Aviva Nuestros Corazones Podcast

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Annamarie Sauter: ¿Es la queja tu primera reacción cuando Dios no te da lo que le pides?

Nancy DeMoss Wolgemuth: El pecado que destruyó a los hijos de Israel y los mantuvo fuera de la tierra prometida, en realidad tenía una sola raíz, y esta era el pecado del descontento.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy damos inicio a la serie titulada, Cultiva el contentamiento en tu corazón.

Nancy: Durante las siguientes sesiones quiero compartir con ustedes desde mi corazón y desde la Palabra de Dios, lo que creo que es una de las mayores razones por las que tantos de nosotros, los cristianos, pasamos la vida vagando en un desiertoespiritual, en lugar de disfrutar la vida abundante que sabemos que Jesucristo vino a darnos.

Vayamos en la Biblia a 1 Corintios capítulo 10. Vamos a estar viendo algunos pasajes, pero este pasaje nos dará el punto de partida, 1 Corintios capítulo 10. En la primera parte de este capítulo, Pablo comienza haciendo una lista de algunas bendiciones. Algunas son bendiciones espirituales y otras son físicas, que fueron vividas por la nación judía que Dios redimió de Egipto. Y Él comienza en el versículo 1, diciendo:

«Porque no quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron por el mar. . .»

Ahora, quiero que tomes en cuenta la palabra todos, ya que aparece varias veces en estos versículos. Los hijos de Israel (esto se remonta a los días del Antiguo Testamento) estuvieron todos bajo la nube. Esa es una referencia a la nube de la gloria Shekinah de Dios que acompañó a los hijos de Israel cuando salieron de Egipto hacia la tierra prometida. «Y todos pasaron el mar» (v. 1).

¿Qué mar es ese? El mar Rojo. Cuando Dios los liberó caminaron por tierra seca. Entonces recordarás cómo los egipcios se ahogaron en ese mismo mar que había sido un camino seco para los hijos de Israel.

«Todos comieron también el mismo alimento espiritual y bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los acompañaba, y la roca era Cristo» (v. 3-4).

Ahora bien, sabemos que Dios proveyó agua física de las rocas del desierto para saciar la sed de los hijos de Israel, Dios proveyó maná, pan del cielo, y Dios proveyó carne, codornices, cuando necesitaban comer. Así que había literalmente provisión física. Sin embargo, esta provisión física de Dios era realmente una ilustración de necesidades más profundas que Dios conoce –nuestras necesidades espirituales. Las Escrituras dicen aquí que Cristo fue la fuente de esa provisión. La provisión de Dios fue Cristo mismo.

Así que aquí vemos cuáles eran las bendiciones espirituales que los hijos de Israel disfrutaban. Todos ellos disfrutaron de estas bendiciones, las bendiciones físicas y espirituales. Dios los guió a todos, Dios los liberó a todos, Dios proveyó para todos ellos, todos experimentaron estas bendiciones.

Sabemos, cuando llegamos al Nuevo Testamento, que tú y yo como hijas de Dios hemos sido redimidas y hemos sido bendecidas, y según nos dice Pablo en Efesios capítulo 1, con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.

Así que no importa cómo luzca nuestra vida aquí en la tierra hoy en día, el hecho es que por la fe que abrazamos, hemos recibido toda clase de bendiciones espirituales. Todos los que estamos en Cristo hemos experimentado toda clase de bendiciones espirituales que Dios tiene para dar, y eso es porque estamos en Cristo.

Ahora bien, cuando llegamos al versículo 5 de 1 Corintios 10, vemos un giro en el pensamiento. Pablo dice en el versículo 5:

«Sin embargo, Dios no se agradó de la mayor parte de ellos, pues quedaron tendidos en el desierto...»

Todos ellos experimentaron todas esas grandes bendiciones, pero con la mayoría de ellos, Dios estaba disgustado y acabaron yéndose a la ruina y a la destrucción. Ahora, cuando se dice que Dios no estaba contento con la mayoría de ellos, se plantea la pregunta en mi mente, ¿con cuántos de ellos no estaba Dios complacido?

Pues bien, las Escrituras nos lo dicen. En Números capítulo 1, leemos que aproximadamente 600,000 hombres mayores de veinte años, salieron de Egipto cuando fueron redimidos de Israel. Ahora, cuando agregas las esposas a ese número, eran fácilmente un millón de adultos los que fueron liberados de Egipto.

