguna necesidad de misericordia.

Aquellos que son ricos y tienen grandes bienes y no tienen necesidad de nada, no clamarán por misericordia. Pero aquellos que se han encontrado cara a cara con el Salvador crucificado y con el Dios santo pueden clamar por misericordia, este es el clamor de un corazón pobre condenado que reconoce su gran necesidad.

Hermanas, Jesús está pasando por aquí hoy, y Él quiere encontrarse con nosotros. Él quiere visitarnos. Él quiere derramar Su Espíritu sobre nosotras. Él puede y lo hará –cuando encuentre corazones humildes, quebrantados, contritos; corazones que se han vaciado de sí mismos para ser llenados por Él.

Annamarie: ¿Has reconocido tu propia condición espiritual? En la enseñanza de hoy Nancy DeMoss Wolgemuth te ha estado exhortando a vivir una vida sin techo y sin murallas. Esto es cultivar una relación personal con Dios y vivir una vida de quebrantamiento.

Esta enseñanza es parte de la serie titulada, «En busca de Dios». Es un estudio de varias semanas que recién estamos empezando, así que no es tarde para que te unas a nosotras. Para escuchar o leer los programas anteriores e informarte acerca del libro que acompaña esta serie, escrito por Nancy y Tom Grissom, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com

Una mujer que ha sido bendecida por medio del libro «En busca de Dios»—ella lo estudió junto a dos hermanas—nos dijo,

«Muchas gracias a Dios, y muchas gracias a Nancy y al ministerio de Aviva Nuestros Corazones por hacer posible que llegue este recurso a muchas mujeres y por la bendición de poder contar en físico con el libro «En Busca de Dios...» Hicimos un grupo por chat y compartíamos por ahí día tras día el desarrollo diario de cada lección. 

Fue de gran bendición, nunca imaginé que para gozar de una relación avivada con el Señor y experimentar gozo en ella, debía tratar con muchas cosas que cargaban mi corazón y que decidía obviar. Cada semana que pasaba nos quedábamos aterradas de lo duro pero muy necesario que era este camino. Finalizamos el libro y quiero decir que no he alcanzado aún la meta, sino que ahora soy más consciente de mi necesidad de buscar al Señor en todo tiempo y de tratar aquellos asuntos acumulados en mi corazón que evito tratar y que estropean mi relación con Dios.

Seguimos fielmente la serie, cada una desde el lugar donde Dios la tiene y fue de gran bendición, y comenzamos a motivar a las demás a comprar el libro para estudiarlo juntas en la iglesia... Deseamos que el Señor nos ayude a rendirnos más. Y si me preguntan ¿vale la pena repetir el estudio? Mi respuesta sería ¡Absolutamente!, y al iniciarlo de nuevo no ha sido algo que me lleve a pensar que ya eso lo logré ¡No! Hay una necesidad grande en mi corazón de escuchar la voz de Dios diciéndome: “Búscame y vivirá tu corazón”».

Gloria a Dios por testimonios como este. Es nuestra oración aquí en Aviva Nuestros Corazones que muchas más mujeres busquen a Dios y arraiguen sus vidas en Cristo de modo que tengan vidas fructíferas.

Una de las marcas del orgullo es la falta de oración, y mañana descubriremos por qué. Escucharemos extractos de una reunión nacional de oración por avivamiento que se llevó a cabo hace unos años, cuando se transmitió por primera vez esta serie. Acompáñanos aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

Siguiendo el ejemplo de Cristo juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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