Pero cuarenta años más tarde, otro conteo fue hecho. Uno lee sobre ello más adelante en el libro de Números; en ese punto solo tres de ese millón de adultos vivieron para entrar en la tierra prometida. Solo tres de un millón. Todos los demás habían sido destruidos en el desierto.

Y por cierto, si haces un pequeño cálculo, podrás darte cuenta de que hubo un promedio de más de setenta funerales cada día durante cuarenta años en el desierto. Esas son muchas muertes. Dios no estaba contento.

Ahora, Pablo nos dice en el versículo 11 de 1 Corintios capítulo 10, que «estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza, como advertencias para nosotros». Eso nos dice que es importante que entendamos qué fue lo que pasó en el desierto. Por qué casi un millón de personas perecieron en el desierto; tenemos que aprender de su ejemplo y ser advertidos sobre la base de lo aprendido.

Así que la pregunta es:

  • ¿Qué podemos aprender de su ejemplo?
  • ¿Acerca de qué se supone que debamos ser advertidos?
  • ¿Con qué cosas no se complace Dios?
  • ¿Y por qué nunca entraron a la tierra prometida un millón de adultos, con excepción de tres?

Y eso plantea la siguiente pregunta:

  • ¿Por qué muchos cristianos de hoy vagan por el desierto, dando vueltas en círculos en su vida cristiana, en lugar de disfrutar de la tierra prometida, y de la vida abundante que Cristo Jesús vino a darnos?

Pablo explica, comenzando en el versículo 6, por qué los israelitas perecieron en el desierto. Si resumes ese versículo él dice que hay dos cosas que hicieron. En primer lugar, dice que codiciaron lo malo que Dios había prohibido.

Y leemos en el versículo 6:

«Estas cosas sucedieron como ejemplo para nosotros, a fin de que no codiciemos lo malo, como ellos lo codiciaron. No sean, pues, idólatras, como fueron algunos de ellos, según está escrito: “El pueblo se sentó a comer y a beber, y se levantó a jugar”. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y en un día cayeron veintitrés mil» (vv. 6-8).

Ahora bien, Pablo dice que uno de sus problemas era que anhelaban las cosas malas que Dios había prohibido. Ellos siguieron tras los ídolos, y siguieron tras la inmoralidad sexual. Y estas son las cosas malas que nunca deberían haber anhelado. Pero tenían otro problema, y era que anhelaban cosas buenas y legítimas que Dios no les había dado, y luego se quejaban cuando no conseguían lo que querían. Y ese va a ser el foco de nuestra discusión. El versículo 9 nos dice:

«Ni provoquemos al Señor, como algunos de ellos le provocaron, y fueron destruidos por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y fueron destruidos por el destructor» (vv.9-10).

Ahora, todos sabemos que no es bueno codiciar las cosas malas. Pero me pregunto qué tan a menudo recordamos que es también algo grave ante los ojos de Dios pedirle cosas buenas que Él ha optado por no darnos, y luego murmurar, quejarnos, quejarnos y quejarnos cuando no conseguimos lo que queremos. El pecado que destruyó a los hijos de Israel y los mantuvo fuera de la tierra prometida en realidad se reduciría a una misma raíz, el pecado del descontento.

Querían algo que no era el tiempo para que Dios se lo diera. Insistieron en tener las cosas que ellos querían, que Dios no les había proporcionado, y las Escrituras dicen que Dios considera esto un pecado muy serio. No murmuréis como algunos de ellos murmuraron, y fueron destruidos en el desierto. Y por eso Pablo dice:

«Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para quienes ha llegado el fin de los siglos» (v. 11).

Y entonces Pablo nos dice de una manera muy práctica –a nosotros como creyentes del Nuevo Testamento:

«¡Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga!No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres» (vv.12-13).

Este es un versículo muy común, la mayoría de nosotros estamos familiarizados con él. Pero, ¿te has detenido a entender el contexto de este versículo?

Se encuentra en el contexto de hablar del pecado de la queja y la murmuración, de reclamar y lloriquear. Pablo dice: «Vas a caer en la tentación de quejarte. Vas a tener la tentación de murmurar. ¡Todos lo hacen!» Pero...dice el versículo 13:

«Fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla» (v. 13).

Ahora vamos de nuevo al libro de Éxodo, y leemos en Éxodo capítulo 13, el momento donde Dios liberó a todo los hijos de Israel después de 400 años de estar en cautiverio, en la esclavitud, en la servidumbre. Dios los liberó por Su gran poder. Él los rescató y los llevó fuera de Egipto. Los condujo por el desierto. Los llevó a un desierto, y sabemos entonces que Dios guió a los hijos de Israel al mar Rojo.

Y recuerdas que con el mar Rojo delante de ellos, y cordilleras a ambos lados, y el ejército egipcio respirándoles en la nuca… es entonces en Éxodo 14 que los hijos de Israel se encuentran ahora en un lugar en el que estaban cercados sin esperanza. No había salida, a menos que Dios interviniera a su favor. Así que acababan de salir de Egipto, y ahora en cuestión de días llegarían al mar Rojo. No había manera aparente de escapar y se llenaron de temor.

Leemos en el capítulo 14 versículo 11, que los hijos de Israel dijeron a Moisés:

«¿Acaso no había sepulcros en Egipto para que nos sacaras a morir en el desierto? ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: “Déjanos, para que sirvamos a los egipcios?” Porque mejor nos hubiera sido servir a los egipcios que morir en el desierto» (vv. 11-12).

Ahora bien, si sabes algo acerca de lo que precede a este capítulo, ¿acaso fue cierto que los hijos de Israel le dijeron a Moisés cuando estaban en Egipto, «queremos permanecer en Egipto, nos encanta estar aquí. Nos encanta servir a Faraón, nos encanta ser sus esclavos»? ¡No! Durante años habían gritado por haber sido entregados a la esclavitud y Dios escuchó sus llantos y los liberó.

Pero ahora, cuando se enfrentan al reto de salir por primera vez de Egipto, en lugar de clamar al Señor que los había liberado y pedirle que los liberara de nuevo, comienzan a murmurar, a quejarse y a reclamarle a Moisés, que era el representante de Dios. «Hubiera sido mejor para nosotros servir a los egipcios que morir en el desierto» (v. 12).

Ahora, ¿cuál fue la respuesta de Dios ante la murmuración y las quejas de los hijos de Israel? Pues el versículo 30 nos dice: «Aquel día salvó el Señor a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar» (v. 30).

Y así llegamos al capítulo siguiente, Éxodo capítulo 15. Encontramos que después de cruzar el mar Rojo y de haber pasado tres días en el desierto, han tenido una gran fiesta después de que atravesaron el mar Rojo. Ellos están alabando a Dios, algo fácil de hacer cuando acabamos de experimentar el poder y la liberación de Dios.

Y ahora han pasado tres días en el desierto, y han llegado a un lugar donde no hay agua. No tener nada que beber es una situación bastante grave para un millón de adultos y niños. Es obvio que no pueden pasar mucho tiempo en esta situación. Y luego, cuando llegan al agua, a un lugar que llamaron Mara, que significa amargo, porque el agua estaba contaminada, encuentran que era agua amarga que no podían beber.

Entonces, ¿cuál es su respuesta? ¿Cuál crees que sería su respuesta después de haber visto a Dios derrotar al ejército egipcio entero y llevarlos a través del mar Rojo? Uno pensaría que dirían: «Oh Señor, Tú lo has hecho antes, puedes hacerlo de nuevo. Te alabamos, porque sabemos que Tú eres capaz de proveer para nuestras necesidades en esta circunstancia».

Pero no, esa no es la respuesta. El versículo 24 nos dice, en Éxodo capítulo 15: «Y murmuró el pueblo contra Moisés, diciendo: ¿Qué beberemos? Se volvieron a Moisés y le dijeron: Tú nos metiste en este lío, tienes que sacarnos de esto». El versículo 25 nos dice: «Entonces Moisés clamó al Señor, y el Señor le mostró un árbol; y él lo echó en las aguas, y las aguas se volvieron dulces».

Una vez más, Dios hace un milagro. Él oye sus quejas, Él escucha sus murmuraciones, y como respuesta Dios hace un milagro. Él endulzó las aguas amargas. Y justo después de eso, Él los lleva a un lugar que es un oasis, Elim. Un lugar donde hay doce fuentes de agua.

Los pozos de agua y el oasis, estaban justo delante de ellos. Dios tenía en la mente proveerles. Sabía lo que iba a hacer para satisfacer sus necesidades, pero en lugar de confiar en Él, se quejaron, reclamaron, murmuraron. Y luego Dios por Su misericordia y por Su gracia realizó un milagro para auxiliarlos en su momento de necesidad.

Y bien podrías pensar, «seguramente habrán aprendido la lección». Vamos al capítulo siguiente, Éxodo capítulo 16. Todo esto ocurre a los dos meses de haber salido de Egipto. Luego de los dos meses de haber salido de Egipto, ellos tienen todas estas experiencias de tener que enfrentarse a los obstáculos. Siempre vemos su respuesta. Ahora vienen a un lugar llamado el desierto de Sin. En este desierto pasan por la experiencia de no tener alimentos. Primero no tenían agua, ahora no tienen comida. El versículo 2 nos dice:

«Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto.Y los hijos de Israel les decían: ¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del SEÑOR en la tierra de Egipto cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud!» (vv. 2-3).

A veces nuestras emociones nos hacen irracionales. Nos hacen creer, pensar y decir cosas que no son realmente ciertas, que sabemos que no son ciertas. En primer lugar, no tenían ningún deseo de morir en Egipto. Sí tenían alimentos para comer en Egipto, pero eran esclavos de aquel que les proveía la comida. Ellos experimentaron grandes dificultades a pesar de que el Faraón satisfacía su necesidad de alimento. Y en segundo lugar, acusan a Moisés de haberlos sacado al desierto con la intención de matarlos de hambre. ¿Ves cómo la incredulidad, la murmuración y el descontento nos hacen creer cosas que no son ciertas? Nos hacen acusar falsamente a Dios y a los siervos de Dios cuando nos encontramos en estas circunstancias.

Y el pasaje continúa diciéndonos que Dios oyó sus murmuraciones, como Dios escucha siempre mis murmuraciones y las tuyas. Cuando nos quejamos, Dios nos oye. Y las Escrituras dicen en los versículos 7 y 8 de Éxodo 16, que sus quejas eran contra Él, contra Dios. Ellos pensaban que estaban murmurando contra Moisés y Aarón, pero Dios dice: «En verdad vuestras murmuraciones son contra mí».

Entonces, ¿qué hizo Dios esta vez en respuesta a sus murmuraciones? Bueno, la Biblia nos dice que Dios hizo llover maná y codornices. Él realizó otro milagro. Ellos murmuran y Dios hace un milagro para satisfacer sus necesidades. Dice en el versículo 12: «Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan; y sabréis que yo soy el Señor vuestro Dios».

Así que una vez más, Dios aprovechó la oportunidad de su necesidad, su carencia, para revelar Su poder, Su amor, Su bondad y Su grandeza. El propósito de Dios era que Él quería que los hijos de Israel llegaran a conocerlo. Él quería que ellos supieran cómo era Él, para que supieran lo que Él era capaz de hacer. Habían vivido todos esos años en Egipto sin realmente conocer a Dios, y Dios estaba trayendo estas pruebas a sus vidas como lo hace en nuestras vidas, porque Él quiere que veamos lo que Él puede hacer cuando no tenemos otros recursos disponibles.

El siguiente capítulo, Éxodo capítulo 17, ya hemos estado en los capítulos 14, 15 y en el capítulo 16, ahora llegamos al capítulo 17. Y podríamos pensar, «seguramente ya habrán aprendido. Han visto mucho de la bondad y del poder de Dios». Entonces llegaron a un lugar llamado Refidim, donde una vez más, no había agua. Y podrías pensar que esta vez dirían: «¡Oh Dios! Nos proveíste agua antes, hiciste las aguas amargas dulces, nos llevaste a ese oasis, así que esta vez vamos a confiar en ti. Señor, solo muéstranos lo que tienes para nosotros. ¿Nos suplirías el agua que necesitamos?» Podrías pensar que es como responderían, ¿verdad?

No esta vez. Una vez más, vemos en los versículos 2 y 3: «Entonces el pueblo contendió con Moisés, y dijeron: Danos agua para beber». Casi se pueden escuchar sus voces y sus demandas, como si dijeran: Hazlo ahora. Hazlo ahora, danos lo que queremos. «Y Moisés les dijo: ¿Por qué contendéis conmigo? ¿Por qué tentáis al Señor?Pero el pueblo tuvo sed allí, y murmuró el pueblo contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos has hecho subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?»

Esto suena como un disco rayado. Una vez más, el mismo tipo de respuesta. ¿Y cómo responde Dios a sus murmuraciones? Por cuarta vez Dios hace un milagro, de nuevo. En el versículo 6 Dios le dijo a Moisés: «Golpearás la peña, y saldrá agua de ella para que beba el pueblo». Entonces, ¿cómo responde Dios a sus murmuraciones? En cada uno de estos cuatro eventos –cuando se encontraban en el mar Rojo, cuando llegaron a las aguas amargas, cuando no tenían comida, cuando no tenían agua– cada vez que murmuraban, reclamaban, o se quejaban, ¿qué hacía Dios? Él hacía un milagro. Él conoció sus necesidades. Y Él reveló Su poder.

Estos milagros son signos de la misericordia de Dios y de Su gracia. Y ¿no es así como a menudo Dios hace con nosotros? Frente a una situación difícil, nos quejamos, estamos descontentas con lo que tenemos, queremos algo que no tenemos, y una y otra vez mientras miras atrás, ¿puedes recordar los momentos de tu vida en los que Dios vino y se acercó a ti de todas maneras? 

Cuando Él proveyó para tus necesidades. No porque fuéramos agradecidas, no porque expresáramos fe. Éramos inmaduras, infantiles y exigentes y dijimos: «Dios, llena mis necesidades ahora». En algunos casos podemos mirar hacia atrás y ver cómo Dios tuvo misericordia de nosotras. Él no nos dio lo que merecíamos por nuestras murmuraciones, en cambio hizo un milagro. Él proveyó para nuestras necesidades.

En la siguiente sesión vamos a ver que Dios no siempre respondió con milagros. Él quería que Sus hijos crecieran y aprendieran cómo responder en fe. Pero en estas primeras etapas de sus experiencias con Dios, Él quería que ellos vieran Su gracia, para que pudieran ver Su poder, y que llegaran a conocerlo.

Padre, ¿cómo agradecerte que nos trates con misericordia? Tú no nos das lo que merecemos. Muchas veces cuando murmuramos, cuando somos incrédulas, cuando nos asaltan las dudas, cuando te acusamos falsamente a Ti o a Tus siervos, vienes y nos dices: «Voy a satisfacer tus necesidades de todos modos. Voy a suplirte. Voy a hacer un milagro».

Señor, y al mirar hacia atrás, te doy las gracias por esos momentos en los que nos has demostrado Tu poder, Tu bondad, Tu amor y Tu gracia. No lo merecemos Señor, pero estamos muy agradecidas. Te pedimos, «¿podrías enseñarnos a desarrollar un corazón agradecido y a cultivar un corazón que se contente con Tu provisión?» Te lo pedimos en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Es tan fácil dejarnos llevar por las quejas y pretender que no es pecado. Sé que este mensaje de Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha traído convicción a muchas de nosotras. Una forma de evitar la queja es cultivar una actitud de agradecimiento. Para ayudarte a lograr esto contamos con un hermoso recurso, titulado, «Sea Agradecido»Este es un libro escrito por Nancy.

Ser agradecidas es más que dar gracias, es dejar de lado el ego y el orgullo que nos llevan a la queja y la inconformidad. Un corazón agradecido muestra nuestra confianza en la bondad y el cuidado de nuestro Padre celestial; nos ayuda a mantener relaciones más sólidas y estables, y contribuye a nuestro bienestar emocional, mental, físico y espiritual.

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No es fácil enfrentar las dificultades con un corazón contento. El pueblo de Israel no apreció la provisión de Dios y mostró descontento en momentos de dificultad... Pero ¿qué hizo Dios? 

Nancy: Tenían comida, pero se aburrían con el tipo de comida que tenían. «Queremos variedad, queremos especias, queremos algo diferente». El pasaje continúa diciéndonos que el Señor se enojó mucho, y Moisés también estaba disgustado y dijo a Dios: «No puedo yo solo soportar a todo este pueblo ¡Dios, tienes que hacer algo!» Y Dios de hecho lo hizo; Él hizo algo.

Annamarie: Descubre más en el siguiente programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aprendiendo a estar contentas juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

La lectura bíblica para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Números capítulos 24 al 26.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario. 

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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